Mayorga, Camps y Dostoievski en Radio Medina.

CRÓNICAS DE LA RADIO (LA SER, MEDINA)

A continuación un primer episodio de miscolaboraciones habituales con Raquel Chamorro, a la que visité por primera vez el viernes 23 de enero en su estudio. Para hablar de libros, claro. Publico aquí el guión sobre el que se desarrolló nuestra conversación:

Parece que viene el frío. Libro y chimenea puede ser un buen plan mientras se mira la nieve caer (ya veremos si cae). Y si no tienes chimenea pues una estufita puede ser plan alternativo. Y si no tienes estufa pues te pones cerca del radiador. Y ya no sigo con supuestos que en nada ayudarían a otras realidades.

No te puedes imaginar, Raquel, cómo está mi librería. Si digo patas arriba no exagero. Aún sigo con la resaca navideña y tengo libros perdidos, muchos descolocados… se cruzan los devueltos con las novedades que llegan…algún día tendríamos que hablar de los viajes de los libros porque lo suyo es muchas veces una auténtica Odisea…

De entre las novedades que aún no hemos hojeado pero tienen buena pinta yo destacaría (hay que tener en cuenta el olfato del librero siempre, ya sea para aceptar su prescripción o huir de ella basándose en la disparidad de criterio) estas:

Despedida, de Julian Barnes (traduce Jaime Zulaika), exploración memorística recién iniciada la ochontena y conocido en general por obras como El loro de Flaubert y para mí en particular por el ensayo sobre arte Con los ojos bien abiertos.

También en Anagrama me llega estos día la cuarta edición (la primera salió en 2001) de Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb (con traducción de Sergi Pamiés), que como en otras obras suyas afronta lo biográfico desde cierta forma de fabulación muy personal con la que va mitologizando (a lo mejor me estoy inventando esta palabra, ¿eh?) sus memorias. Aquí un bebe disconforme con lo que le ha tocado y obsesionado con el agua adopta la forma de tubo. Ella nació en Japón e, hija de diplomático, ha llevado una vida (internacionalmente) itinerante.

Algunas curiosidades como el poemario antológico que en Visor han publicado Isabel Gemio (la de la tele) con el propio Chus: en realidad una antología de reconocidos poetas; el por lo visto/oído (y aquí hay tocinete para divertirse un rato) un tanto inoportuno Premio Nadal que David Uclés ha recibido (creo que no se puede decir contratado, así que no lo digo) por La ciudad de las luces muertas, que tiene tres sílabas menos que La península de las casas vacías. Me refiero al título: la novela es visiblemente más corta.

La última vez que he hablado contigo, Raquel, ha sido el jueves 8 de enero. Pues bien, estaba leyendo esa noche en la cama los diarios de Chirbes, en los que el autor comentaba el reconocimiento a su novela Crematorio con el Cálamo como libro del año 2007 (un libro sobre el que el autor tenía muchas dudas) y a la mañana siguiente me desperté con la noticia de la concesión de este premio, en su versión al conjunto de su carrera, a Leila Guerriero, que debió de haberse producido la tarde de ese día 8, mientras tocábamos y cantábamos canciones de Facundo Cabral, Jorge Cafrune y Mercedes Sosa. Eso después de haber estado charlando largamente sobre su libro La Llamada, que es una de la lecturas de nuestro Club, y que esta temporada tienen como tema Voces en primera persona.

Hablando de premios aragoneses me llega notificación de la editorial vallisoletana Páramo en la que cuenta que el libro del leonés Vicente Muñoz Álvarez El hombre de mimbre (antología poética) ha sido reconocido con el Premio de la Crítica de Aragón. Parece que ahora anda en reimpresión pero en breve estará de nuevo disponible en las librerías.  

Y precisamente de entre los libros que han llegado recientemente a las tiendas de libro (¿a ti te gusta “tienda” de libro?: yo creo que hay que reivindicar la librería como tienda de barrio o tienda de pueblo: otro por cierto: estos días la noticia del cierre de Tipos infames, una librería que reivindicaba su papel de lugar de encuentro de los vecinos de Malasaña, en realidad tan expulsados del barrio como la propia librería)…bueno, decía que de entre las novedades (por seguir hilando) nos llega la edición en España de Los suicidas del fin del mundo, obra original de 2005, crónica de voces dolientes alrededor de un trágico suceso en la localidad argentina de Las Heras, paisaje yermo que Leila Guerriero (volvemos a ella para acabar este bloque) convierte en parte fundamental de la narración.

