Revista del CDN Dramática, nº1

DRAMÁTICA es una revista semestral que busca ampliar el espectro temático de las Artes Escénicas, abriendo el discurso teatral a otros campos de conocimiento como la Filosofía, la Arquitectura, la Ciencia o el Arte. El objetivo es abrir un foro de pensamiento desde y hacia la escena, anclado en la actualidad de un ahora siempre cambiante.

#Elteatroporllegar 

La sacudida de la Covid-19 nos ha sorprendido, nos ha detenido y nos ha obligado a reinventarnos. En este ejercicio de imaginación ante lo que puede ser un cambio de paradigma a todos los niveles, el arte todo, también el escénico, tiene mucho que decir. Desde su origen, la escena irradia y recoge pensamiento, desde lo creativo y desde lo reflexivo, y este compendio de textos quiere ser primera piedra de un edificio discursivo que toca construir entre todas. Presencia y ausencia, tradición y modernidad, cuerpo y pantalla, ética y estética, globalidad y vuelta al origen… temas que nos asaltan, cuestiones desde los que plantear el abordaje del más inasible de los presentes.

EN ESTE NÚMERO: Santiago Alba Rico, Lola Arias, Miguel Brieva, Eusebio Calonge, Francesco Careri, Daria Deflorian, Michael Eickhoff, Mohamed El Hatib, Inés Enciso, Silvia Ferrando, Xantal Gabarró, Juan Ignacio García Garzón, Óscar Gómez Mata, Agnès López, Eduardo Maura, Neus Molina, Fefa Noia, Fernanda Orazi, Eduardo Pérez Rasilla, Marta Ramos-Yzquierdo, Tony Ramos Murphy, Pau Rausell, Xesús Ron, José Antonio Sánchez, Fernando Sánchez-Cabezudo, Alfredo Sanzol, Roland Schimmelpfennig, Rita Segato, Victoria Szpunberg, Thomas Walgrave y Remedios Zafra.  

Para la elaboración de esta revista, con distribución a nivel nacional e internacional, contamos con la colaboración de instituciones como British Council, Goethe Institut, Istituto Italiano di Cultura, Instituto Cervantes, Real Academia de España en Roma, Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia e Institut Français y, claro,

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Vivencia del Te Veo 2020

Pasé en el teatro el fin de semana de toque de queda vallisoletano del 6, 7 y 8 de noviembre. He visto 4 funciones, una por cada grado de alerta, infantiles, de formatos diferentes y con diferentes miradas. Corresponden a una pequeña parte de los 16 espectáculos de la programación del Festival Encuentros Te Veo 2020. Una edición rica y que ha puesto en valor la solidez de estos encuentros entre artistas y espectadores infantiles y juveniles. Su capacidad de ofrecer prácticamente al completo una programación que no podía respaldar más de un 30% del público potencial se debe al empeño y compromiso de un tipo de gestión que nunca ha perdido de vista objetivos a cumplir por los derechos educativos y de desarrollo cultural y artístico de la infancia y de la juventud.

Es más que probable que ello se deba a que la gestión corre a cargo de artistas, los que componen la asociación de compañías teatrales Te Veo, a miradas sensibles y cercanas que se han desarrollado a partir de una relación vivencial en los espacios socioculturales -sean teatros, aulas, la propia calle u otros escenarios posibles- con los ciudadanos. A esto sumaría su creatividad como teatreros, capaces de generar (e improvisar) oportunidades y nuevas ideas a partir de los problemas y, desde luego, añadiría también la para mí ya legendaria resiliencia de un sector que se ha musculado a base de crisis y desatenciones, acostumbrado al pan y agua que mal llevarse a la boca pero que siempre se comparte para hacer compañeros de viaje, es decir, camino. La dureza del actor, de la compañía de artes escénicas, está a prueba de virus, también cuando desarrolla labores de gestión, sean las de su propia compañía o sea la elaboración de una programación con sentido como la de Te Veo.

Fotografía: Patricia Cercas

A este tipo de compromiso hacían referencia Ana Gallego y Jacinto Gómez, coordinadores del festival, durante la inauguración que se celebró en la Sala de los espejos del teatro Calderón el viernes 6 de noviembre. Acompañados de la concejala de cultura, Ana Redondo, y del director artístico del teatro, Txema Viteri, defendieron al festival como la cita necesaria que es para el bienestar de la ciudad.

Por eso en los últimos años ha seguido desarrollándose por barrios, además de iniciar una relación propiciatoria con la UVA, que también este año ha programado talleres con la Facultad de Educación, de la mano de Gema Cienfuegos. Los colegios han acogido las campañas escolares en sus aulas este año, una experiencia que, en menor medida, también se venía haciendo en ediciones anteriores y que ha hecho posible mantener la programación. Igualmente se ha podido celebrar la ya tradicional extensión de la biblioteca Torrente Ballester, en Salamanca, aunque no ha habido la misma suerte con la de Olmedo y otros pueblos de alrededor, extensiones que ojalá puedan retomarse en próximas ediciones. Sí se han celebrado las dos mesas de reflexión previstas sobre modelos empresariales y gestión de espacios aunque han tenido que ser vía digital. En resúmen, un festival con una programación cumplida a nivel sobresaliente dadas las circunstancias actuales de crisis sanitaria y de las que los compañeros de Te Veo hemos podido participar en diferente medida y según las circunstancias de cada uno.

Así que Esther Pérez Arribas y un servidor, pieizquierdinos ambos, asistimos a la presentación del viernes 6 y finalizada esta pudimos subir a una habilitada extensión del desván del Calderón en la que la compañía jerezana de títeres La gotera de Lazotea compartió con los asistentes los preparativos de «La boda de la pulga y el piojo». Jugamos y cantamos las canciones que hubieron de ayudar a resolver ciertas complicaciones que iban surgiendo en una historia contada con la gracia, el desenfado y la amabilidad de un estilo que tiene mucho de original porque remite a sus orígenes de calle pero todavía mucho más de hospitalario: convendría no perder de vista esta función de hospitalidad del teatro y de las artes en general que a veces no se tiene en cuenta y que supone siempre una manera (especial, única, creativa, enriquecedora) de estar en la ciudad, en los espacios que se comparten y que nos hacen, por tanto, ciudadanos. Y, así, esta compañía que lleva cuarenta años en la carretera, que atesora premios y reconocimientos por toda la península y que entiende el teatro como artesanías generadoras de juegos y de encuentros presenciales (toca especificar) inauguró la programación abierta del festival y fue, de paso, reconocida por la asociación con el Premio Te Veo por una trayectoria ejemplar y que es referencia para sus 54 compañeros asociados.

La gotera de Lazotea recogen el reconocimiento de los compañeros de Te Veo
de la mano de Ana Isabel Gallego y Jacinto Gómez. Fotografía: May Rodríguez Isla.

