Pinos en la librería

En un par de días -jueves cultural del 26 de noviembre- vamos a tener Ángel Roldán, ingeniero forestal, presentando su libro dirigido a la infancia sobre gestión de bosques en general y pinares en particular. Ya vaticino que seremos más maduros que jóvenes e infantes pero me parece una buena idea esta quedada alrededor de un tema que no interesa o debería interesarnos especialmente a los vecinos de de nuestra muy pinariega comarca.

El libro surge como respuesta a la contraposición tradicional de miradas en torno a la conservación de los bosques y que se resume en quienes plantean que el bosque debe desarrollarse autónomamente y sin intervención humana y quienes piensan que el bosque debe ser aprovechado como recurso de materiales para los humanos y, por tanto, gestionado. Este cuento ilustrado por Marta Benedí responde con una nueva posición dialéctica desde las previas planteadas que consiste en la necesidad de gestionar los bosques de una manera lógica y sostenible.

Como digo el relato es infantil y resulta muy recomendable su lectura, ya que además de tratar explícitamente la conservación de los bosques dibuja, boceta y da pie a pensar sobre cuestiones universales como el respeto, la evolución, el sacrificio, la muerte, el compañerismo…

Este jueves a las 19:30 estaremos atentos a lo que Ángel Roldán nos cuenta y, conociéndonos, daremos un poco de guerra y procuraremos aportar lo nuestro (hablo del colectivo vecinal, claro) y escuchar atentamente cuanta intervención se produzca para, quién sabe, quizá irnos todos a casa con una mirada más rica de los pinares y su conservación y disfrute.

Ángel Roldán, 2023. Náyade Nature Books, 2023. 49 páginas. Pvp: 18 €.

Contar a Lope… sobre ruedas…

El centro de artes escénicas de San Pedro volvió a acoger el «Clásico en familia» del festival de Olmedo, una sencilla producción de Georgina de Yebra de la que participa la Compañía Nacional de Teatro Clásico y con la que se introduce a los pequeños a partir de 5 años en la vida, la obra y, en definitiva, la magia de Lope de Vega, un autor inconmensurable más de 400 años después y que dispone de infinitas provocaciones para un público que crecerá en el previsible y ñoño mundo que los adultos nos venimos montando últimamente.

Es gozoso llegar al teatro un domingo a las 11 de la mañana para concretar el encuentro que en distintos niveles se produce entre infantes, adultos y artistas, aunque yo ya niños no tengo y acudo en calidad de ser humano en (lento) proceso: quienes me conocen ya saben que voy despacio. Ver las funciones infantiles (siempre bien acompañado por mentes inmaduras o artísticas o, como la mía, ambas cosas) me llevan a cierto reposicionamiento respecto de los autores, sus obras y, sobre todo, sus motivos. Es una sensación que tiene que ver con la empatía hacia los niños que te acompañan y que participan de la función: no puede uno evitar ponerse en el lugar del pequeño al que se cuenta que la palabra favorita de Lope de Vega es «amor». Y piensa entonces que lo más importante que se puede decir del dramaturgo madrileño acaba de quedar dicho y que siempre merece la pena ver los montajes infantiles, porque en ellos se vuelve a la esencia.

Pío Baruque Fotógrafos

En la dirección de Mireia Fernández la sencillez, la siempre tan difícil sencillez, juega a favor de la dramaturgia de Georgina de Yebra pues los elementos que conforman la escena potencian la narración oral. Y esto es lo fundamental. El encuentro con el público infantil se produce a través de la palabra dicha y la bicicleta y su kamishibai, el botijo y los libros -todos ellos elementos en sí mismos esenciales- son apoyo a las historias de la actriz cuentacuentos y de entre las que ocupan lugar distinguido «La dama boba» y «La gatomaquia» (hay más gatos en Lope de Vega que en Haruki Murakami, y además Lope les pone nombre).

En cualquier caso me parece destacable la muy cuidada utilización de los elementos escénicos, de entre los que me gustaría destacar los libros, fundamentales en los lopescos juegos literarios -también el kamishibai sirve de pizarra para jugar con letras y palabras- y que son fundamentales en la composición escénica que se crea en según qué momentos dada su versatilidad significante. Respecto a esto último el diseño de luces me ha parecido muy acertado, imprescindible para conseguir que la sencillez no se convirtiera en escasez. Acercar a Lope a los más pequeños, presentarles su rica y desmesurada biografía y provocarles con las posibilidades que letras, palabras y en general literatura tienen para ellos es necesario.