Y si te parece nos centramos un poco más en tres libros no sin antes pasar brevemente por un ensayo de Juan Mayorga, que ya se publicó hace algunas semanas y titulado Revolución conservadora y conservación revolucionaria, sobre política y memoria en Walter Benjamin, y que no he tenido tiempo de hincar el diente como me hubiera gustado, entre otras cosas porque es un libro exigente. En confrontación con las obras de Jünger, Sorely y Schmitt Mayorga se pregunta a través del filósofo alemán por nuestro deber con el pasado, con la memoria de las víctimas como fuerza para la construcción de una política para la humanidad.

Pero hablando de este filósofo, matemático y, como sabemos, reconocidísimo dramaturgo os cuento que la editorial segoviana La uña rota ha publicado recientemente lo último suyo: Los yugoslavos, una obra en la que nos encontramos con algunos de los motivos principales del teatro de Mayorga, como la búsqueda (el uso) de las palabras adecuadas y su relación con la realidad (y con el pensamiento, etc… el Mayorga filósofo nunca se oculta), los silencios, los mapas… una historia que empieza con Martín, el propietario de un bar, y Gerardo, cliente ocasional, entre los que media un encargo curioso: Martín necesita recuperar a su mujer (silenciosa) y cree que Gerardo puede hacerlo porque ha oído (algo que en realidad no debería haber pasado) la conversación que este ha tenido con un amigo al que ha logrado reconfortar con  buenas palabras. Y pongo aquí en cursiva de lo de buenas porque es algo sobre lo que la obra también pregunta. Lo que podemos leer es una búsqueda en varios planos con un lenguaje coloquial y supuestos provocadores que nos hablan de la imposibilidad de nombrar y de llegar a los lugares que ya no existen. Es una lectura que se bebe en unos cuantos minutos y que pienso que merece la pena que esté en la biblioteca personal de todo amante o seguidor de la obra de Mayorga, como el resto de la suya publicada en cuidadísima edición (por cierto, prologada por la ensayista de arte contemporáneo Estrella de Diego).

Por seguir también con la importancia del cuidado y el uso de las palabras voy a hablar de un libro publicado en 2025 pero que podemos considerar reciente. Se trata del ensayo de la filósofa y catedrática Victoria Camps La sociedad de la desconfianza y que nos puede dar algunas pistas no sólo sobre lo que los políticos tendrían que hacer para recuperar la confianza perdida por parte de los ciudadanos-votantes sino -más importante-  cómo trabajar en nuestro propio carácter como personas para emprender la tarea (necesariamente común) de la convivencia. Es un libro exigente en el sentido de que habla claro de la necesidad de cultivar y poner en práctica las virtudes individuales para hacer de la libertad un proyecto colectivo (y que diferencia claramente del neoliberal libertinaje que muchas veces pretenden las clases pudientes y cuyo relato pueden adoptar y de hecho adoptan los menos favorecidos en según qué circunstancias) y nos habla, en definitiva, de responsabilidad colectiva. Y, sin embargo, no es un libro exigente en el hecho concreto de afrontar su lectura, ya que esta resulta muy estimulante y apegada a la realidad. Nos interpela con cuestiones que nos preocupan y sobre las que nos expresamos habitualmente y en ambiente distendidos pero, nos dice Camps, hay que ser serios: la palabra que sea constructiva, y la acción virtuosa.