Aún asistimos a tres funciones más que me dispongo a reseñar. Un par de cosas en común con el montaje de La gotera tuvo la función que al día siguiente pudimos ver en la Sala Experimental de El Calderón: también música en directo y dos intérpretes en escena para Pum Pum!, la obra de la compañía pontevedrense Baobab Teatro. Por lo demás el compromiso con el público es de distinta naturaleza. No se trata tanto de jugar en directo como de hacer preguntas que ayuden a mejor transitar el presente fuera del teatro. El onomatopéyico título de la obra hace referencia a las llamadas sobre las puertas de los recuerdos de Marieta, la niña protagonista de la historia. Detrás de cada puerta, latente y reclamando atención, están vivencias importantes de la niña que han ido fraguando su personalidad. Pero también hay secretos oscuros que deben ser contados aunque parezca muy difícil. «Todos los secretos malos deben contarse». Con estética sencilla y cuidada e interpretación amable la forma contrasta con un contenido serio y de mucha profundidad que, lejos de asustar o interrumpir el encuentro teatral con los niños, discurre delicado y natural, y deja para la salida unas cuantas preguntas importantes que entre infantes (a partir de cuatro años) y adultos deberán hacerse.

Baobab Teatro en la Sala Experimental del teatro Caderón.
Fotografía: May Rodríguez Isla.

Ese mismo día, por la tarde, pude ver en la sala principal de El Calderón El jardín musical, de Teloncillo Teatro. Se trata del último espectáculo que la histórica compañía ha realizado con el Quinteto Respira y en el que se hace una apuesta total por la música y la danza. Es un espectáculo ambicioso por cuanto que tiene al público infantil inmerso durante casi una hora en un repertorio musical en directo y de calidad, cuya puesta en escena enriquecen las coreografías y la danza de la bailarina quien, además de ser el hilo conductor de una dramaturgia que prescinde totalmente de la palabra, es puente con el público, al que invita a participar, con muy buen resultado, de algunas de las canciones del espectáculo. Un viaje por el ciclo de la vida y las estaciones en el que los elementos naturales se ponen en valor desplegando su potencial poético, visible también en la impecable factura escenográfica marca de la casa.

Un momento del espectáculo «El jardín musical».
Fotografía: May Rodríguez Isla.

Y me despedí de los Encuentros con mi hija Irene al día siguiente, y con Esther, que presentó uno de los clásicos de la compañía zamorana Baychimo Teatro: Todos sus patitos, basada en el cuento de Christian Duda y que la editorial Lóguez publica con provocadoras ilustraciones de Julia Friese. Y ahí está parte de la clave de esta compañía a la que tanta admiración profeso: sus funciones se atreven con imágenes y escenas perturbadoras que exploran sentimientos de los peques (a partir de 4 años) que los adultos tratamos de evitar, a veces a toda costa y de manera irresponsable. Una escenografía muy orgánica pero simbólica, fabricada con materiales reciclados y una luz de baja intensidad que se crea básicamente en el propio escenario para bocetar un bosque. Todo parece dispuesto para que el zorro Konrad se coma al patito Lorenz, y a los otros patitos, para que se de un festín de patitos que, en realidad, nunca sucede… música en directo con ruidos y avisos, instrumentos que no dejan de ser cacharros para potenciar un ambiente que sobrecoge al pequeño pero sin perder en ningún momento la medida y acompañándole a transitar una historia que relativiza los roles previamente asignados de buenos y malos y, por tanto, se relativiza a sí mismo como juego pelín gamberro.

Presentación de la compañía Baychimo Teatro por Esther Pérez Arribas.
Fotografía: May Rodríguez Isla.

La literatura presente en todo momento, tomando las palabras de Christian Duda y sacándolas brillo en su interpretación escénica. Un montaje y una historia que se toman en serio a su público y lo alejan del maniqueísmo pueril que prima en la industria cultural para adultos. El teatro infantil hace mejores preguntas. El teatro de Baychimo, además, da un poco de miedo a los mayores, aunque estos siempre pueden encontrar protección en el regazo de sus hijos.

Teatro de los afectos.

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Foto: Ricardo Sanz Molpeceres.

El sábado 19 de enero pude asistir en el teatro olmedano de San Pedro a una función teatral bastante particular por cuanto que se ponía sobre escena el trabajo llevado a cabo por un grupo que hace de sus procesos de montaje no sólo la parte más importante de su producción sino , además, algo expresamente vivencial.  El resultado en la puesta en escena es que personajes e intérpretes a menudo se confunden en el desarrollo de una acción cuyo juego derrumba fronteras y hace de la función una delicia en la que el espectador no puede dejar de sentirse reconocido, cercano y cómplice.

El grupo de teatro «La Repanocha»,  dirigido por Teresa Montes, representó la comedia “La criada amorosa”, de Carlo Goldoni, que se estrenó en el centro cívico Zona Este de Valladolid el pasado 7 de junio. Se trata de una obra en la que la expresividad del cuerpo en movimiento es capital, enmarcada en el género de la comedia dell´Arte de la que el dramaturgo italiano es uno de sus máximos exponentes. Frente al colorido habitual de estos arquetipos de la influyente comedia italiana (Arlequino, Pantaleón, Polichinela…) la directora apuesta, sin embargo, por un neutro blanco y negro que predomina en el atrezzo de unos intérpretes que proyectaban sus propios colores.

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Foto: Ricardo Sanz Molpeceres.

El enredo de la trama que gira alrededor del personaje Corallina, que aparece o protagoniza otras obras del autor, ofrece una multitud de personajes con mucha acción y continuas entradas y salidas a escena, diálogos divertidos, provocadores y situaciones rocambolescas en los que los roles de criados y señores se contraponen e intercambian con el amor y el dinero como objetos de sus deseos. Un montaje desenfadado que permitió a los intérpretes de “La Repanocha” dar rienda suelta a su naturalidad sobre las tablas del CAE San Pedro para compartir su trabajo con un público receptivo y con ganas de aprender y experimentar el teatro desde la afectividad que el colectivo de Fundación Personas ofrece siempre.

El grupo de teatro “La Repanocha” surge de las aulas de la primera generación del centro de educación especial “El pino obregón”, de Valladolid. Han pasado 15 años desde entonces y han girado por muchas ciudades de España, con más de 50 funciones con 3 montajes diferentes. En 2014 resultaron ganadores  de la VI muestra de teatro juvenil Villa Serrada. Entienden el teatro como una disciplina artística capaz de adaptarse a cualquier tipo de personas. Esto les permite desarrollar un trabajo en equipo muy interesante y sacar adelante proyectos comunes. La interpretación es  una herramienta útil para  expresarse, comunicarse y, en definitiva, crear arte con una formidable capacidad que el pasado sábado provocó la risa cómplice y desternillante de los olmedanos, en pie al terminar el espectáculo, aplaudiendo y agradeciendo la generosidad de los artistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuevas dramaturgias españolas.

