Hace ya 20 años que descubrà la editorial Atalanta, el proyecto de Jacobo Siruela (Ediciones Siruela) que contiene uno de los catálogos más originales, coherentes y de mayor calidad del panorama español. Por aquel entonces leà “El fuego secreto de los filósofosâ€, uno de los libros que La tienda de Lope seguimos recomendando porque forma parte de nuestro “fondo permanenteâ€. Aquel libro del británico Patrick Harpur proponÃa una historia del pensamiento a través de sus imágenes y de los fenómenos que habÃan influido necesariamente en la historia del pensamiento más y menos oficial. Leer textos como el de Harpur o el del propio Siruela en el bello y cálido formato que supone su edición, cuidada hasta el más mÃnimo detalle tanto en su diseño como en la elección de papel, elección de guardas, imágenes, cosido (¡cosido!), bellas ilustraciones, Ãndices bibliográfico y de imágenes que ilustran toda la lectura, bibliografÃa complementaria y, en fin, una maquetación pensada para el placer es algo a lo que los buenos lectores no deberÃan renunciar aunque haya que pagar 28 €…

Lo que uno se encuentra en su interior es, podrÃamos decir, una reivindicación del mundo onÃrico como parte fundamental de la realidad individual y, por supuesto, colectiva, capaz de influir directamente en nuestra vida de vigilia cuando no en algunos acontecimientos históricos y -por tanto-en la Historia misma. Un tranquilo paseo por experiencias que van desde las clásicas incubadoras de los griegos en las que se invocaba al dios Asklepios hasta la cada vez más evidente disolución de barreras que desde una mirada positivista de la ciencia tradicionalmente habÃan separado imaginación y realidad. Digamos que hay una crónica de personajes y hechos que han acontecido históricamente, incuestionables (como la resolución en sueños de problemas cientÃficos), y hay una parte más puramente de ensayo y pensamiento que no dejamos de leer en los relatos histórico/biográficos pero que se despliega de manera explÃcita en la última parte del libro, contra un posicionamiento sistemáticamente escéptico respecto al mundo no material que responderÃa más bien a actitudes gregarias por un lado y que, por otro, la propia ciencia empieza ahora a contemplar con las teorÃas vigentes y en desarrollo en estos momentos, desde la relatividad, la teorÃa de cuantos y su principio de incertidumbre o la de cuerdas. En estos tiempos en los que la fÃsica asume que la materia puede ser y no ser, estar en varios lugares a la vez y propone multitud de dimensiones para explicar un espacio sin tiempo atender a preocupaciones como la conciencia o la muerte desde puntos de vista inmateriales parece pertinente.

Como leo mucho más de prisa de lo que escribo aprovecho para introducir brevemente otra de mis últimas lecturas: “La clase de griegoâ€, de la Premio Nobel Han Kang. Lo más llamativo es, sin duda, lo desagradable de tomar entre las manos un libro editado de manera tan descuidada, que se cae de las manos a pesar de apenas tener peso (papel de Ãnfima calidad) porque las tapas se resbalan en la grimosa imposibilidad de mantenerlos en la posición deseada: el horror, al más puro estilo IndustriaculturalRandomHouseMondadoriexperienciadeconsumorápidoétc… Tan rápido se lee el libro de la coreana que lo comencé de nuevo nada más terminarlo. HabÃa algo en su lectura que creaba expectativas y una sensación de que se me escapaban cosas que podÃan importarme. Y, efectivamente, este encuentro entre una mujer sumida en el silencio y su profesor de griego antiguo, quien está perdiendo la visión, es una confluencia de voces improbable, pero posible y necesaria, escrita con una prosa poética y cargada de preguntas sobre nuestro propio acontecer, sobre la fragilidad de la vida y su sentido, y es también un respetuoso (responsable) ejercicio de humanismo en el que sus personajes, que somos todos los lectores, trascienden a través de las palabras, que nos permiten ser pero que también nos engullen. Por justificar que este comentario comparta entrada del blog con “El mundo bajo los párpados†diré que los sueños de los personajes están muy presentes y son fundamentales. En uno de sus pasajes dice el profesor de griego: “Y confirmo, con calma, que no tengo adónde ir, salvo al mundo de los sueñosâ€. También pienso que a ambos autores les gustarÃa leerse.





