Pío Baruque Fotógrafos

También este año la función infantil es una de las tres o cuatro mejores de todo el festival, algo que no tiene por qué sorprender si tenemos en cuenta que la adaptación de textos a las primeras edades crea oportunidades de juego tanto en las dramaturgias como en las puestas en escena. En lo que a los clásicos se refiere, lo nuevo (lo verdaderamente nuevo) está en su mayor parte en las producciones para la infancia. Ya sólo esto debería ser razón suficiente para que ocuparan un lugar mucho más destacado en estos festivales veraniegos entre los que al menos Olmedo ha mantenido su apuesta intacta. Pero, desde luego, hay más razones.

A nadie que ponga atención en la cuestión se le puede escapar que el arte en general y el teatro en particular son un derecho de la infancia al igual que lo es para los adultos y que como nosotros los niños deben poder disfrutar de funciones más y menos ambiciosas, desde las que son simples eventos de ocio y tiempo libre hasta las que, como en el caso que nos ocupa hoy, desarrollan una labor pedagógica porque, y esto es importante, el rigor no está ni mucho menos reñido con el divertimento y los pequeños pueden irse a casa con preguntas importantes que les ayuden en su desarrollo crítico personal. Esta es otra razón. Pero además hay que incidir en la necesidad de seguir creando nuevos públicos, futuros públicos adultos que muy difícilmente alimentarán teatros si no han tenido oportunidad de acudir a ellos cuando eran pequeños.

Así que me encuentro especialmente contento escribiendo este artículo en el que la responsabilidad que ejerce un festival como Olmedo Clásico, con su apuesta por una sección infantil dentro de la programación general, confluye con la de un montaje como este «Lope sobre ruedas», que decide dar protagonismo casi absoluto a la palabra y propiciar el rito que sólo desde la complicidad con el público sucede. También para esto era Lope, en funciones como esta su magia se despliega en una vuelta a lo esencial. Hablando de magia y hablando de palabras, de rito… quizás alguno de ustedes se esté preguntando qué es un kamishibai. A mí me lo acaba de explicar Esther Pérez Arribas, lopesca de pro, aunque no muy japonesa hasta donde sé…

Vivencia del Te Veo 2020

Pasé en el teatro el fin de semana de toque de queda vallisoletano del 6, 7 y 8 de noviembre. He visto 4 funciones, una por cada grado de alerta, infantiles, de formatos diferentes y con diferentes miradas. Corresponden a una pequeña parte de los 16 espectáculos de la programación del Festival Encuentros Te Veo 2020. Una edición rica y que ha puesto en valor la solidez de estos encuentros entre artistas y espectadores infantiles y juveniles. Su capacidad de ofrecer prácticamente al completo una programación que no podía respaldar más de un 30% del público potencial se debe al empeño y compromiso de un tipo de gestión que nunca ha perdido de vista objetivos a cumplir por los derechos educativos y de desarrollo cultural y artístico de la infancia y de la juventud.

Es más que probable que ello se deba a que la gestión corre a cargo de artistas, los que componen la asociación de compañías teatrales Te Veo, a miradas sensibles y cercanas que se han desarrollado a partir de una relación vivencial en los espacios socioculturales -sean teatros, aulas, la propia calle u otros escenarios posibles- con los ciudadanos. A esto sumaría su creatividad como teatreros, capaces de generar (e improvisar) oportunidades y nuevas ideas a partir de los problemas y, desde luego, añadiría también la para mí ya legendaria resiliencia de un sector que se ha musculado a base de crisis y desatenciones, acostumbrado al pan y agua que mal llevarse a la boca pero que siempre se comparte para hacer compañeros de viaje, es decir, camino. La dureza del actor, de la compañía de artes escénicas, está a prueba de virus, también cuando desarrolla labores de gestión, sean las de su propia compañía o sea la elaboración de una programación con sentido como la de Te Veo.

Fotografía: Patricia Cercas

A este tipo de compromiso hacían referencia Ana Gallego y Jacinto Gómez, coordinadores del festival, durante la inauguración que se celebró en la Sala de los espejos del teatro Calderón el viernes 6 de noviembre. Acompañados de la concejala de cultura, Ana Redondo, y del director artístico del teatro, Txema Viteri, defendieron al festival como la cita necesaria que es para el bienestar de la ciudad.