Stylianos Rodarelis es profesor de la Universidad de Peloponeso y traductor al griego de teatro contemporáneo español. Desde hace algunos meses puedo seguirle por las redes, sorprenderme de su implicación en la difusión de las nuevas dramaturgias españolas e interesarme por su actividad, que es mucha y de entre las cuales destaca su festival de Teatro contemporáneo español de Atenas, del que ya se han celebrado dos ediciones y cuya tercera se espera a mediados de diciembre de este año. Su amabilidad ha hecho posible que yo tenga ahora entre manos LA DRAMATURGIA ESPAÑOLA EN LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XXI, edición griega a cargo de IASPIS, humilde en cuanto al formato y con bastantes erratas que pueden hacer que su lectura sea incómoda. Su valor fundamental es, sin embargo, difundir el trabajo dramatúrgico de estos cuatro autores más y menos conocidos. Ya su título dice mucho al respecto, y no puedo más que congratularme por tener acceso a ello. Al lío:

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He estado releyendo la obra de Laura Aparicio  mientras escribía esta entrada: TEATROCIDIOS CON ESCALERA AL FONDO, que subtitula (quizás el título de una primera parte) PROTOCOLOS DE DESPEDIDA. Puede que lo esencial no sea su poesía, pero es con lo que me quedé en una primera lectura un tanto acelerada. Ahora he sentido la necesidad de revisitar la obra y se me ha presentado con crudeza. Cuatro escenas de dolor ante lo innecesario de una violencia que la autora muestra más normalizada de lo que medios de información y otros agentes sociales cuentan desde su programado escándalo: subyace en estas escenas de mujeres maltratadas cierta sensación de normalidad, de aceptación o resignación contra las que habría de emprenderse la verdadera lucha.

Las mujeres muertas de la primera escena aún conservan el trauma de haber sido asesinadas, evidentemente no pueden olvidar ni su muerte ni la estresante pelea por su supervivencia, por un auxilio que no se acierta a pedir desde la angustia y la incomprensión, desde la urgencia…

En la segunda escena parece que una mujer ha asesinado a su marido maltratador. Está en la sala de un hospital, monologando o hablando con él, sus palabras reafirman su acto violento, lo legitiman como consecuencia de una lucha por la defensa de su vida. Esta escena, por tanto, permite indagar sobre la cuestión de la culpa y de la venganza, de la violencia en general… porque al fin y al cabo Laura Aparicio no traspasa el umbral de la provocación: sus personajes, desorientados, sienten de forma explícita y debe ser el lector (¿el dramaturgo, el espectador?) quien interprete o, sobre todo, desarrolle sus propias reflexiones a partir de las palabras de los personajes. Ahí está la gracia.

En la escena 3 se produce un paralelismo entre la heroicidad de los soldados republicanos y la de ellas, mujeres maltratadas, sufridoras, batalladoras a la fuerza… Hablamos -en realidad la autora lo hace durante toda la obra- de los papeles, roles sociales, asignados a cada cual desde la norma, y de la guerra por el derecho a poder elegir, por tratar de desempeñar su libertad y que, por tanto, necesita de ruptura, del delito o la rebelión como única herramienta posible. Pregunta: ¿siendo el de ellos un papel más cómodo es posible que en algún momento también lo sientan (¿lo sintamos?) como impuesto?

Por fin la cuarta de las escenas presenta a dos personajes del cuento de Chejov TRISTEZA, al que Aparicio homenajea indagando en la vida de Yona, muerto a los pies de su yegua seguramente después de desahogarse con ella, a la que habrá contado, por fin, la desgracia de la muerte de su hijo. Nuevamente Aparicio nos presenta a un personaje con sus contradicciones y flaquezas normalizadas, abuso de poder que se ejerce y se sufre según los ámbitos de la vida cotidiana…

 

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Laura Aparicio.

Y sí, quizás la cotidianeidad de la violencia, casi siempre tan machista, es el gran tema que estas escenas tratan. Laura Aparicio no renuncia por ello a una poética propia que hace de su texto una obra sin duda literaria y que el lector agradecerá antes de su montaje sobre las tablas.

Lo mismo tengo que decir del texto de la doctora en Filología Clásica Diana de Paco, que trasciende el guión dramatúrgico para imponerse como obra literaria: EVA A LAS SEIS. Con una larga trayectoria como dramaturga y profesora teatral su parte correspondiente a esta pequeña antología es un juego lleno de posibilidades escénicas gracias a un coro de intérpretes que representa diferentes papeles, personajes en su mayor parte desgraciados y pertenecientes a una misma familia. Esta ha sufrido el abuso por parte del único de sus miembros que navega viento en popa en esta historia que se parece a las historias de la calle: un jefe de empresa para el que los demás han trabajado, es decir, alguien que abusó de su poder, que abusó de ellos.

La verdad es que en la primera lectura todo me pareció tan llevado al extremo que no me resultaba creíble. Sin embargo, reflexionando primero y releyéndolo después me ha parecido que precisamente la situación extrema de los personajes chocaba con su forma poética, quizás ingenua por cuanto que Eva aún busca desde cierta amabilidad, produciendo un ruido muy potente, sobrecogedor.

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Diana de Paco.

Y sí, con permiso voy a volver al tema. Me gustaría hilarlo con la obra de Laura Aparicio, creo que se puede. En esta sociedad violenta el poderoso abusa del impotente, el fuerte del débil, el mayor del pequeño, el hombre de la mujer… las posiciones ventajosas se utilizan de forma darwiniana para ampliar esas distancias de estatus en todos los estadios sociales y contextos posibles: el aplastamiento del jefe es violencia como lo es el maltrato machista o el acoso escolar: vivimos así y de nada sirve querer solucionar partes del problema de forma aislada, por muy dramáticas y urgentes que nos parezcan… vivimos una sociedad neoliberal, de competencia desmedida, desde el colegio…  ay… qué pesado se me hace hablar sobre esto a estas alturas…

Ramiro Pinto Cañón también quiere hablar sobre algo de ello. Lo hace a su manera y desde el humor, sus personajes son fundamentalmente consumidores cuya acción se desarrolla en una tienda, justo cuando se está produciendo un desastre humanitario del que un policía y un bombero tratarán de salvarles. LA PRADERA GÜIS es una obra disparatada pero mordaz, de humor pelín jardieliano porque en ella el juego de palabras importa mucho. Puede ser un guión interesante para directores que quieran montar algo divertido, aparentemente desenfadado pero que compartan su mirada crítica: «para una mentalidad más solidaria, por un pensamiento sostenible». Por cierto, mantiene un blog interesante: RAMIROPINTO.ES.

Y siguiendo con guiones parece que CERVANTES NO RIMA CON DIAMANTE (¿O SÍ), de Ozkar Galán, ya se ha probado sobre las tablas, lo cual no deja de ser una buena noticia por cuanto que es más que necesario acercarse y conocer las obras que se están escribiendo hoy. El teatro es y debe seguir siendo herramienta y debe cumplir una labor social presente desde el presente. Puede parecer paradójico que cuente esto justo cuando reseño un texto que protagoniza Cervantes (o un escritor clásico, o sólo supuestamente clásico según podremos ver), pero en este planteamiento de oposición entre el artista creador y el gestor cultural se trata un tema candente hoy: ¿debe el arte asumir las premisas del mercado, formar parte del sistema?  Por cierto, Galán también mantiene un sitio web: OZKAR GALÁN 2.0.

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Puesto libresco en el zaguán del Palacio de Montarco, Ciudad Rodrigo, en el marco de la Feria de teatro de Castilla y León.

De momento me hace mucha ilusión ir esta semana a la Feria de teatro de Castilla y León, en Ciudad Rodrigo, con los deberes hechos, y espero que esta entrada pueda difundirse por las redes para que llegue a la mayor parte posible de profesionales del teatro. Allí tendré ejemplares para quien los quiera porque sí, hay que leer contemporáneo y representar contemporáneo, y a ser posible lo más joven de entre lo contemporáneo. Hoy podemos contar con profesores comprometidos con el presente como Stylianos Rodarelis, al que deseo mucha suerte con sus proyectos, sea este el Festival de Teatro español contemporáneo de Atenas, el Instituto de la nueva dramaturgia española, el Simposio de La nueva dramaturgia española o su certamen de Textos teatrales… cómo no deseársela…

 

Las funciones de Olmedo Clásico.

