Sueños

Hace ya 20 años que descubrí la editorial Atalanta, el proyecto de Jacobo Siruela (Ediciones Siruela) que contiene uno de los catálogos más originales, coherentes y de mayor calidad del panorama español. Por aquel entonces leí “El fuego secreto de los filósofos”, uno de los libros que La tienda de Lope seguimos recomendando porque forma parte de nuestro “fondo permanente”. Aquel libro del británico Patrick Harpur proponía una historia del pensamiento a través de sus imágenes y de los fenómenos que habían influido necesariamente en la historia del pensamiento más y menos oficial. Leer textos como el de Harpur o el del propio Siruela en el bello y cálido formato que supone su edición, cuidada hasta el más mínimo detalle tanto en su diseño como en la elección de papel, elección de guardas, imágenes, cosido (¡cosido!), bellas ilustraciones, índices bibliográfico y de imágenes que ilustran toda la lectura, bibliografía complementaria y, en fin, una maquetación pensada para el placer es algo a lo que los buenos lectores no deberían renunciar aunque haya que pagar 28 €…

Jacobo Siruela, 2024. Ediciones Siruela 2024. (Varios traductores e «iluminadores»). 396 páginas. Pvp: 28 €.

Lo que uno se encuentra en su interior es, podríamos decir, una reivindicación del mundo onírico como parte fundamental de la realidad individual y, por supuesto, colectiva, capaz de influir directamente en nuestra vida de vigilia cuando no en algunos acontecimientos históricos y -por tanto-en la Historia misma. Un tranquilo paseo por experiencias que van desde las clásicas incubadoras de los griegos en las que se invocaba al dios Asklepios hasta la cada vez más evidente disolución de barreras que desde una mirada positivista de la ciencia tradicionalmente habían separado imaginación y realidad. Digamos que hay una crónica de personajes y hechos que han acontecido históricamente, incuestionables (como la resolución en sueños de problemas científicos), y hay una parte más puramente de ensayo y pensamiento que no dejamos de leer en los relatos histórico/biográficos pero que se despliega de manera explícita en la última parte del libro, contra un posicionamiento sistemáticamente escéptico respecto al mundo no material que respondería más bien a actitudes gregarias por un lado y que, por otro, la propia ciencia empieza ahora a contemplar con las teorías vigentes y en desarrollo en estos momentos, desde la relatividad, la teoría de cuantos y su principio de incertidumbre o la de cuerdas. En estos tiempos en los que la física asume que la materia puede ser y no ser, estar en varios lugares a la vez y propone multitud de dimensiones para explicar un espacio sin tiempo atender a preocupaciones como la conciencia o la muerte desde puntos de vista inmateriales parece pertinente.

Han Kang, 2011. Random House, 2023. Traducción de Sunme Yoon. 176 páginas. Pvp: 19,90 €.

Como leo mucho más de prisa de lo que escribo aprovecho para introducir brevemente otra de mis últimas lecturas: “La clase de griego”, de la Premio Nobel Han Kang. Lo más llamativo es, sin duda, lo desagradable de tomar entre las manos un libro editado de manera tan descuidada, que se cae de las manos a pesar de apenas tener peso (papel de ínfima calidad) porque las tapas se resbalan en la grimosa imposibilidad de mantenerlos en la posición deseada: el horror, al más puro estilo IndustriaculturalRandomHouseMondadoriexperienciadeconsumorápidoétc… Tan rápido se lee el libro de la coreana que lo comencé de nuevo nada más terminarlo. Había algo en su lectura que creaba expectativas y una sensación de que se me escapaban cosas que podían importarme. Y, efectivamente, este encuentro entre una mujer sumida en el silencio y su profesor de griego antiguo, quien está perdiendo la visión, es una confluencia de voces improbable, pero posible y necesaria, escrita con una prosa poética y cargada de preguntas sobre nuestro propio acontecer, sobre la fragilidad de la vida y su sentido,  y es también un respetuoso (responsable) ejercicio de humanismo en el que sus personajes, que somos todos los lectores, trascienden a través de las palabras, que nos permiten ser pero que también nos engullen. Por justificar que este comentario comparta entrada del blog con “El mundo bajo los párpados” diré que los sueños de los personajes están muy presentes y son fundamentales. En uno de sus pasajes dice el profesor de griego: “Y confirmo, con calma, que no tengo adónde ir, salvo al mundo de los sueños”. También pienso que a ambos autores les gustaría leerse.