Por eso en los últimos años ha seguido desarrollándose por barrios, además de iniciar una relación propiciatoria con la UVA, que también este año ha programado talleres con la Facultad de Educación, de la mano de Gema Cienfuegos. Los colegios han acogido las campañas escolares en sus aulas este año, una experiencia que, en menor medida, también se venía haciendo en ediciones anteriores y que ha hecho posible mantener la programación. Igualmente se ha podido celebrar la ya tradicional extensión de la biblioteca Torrente Ballester, en Salamanca, aunque no ha habido la misma suerte con la de Olmedo y otros pueblos de alrededor, extensiones que ojalá puedan retomarse en próximas ediciones. Sí se han celebrado las dos mesas de reflexión previstas sobre modelos empresariales y gestión de espacios aunque han tenido que ser vía digital. En resúmen, un festival con una programación cumplida a nivel sobresaliente dadas las circunstancias actuales de crisis sanitaria y de las que los compañeros de Te Veo hemos podido participar en diferente medida y según las circunstancias de cada uno.

Así que Esther Pérez Arribas y un servidor, pieizquierdinos ambos, asistimos a la presentación del viernes 6 y finalizada esta pudimos subir a una habilitada extensión del desván del Calderón en la que la compañía jerezana de títeres La gotera de Lazotea compartió con los asistentes los preparativos de «La boda de la pulga y el piojo». Jugamos y cantamos las canciones que hubieron de ayudar a resolver ciertas complicaciones que iban surgiendo en una historia contada con la gracia, el desenfado y la amabilidad de un estilo que tiene mucho de original porque remite a sus orígenes de calle pero todavía mucho más de hospitalario: convendría no perder de vista esta función de hospitalidad del teatro y de las artes en general que a veces no se tiene en cuenta y que supone siempre una manera (especial, única, creativa, enriquecedora) de estar en la ciudad, en los espacios que se comparten y que nos hacen, por tanto, ciudadanos. Y, así, esta compañía que lleva cuarenta años en la carretera, que atesora premios y reconocimientos por toda la península y que entiende el teatro como artesanías generadoras de juegos y de encuentros presenciales (toca especificar) inauguró la programación abierta del festival y fue, de paso, reconocida por la asociación con el Premio Te Veo por una trayectoria ejemplar y que es referencia para sus 54 compañeros asociados.

La gotera de Lazotea recogen el reconocimiento de los compañeros de Te Veo
de la mano de Ana Isabel Gallego y Jacinto Gómez. Fotografía: May Rodríguez Isla.

Aún asistimos a tres funciones más que me dispongo a reseñar. Un par de cosas en común con el montaje de La gotera tuvo la función que al día siguiente pudimos ver en la Sala Experimental de El Calderón: también música en directo y dos intérpretes en escena para Pum Pum!, la obra de la compañía pontevedrense Baobab Teatro. Por lo demás el compromiso con el público es de distinta naturaleza. No se trata tanto de jugar en directo como de hacer preguntas que ayuden a mejor transitar el presente fuera del teatro. El onomatopéyico título de la obra hace referencia a las llamadas sobre las puertas de los recuerdos de Marieta, la niña protagonista de la historia. Detrás de cada puerta, latente y reclamando atención, están vivencias importantes de la niña que han ido fraguando su personalidad. Pero también hay secretos oscuros que deben ser contados aunque parezca muy difícil. «Todos los secretos malos deben contarse». Con estética sencilla y cuidada e interpretación amable la forma contrasta con un contenido serio y de mucha profundidad que, lejos de asustar o interrumpir el encuentro teatral con los niños, discurre delicado y natural, y deja para la salida unas cuantas preguntas importantes que entre infantes (a partir de cuatro años) y adultos deberán hacerse.

Baobab Teatro en la Sala Experimental del teatro Caderón.
Fotografía: May Rodríguez Isla.

Ese mismo día, por la tarde, pude ver en la sala principal de El Calderón El jardín musical, de Teloncillo Teatro. Se trata del último espectáculo que la histórica compañía ha realizado con el Quinteto Respira y en el que se hace una apuesta total por la música y la danza. Es un espectáculo ambicioso por cuanto que tiene al público infantil inmerso durante casi una hora en un repertorio musical en directo y de calidad, cuya puesta en escena enriquecen las coreografías y la danza de la bailarina quien, además de ser el hilo conductor de una dramaturgia que prescinde totalmente de la palabra, es puente con el público, al que invita a participar, con muy buen resultado, de algunas de las canciones del espectáculo. Un viaje por el ciclo de la vida y las estaciones en el que los elementos naturales se ponen en valor desplegando su potencial poético, visible también en la impecable factura escenográfica marca de la casa.