Sería oportuno un debate que tratara sobre las fortalezas y debilidades propias de un festival pequeño y, ya puestos, de las oportunidades que esto crea para sí y para la ciudad en la que se desarrolla, sean o no visibles a la primera mirada de cambio. Lo de encontrar oportunidades en los problemas que amenazan un proyecto es obligación de los gestores culturales: no se trata de conformarse con réplicas a escala de los idealizados referentes mejor presupuestados, ajustándolas a la medida de nuestras (pobres, ay)  posibilidades, sino de sacar partido de las peculiaridades propias de lo pequeño, de lo que nace del propio territorio. Entre otras cosas uno debe preguntarse para qué sirve un festival y, de manera prioritaria, qué función puede cumplir en el terreno en el que se desarrolla, sea este, por ejemplo, su pueblo. A la vez, no puede despreciar la oportunidad de alimentarse de las artes y movimientos culturales que ponen en marcha sus conciudadanos o que pueden poner a partir de inquietudes más o menos tímidas que no siempre encuentran canales o medios para desarrollarse….

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Inicio en la calle de la función «Hamlet entre todos», de la compañía LOS NÚMEROS IMAGINARIOS. (FOTO: Pío Baruque)

El festival de Olmedo es un hito cada año en Castilla y León. Su dirección ha logrado consolidarlo como evento teatral, con una programación que de la mano de Benjamín Sevilla se ha ido refinando con el paso de las ediciones y que, poco a poco, ha ido incorporando nuevas miradas y, digamos, otras maneras de afrontar el espectador la función teatral. Este festival es hoy en día un referente divulgativo  gracias a las Jornadas de Teatro Clásico que organiza Germán Vega, con la UVA como referente académico  y que incluyen una publicación por cada edición. Además el festival sigue formando actoralmente cada año entre 14 y 20 personas con intenciones más y menos profesionales (y, por tanto, más y menos diletantes) gracias a su curso «Fernando Urdiales», seguramente uno de los más intensos de cuantos se desarrollan en los festivales de verano del país, con siete profesores dirigidos por Esther Pérez Arribas, y que abarca interpretación en verso, lucha, danza, atrezzo, música y literatura barrocas.

Pero yo en este artículo quiero hablar de las funciones de Olmedo Clásico. Es lo que más me importa. En realidad es lo que más importa a la mayoría. En proporción se sigue programando mejor en el CAE San Pedro, tanto las funciones de teatro inmersivo  de la compañía LOS NÚMEROS IMAGINARIOS como la función infantil de TROPOS TEATRO DE TÍTERES estuvieron a una altura sobresaliente, especialmente la primera.

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Un momento de a función en el CAE San Pedro de «Hamlet entre todos», con el público participando. (FOTO: Pío Baruque)

Hamlet entre todos dura más de cuatro horas y sin embargo es bastante probable que el espectador que se atreva a pasar por alto este aspecto a primera vista fronterizo o que, despistado, no se haya percatado de ello, no mire el reloj en todo el tiempo de la función, de duración aproximada porque nunca pasa lo mismo o, mejor dicho (¡teatro!), lo que pasa en la representación es palpablemente diferente cada vez. El director, Carlos Tuñón, abre la posibilidad al espectador de experimentar la tragedia de Hamlet desde el pellejo de uno de los personajes principales: Ofelia, Gertrudis, Horacio,  Claudio o el propio rey asesinado por este último. Esa vivencia en primera persona es una posibilidad que el equipo de LOS NÚMEROS IMAGINARIOS brinda amablemente y de la que se puede o no hacer uso porque, efectivamente, en cualquier caso uno va a disfrutar de una interpretación mayúscula a unos centímetros de sus narices. El equipo de la producción tiene un control total de la función, atienden a los espectadores con mimo y les permiten decidir y disfrutar lo que prefieran. Y es inevitable disfrutar siempre de una interpretación deliciosa y conmovedora en la que Alejandro Pau se rompe y recompone mil veces y hace otras tantas transiciones, canta, toca la guitarra y lucha con el convencimiento de quien está sufriendo un dolor no sólo  incontenible sino, además,  inexpresable… Una experiencia gozosa y que ha sido lo mejor de este festival sin ninguna duda.

La otra función que se hizo en San Pedro corresponde a la sección CLÁSICOS EN FAMILIA, es decir, teatro infantil. Un acercamiento a los más pequeños del clásico de Calderón «La vida es sueño», con títeres muy bien manipulados por Paco García y Guillermo Gil y una narración seria a partir del texto del propio Guillermo Gil, de las que nos gustan a los libreros y teatreros de por aquí, por cuanto que se hace desde una confianza en los pequeños espectadores que no necesita complacer a los adultos acompañantes. Un trabajo riguroso y divertido que se desarrollaba la mayor parte del tiempo en un teatrillo de títeres polivalente y móvil, con muñecos de mesa, pero también de guante y varilla… y que ha sido candidato a los Max 2015 y Mención especial del Festival de Teatro de Almagro. Muy recomendable Y los sueño sueños son.

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Y LOS SUEÑOS SUEÑOS SON, adaptación infantil de Calderón por la compañía»Tropos teatro de títeres» (FOTO: Pío Baruque)

Que dos de los cuatro mejores (si alguien prefiere cinco, y me parecería excesivo decir seis) espectáculos del festival correspondan a las secciones no generalistas, es decir, a aquellas que más tienen como cometido complementar el programa oficial que ser ellas mismas sustanciales, debería ser otro tema a reflexionar. Por seguir hablando de funciones digo que otra de las principales de este festival es que los olmedanos aprendan las claves del clásico para poder disfrutar de ello, para poder criticar, debatir, conversar, provocar y ser provocado… y sinceramente pienso que el festival lo ha conseguido. Hay ahora un número de olmedanos interesados en el teatro clásico que hablan de teatro clásico y arrojan sobre ello su propia mirada. Es un proceso de años y quizás sea este un buen momento para que las propuestas alternativas se potencien hasta convertirse poco a poco en lo oficial, por aquello de avanzar como espectadores, ahora que hace tiempo que supimos, por ejemplo, que grandes producciones, caras de la tele y buen teatro no son lo mismo, aunque a veces coincidan: el propio festival nos ha enseñado esto a los del pueblo.

Sigo con sus funciones. En la corrala la mejor fue, sin duda, COMMEDIA, de Contraproducións  a partir del texto de Goldoni «La bague magique». Un divertimento absoluto, desternillante, el de los intérpretes de esta compañía gallega que manejaban a la perfección los roles de la imperecedera Comedia del Arte, con  generosidad y desenvoltura físicas, y de un tono juguetón y crítico, alimentado, como no podía ser menos, de chascarrillos y noticias de la villa con las que se metieron al público en el bolsillo. Una función ideal para hacer la apertura del festival y que nos hubiera puesto las pilas a los incondicionales de Olmedo Clásico. Pero tocó jueves y hubo mucha butaca vacía: paradojas y nueva reflexión: ¿los espectadores van a ver funciones o días de la semana…?