Y ya sí que para terminar quiero recomendar la última traducción (calentita, calentita) que de Jorge Ferrer Arpa editores acaba de sacar de Memorias del subsuelo, del autor Fiodor Dostoievski y que justo ahora estoy leyendo. Comentaba el otro día con un amigo la modernidad (contemporaneidad) del título y hace unos días me decía mi hija que a un amigo suyo le gustaba mucho Dostoievski. Lo que estoy descubriendo últimamente es que se trata más bien de un fenómeno en redes. Hablamos de uno de los autores que seguramente con más empeño ha ahondado en las zonas oscuras del alma logrando una obra realmente sombría y en el que la maldad y las debilidades humanas son tema central. Si pensamos en una posible evolución de las lecturas desde las sangrientas historias infanto-juveniles de acción, aventuras, épica, y en general de cierta oscuridad más bien cándida (y que por cierto se siguen consumiendo en la adultez) los viajes que a uno toca emprender a partir de cierto grado de madurez seguramente son los que te propone Dostoievski, un autor con una incuestionable potencia narrativa, que sufrió mucho y cuyo existencialismo ha influido en filósofos y literatos posteriores.

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En serio, Nunez.

Los principales temas de «Cuál es tu tormento», la novela de la norteamericana Sigrid Nunez en la que Almodóvar se ha inspirado para hacer una peli muy bonita, no son ni el suicidio, ni la muerte, ni los cuidados, ni la amistad, ni el envejecimiento, sino la tristeza y la escucha. Nunez lo cuenta muy bien, es una gran escritora aunque le haya gustado la peli del manchego. O eso dice, claro. A lo que voy: el mundo es triste y los que somos unos tristes nos damos cuenta, y la gente que no es triste no se entera, pero sólo de momento porque un día de repente se pegan un buen susto (han descubierto algo trascendental, qué exagerados), y a llorar: tanta risa es lo que tiene. Los tristes, sin embargo, no somos nada dramáticos. La tristeza es una suerte de ataraxia muy beneficiosa para el equilibrio mental. He leído en algún sitio últimamente que la tristeza te hace ver las cosas como son. Estoy de acuerdo. Casi nunca para tanto, ni en lo bueno ni en lo malo. Sé triste, my friend.

La escucha es lo que te permite ver el mundo, y de paso a ti mismo. Como no somos nada por nosotros mismos la única manera de saber de qué vamos (incluso puede que hacia dónde) es escuchar a los demás y a ser posible -digámoslo ya- estar calladitos. Esta escucha radical tiene mucho de conservadora, evidentemente, y, en ese sentido, de egoísta: si todos escucháramos el mundo se quedaría mudo, yo diría que incluso parado. Pero sentidos tenemos para aburrir y ya sabemos que la escucha también puede ser generosa e incluso beneficiosa para el escuchado. Escuchante es la protagonista de esta novela que abre con la conferencia de su dramático exmarido, un pensador antinatalista. Un tipo leído (publica libros), escuchado (da conferencias), que habla mucho, un pensador de moda, antipático pero no triste. A mí no me lo parece: un tipo que lo sabe todo porque lo ha descubierto de repente: si fuera coherente tendría que suicidarse, pero no puede ser coherente porque, en realidad, sigue siendo un tipo alegre, satisfecho de sí, feliz incluso.

Sigrid Nunez, 2020. Anagrama, 2021. Traducción de Mercedes Cebrián. 196 páginas. Pvp: 19,90 €.

La amiga de la narradora está triste pero su tristeza no tiene mérito: se va a morir y lo sabe. Cuando esta le propone a la narradora que la acompañe en el tránsito a su muerte, cuyo momento decidirá ella misma, acepta a pesar de que en realidad su amistad no es tan estrecha. Pero ella escucha, lleva toda su vida buscándose en las historias de los demás, tiene mirada periférica y atenta a la vez, de conjunto e individualizada, ve más allá y más acá, ve porque mira, es su manera de estar en el mundo, de ser. Por eso la novela es también un mosaico de historias de otras personas. La de su amiga moribunda atraviesa todo el libro. Podemos percibir serenidad en las palabras de esta mujer que busca una despedida tranquila, en realidad idealizada, de la vida, pero es la narradora quien nos abriga. Esto Almodóvar no lo ve, o no lo mira. Me pregunto qué andaba buscando con su peli.