Un momento del espectáculo «El jardín musical».
Fotografía: May Rodríguez Isla.

Y me despedí de los Encuentros con mi hija Irene al día siguiente, y con Esther, que presentó uno de los clásicos de la compañía zamorana Baychimo Teatro: Todos sus patitos, basada en el cuento de Christian Duda y que la editorial Lóguez publica con provocadoras ilustraciones de Julia Friese. Y ahí está parte de la clave de esta compañía a la que tanta admiración profeso: sus funciones se atreven con imágenes y escenas perturbadoras que exploran sentimientos de los peques (a partir de 4 años) que los adultos tratamos de evitar, a veces a toda costa y de manera irresponsable. Una escenografía muy orgánica pero simbólica, fabricada con materiales reciclados y una luz de baja intensidad que se crea básicamente en el propio escenario para bocetar un bosque. Todo parece dispuesto para que el zorro Konrad se coma al patito Lorenz, y a los otros patitos, para que se de un festín de patitos que, en realidad, nunca sucede… música en directo con ruidos y avisos, instrumentos que no dejan de ser cacharros para potenciar un ambiente que sobrecoge al pequeño pero sin perder en ningún momento la medida y acompañándole a transitar una historia que relativiza los roles previamente asignados de buenos y malos y, por tanto, se relativiza a sí mismo como juego pelín gamberro.

Presentación de la compañía Baychimo Teatro por Esther Pérez Arribas.
Fotografía: May Rodríguez Isla.

La literatura presente en todo momento, tomando las palabras de Christian Duda y sacándolas brillo en su interpretación escénica. Un montaje y una historia que se toman en serio a su público y lo alejan del maniqueísmo pueril que prima en la industria cultural para adultos. El teatro infantil hace mejores preguntas. El teatro de Baychimo, además, da un poco de miedo a los mayores, aunque estos siempre pueden encontrar protección en el regazo de sus hijos.

Las funciones de Olmedo Clásico.

Sería oportuno un debate que tratara sobre las fortalezas y debilidades propias de un festival pequeño y, ya puestos, de las oportunidades que esto crea para sí y para la ciudad en la que se desarrolla, sean o no visibles a la primera mirada de cambio. Lo de encontrar oportunidades en los problemas que amenazan un proyecto es obligación de los gestores culturales: no se trata de conformarse con réplicas a escala de los idealizados referentes mejor presupuestados, ajustándolas a la medida de nuestras (pobres, ay)  posibilidades, sino de sacar partido de las peculiaridades propias de lo pequeño, de lo que nace del propio territorio. Entre otras cosas uno debe preguntarse para qué sirve un festival y, de manera prioritaria, qué función puede cumplir en el terreno en el que se desarrolla, sea este, por ejemplo, su pueblo. A la vez, no puede despreciar la oportunidad de alimentarse de las artes y movimientos culturales que ponen en marcha sus conciudadanos o que pueden poner a partir de inquietudes más o menos tímidas que no siempre encuentran canales o medios para desarrollarse….

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Inicio en la calle de la función «Hamlet entre todos», de la compañía LOS NÚMEROS IMAGINARIOS. (FOTO: Pío Baruque)

El festival de Olmedo es un hito cada año en Castilla y León. Su dirección ha logrado consolidarlo como evento teatral, con una programación que de la mano de Benjamín Sevilla se ha ido refinando con el paso de las ediciones y que, poco a poco, ha ido incorporando nuevas miradas y, digamos, otras maneras de afrontar el espectador la función teatral. Este festival es hoy en día un referente divulgativo  gracias a las Jornadas de Teatro Clásico que organiza Germán Vega, con la UVA como referente académico  y que incluyen una publicación por cada edición. Además el festival sigue formando actoralmente cada año entre 14 y 20 personas con intenciones más y menos profesionales (y, por tanto, más y menos diletantes) gracias a su curso «Fernando Urdiales», seguramente uno de los más intensos de cuantos se desarrollan en los festivales de verano del país, con siete profesores dirigidos por Esther Pérez Arribas, y que abarca interpretación en verso, lucha, danza, atrezzo, música y literatura barrocas.