COMMEDIA
«Commedia», de la compañía CONTRAPRODUCIÓNS, a partir de un texto de Goldoni. (FOTO: Pío Baruque)

Otra de las funciones más notables de la corrala y de todo el festival fue la Comedia Aquilana, de Nao d´Amores en coproducción con la CNTC. Ana Zamora y su equipo volvieron a poner sobre las tablas un texto prebarroco, esta vez de Torres Naharro, para delicia del público presente: un caramelo de una hora en la que la música, la danza y la expresión acompañan a la palabra teatral, que no sólo cobra vida sino que brilla en esta obra romántica e ilumina un texto que se desarrolla, colorido y vivaracho,  a fuerza de maravillosos desequilibrios entre lo inocente y lo pícaro. Tengo que verla otra vez.

El comentario gracioso entre los olmedanos, pasado el fastidio de la noche de la función, ha sido este año que el caballero de Olmedo salió vivo. Tuvo que suspenderse la función de NOVIEMBRE TEATRO por culpa de la lluvia, y fue una pena porque pintaba muy bien. Tampoco el teatro parece que muera después de todo y RON LALÁ, en el cierre del festival, complació al público y lo puso en pie con un montaje original, divertido y lleno de energía: Crimen y telón. La energía en escena es algo que de lo que hace muy buen uso Eva del Palacio, que con su MORBORIA puso sobre las tablas una divertida, pelín larga, de Agustín Moreto: De fuera vendrá quien de casa nos echará.

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«Comedia aquilana», de Torres Naharro, desde la mirada de Ana Zamora y su NAO D´AMORES. (FOTO: Pío Baruque).

Dos funciones más por reseñar: gran producción de ATALAYA TEATRO, la compañía de Ricardo Iniesta que estrenó en Olmedo su REY LEAR y que sacó adelante con solvencia y una imaginería espectacular a pesar de la climatología. Es marca de la casa una solemnidad y una gravedad pasadas de rosca en la interpretación que, en fin, podemos encontrar también en compañías fundacionales, referentes absolutos y hasta buques insignias del teatro, como nuestros amigos de CORSARIO, que pusieron sobre las tablas «Traidor», de Zorrilla, y de la cual lo mejor fue la interpretación de Carlos Pinedo, que encarnaba al pastelero Espinosa.

Pero hay más funciones. El festival de Olmedo cumple con su objetivo turístico, de atracción de consumidores y la ocupación de habitaciones es casi plena los dos fines de semana que lo integran y, de hecho, queda limitada por la baja capacidad de absorción hotelera de la villa . Además el ambiente bulle a determinadas horas y la calle está más animada que de costumbre también entre semana. Cada año la cifra de espectadores mejora sensiblemente y, en fin, los números respaldan la gestión del evento.

Olmedo Clásico ha conseguido ser uno de los máximos representantes de ese turismo cultural del que las instituciones castellanoleonesas hacen gala y hasta la fecha ha sido gestionado con incuestionables buenos resultados como un producto bien envuelto y presentado -algo en lo que convendría no descuidarse y buscar ser exquisitos- que además de conseguir cierta sensibilización en los olmedanos respecto a las artes escénicas ha contado con el respaldo académico de la Universidad de Valladolid, lo cual le añade un valor de calado cultural más allá de lo efímero de los espectáculos.

Además, dos compañías de teatro de la tierra han colaborado desde el principio de manera estrecha con el festival. Desde su génesis CORSARIO, con Fernando Urdiales a la cabeza, que fue fundador y codirector: la compañía ha formado cada año parte de la programación como representante primera del teatro clásico de Castilla y León. La otra compañía, PIE IZQUIERDO, ha producido con el festival tres espectáculos infantiles y su directora, Esther Pérez Arribas, desarrolla el curso de análisis e interpretación actoral desde el primer año, cuando Urdiales la llamó para trabajar a su lado. Más de doscientos alumnos han pasado ya por el curso estos años y sus contenidos siguen diversificándose en materias y ampliando en horas lectivas desde que Esther Pérez Arribas asumiera la dirección en solitario, con máximas dificultades presupuestarias desde entonces.

MENTIDERO
Ambigú de la librería olmedana LA TIENDA DE LOPE en el CAE San Pedro durante las Jornadas de Teatro Clásico: Yolanda Martínez habla de su proyecto vallisoletano ARQUITECTURA Y TEATRO a Esther Pérez Arribas y a sus alumnos del curso de análisis e interpretación actoral.

En cualquier caso, Olmedo Clásico ha sabido alimentarse y rodearse de activos culturales y artísticos del territorio que no sólo lo han dotado de contenidos óptimos sino que, además, le han proporcionado una identidad propia respecto de otros festivales de teatro clásico veraniegos.  En ese sentido su mirada sigue siendo inteligente cuando apuesta por pequeños proyectos autóctonos como el de la librería LA TIENDA DE LOPE que complementa las Jornadas de Teatro y que se plantea como punto de encuentro en el ambigú del CAE San Pedro entre profesionales y aficionados de la escena y las literaturas clásicas, o cuando fomenta y potencia las exposiciones de quien es el fotógrafo oficial del festival, PÍO BARUQUE. Esta es la senda que debe transitar un festival pequeño. Estas son sus fortalezas. Y va bien, se está haciendo bien y desde aquí animo a los organizadores a que en la evolución a la que todo festival está obligado se estudien y aprovechen aún más las oportunidades que los propios olmedanos ofrecen, con sus teatreros, con sus músicos, sus artistas plásticos, profesionales y diletantes… y, por qué no, con los de los otros pueblos de la comarca… tierra de pinares es un área especialmente dinámica y con muchas iniciativas artísticas y culturales en la provincia de Valladolid.

Este festival que va cumpliendo con sus objetivos turísticos y de divulgación artística y académica deberá desarrollar en los próximos años iniciativas que procuren su raigambre en el terreno y que, por tanto, lo hagan crecer junto a sus ciudadanos: ese es el sentido de innovación que propongo al festival de Olmedo, y para el cual le invito a transitar un camino de verdaderos obstáculos y oportunidades que respondan, esto sí, a su condición de servicio, al fin y al cabo, público.

Merecer la pena.

Hablar de un mismo tema todo el rato hace que el tema pierda su gracia. Que me haya dado por las memorias me lleva a hablar quizá en exceso de una cuestión que, además, requiere de acotaciones que establezcan campos, por aquello de saber de qué se habla. El de la memoria es un tema difícilmente conmensurable y, por ejemplo, no vendría a cuento hablar en esta entrada de mi falta de memoria, esa que me ha llevado a perder dos libros en los últimos meses: PRESENCIAS REALES, de George Steiner, en edición de SIRUELA,  y  MEMORANDUM / EL ERROR, de Vaclav Havel y que edita la ADE. De este último me han llegado recientemente 10 ejemplares porque va a ser libro de nuestros JUEVES DRAMÁTICOS, en una versión especial que terminará tras dos meses de lecturas y preparación en una dramatización que haremos pública. Será en enero y febrero del 18 y Óscar García tiene casi toda la culpa. Empecé la lectura de MEMORANDUM, de aire kafkiano y beckettiano, con un humor muy fino y también muy político, y en algún sitio debí de dejarlo, pero ni siquiera hay rastro en mis libretas que componen, al menos, listas para el recuerdo. De ellas tiro para escribir estos artículos.