Delirio de España

El pasado jueves 21 de noviembre tuvimos la primera tertulia literaria de la temporada en este de Club de Lectura que algunos amigos de la librería impulsamos y que, por cierto, no es nada exclusivo: está usted invitado. “Presentes” es el último y muy promocionado libro de Paco Cerdá (“El peón”, “14 de abril”) que parte del hecho histórico -desconocido por poco contado – del hipersimbólico cortejo que el régimen dictatorial naciente en el 39 hizo con el cadáver de JA Primo de Rivera, trasladándolo desde Alicante hasta El Escorial sobre hombros falangistas. Se está contando mucho y no voy a entrar en los detalles argumentativos del libro, pero resulta sorprendente cómo tres años después del golpe militar que provocara una guerra civil los fascistas aún mostraban semejante vigor, síntoma inequivoco de la capacidad vengativa y depuradora que ya estaban llevando a cabo y aún serían capaces de sostener en décadas posteriores.

En la tertulia se pusieron varias cuestiones sobre la mesa. Primeramente se apuntó el ejercicio de estilo que este libro supone, y en el que Cerdá juega con las voces y las expresiones ideológicas, tanto más extravagantes cuanto más se alejan del suelo que la mayoría pisamos cada día. En estos tiempos en los que el materialismo atraviesa una nueva crisis y los discursos fascistas vuelven a apelar a lo supraterrenal sin pudor parece que el autor trata de advertirnos de los peligros de ciertos simbolismos. Pero el ejercicio literario va más allá y es fácil encontrar versos de Calderón, Machado, Gil de Biedma, canciones entreveradas en la narrativa y para cuya extracción se exige al lector que haga su tarea porque, aunque no están escondidas, estas “letras” se integran perfectamente en el relato, bien para acentuar su sentido original o ironizar a partir de ello.

Paco Cerdá, 2024. Editorial Alfaguara, 2024. 326 páginas. Pvp: 20,90 €.

Hubo en la tertulia quien echó de menos mayor profundidad en las historias (personales) que se cuentan, apelando, efectivamente, a la complejidad de circunstancias que muchas veces rodeaban asesinatos y depuraciones que a menudo se han contado desde posicionamientos ideológicos. La cuestión del enfoque, de los planos, dónde decide quedarse el autor, hasta dónde llegar. Si tenemos en cuenta que es un libro escrito con otros libros como fuente principal creo que puede entenderse que sus historias no bajen hasta donde quizás sería irresponsable, y que no trate de contar cosas que sólo desde un conocimiento de primera mano -y me refiero con ello a haber visto los hechos o haber sido informado de ellos por fuentes presenciales- pueden contarse. Una de las cuestiones sobre las que nos interesa reflexionar en el Club de Lectura de este año es precisamente la representatividad (artística) del sufrimiento. Qué tenemos derecho a contar y qué no, hasta qué punto podemos ponernos en el pellejo de los que han sufrido y, por tanto, quién y cómo ha de contarlo. Cuestiones sobre las que Juan Mayorga y su maestro Reyes Mate nos alertaron en su momento.

Me hubiera gustado comentar en la tertulia que esta retahíla del libro de Cerdá que a veces puede resultar un poco cansina recuerda al ejercicio de responsabilidad que hemos visto en otros autores y que tienen que ver con la recuperación de las memorias perdidas, o simplemente de los nombres olvidados. En algún sentido este libro es una oración también, o está compuesto por oraciones o tiene una oratoria que contiene su propio peligro, una oratoria que denuncia la oratoria, pero que es un ejercicio literario bastante jugoso. Si uno se siente mareado en algún momento de la lectura no ha de preocuparse: está leyendo un libro que marea, y esa indisposición tal vez puede representar en algo la provocada por un país arrasado y la estomagante palabrería de quienes llevaban las riendas.

Algunos días antes de empezar “Presentes” terminé “Delirio y destino”, de María Zambrano, un libro mucho menos conocido que tiene en común con este de Cerdá que en ello ficción y realidad se confunden deliberadamente, componiendo una ficción que en ningún momento deja de ser narración de hechos reales y que tiene como objetivo principal la(s) memoria(s). El libro autobiográfico de Zambrano supone, además, un interesante ensayo filosófico sobre la imaginación, la soledad y el crecimiento, mientras que el de Paco Cerdá se queda en un plano divulgativo, no exento de sentimentalidad. Por otro lado mientras que “Presentes” está compuesto por un juego de voces que lo arma literariamente como una obra apetecible el libro de María Zambrano resulta duro de roer y como ficción se queda en intento tímido y fallido. Pongo estas primeras diferencias entre ambos libros para dar cuenta de que la relación entre las dos obras es algo forzada aunque, no obstante, creo que algo podemos sacar de ella.