Pero yo en este artículo quiero hablar de las funciones de Olmedo Clásico. Es lo que más me importa. En realidad es lo que más importa a la mayoría. En proporción se sigue programando mejor en el CAE San Pedro, tanto las funciones de teatro inmersivo  de la compañía LOS NÚMEROS IMAGINARIOS como la función infantil de TROPOS TEATRO DE TÍTERES estuvieron a una altura sobresaliente, especialmente la primera.

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Un momento de a función en el CAE San Pedro de «Hamlet entre todos», con el público participando. (FOTO: Pío Baruque)

Hamlet entre todos dura más de cuatro horas y sin embargo es bastante probable que el espectador que se atreva a pasar por alto este aspecto a primera vista fronterizo o que, despistado, no se haya percatado de ello, no mire el reloj en todo el tiempo de la función, de duración aproximada porque nunca pasa lo mismo o, mejor dicho (¡teatro!), lo que pasa en la representación es palpablemente diferente cada vez. El director, Carlos Tuñón, abre la posibilidad al espectador de experimentar la tragedia de Hamlet desde el pellejo de uno de los personajes principales: Ofelia, Gertrudis, Horacio,  Claudio o el propio rey asesinado por este último. Esa vivencia en primera persona es una posibilidad que el equipo de LOS NÚMEROS IMAGINARIOS brinda amablemente y de la que se puede o no hacer uso porque, efectivamente, en cualquier caso uno va a disfrutar de una interpretación mayúscula a unos centímetros de sus narices. El equipo de la producción tiene un control total de la función, atienden a los espectadores con mimo y les permiten decidir y disfrutar lo que prefieran. Y es inevitable disfrutar siempre de una interpretación deliciosa y conmovedora en la que Alejandro Pau se rompe y recompone mil veces y hace otras tantas transiciones, canta, toca la guitarra y lucha con el convencimiento de quien está sufriendo un dolor no sólo  incontenible sino, además,  inexpresable… Una experiencia gozosa y que ha sido lo mejor de este festival sin ninguna duda.

La otra función que se hizo en San Pedro corresponde a la sección CLÁSICOS EN FAMILIA, es decir, teatro infantil. Un acercamiento a los más pequeños del clásico de Calderón «La vida es sueño», con títeres muy bien manipulados por Paco García y Guillermo Gil y una narración seria a partir del texto del propio Guillermo Gil, de las que nos gustan a los libreros y teatreros de por aquí, por cuanto que se hace desde una confianza en los pequeños espectadores que no necesita complacer a los adultos acompañantes. Un trabajo riguroso y divertido que se desarrollaba la mayor parte del tiempo en un teatrillo de títeres polivalente y móvil, con muñecos de mesa, pero también de guante y varilla… y que ha sido candidato a los Max 2015 y Mención especial del Festival de Teatro de Almagro. Muy recomendable Y los sueño sueños son.

Y los sueños sueños son
Y LOS SUEÑOS SUEÑOS SON, adaptación infantil de Calderón por la compañía»Tropos teatro de títeres» (FOTO: Pío Baruque)

Que dos de los cuatro mejores (si alguien prefiere cinco, y me parecería excesivo decir seis) espectáculos del festival correspondan a las secciones no generalistas, es decir, a aquellas que más tienen como cometido complementar el programa oficial que ser ellas mismas sustanciales, debería ser otro tema a reflexionar. Por seguir hablando de funciones digo que otra de las principales de este festival es que los olmedanos aprendan las claves del clásico para poder disfrutar de ello, para poder criticar, debatir, conversar, provocar y ser provocado… y sinceramente pienso que el festival lo ha conseguido. Hay ahora un número de olmedanos interesados en el teatro clásico que hablan de teatro clásico y arrojan sobre ello su propia mirada. Es un proceso de años y quizás sea este un buen momento para que las propuestas alternativas se potencien hasta convertirse poco a poco en lo oficial, por aquello de avanzar como espectadores, ahora que hace tiempo que supimos, por ejemplo, que grandes producciones, caras de la tele y buen teatro no son lo mismo, aunque a veces coincidan: el propio festival nos ha enseñado esto a los del pueblo.