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Vaclav Havel, 1965 y 1983 respectivamente. Edición de asociación de directores de escena, 1990. 170 páginas. 8.65 €

Lo cierto es que mi memoria es tan mala que en la publicación anterior, en la que hablaba de Oliver Sacks, olvidé comentar algunas cuestiones importantes de su libro EN MOVIMIENTO, la fundamental de todas es su alegría a pesar de todo. Es decir, puede que el libro tenga un carácter algodonoso un tanto decepcionante, pero también vale hacer la cuenta en sentido inverso: a pesar de las dificultades la vida puede disfrutarse, creo que trata de decirnos. Nos hace ver que de las máximas dificultades pueden sacarse experiencias enriquecedoras. Y aún: contar las cosas con alegría o al menos comprensión hacia uno mismo es hacerlas digeribles, crear buenos recuerdos, puede que falsos pero… ¿cuándo puede uno fiarse de verdad de su memoria? Este es otro tema.

En lo que al libro de Sacks se refiere digo también que particularmente me ha emocionado -porque soy fácilmente emocionable y entiendo que un pelín pamplinero- un final en el que el Sacks de 77 años, bien jodido con su ciática, su ojo izquierdo prácticamente perdido por un melanoma y su rodilla derecha machacada, se enamora de nuevo de un hombre, treintaicinco años después de haber practicado sexo por última vez… Habría que preguntarle si mereció la pena tanta espera, o tanto sufrimiento al final de su vida… Pero ya sabemos que diría que sí.

En septiembre leí a Julio Llamazares en su columna sabática de EL PAÍS: iba de memoria. Sobre la paradoja que se estuvo haciendo visible durante las semanas de sequía en España: viejos pueblos ocultos bajo el agua de pantanos artificiales se descubrían entonces a los ojos de aquellos que habían perdido su hogar bajo las ostentosas inauguraciones franquistas. Ahora, decía, que los ríos fluyen por su cauce natural de nuevo tan sólo se oyen las voces de quienes claman al cielo (la mayoría de nosotros) para que llueva. Pero qué pasa con la memoria, con la historia de quienes «regresan a sus lugares de origen para reconocer sus casas y recordar su pasado» (sic). Y me digo entonces: ¿Cuando de nuevo llueva y todo quede inundado deberán resignarse al olvido? ¿A pensar que fue un sueño? Entonces también ellos se alegrarán de que vuelva a llover, de que sus pueblos y sus casas desaparezcan de nuevo: hay penas para las que estamos preparados, y que creemos necesarias: es cuando algo «merece la pena».

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Clara Janés, conferencias de 2004. Siruela, 2010. 132 páginas. 15.90 €.

El caso es que he seguido con las memorias estos días. Hace ya algunos que terminé el maravilloso libro de Clara Janés sobre María Zambrano: DESDE LA SOMBRA LLAMEANTE. Se trata de una edición muy chula de SIRUELA (2010) compuesta de varias conferencias que la poeta dio sobre la filósofa sobre todo en el año 2004, cuando se celebraba el centenario de su nacimiento. Janés la conoció bien, primero de manos de Rosa Chacel y luego por sí misma, y en ambos casos por reuniones en su casa de Madrid, ya anciana al regreso del largo exilio que sobre todo vivió en La Pièce, casa de campo francesa en donde la imagino en paz consigo y ampliando -como diría Oliver Sacks- su mapa cerebral desde la tranquilidad, las lecturas y la escritura pausada, oxigenada por el aire del bosque…  Evidentemente Clara Janés es también conocedora de la obra de Zambrano, cuyo sistema filosófico es profundo, riguroso y muy atractivo, el suyo es uno de los pensamientos más importantes de Europa y desde luego de España, pero en mis años de la UVA -estudios de Filosofía- a penas se la nombraba.

De esta introducción a su obra lo que me maravilla es la conexión de su filosofía con lo oculto, con lo pitagórico, lo órfico. La música (que tiene a su vez su origen en la danza, y esta en la respiración), llanto y gemido por el sentir del tiempo, es puente entre ese sentimiento, lo profundo del yo (¿soledad?) y el logos, lo profundo del cosmos. La música es gemido y es tiempo racionalizado, es aplacatorio y conecta con el logos, por ahí anda ya la razón poética. Y en el tiempo racionalizado están los números porque ellos están en la música. Por eso los números, las matemáticas, conservan un sentido (reminiscencias) mágico. Matemáticas, razón mediadora, es traducción del ritmo.

Y dicen Zambrano y Janés sobre Zambrano (me resulta difícil distinguir): «El número y el ritmo revelan el tiempo cósmico y la máxima realidad que de él se arranque será el alma. El alma, descubrimiento, revelación de inspiración órfica, que es viaje a través del tiempo».

Y no hay que olvidar que, según los pitagóricos, la relación musical entre los astros  se reproduce en los órganos de los seres humanos: danza, música, matemáticas. Por eso la razón poética: porque el pensamiento no puede separarse de la vivencia ni del misterio, el pensamiento es integrador, no huye , ni rompe a la manera de la filosofía, de la realidad, de la tragedia de la vida. El poeta no trata de transformar  el mundo (en el sentido de retorcerlo conceptualmente, no en el sentido político), sigue el curso del río (Manrique) y ahonda o nada en el misterio.

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Rosa Chacel, 1960. Editorial Comba, 2015. 704 páginas. 21 €.

Tan buen sabor de boca me ha dejado esta lectura que ya he pedido algunos libros de María Zambrano, el primero de los cuales empezaré a leer será DELIRIO Y DESTINO. De momento estoy con LA SINRAZÓN, de Rosa Chacel. Lectura densa, libro de memorias ficticias o ficcionadas, y que comencé con mucha ilusión pero que me ha ido desfondando según avanzaba. Por momentos me he sentido sin energía leyendo retratos psicológicos, reflexiones interminables… He querido abandonarla en un par de ocasiones (ay, qué pobre) y luego he querido alternar su lectura con la de otros libros, pero he reflexionado antes para llegar a la siguiente conclusión: ¿para qué alternarla con otros autores, pudiéndola alternar a ella con ella misma? Chacel lo abarca todo, merece la pena de no empezar nuevos libros… quédense con la expresión…

 

Paletos de derechas.

Veo los debates, los telediarios de TVE. A veces los veo mucho: puedo ver el debate mañanero LOS DESAYUNOS varios días seguidos. No tengo muy claro las razones aunque sospecho que tiene que ver con la necesidad de saber qué piensan los otros. Trato de quitarme el concepto «otro» de la cabeza para ver en el otro una oportunidad para mí pero ya ve, lector, que de momento no me sale. Escucho y aprendo en cualquier caso.