Nos da abrigo porque lo necesitamos, porque, es verdad, los tristes nos volveríamos locos sin literatura, impedidos para dramatizar como tipos alegres. Nunez no se pone en la piel de la persona moribunda, seguramente incapaz de pisar -ni en la ficción siquiera- un terreno desconocido para cualquiera que no lo habite. Se pone en el lugar que puede ocupar (que podría haber ocupado, no lo sé) y desde ahí nos cuenta su historia de amistad, nos transcribe las palabras de su amiga, reflexiona, se cuenta y nos cuenta su vida. Esa distancia que se toma la autora es la que permite una narración tan seria como liviana y bienhumorada, cómica en muchas ocasiones, y calurosa que, sí, trata cuestiones como el suicidio, el envejecimiento, la muerte, la amistad…

Seguramente es difícil hacerse a la idea del argumento de «Cuál es tu tormento» por la lectura de esta entrada. En realidad creo que a Nunez le importa más la forma, de hecho así lo dice, y en esto la creo: sobre qué tema no se ha hablado ya a estas alturas. Por la forma (de mirar, de escuchar, de enfocar, atender) se llega a algún tipo de verdad, y este camino parte de un reconocimiento que nos importa por aquí: hay cosas, dolores ajenos que no se pueden representar: la mentira se desliza entre pretensiones como esa.

Sueños

Hace ya 20 años que descubrí la editorial Atalanta, el proyecto de Jacobo Siruela (Ediciones Siruela) que contiene uno de los catálogos más originales, coherentes y de mayor calidad del panorama español. Por aquel entonces leí “El fuego secreto de los filósofos”, uno de los libros que La tienda de Lope seguimos recomendando porque forma parte de nuestro “fondo permanente”. Aquel libro del británico Patrick Harpur proponía una historia del pensamiento a través de sus imágenes y de los fenómenos que habían influido necesariamente en la historia del pensamiento más y menos oficial. Leer textos como el de Harpur o el del propio Siruela en el bello y cálido formato que supone su edición, cuidada hasta el más mínimo detalle tanto en su diseño como en la elección de papel, elección de guardas, imágenes, cosido (¡cosido!), bellas ilustraciones, índices bibliográfico y de imágenes que ilustran toda la lectura, bibliografía complementaria y, en fin, una maquetación pensada para el placer es algo a lo que los buenos lectores no deberían renunciar aunque haya que pagar 28 €…

Jacobo Siruela, 2024. Ediciones Siruela 2024. (Varios traductores e «iluminadores»). 396 páginas. Pvp: 28 €.

Lo que uno se encuentra en su interior es, podríamos decir, una reivindicación del mundo onírico como parte fundamental de la realidad individual y, por supuesto, colectiva, capaz de influir directamente en nuestra vida de vigilia cuando no en algunos acontecimientos históricos y -por tanto-en la Historia misma. Un tranquilo paseo por experiencias que van desde las clásicas incubadoras de los griegos en las que se invocaba al dios Asklepios hasta la cada vez más evidente disolución de barreras que desde una mirada positivista de la ciencia tradicionalmente habían separado imaginación y realidad. Digamos que hay una crónica de personajes y hechos que han acontecido históricamente, incuestionables (como la resolución en sueños de problemas científicos), y hay una parte más puramente de ensayo y pensamiento que no dejamos de leer en los relatos histórico/biográficos pero que se despliega de manera explícita en la última parte del libro, contra un posicionamiento sistemáticamente escéptico respecto al mundo no material que respondería más bien a actitudes gregarias por un lado y que, por otro, la propia ciencia empieza ahora a contemplar con las teorías vigentes y en desarrollo en estos momentos, desde la relatividad, la teoría de cuantos y su principio de incertidumbre o la de cuerdas. En estos tiempos en los que la física asume que la materia puede ser y no ser, estar en varios lugares a la vez y propone multitud de dimensiones para explicar un espacio sin tiempo atender a preocupaciones como la conciencia o la muerte desde puntos de vista inmateriales parece pertinente.

Han Kang, 2011. Random House, 2023. Traducción de Sunme Yoon. 176 páginas. Pvp: 19,90 €.