Sigo con sus funciones. En la corrala la mejor fue, sin duda, COMMEDIA, de Contraproducións  a partir del texto de Goldoni «La bague magique». Un divertimento absoluto, desternillante, el de los intérpretes de esta compañía gallega que manejaban a la perfección los roles de la imperecedera Comedia del Arte, con  generosidad y desenvoltura físicas, y de un tono juguetón y crítico, alimentado, como no podía ser menos, de chascarrillos y noticias de la villa con las que se metieron al público en el bolsillo. Una función ideal para hacer la apertura del festival y que nos hubiera puesto las pilas a los incondicionales de Olmedo Clásico. Pero tocó jueves y hubo mucha butaca vacía: paradojas y nueva reflexión: ¿los espectadores van a ver funciones o días de la semana…?

COMMEDIA
«Commedia», de la compañía CONTRAPRODUCIÓNS, a partir de un texto de Goldoni. (FOTO: Pío Baruque)

Otra de las funciones más notables de la corrala y de todo el festival fue la Comedia Aquilana, de Nao d´Amores en coproducción con la CNTC. Ana Zamora y su equipo volvieron a poner sobre las tablas un texto prebarroco, esta vez de Torres Naharro, para delicia del público presente: un caramelo de una hora en la que la música, la danza y la expresión acompañan a la palabra teatral, que no sólo cobra vida sino que brilla en esta obra romántica e ilumina un texto que se desarrolla, colorido y vivaracho,  a fuerza de maravillosos desequilibrios entre lo inocente y lo pícaro. Tengo que verla otra vez.

El comentario gracioso entre los olmedanos, pasado el fastidio de la noche de la función, ha sido este año que el caballero de Olmedo salió vivo. Tuvo que suspenderse la función de NOVIEMBRE TEATRO por culpa de la lluvia, y fue una pena porque pintaba muy bien. Tampoco el teatro parece que muera después de todo y RON LALÁ, en el cierre del festival, complació al público y lo puso en pie con un montaje original, divertido y lleno de energía: Crimen y telón. La energía en escena es algo que de lo que hace muy buen uso Eva del Palacio, que con su MORBORIA puso sobre las tablas una divertida, pelín larga, de Agustín Moreto: De fuera vendrá quien de casa nos echará.

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«Comedia aquilana», de Torres Naharro, desde la mirada de Ana Zamora y su NAO D´AMORES. (FOTO: Pío Baruque).

Dos funciones más por reseñar: gran producción de ATALAYA TEATRO, la compañía de Ricardo Iniesta que estrenó en Olmedo su REY LEAR y que sacó adelante con solvencia y una imaginería espectacular a pesar de la climatología. Es marca de la casa una solemnidad y una gravedad pasadas de rosca en la interpretación que, en fin, podemos encontrar también en compañías fundacionales, referentes absolutos y hasta buques insignias del teatro, como nuestros amigos de CORSARIO, que pusieron sobre las tablas «Traidor», de Zorrilla, y de la cual lo mejor fue la interpretación de Carlos Pinedo, que encarnaba al pastelero Espinosa.

Pero hay más funciones. El festival de Olmedo cumple con su objetivo turístico, de atracción de consumidores y la ocupación de habitaciones es casi plena los dos fines de semana que lo integran y, de hecho, queda limitada por la baja capacidad de absorción hotelera de la villa . Además el ambiente bulle a determinadas horas y la calle está más animada que de costumbre también entre semana. Cada año la cifra de espectadores mejora sensiblemente y, en fin, los números respaldan la gestión del evento.

Olmedo Clásico ha conseguido ser uno de los máximos representantes de ese turismo cultural del que las instituciones castellanoleonesas hacen gala y hasta la fecha ha sido gestionado con incuestionables buenos resultados como un producto bien envuelto y presentado -algo en lo que convendría no descuidarse y buscar ser exquisitos- que además de conseguir cierta sensibilización en los olmedanos respecto a las artes escénicas ha contado con el respaldo académico de la Universidad de Valladolid, lo cual le añade un valor de calado cultural más allá de lo efímero de los espectáculos.

Además, dos compañías de teatro de la tierra han colaborado desde el principio de manera estrecha con el festival. Desde su génesis CORSARIO, con Fernando Urdiales a la cabeza, que fue fundador y codirector: la compañía ha formado cada año parte de la programación como representante primera del teatro clásico de Castilla y León. La otra compañía, PIE IZQUIERDO, ha producido con el festival tres espectáculos infantiles y su directora, Esther Pérez Arribas, desarrolla el curso de análisis e interpretación actoral desde el primer año, cuando Urdiales la llamó para trabajar a su lado. Más de doscientos alumnos han pasado ya por el curso estos años y sus contenidos siguen diversificándose en materias y ampliando en horas lectivas desde que Esther Pérez Arribas asumiera la dirección en solitario, con máximas dificultades presupuestarias desde entonces.