Hace unos días me quedé dormido en la pequeña siesta de diario: yo hago mis siestas más bien despierto. A las cinco había uno de esos debates del 24 HORAS que me gustan. Tomé aire porque es de verdad que me gustan pero siempre necesito unos instantes de mentalización. Del debate formaba parte Graciano Palomo. Es este un tertuliano burgalés, peculiar, de impresionante bagaje periodístico y cuya retórica admiro porque utiliza expresiones de otro tiempo y me parecen exóticas. Y originales, ricas. Él dice que habla «como los del surco»: dejo aquí una entrevista. De aquellas, estaba rodeado de otros contertulios con argumentario conservador y llamó mi atención una teoría que entre todos ellos empezaron a defender: esta consistía en que el votante de Erdogan era el habitante -de momento no lo vamos a elevar a la categoría de ciudadano- de las zonas rurales. De pueblo, vaya: de tan paletos, ignorantes, votaban a los populistas, los del discurso de oferta. Me dejó perplejo. Así, igualmente de pueblo era el votante que posibilitó el brexit británico, el que dio la victoria a Donald Trump y, por supuesto, quien estaba dando oportunidades a Le Penn en Francia. Francia. Y EEUU y Gran Bretaña y Turquía. ¿Y España? Me preguntaba yo. ¿A quién votan los paletos españoles? ¿También a los populistas?

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A Graciano Palomo se le nota, por otra parte, desencantado. Dice que no está para defender a chorizos, que tiene una edad ya. Le gustaría que Rajoy dimitera. Cuando hablo de politiqueos con mis amigos de la cantina, o cuando lo hago en otros ámbitos, mi respuesta siempre es la misma: no hay nada que hacer. Salvo una cosa. Si eres de pueblo hay margen de acción: trabaja para tu comunidad, enriquécela. Se activo, ciudadano. Sal a la calle y haz cosas. Con el ayuntamiento o con otros, da igual. Juntémonos. Podemos estar por encima de los acontecimientos nacionales e internacionales siempre que estos no sean extraordinarios. Como ciudadanos podemos ser extraordinarios siempre. Vivamos de una forma activa, pues. Seamos de pueblo y de nuestro pueblo. Sed de vuestro pueblo, despabilad. Ningún voto nos va a dar oportunidades de verdad: hay que ponerse el mandil y cocinar. Si vives en un pueblo tienes suerte, puedes lograr que otros participen, puedes hacer de tu pueblo un espacio con la personalidad propia de sus vecinos.

Yo soy de Olmedo. Pueblo vallisoletano. Los de Olmedo tenemos por vecinos de comarca a los pedrajeros, de Pedrajas de San Esteban, y este año mantengo con ellos una relación más estrecha de lo acostumbrado. No voy a entrar en la ridícula disputa entre pueblos fruto de un chauvinismo que se ve claro en el ojo ajeno de la política estatal. Voy mucho a Pedrajas últimamente. Hace años que mi librería toma partido en su Feria del Libro Rural. En 2017 se ha celebrado su quinta edición. Así que allí estuvimos con nuestros libros de teatro, de poesía, cómic… y organizamos un par de actividades para la tarde. Una consistía en el cuentacuentos de la compañía de teatro Pie Izquierdo EN LA GLORIA, con el que Esther Pérez Arribas provoca a sus pequeños espectadores con títeres que la acompañan.. Historias que hacen reflexionar, que hacen ciudadanos: estoy muy tocado por un libro de Toni Puig, que recomiendo a todo el que le interese la gestión cultural y también al que interese la política, en el sentido amplio, generoso, de la palabra. Se llama SE ACABÓ LA DIVERSIÓN.

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Desarrollamos otra actividad esa tarde que consistió en una tertulia entre algunos de los autores de OLMEDO INSÓLITO. Es este un libro de obritas literarias que surgió entre los tertulianos de mi librería. Siete autores escribimos (yo también lo hice y de verdad que lo siento) siete piezas cada uno (fundamentalmente cuentos y poemas) que tenían a nuestra villa y a algunos de sus villanos como protagonistas de todos ellos. El siete, además de número mágico, está ligado a la tradición legendaria de Olmedo, pues supuestamente lo enriquecen siete pueblos, siete iglesias, siete conventos, siete casas nobles, siete fuentes, siete arcos y siete plazas, es decir, siete sietes. Lo importante es que (José María Rodríguez, Esther García Guerra, Juan Carlos Baruque, Antonio Roset, Carlos E. Sainz de la Maza, Ángel Molpeceres y un servidor) decidimos desarrollar el juego y ahí que fueron nuestras cuarentainueve mentiras como cuarentainueve soles: divertidas, desenfadadas y cariñosas. Entre el público que nos escuchaba otros amigos que escriben de lo suyo y que participaron de la tertulia: Carlos Arranz y Víctor Sanz. Del primero hablaré en otro momento. Del segundo unas breves líneas para despedir esta entrada.

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A la semana siguiente, ya de vuelta a Olmedo, acompañado por Antonio Hurtado, Víctor Sanz escenificó nuestra última escena por el momento. DE COSECHA PROPIA es un recital de poemas que Víctor interpreta y que Antonio viste con música de guitarra. Es pura participación ciudadana: me encantó. Víctor nos contaba historias que contextualizaban sus poemas, conectaba con el público de la librería y cosechó también algunos cómplices esa tarde. Cultura de participación directa. Cómplices y más cómplices para seguir tejiendo nuestros espacios, espacios cuya gestión no se pueden delegar en los votos de cada tantos años. Nos gusta lo pequeño porque es lo importante, porque es lo verdadero y porque es la única oportunidad que tiene lo grande para ser con sentido. Somos muy de pueblo, pero no tan paletos.

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Varios autores, 2016. Autoedición.

334 páginas. Pvp: 12 €.

Disponible en librería y en el aula de teatro La Guardería (Valladolid)

Recibir y dar teatro.

Los días 27, 28 y 29 de marzo los he pasado en Sevilla asistiendo a la última edición de las jornadas de reflexión que organiza la asociación de compañías de teatro para la infancia TE VEO. Allí hemos podido conocer (iba con Esther Pérez Arribas y su PIE IZQUIERDO) unos cuantos proyectos interesantes, comprometidos con jóvenes, niñas y niños y, sepámoslo ver, con la sociedad. Lejos de renunciar a la capacidad transformadora que desde instituciones ni si quiera parece olerse, el teatro sigue considerado por sus profesionales como una oportunidad única para nuestra sociedad. Espero poder pararme más adelante en alguno de estos proyectos, los que más me han interesado, y hablar de ello con la dedicación que se merecen:

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PROGRAMA.

En cuanto a libros se refiere lo más interesante de estas jornadas ha sido el que firma Manu Medina y que edita ÑAQUE (esa editorial fundamental con la que un día me entenderé): TEATRO Y ¿DISCAPACIDAD?. Manu Medina, director de la compañía teatral PALADIO ARTE,  lo presentó como parte de su ponencia sobre Teatro Brut, durante la cual relató elocuentemente su colaboración con La Caixa en su proyecto de promoción de las prácticas teatrales en los centros escolares. En el libro el lector tendrá acceso a la historia vital del autor, desde la ostentación al arte, a sus planteamientos de integración social y pedagogía curativa.

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Desde luego los de la compañía recibimos más durante aquellos días. La función MARAVILLAS EN EL PAÍS DE LAS MISERIAS, de la compañía ATIKUS TEATRO, un juego muy serio en el que la injusticia se muestra a través de la guerra normalizada por la rutina de los días, con la interpretación maravillosa de los jóvenes Jon Muñoz Capellán y Ane Sagüés Abad.