María Zambrano, 1989 (a partir de texto original de 1953). Editorial Horas y horas, 2011. 336 páginas. Pvp: 18 €.

Cuando tomé “Delirio y destino” en las manos por primera vez me di de bruces con una idea preconcebida de España por parte de la autora y eso me disgustó. No por la idea concreta sino por el hecho de que la tuviera. Es algo que sin embargo debía yo esperar.  La lectura se fue animando posteriormente por lo que suponía un ensayo sobre la imaginación, el pensamiento, el conocimiento propio… en fin… un poco de chicha con la que se anima al lector a la meditación, “a reconquistar el sentido originario de las cosas”. España es una de estas cosas, en realidad la fundamental del libro. Firmemente defensora de La República, tras exponer algunas de las meditaciones sobre la nación por parte de plumas conocidas como la de Unamuno o Ganivet (hay otras: Menéndez Pelayo, Ortega…) sigue desarrollando su autobiografía (en paralelo a la Historia de España) para pedir el despertar del delirio y vivir la España presente de ese momento y a la que, según dice en varios ocasiones, naturalmente le correspondía la república como resultado del anquilosado período de La Restauración, que no daba más de sí y cuya artificial existencia (una dictadura mal velada, con Alfonso XIII y Primo de Rivera padre como mandatarios) justificaba los episodios de violencia-revueltas incluidas- que empezaban a verse por todo el territorio. La República era una suerte de advenimiento, que fue frustrado por un golpe militar y una nueva dictadura como destino fatal. Se rechazó la inspiración y volvió a abrazarse el delirio. Una inspiración adelantada a la del resto de Europa, quizás demasiado adelantada para la época.

Pero trato de decir que en definitiva la lectura de ambos libros supone para mi una aportación a la idea histórica o identitaria de España que sigue en permanente cuestión (y ejemplo claro de ellos serían últimamente libros como “España diversa”, de Eduardo Manzano, o “¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista”, de David Porrinas) y que es otra de las cuestiones que me preocupan y sobre la que la lectura de ambos libros me incita a pensar. A día de hoy me sigue resultando bastante llamativo la visible preponderancia que se da a símbolos como la bandera española frente a la atención y cuidados que requieren la convivencia y el mantenimiento del vecindario donde uno vive. No acierto a saber a qué se debe y mucho menos entiendo de qué hablan quienes hablan de España, un concepto a día de hoy abstracto para mí a pesar de entender perfectamente lo que el Estado español significa. Por aquí me llego. No me resisto a transcribir unas palabras de María Zambrano a propósito de la memoria: «Todos los muertos prematuros, los muertos por violencia, necesitan que se cuente su historia, pues sólo debe ser posible hundirse en el silencio cuando todo queda dicho». Pero este país ni siquiera ha sido capaz de recuperar sus cuerpos desaparecidos en la Guerra Civil y la depuración de la dictadura franquista. Y ya no lo va a hacer a tiempo. Supongo que España es lo que fue (¿desde cuándo?) y a lo mejor lo que es (hay mucho de vergüenza en ello aún), y supongo que hay muchas españas imaginarias.

Pinos en la librería

En un par de días -jueves cultural del 26 de noviembre- vamos a tener Ángel Roldán, ingeniero forestal, presentando su libro dirigido a la infancia sobre gestión de bosques en general y pinares en particular. Ya vaticino que seremos más maduros que jóvenes e infantes pero me parece una buena idea esta quedada alrededor de un tema que no interesa o debería interesarnos especialmente a los vecinos de de nuestra muy pinariega comarca.

El libro surge como respuesta a la contraposición tradicional de miradas en torno a la conservación de los bosques y que se resume en quienes plantean que el bosque debe desarrollarse autónomamente y sin intervención humana y quienes piensan que el bosque debe ser aprovechado como recurso de materiales para los humanos y, por tanto, gestionado. Este cuento ilustrado por Marta Benedí responde con una nueva posición dialéctica desde las previas planteadas que consiste en la necesidad de gestionar los bosques de una manera lógica y sostenible.