MENTIDERO
Ambigú de la librería olmedana LA TIENDA DE LOPE en el CAE San Pedro durante las Jornadas de Teatro Clásico: Yolanda Martínez habla de su proyecto vallisoletano ARQUITECTURA Y TEATRO a Esther Pérez Arribas y a sus alumnos del curso de análisis e interpretación actoral.

En cualquier caso, Olmedo Clásico ha sabido alimentarse y rodearse de activos culturales y artísticos del territorio que no sólo lo han dotado de contenidos óptimos sino que, además, le han proporcionado una identidad propia respecto de otros festivales de teatro clásico veraniegos.  En ese sentido su mirada sigue siendo inteligente cuando apuesta por pequeños proyectos autóctonos como el de la librería LA TIENDA DE LOPE que complementa las Jornadas de Teatro y que se plantea como punto de encuentro en el ambigú del CAE San Pedro entre profesionales y aficionados de la escena y las literaturas clásicas, o cuando fomenta y potencia las exposiciones de quien es el fotógrafo oficial del festival, PÍO BARUQUE. Esta es la senda que debe transitar un festival pequeño. Estas son sus fortalezas. Y va bien, se está haciendo bien y desde aquí animo a los organizadores a que en la evolución a la que todo festival está obligado se estudien y aprovechen aún más las oportunidades que los propios olmedanos ofrecen, con sus teatreros, con sus músicos, sus artistas plásticos, profesionales y diletantes… y, por qué no, con los de los otros pueblos de la comarca… tierra de pinares es un área especialmente dinámica y con muchas iniciativas artísticas y culturales en la provincia de Valladolid.

Este festival que va cumpliendo con sus objetivos turísticos y de divulgación artística y académica deberá desarrollar en los próximos años iniciativas que procuren su raigambre en el terreno y que, por tanto, lo hagan crecer junto a sus ciudadanos: ese es el sentido de innovación que propongo al festival de Olmedo, y para el cual le invito a transitar un camino de verdaderos obstáculos y oportunidades que respondan, esto sí, a su condición de servicio, al fin y al cabo, público.

Recibir y dar teatro.

Los días 27, 28 y 29 de marzo los he pasado en Sevilla asistiendo a la última edición de las jornadas de reflexión que organiza la asociación de compañías de teatro para la infancia TE VEO. Allí hemos podido conocer (iba con Esther Pérez Arribas y su PIE IZQUIERDO) unos cuantos proyectos interesantes, comprometidos con jóvenes, niñas y niños y, sepámoslo ver, con la sociedad. Lejos de renunciar a la capacidad transformadora que desde instituciones ni si quiera parece olerse, el teatro sigue considerado por sus profesionales como una oportunidad única para nuestra sociedad. Espero poder pararme más adelante en alguno de estos proyectos, los que más me han interesado, y hablar de ello con la dedicación que se merecen:

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PROGRAMA.

En cuanto a libros se refiere lo más interesante de estas jornadas ha sido el que firma Manu Medina y que edita ÑAQUE (esa editorial fundamental con la que un día me entenderé): TEATRO Y ¿DISCAPACIDAD?. Manu Medina, director de la compañía teatral PALADIO ARTE,  lo presentó como parte de su ponencia sobre Teatro Brut, durante la cual relató elocuentemente su colaboración con La Caixa en su proyecto de promoción de las prácticas teatrales en los centros escolares. En el libro el lector tendrá acceso a la historia vital del autor, desde la ostentación al arte, a sus planteamientos de integración social y pedagogía curativa.

TEATRO Y DIVERSIDAD portada ok alta

Desde luego los de la compañía recibimos más durante aquellos días. La función MARAVILLAS EN EL PAÍS DE LAS MISERIAS, de la compañía ATIKUS TEATRO, un juego muy serio en el que la injusticia se muestra a través de la guerra normalizada por la rutina de los días, con la interpretación maravillosa de los jóvenes Jon Muñoz Capellán y Ane Sagüés Abad.

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También recibimos, junto al resto de la famillia teatrera de TE VEO, la energía directa, noqueadora, del TEATRO DE LA INCLUSIÓN… gracias a quienes pude hablar de libros porque uno de sus actores, Pepe, ha escrito su historia de calle y teatro y ambos suponemos que a alguien debe interesar: la verdad está en cada vivencia, seguramente sólo está en cada vivenvia, y de ella supimos la noche en que Teatro de La Inclusión nos contó sin apenas palabras sus BREVES RELATOS DE VERGÜENZA Y OLVIDO en el refectorio del sevillano Espacio Santa Clara.