Como leo mucho más de prisa de lo que escribo aprovecho para introducir brevemente otra de mis últimas lecturas: “La clase de griego”, de la Premio Nobel Han Kang. Lo más llamativo es, sin duda, lo desagradable de tomar entre las manos un libro editado de manera tan descuidada, que se cae de las manos a pesar de apenas tener peso (papel de ínfima calidad) porque las tapas se resbalan en la grimosa imposibilidad de mantenerlos en la posición deseada: el horror, al más puro estilo IndustriaculturalRandomHouseMondadoriexperienciadeconsumorápidoétc… Tan rápido se lee el libro de la coreana que lo comencé de nuevo nada más terminarlo. Había algo en su lectura que creaba expectativas y una sensación de que se me escapaban cosas que podían importarme. Y, efectivamente, este encuentro entre una mujer sumida en el silencio y su profesor de griego antiguo, quien está perdiendo la visión, es una confluencia de voces improbable, pero posible y necesaria, escrita con una prosa poética y cargada de preguntas sobre nuestro propio acontecer, sobre la fragilidad de la vida y su sentido,  y es también un respetuoso (responsable) ejercicio de humanismo en el que sus personajes, que somos todos los lectores, trascienden a través de las palabras, que nos permiten ser pero que también nos engullen. Por justificar que este comentario comparta entrada del blog con “El mundo bajo los párpados” diré que los sueños de los personajes están muy presentes y son fundamentales. En uno de sus pasajes dice el profesor de griego: “Y confirmo, con calma, que no tengo adónde ir, salvo al mundo de los sueños”. También pienso que a ambos autores les gustaría leerse.

Delirio de España

El pasado jueves 21 de noviembre tuvimos la primera tertulia literaria de la temporada en este de Club de Lectura que algunos amigos de la librería impulsamos y que, por cierto, no es nada exclusivo: está usted invitado. “Presentes” es el último y muy promocionado libro de Paco Cerdá (“El peón”, “14 de abril”) que parte del hecho histórico -desconocido por poco contado – del hipersimbólico cortejo que el régimen dictatorial naciente en el 39 hizo con el cadáver de JA Primo de Rivera, trasladándolo desde Alicante hasta El Escorial sobre hombros falangistas. Se está contando mucho y no voy a entrar en los detalles argumentativos del libro, pero resulta sorprendente cómo tres años después del golpe militar que provocara una guerra civil los fascistas aún mostraban semejante vigor, síntoma inequivoco de la capacidad vengativa y depuradora que ya estaban llevando a cabo y aún serían capaces de sostener en décadas posteriores.

En la tertulia se pusieron varias cuestiones sobre la mesa. Primeramente se apuntó el ejercicio de estilo que este libro supone, y en el que Cerdá juega con las voces y las expresiones ideológicas, tanto más extravagantes cuanto más se alejan del suelo que la mayoría pisamos cada día. En estos tiempos en los que el materialismo atraviesa una nueva crisis y los discursos fascistas vuelven a apelar a lo supraterrenal sin pudor parece que el autor trata de advertirnos de los peligros de ciertos simbolismos. Pero el ejercicio literario va más allá y es fácil encontrar versos de Calderón, Machado, Gil de Biedma, canciones entreveradas en la narrativa y para cuya extracción se exige al lector que haga su tarea porque, aunque no están escondidas, estas “letras” se integran perfectamente en el relato, bien para acentuar su sentido original o ironizar a partir de ello.

Paco Cerdá, 2024. Editorial Alfaguara, 2024. 326 páginas. Pvp: 20,90 €.

Hubo en la tertulia quien echó de menos mayor profundidad en las historias (personales) que se cuentan, apelando, efectivamente, a la complejidad de circunstancias que muchas veces rodeaban asesinatos y depuraciones que a menudo se han contado desde posicionamientos ideológicos. La cuestión del enfoque, de los planos, dónde decide quedarse el autor, hasta dónde llegar. Si tenemos en cuenta que es un libro escrito con otros libros como fuente principal creo que puede entenderse que sus historias no bajen hasta donde quizás sería irresponsable, y que no trate de contar cosas que sólo desde un conocimiento de primera mano -y me refiero con ello a haber visto los hechos o haber sido informado de ellos por fuentes presenciales- pueden contarse. Una de las cuestiones sobre las que nos interesa reflexionar en el Club de Lectura de este año es precisamente la representatividad (artística) del sufrimiento. Qué tenemos derecho a contar y qué no, hasta qué punto podemos ponernos en el pellejo de los que han sufrido y, por tanto, quién y cómo ha de contarlo. Cuestiones sobre las que Juan Mayorga y su maestro Reyes Mate nos alertaron en su momento.