Como digo el relato es infantil y resulta muy recomendable su lectura, ya que además de tratar explícitamente la conservación de los bosques dibuja, boceta y da pie a pensar sobre cuestiones universales como el respeto, la evolución, el sacrificio, la muerte, el compañerismo…

Este jueves a las 19:30 estaremos atentos a lo que Ángel Roldán nos cuenta y, conociéndonos, daremos un poco de guerra y procuraremos aportar lo nuestro (hablo del colectivo vecinal, claro) y escuchar atentamente cuanta intervención se produzca para, quién sabe, quizá irnos todos a casa con una mirada más rica de los pinares y su conservación y disfrute.

Ángel Roldán, 2023. Náyade Nature Books, 2023. 49 páginas. Pvp: 18 €.

Censura y creatividad barrocas

Se dice -lo dicen críticos y estudiosas- que las cotas más brillantes de las letras hispánicas se alcanzaron en la época de mayor presión censora, que acaso es esta en la que se centra el estudio del catedrático Héctor Urzáiz y que se presentó el pasado mes de julio en la última edición del festival Olmedo Clásico. Quien quiera saber más sobre las prácticas censorias en el Siglo de Oro puede acudir a la fuente que el propio Urzáiz (entre otros) alimenta y dirige aquí: Proyecto Clemit. No obstante este libro es un jugoso primer acercamiento (riguroso, profundo y en realidad extenso) a un mundo, el de la censura y las licencias en manuscritos e impresos teatrales, que no puede caber en un volumen de papel, entre otras cosas porque está en desarrollo, y que además de aportar a investigadores y profesores datos nuevos y nuevas lecturas sobre el funcionamiento censor en la época proporciona a los poco iniciados algunas buenas historias que lo introducen en uno de los momentos de mayor fulgor libresco, impresor y literario del país (o lo que esto sea).

Héctor Urzáiz, 2023. Universidad de Valladolid y Ayuntamiento de Olmedo, 2023. 219 páginas. Pvp: 35 €.

Como pertenezco al grupo de los no iniciados he centrado mi lectura en la diversión con lo que de anecdótico he encontrado (me perdonará mi amigo Héctor la mirada corta) en esta época (literaria) en la que los protectores eran quienes ejercían el control de las publicaciones -también representaciones- porque se trataba más bien de cuidar de la costumbre y no de las artes literarias y sobre todo teatrales, que generaban mucha desconfianza desde los dos principales estamentos de poder absoluto de entonces: estatal y eclesiástico. De ello son consecuencia tanto la prohibición de escribir comedias entre 1625 y 1635 como la creación de una Junta de Reformación de las costumbres impulsada por Conde Duque de Olivares. Este es -grosso modo- el contexto con el que nos encontramos en el sigo XVII, heredero de una censura estatal de libros que se ejerce desde 1502 por los Reyes católicos. La Iglesia después, con la Inquisición como brazo ejecutor, estrecha aún más los límites creativos del teatro, que han contener los preceptos católicos y bajo ningún concepto ponerlos en duda.

No obstante existe la necesidad de ejercer otro tipo de protección, ya que el comercio libresco es, como se sabe, uno de los más importantes de la época, lo cual lleva a establecer un juego de equilibrios, miradas suspicaces y triquiñuelas que sirven para guardar las apariencias tanto desde la parte censora como teatral y apañárselas para ir cada uno haciendo lo suyo. Así, por ejemplo, la censura previa (a la impresión y venta de la obra) era (también) una forma de evitar la prohibición sin provocar gastos extraordinarios ni generar daños irreparables en librerías y talleres. De hecho los intereses económicos podían ganar la partida a los religiosos-morales.