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Hemos seguido recibiendo, y algo hemos dado en días posteriores: musical UVDE, en Valladolid, bajo la dirección de Sergio Merino, montaje musical con unos cincuenta intérpretes entre músicos (cantantes, instrumentales…) y también actores dirigidos por Esther Pérez Arribas, que al día siguiente recogía su premio DELIRIOS DE MUJER de los ENCUENTROS MORETTI 2017. Lo recoge AQUÍ. Y les recomiendo entrar porque merece la pena.

Y tratamos de seguir dando cosas que merezcan la pena. El compromiso pedagógico y cultural tanto de la librería como de la compañía son totales y por eso desde hace un tiempo emprendemos juntos acciones que consideramos necesarias. Estos días empieza el nuevo monográfico de los cursos de teatro LA GUARDERÍA. Uno de nuestros alumnos, Antonio, buscaba un libro que complementase su formación actoral y Esther le ha recomendado EL ACTOR Y LA DIANA, de Declan Donnellan, libro de cabecera para tantos. Así que este (por fin llegamos) es en realidad nuestro libro del momento, y lo exponemos en el altarcillo del aula de teatro rodeado de otras posibilidades teatrales que ofrecemos en estas fechas:

Cursos de Iniciación al teatro de La Junta de Castilla y León, para chicos de entre diez y diecisiete años, y la quinta edición de los campamentos teatrales de San Miguel del Arroyo.

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Declan Donnellan, 2000.

Editorial Fundamentos, 2004. (Traducción de Ignacio García May)

206 páginas. 14 €.

Tanxarina ilustrada.

TITIRICIRCUS es uno de esos libros infantiles que se recomiendan por aquí una y otra vez. También ha protagonizado algunos de los cuenta cuentos de Esther Pérez Arribas con su compañía de teatro Pie Izquierdo, en su espacio y en nuestra librería, así que hay maneras de encontrárselo por aquí. Busco un libro para un niño de cuatro, me dicen a veces. Pero es un cuento que merece la pena a cualquier edad, sea usted una niña de cinco años o esté a punto de cumplir un siglo.  Porque en la línea de los trabajos de la editorial KALANDRAKA se trata de un libro de los que piden cuidado entre las manos.

Las ilustraciones de P. Pastor, a quien no he podido encontrar en la red, combinan sugerencias y descripciones, en las que los objetos son puestos en primer plano junto a personajes con un estilo que me gustaría calificar de retro, quizás por pura necesidad de lo circense y lo titiritero.

Este libro cuenta la historia de la compañía de teatro de títeres TANXARINA que fue fundada en 1983 por dos payasos provenientes del mundo del circo. Siguen en activo y les invito a que sigan su rastro. Son, junto a Miguel Borinas, autores de los textos. Me ha parecido buena idea traerlo hasta proscenio estos días en los que acaba de celebrarse la IX Muestra de Artes Circenses en Olmedo.

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Miguel Borines y Tatán, Tanxarina, 2012. Kalandraka, 2012. Ilustraciones P. Pastor, 2012.

Pvp, 13 €.

La sombra de Cenicienta

Es que hace unas pocas semanas -qué me pasa con el tiempo- estuvo en la librería BAYCHIMO TEATRO con su titiritesco LA CENICIENTA. Se me ocurrió traer para la ocasión, entre otras, una versión del milenario relato recuperado en Europa por Giambattiste Basile (1634), Charles Perrault (1697), los hermanos Grimm (1812), o como en el caso que tratamos ahora Charles S. Evans (1919), entre otros. Dos valores añadidos a parte de la fantástica encuadernación de la editorial LIBROS DEL ZORRO ROJO (entelada y con estucheque también contiene a LA BELLA DURMIENTE en otro libro de iguales características): la interesantísima introducción que hace Antonio Rodríguez Almodóvar, a quien leí por primera vez en la maravillosa colección CUENTOS DE LA MEDIA LUNITA y la ilustraciones dieciochescas de Arthur Rackham (1867-1939): siluetas que como lector me transportan directamente a las tablas de un teatro. Traduce Elena del Amo.IMG-20160330-WA0021IMG-20160330-WA0017