Me hubiera gustado comentar en la tertulia que esta retahíla del libro de Cerdá que a veces puede resultar un poco cansina recuerda al ejercicio de responsabilidad que hemos visto en otros autores y que tienen que ver con la recuperación de las memorias perdidas, o simplemente de los nombres olvidados. En algún sentido este libro es una oración también, o está compuesto por oraciones o tiene una oratoria que contiene su propio peligro, una oratoria que denuncia la oratoria, pero que es un ejercicio literario bastante jugoso. Si uno se siente mareado en algún momento de la lectura no ha de preocuparse: está leyendo un libro que marea, y esa indisposición tal vez puede representar en algo la provocada por un país arrasado y la estomagante palabrería de quienes llevaban las riendas.

Algunos días antes de empezar “Presentes” terminé “Delirio y destino”, de María Zambrano, un libro mucho menos conocido que tiene en común con este de Cerdá que en ello ficción y realidad se confunden deliberadamente, componiendo una ficción que en ningún momento deja de ser narración de hechos reales y que tiene como objetivo principal la(s) memoria(s). El libro autobiográfico de Zambrano supone, además, un interesante ensayo filosófico sobre la imaginación, la soledad y el crecimiento, mientras que el de Paco Cerdá se queda en un plano divulgativo, no exento de sentimentalidad. Por otro lado mientras que “Presentes” está compuesto por un juego de voces que lo arma literariamente como una obra apetecible el libro de María Zambrano resulta duro de roer y como ficción se queda en intento tímido y fallido. Pongo estas primeras diferencias entre ambos libros para dar cuenta de que la relación entre las dos obras es algo forzada aunque, no obstante, creo que algo podemos sacar de ella.

María Zambrano, 1989 (a partir de texto original de 1953). Editorial Horas y horas, 2011. 336 páginas. Pvp: 18 €.

Cuando tomé “Delirio y destino” en las manos por primera vez me di de bruces con una idea preconcebida de España por parte de la autora y eso me disgustó. No por la idea concreta sino por el hecho de que la tuviera. Es algo que sin embargo debía yo esperar.  La lectura se fue animando posteriormente por lo que suponía un ensayo sobre la imaginación, el pensamiento, el conocimiento propio… en fin… un poco de chicha con la que se anima al lector a la meditación, “a reconquistar el sentido originario de las cosas”. España es una de estas cosas, en realidad la fundamental del libro. Firmemente defensora de La República, tras exponer algunas de las meditaciones sobre la nación por parte de plumas conocidas como la de Unamuno o Ganivet (hay otras: Menéndez Pelayo, Ortega…) sigue desarrollando su autobiografía (en paralelo a la Historia de España) para pedir el despertar del delirio y vivir la España presente de ese momento y a la que, según dice en varios ocasiones, naturalmente le correspondía la república como resultado del anquilosado período de La Restauración, que no daba más de sí y cuya artificial existencia (una dictadura mal velada, con Alfonso XIII y Primo de Rivera padre como mandatarios) justificaba los episodios de violencia-revueltas incluidas- que empezaban a verse por todo el territorio. La República era una suerte de advenimiento, que fue frustrado por un golpe militar y una nueva dictadura como destino fatal. Se rechazó la inspiración y volvió a abrazarse el delirio. Una inspiración adelantada a la del resto de Europa, quizás demasiado adelantada para la época.