Pero, como decía, hay otros aspectos más y menos anecdóticos -podríamos decir casos- en los que me parece que resulta inevitable fijarse, como lo que concierne al corrector «creativo» Vargas Manchuca, que deja claramente su impronta poética en el final de «El castigo sin venganza», de Lope de Vega, y cambia y añade versos a su gusto, enmendando la plana al fénix, algo de lo que el propio Urzáiz nos habló durante la presentación del libro en Olmedo junto a Ramón Valdés, porque este presentaba a su vez su edición de esta obra en RBA a partir de las investigaciones del grupo ProLope. Igualmente sabrosa es la anécdota de Andrés Baeza como censor de su propia obra («El valor contra la fortuna» y «No se pierdan las finezas») cuya impresión -se ve venir- aprueba e imaginamos que efectivamente cumple con los requisitos de la reformación de las costumbres. Es una época en la que, como otras más cercanas, la censura y la creatividad artística convivían y se relacionaban subrepticiamente, con intereses y cuidados variopintos en la que los censores eran muchas veces escritores y atendían los textos según sus propias necesidades personales, compromisos, posibles retornos, posicionamientos…

Sobre los aspectos filológicos de la práctica censoria el libro aporta cien páginas -la mitad del volumen- con datos y textos originales, así como las intervenciones directas (tachaduras, aportaciones) de los censores según temas, desde el control civil al del Santo Oficio; textos, como el bíblico, religioso o la «graciosidad»; y épocas o lugares, como América o la censura dieciochesca del teatro barroco. Es este, como decía al principio de esta entrada plagada de paréntesis, la parte dirigida a especialistas o iniciados y en la que, no obstante, es fácil seguir encontrando historias y datos sabrosos también para los profanos como yo. Por supuesto al final una extensa bibliografía a la altura del rigor requerido para el ya décimo noveno título de esta colección que dirige el profesor Germán Vega García-Luengo, codirector del festival olmedano además de referente absoluto de los estudios literarios y teatrales de la época.

Libros mejor editados 2020

Hoy he leído la noticia completa. Tanto el libro mejor editado en la sección de Libros de Arte como en la sección Obras generales y de divulgación que cada año concede el Ministerio de cultura forman parte del fondo de nuestra librería desde hace ya algunos meses. Me pone especialmente contento el reconocimiento al Breve atlas de los faros del fin del mundo, de cuyo título tuve un ejemplar en la mano por primera vez en la Feria de Editores de Castilla y León que el incombustible Héctor Escobar organizaba en León el pasado mes de abril. Fue entonces cuando conocí a Lía y a Jose, editores de Menguantes, un proyecto pequeño con ganas de crecer con cuidados que se le brindan desde el diseño, el formato, los detalles… Dejo el enlace a la editorial para que el lector pueda darse un buen paseo por su web, propiciatoria de viajes que hacer a través de la lectura. Como comprobarán el atlas, de José Luis González Macías, cobra sentido como parte de un fondo personal y apetitoso. MENGUANTES.

Óxido (Editorial Turner, pvp 40 €) / Atlas Faros del mundo (Editorial Menguantes, pvp 25 €)

También me ha gustado el reconocimiento a Turner, que publicó esta monumental obra fotográfica de Eduardo Marco: Óxido. Dejo el enlace a la web del artista aquí. Daría para un café largo hablar sobre sus bellas fotografías, a menudo tomadas desde lo sórdido, muchas veces directamente desde lo destruido y lo irrecuperable, como un filtro que en realidad enfoca.

También dejo la noticia completa sobre estos reputados premios a la edición aquí.

Ediciones del carbón

A finales de 2020, y al rebufo de una mesa organizada por el gremio de Editores de Castilla y León de la que participaban personas que representaban diversos oficios del libro, entre ellas Noemí Sabugal como escritora y un servidor como librero, leí «Hijos del carbón», que publicaba ese mismo año Alfaguara y que está teniendo una incidencia importante, con un buen número de ejemplares vendidos y, sobre todo, con otras posibles lecturas y relecturas que caben hacerse sobre el mundo de las minas en España poniendo este libro en relación con otros libros importantes, documentales, películas, obras teatrales y exposiciones que dan cuenta de este período y espacio(s) concretos en la Historia de España, su desarrollo capital, de clase y cultural en un sentido que se sabía sin desarrollo posible.

Editorial Alfaguara. Pvp 18,90 €

Ligera y vivaz, esta crónica de la mina no renuncia a la complejidad de un sector industrial generador de oportunidades y peligros a partes iguales, de riqueza y pobreza, de un presente sin futuro que duró lo que podía pero cuya maquinaria capital supo crear en los mineros y sus familias una dependencia no sólo económica sino también emocional. Por eso la crónica que se cuenta en este libro son las crónicas de muchos de estos protagonistas y sus relatos se funden con el que en primera persona atraviesa todo el libro, el de la autora nieta de mineros leoneses.

Lo tengo lleno de notas, nombres propios, nombres de documentales, historias, museos, algún bar… pendiente de una relectura que me apetece especialmente desde que llegó el otro libro del que dejo aquí algunas otras notas. Hablaba el otro día con Héctor Escobar, editor de Eolas, presidente del Gremio de Editores CyL, librero y amigo, del trabajo fotográfico de la madrileña Cecilia Orueta «The end». En esa conversación le daba a Héctor la enhorabuena por este álbum de imágenes -comentadas con textos literarios de varios autores- que retratan lo que queda de poblados palentinos y leoneses y al que dediqué una mañana que, efectivamente, tuvo mucho de ensoñadora o quizás de fantasmal en su lectura, visionado. Una historia que termina, que terminó, de cuyo final, como en las pelis americanas, se sabía aunque no se quisiera saber. Tiene mucho de trágico, también en el sentido clásico.

Editorial Éolas. Pvp 26 €

Dejo aquí enlace al reportaje que sobre este libro y su exposición hicieron en otro de mis lugares favoritos, Tamtam Press, y que administra Eloísa Otero, por cierto, otra de las personas interesantes que participaron de aquella mesa «editorial» que mencionaba al principio de esta entrada:

Dehesa de cuaternos

La primera vez que tomé este libro de fotografías pensé que entre las imágenes originales de principios de siglo XX había mezcladas representaciones de aquella época, en ese contexto duro de finca agrícola extremeña, hechas ahora. Me costaba dilucidar en aquellos dos o tres primeros vistazos superficiales, ocasionales, cuáles eran de una y otra época aún convencido de que existía en el libro esta doble cualidad. Finalmente me percaté de que no había ningún juego artístico y de que se trataba en su totalidad de una recopilación de fotos tomadas por Antonio González Martín-Gamero, dueño latifundista de una finca dedicada al cultivo del tabaco y el pimentón situada en la comarca de La Vera, en Cáceres.

Caniche editorial, 2017. Pvp 25 €

Y por qué cuento mi confusión. Algo que en principio podría considerarse anecdótico es significativo del tipo de edición que realiza Caniche en sus trabajos, siempre cuidadosos, de toque artesanal y con mirada artística. Lo que ocurre cuando abres «Dehesa de cuaternos» es que uno solo ve fotografías y ni una sola palabra. Es en apariencia un álbum no comentado que da pie a la especulación del lector y que provoca el deseo de indagar en el origen de esas imágenes, sobre todo retratos, de los trabajadores agrícolas que posan de manera más o menos natural y relajada ante la cámara. La cubierta de acetato, el material de las películas fotográficas originales, incide también en el carácter artístico de este libro de edición limitada.

Caniche Editorial publica en sus libros obra de arte contemporáneo en su compromiso por «seguir el camino de los artistas» y de «dar visibilidad a propuestas que de otra forma no serían accesibles al público». En La tienda de Lope contamos con títulos de Moisés Puente, Txomin Badiola y Elena del Rivero entre otros, así como de algunos catálogos y proyectos pictóricos, fotográficos o escénicos interesantes y que es recomendable conocer, siempre en ediciones que dialogan con la obra publicada y da a los libros condición de coleccionable. Por cierto que desde hace algunas semanas tenemos en la librería «Tres días», de Antonio Ballester Moreno, una edición que, esta sí, tiene mucho de juego a partir de las reconocibles geometrías y colores del artista, y que se propone para compartir entre infancias y adulteces, sean estas las propias de una única persona o las correspondientes a la edad de quienes decidan sentarse juntos a una mesa para leer, mirar, pasar hojas juntos… Cabría relacionarla con la poesía visual que desde Brossa, o por aquí Francisco Pino, entre otros, o más recientemente Felipe Zapico o Paco Pérez Belda, propone a lectores nuevas maneras de relacionarse con palabras o de construir poemas a partir de imágenes. Un trabajo este de Caniche con Ballester muy sugerente, que apetece mirar y tocar a partes iguales, recomendable tanto para amantes de las artes plásticas y de la poesía visual como del coleccionismo editorial.