Pero trato de decir que en definitiva la lectura de ambos libros supone para mi una aportación a la idea histórica o identitaria de España que sigue en permanente cuestión (y ejemplo claro de ellos serían últimamente libros como “España diversa”, de Eduardo Manzano, o “¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista”, de David Porrinas) y que es otra de las cuestiones que me preocupan y sobre la que la lectura de ambos libros me incita a pensar. A día de hoy me sigue resultando bastante llamativo la visible preponderancia que se da a símbolos como la bandera española frente a la atención y cuidados que requieren la convivencia y el mantenimiento del vecindario donde uno vive. No acierto a saber a qué se debe y mucho menos entiendo de qué hablan quienes hablan de España, un concepto a día de hoy abstracto para mí a pesar de entender perfectamente lo que el Estado español significa. Por aquí me llego. No me resisto a transcribir unas palabras de María Zambrano a propósito de la memoria: «Todos los muertos prematuros, los muertos por violencia, necesitan que se cuente su historia, pues sólo debe ser posible hundirse en el silencio cuando todo queda dicho». Pero este país ni siquiera ha sido capaz de recuperar sus cuerpos desaparecidos en la Guerra Civil y la depuración de la dictadura franquista. Y ya no lo va a hacer a tiempo. Supongo que España es lo que fue (¿desde cuándo?) y a lo mejor lo que es (hay mucho de vergüenza en ello aún), y supongo que hay muchas españas imaginarias.

Iniciándome en Nothomb.

Hay que ver qué vidas más entretenidas tienen los aristócratas (imagino que los que se lo saben montar o tienen una inteligencia sensible o al menos dos dedos de frente), qué de desmesuras imposibles para el común de la especie y qué miedos, dramas y dolores tan ajenos a casi cualquier lector atrapado en la grosera pesadumbre de lo biológico o, como mucho, de la explotación capitalista. Será eso lo que más me atrae de Amélie Nothomb, una vida con castillos arruinados al fondo que aún se pueden visitar. No sé qué otra novela he leído de ella -fácilmente podría ser «Barbazul», imagino que al vuelo, según entrara un día en la librería- pero al pasar las páginas de «Primera sangre» durante el verano de 2023 tuve una sensación que recordaba y que me conectaba con los cuentos clásicos europeos y con una de mis autoras de cabecera, en realidad uno de los 5 autores que a fecha de hoy tienen un lugar reservado como propio en nuestra librería junto a Reyes Mate, Juan Mayorga, Angélica Liddell y Roberto Bolaño: Agota Kristoff. Esa sensación parte de un estilo seco que como alguien decía de la prosa de la húngara camina como títere sin cabeza. Parece dañina a veces y, en cualquier caso, el dolor es materia principal (Angélica Liddell) y se cuela por cada intersticio de la lectura, descubriéndose uno blando o sintiendo la necesidad de ponerse a salvo. Puede que ellas tres (Kristoff, Liddell y Nothomb) pudieran formar un temible tridente que enarbolar como bandera o marca de nuestra librería, como símbolo posible de nuestro fondo editorial, aún tratándose de vidas y obras muy diferentes.

Amélie Nothomb, 2021. Editorial Anagrama, 2023 (Traducción Sergi Pámies). 150 páginas. Pvp: 18,90 €.

Disponible en librería: latiendadelope@gmail.com // Tfno. 983 60 11 88.

En esta última novela la francesa-belga-japonesa hace un ejercicio de estilo que consiste en narrar en primera persona la vida de su padre -Patrick Nothomb- hasta llegar al punto en el que este se encuentra ante un pelotón de fusilamiento en El Congo, 1964, circunstancia que da comienzo y fin a la novela. Proporciona, como decía, una lectura ágil en la que la violencia está presente en formas diversas que van desde la niñez de Patrick con una madre desapegada que delega la crianza del hijo en sus abuelos, con el abuelo poeta y culto, persona difícil de carácter misántropo, y con las largas temporadas en el castillo de la familia donde el niño Patrick pasa duras pruebas que hacen de la vida supervivencia. Las penosas condiciones durante la Segunda Guerra Mundial, su insuperable aversión a la sangre, los amigos, el amor y, en fin, su secuestro -como representante del consulado bruselense- por rebeldes congoleños que lo llevan al pelotón de fusilamiento con el que la narración se abre y que acaeció antes de que la autora fuera concebida completan el homenaje al padre muerto recientemente cuando Amélie Nothomb encaraba la escritura del libro.