Caniche editorial. Pvp 39 €

En el caso concreto de «Dehesa de cuaternos» basta indagar un poco en el interior de este álbum para encontrar un par de desplegables que contextualizan la obra y permiten, en su formato, disfrutar de un visionado pleno de las fotografías, es decir, sin el estorbo de palabras, cuando ya han sido leídos. En uno de ellos se nos cuenta el proceso que se produjo hasta llegar a las fotografías custodiadas por la familia de Martín-Gamero y en el otro unos mapas que sitúan la comarca y la finca. Cuaternos pertenece al pueblo cacereño de Cuacos de Yuste y su población se dedicaba del todo al trabajo agrícola. El retrato que el autor hace de sus trabajadores es documento que sirve para la «reflexión sobre el papel de la dehesa, idiosincrasia de las regiones con connotaciones oscurantistas» y que también pueden explicar la posterior emigración de la población rural a las ciudades. Es fácil caer en la tentación de ilustrar esta entrada con, por ejemplo, «Los santos inocentes» de un Delibes que se ha estado celebrando en 2020, con sus cien años recién cumplidos. E igualmente cabría complementar esta prescripción con libros que se vienen publicando los últimos años a propósito del fenómeno, más o menos asumido ya resignadamente, de la despoblación y de la menos comentada saturación poblacional de ciertos núcleos urbanos como extremo contrario y también preocupante por cuanto que lleva a sus habitantes a hábitos de convivencia cuando menos poco saludables.

Los rostros duros, terrosos, las manos gruesas, indumentarias humildes, juegos primarios que pueden deducirse de muchas de estas instantáneas en espacios abiertos, muchos de ellos naturales, dan cuenta de un tipo de vida sencilla y sin proyección. Puede que el retrato de Martín-Gamero pretenda cierta profundidad y que, de hecho, consiga llegar a algunas subcapas psicológicas de los trabajadores de la finca pero a mi lo evidente de este álbum me parece un presente mayúsculo que entreteje toda la obra, para explicar lo cual pido establecer mi propio juego interpretativo. Y es que lo presente está en primer lugar en la propia naturaleza de la obra, una obra fotográfica que recoge, por tanto, instantáneas, momentos concretos de personas y, ahí va la segunda parte, sin futuro, sin recorrido. La vida empieza y termina en la finca, la suya particular de cada uno y la de su descendencia, la de su familia. Necesariamente han de vivir el día a día y pocas oportunidades de expectativas habrían de tener. Quizás no podamos saber si esas personas eran más o menos felices allí, aunque desde luego todas las fotos son amables e irradian optimismo, como tampoco sabríamos decir si buscar oportunidades más allá del latifundio requería de la huida. No podemos juzgar a la ligera pero sí debemos tratar de tomar conciencia, siempre y cuando podamos, y ponerlo en relación con nuestras vidas más de cien años después, en las que el proyecto no es sólo guía sino obsesión (¿ficticia?) que descuida la vida en presente, justificación de una suerte de huida constante.

Video promocional de «Dehesa de cuaternos», editorial Caniche.

Aún me gustaría apuntar algunas cosas antes de cerrar esta entrada. La condición de Antonio Martín-Gamero de fotógrafo amateur, diletante, que como curioso de las nuevas tecnologías de la época y con dinero y tiempo suficientes decide desarrollar no sabemos si cierta faceta artística o simplemente de ocio, o quizás cierto trabajo pragmático, o personal, memorialístico… me resulta interesante, así como la reflexión sobre este tipo de procesos cuya intención y resultado pueden variar tanto como para convertirse en arte lo que no se pretendía que lo fuera, si es que esto puede pasar, o crear un documento de valor etnográfico o político… son ideas que pueden desarrollarse y que las imágenes del libro inspiran.

En cualquier caso, estamos ante una colección de fotos cautivadoras y propiciatorias de lecturas, que tienen algo de hipnóticas… seguramente porque todos los rostros tengan algo de hipnótico y poder mirarlos sin ser visto es un placer al que se sucumbe y en el que uno se recrea… irremediablemente.

Puertas al campo

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 2.

 

De tanto mirar por el cristal llego a veces al otro lado esquivando los coches y camiones  de la calle de Medina como si de vencejo me tratara. Soy lento pero salgo finalmente a los caminos acompañado de Manchitas -que casi nunca corta la circulación, ni siquiera cuando defeca sobre el asfalto- y ya mientras piso tierra me entra la tristeza, compruebo siempre con la misma pena que el confinamiento es tendencia desde tiempos mucho anteriores a esta pandemia prevista (por previsible) digan lo que digan.

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Hacia el Suroeste hay que andar algunos kilómetros en Olmedo para salir, de verdad, a campo abierto, sin los muros que protegen la herida inconmensurable del tren rápido, que sangra la tierra con lentitud permanente para calar la historia de un pueblo cuyos habitantes, blanditos olmedanos, nos conformamos con las rogativas marianas si a cambio hay buenos encierros por el campo… cada vez más encerrado a su vez.

Leo mientras paseo por los caminos y me siento acosado por los largos, altos y robustos vallados que me advierten de mi insignificancia y me vigilan ya antes de llegar a las vías, continúan necesariamente para proteger del entorno natural al entramado mastodóntico de hormigón, piedra y hierros, y aún continúa después como salvaguarda de las pequeñas propiedades privadas (amén) incluso cuando estas no son más que tierra y arbusto.

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Puertas al campo nuestra apuesta por el confinamiento no necesita de pandemias, y leyendo este precioso ensayo del poeta romántico Goethe, una de cuyas principales ideas es que todos los organismos crecen y se desarrollan en relación con los demás organismos y su entorno, me produce mucha inquietud y desafecto que sigamos dando con el mazo de nuestras libertades compradas (amén) para hacer con ellas lo que nos venga en gana.

Procesos creativos.

RELATOS PARA NO TENER QUE LEER, 2.

En mi anterior relato disuasorio, descompuesto y que hablaba de mis lecturas confinadas, olvidé incluir una que fue realmente sabrosa y que durante un día  (una noche y  una mañana-tarde) me llevó de paseo por algunos lugares interesantes, en la mayoría de los cuales me esperaba Jorge Oteiza (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003), y de cuya mano visité siempre a los demás. Fueron los demás los escultores David Smith (también Tony Smith), Barbara Hepworth, Henry Moore, Robert Jacobsen, Hans Arp, por supuesto Ricardo Ugarte, Remigio Mendiburu, Néstor Basterretxea y Eduardo Chillida de la Escuela vasca de escultura, el denostado (con patada en el culo incluida)  Kosme Barañano, pero también el poeta Mallarmé y los otros poetas malditos de Verleine, como  Rimbaud y la para mí poeta desconocida Marceline Desbordes-Valmore. Faltan algunos nombres y siento el apelotonamiento, pero trato de dar cuenta del día de diversión que me supuso la lectura de «El libro de los plagios», de Jorge Oteiza, yendo de un lugar para otro, viendo videos, leyendo entrevistas, mirando pinturas, esculturas… a través de la pantalla… incluso a Cezanne visité, y fue de la mano de John Berger… y su «Sobre los artistas».

Oteiza + malditos

El libro (que está por ver si lo consigo como fondo de la librería) fue un regalo de mi amigo y escultor Félix Orcajo, cuya obra está en la antigua estación de Olmedo, en un proceso doble y permanente de intervención de la obra en el paisaje que, a su vez, intervine en la propia obra. El arte como experimentación, como indagación técnica y estética y, en definitiva, como experiencia personal del artista antes que como objeto creado para el espectador es común denominador de ambos. Jorge Oteiza lo llama en un manifiesto de 1957 «Propósito experimental» y supone siempre una reflexión sobre arte y espacio, y de cómo ambos se intervienen o pueden conformarse. De ahí sus descomposiciones de figuras geométricas, sus cajas negras…

libro plagios

En realidad este libro que edita Pamiela, con pulso violento, composición personal y anotaciones manuscritas, ilustrado casi a la manera de un fanzine es un (conocido) ajuste de cuentas de Jorge Oteiza con Kosme Barañano, subdirector del primer Museo Reina Sofía en 1990 (y por lo tanto del primer museo de arte contemporáneo de España), quien dejó al escultor vasco fuera de la exposición permanente, y también con Eduardo Chillida, ya en esos momentos con una proyección internacional promovida por instituciones públicas y privadas de la cultura españolas y mentor del propio Barañano. A Chillida le acusa de plagiar buena parte de su obra a partir de los años setenta, cuando Oteiza ya había dejado -con una obra original reconocida internacionalmente- de esculpir porque -y aquí dejo mi relato de hoy- dejó de trabajar esculturas cuando aprendió a ser escultor, cuando su proceso experimental como artista estaba terminado. Fue en 1957. A partir de ahí comienza sus investigaciones de la lengua vasca, sus ensayos, su poesía… iremos viendo…

oteiza segundo y santiago
Escultura de Jorge Oteiza en el jardín de la Fundación Segundo y Santiago Montes, Valladolid