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También recibimos, junto al resto de la famillia teatrera de TE VEO, la energía directa, noqueadora, del TEATRO DE LA INCLUSIÓN… gracias a quienes pude hablar de libros porque uno de sus actores, Pepe, ha escrito su historia de calle y teatro y ambos suponemos que a alguien debe interesar: la verdad está en cada vivencia, seguramente sólo está en cada vivenvia, y de ella supimos la noche en que Teatro de La Inclusión nos contó sin apenas palabras sus BREVES RELATOS DE VERGÜENZA Y OLVIDO en el refectorio del sevillano Espacio Santa Clara.

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Hemos seguido recibiendo, y algo hemos dado en días posteriores: musical UVDE, en Valladolid, bajo la dirección de Sergio Merino, montaje musical con unos cincuenta intérpretes entre músicos (cantantes, instrumentales…) y también actores dirigidos por Esther Pérez Arribas, que al día siguiente recogía su premio DELIRIOS DE MUJER de los ENCUENTROS MORETTI 2017. Lo recoge AQUÍ. Y les recomiendo entrar porque merece la pena.

Y tratamos de seguir dando cosas que merezcan la pena. El compromiso pedagógico y cultural tanto de la librería como de la compañía son totales y por eso desde hace un tiempo emprendemos juntos acciones que consideramos necesarias. Estos días empieza el nuevo monográfico de los cursos de teatro LA GUARDERÍA. Uno de nuestros alumnos, Antonio, buscaba un libro que complementase su formación actoral y Esther le ha recomendado EL ACTOR Y LA DIANA, de Declan Donnellan, libro de cabecera para tantos. Así que este (por fin llegamos) es en realidad nuestro libro del momento, y lo exponemos en el altarcillo del aula de teatro rodeado de otras posibilidades teatrales que ofrecemos en estas fechas:

Cursos de Iniciación al teatro de La Junta de Castilla y León, para chicos de entre diez y diecisiete años, y la quinta edición de los campamentos teatrales de San Miguel del Arroyo.

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Declan Donnellan, 2000.

Editorial Fundamentos, 2004. (Traducción de Ignacio García May)

206 páginas. 14 €.

Hacer memoria.

La secuencia va así: leo un día en EL CULTURAL una entrevista a Juan Mayorga hecha por Alberto Ojeda: nazismo, memoria, dolor de las víctimas y, en definitiva, EL CARTÓGRAFO, obra estrenada en el Calderón de Valladolid y que no pude ver. Me dio mucha pena perdérmelo teniéndolo tan cerca. Unas cuantas semanas después leo un artículo que firma Reyes Mate (Premio Nacional de Ensayo 2009), y de nuevo la memoria. Puede trazarse sin necesidad de forzar demasiado un línea desde Adorno (por qué no Marx) hasta Reyes Mate pasando por Arendt y Habermas. Me gustó mucho ese artículo filosófico que aborda la necesidad de conocer las bases de nuestro presente ahondando y asumiendo el sufrimiento al que la filosofía parece no tener en cuenta, y quedé especialmente encantado de que nuestro pensador fuera pedrajero, nacido por tanto a unos diez minutos de mi librería, de mi casa. Bien: el otro día mi amigo Miguel Ángel Pérez «Maguil» me encargó EL CARTÓGRAFO (por seguir estableciendo conexiones diré que también me encargó VERDAD Y MENTIRA EN POLÍTICA, de Hannah Arendt), y como ya tenía el gusanillo en el cuerpo lo he estado leyendo. El libro está dedicado a Reyes Mate, y esto me sorprendió mucho porque yo desconocía la conexión entre ambos autores, que por lo que he podido ver es íntima intelectualmente hablando. Mayorga es licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía. Además parece que un autor común a ambos es Walter Benjamin. Estoy encantado con esta nueva red, a la que espero poder añadir en breve a Marina Garcés: pero aún leyendo.

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Por lo demás: «Sal a la calle y pregúntate tú qué debe ser recordado», le dice el anciano a su nieta, aprendiz de cartógrafa, encerrado en el gueto judío de Varsovia. La cartografía como el arte capaz de dibujar memorias. Si no sirvieron en su momento quizás aún sean necesarios para mirar lo que pasó y, por tanto, saber lo que somos.Para ello hay que saber descifrar los mapas de la supervivencia, pero también los mapas de la guerra, unos y otros tienen en común que se dejaban robar, «eso se hace desde Roma», y pueden, por tanto, conducirnos adonde no vamos.

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Un total de doce personajes puestos en escena por dos intérpretes -no ha de olvidarse que el dramaturgo es en esta fantástica edición de LA UÑA ROTA director de los intérpretes Blanca Portillo y José Luis García-Pérez- que viven el gueto de Varsovia en épocas diferentes, desde su funcionamiento como tal en el nazismo hasta cuando no queda de ello ni rastro en la Polonia contemporánea, y cuya verdad se construye necesariamente sobre la memoria del dolor y del sufrimiento. Tengo que verlo sobre las tablas.

El libro se cierra con un ensayo de Alberto Sucasas, que aún no he leído: Cartografía teatral.

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Juan Mayorga, 2016. La Uña Rota, 2016.

(Incluye ensayo de Alberto Sucasas: Cartografía teatral)

132 páginas. 12 €.

(Tb disponible en aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid)

Sobre libros (I)

Ya advierto de que voy a reseñar unos cuentos de estos. Es pura necesidad. Es lo que ahora estoy leyendo: libros sobre libros, sobre ese objeto que evolucionó desde las tablillas mesopotámicas a la producción en serie de volúmenes (etimológicamente rollos: papiros sobre todo) de papel. Aquí nos gusta el papel y también las ediciones hechas con cariño.

Este libro que edita Calambur (la primera vez que tuve un libro de esta editorial en las manos fue para leer a mi muy admirado Juan Carlos Mestre) es una recopilación de investigaciones hechas por Víctor Infantes entre 1983 y 2000. La lectura no es sencilla, el lenguaje bibliográfico es una barrera si no eres bibliógrafo. Tampoco lo he leído entero. Ahora me interesan mucho los puntos que hablan del formato y el de la representación, esto es: de las imágenes impresas en los libros.

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Curioso, realmente sabroso, el capítulo que trata las titulaciones de los libros del siglo dorado y, sobre todo, durante lo que fue transición entre el libro manuscrito e impreso, dado que las titulaciones cobran de pronto una importancia total a la hora de identificar géneros que en su versión artesanal se discrimanaban fácilmente por su aspecto: y véase que en dichos títulos encontramos la palabra libro, crónica, historia, tratado, cuento… y véase que uno no se encuentra necesariamente -disculpen que me ponga la voz del autor- en el contenido aquello que el título anuncia o que, simplemente, la división de géneros aún no estaba bien concretada… en fin… mucho de qué hablar y de qué tratar.

También he leído el escrito de 1526 que aparece en una página en blanco  de la edición del impresor de Sevilla Jacobo Cromberger «Visión delectable de la philosophía e artes liberales, metaphísica y philosophía moral», del bachiller Alfonso de la Torre. Se ve que quedó una página en blanco y alguien escribió «En donde y por quién fue inventada la arte de imprimir libros, y en qué año se divulgó». Se supone que para rellenar ¿A que le pica la curiosidad?

Otro de los apéndices sabrosos: «Luis Vázquez de Mármol, condiciones que se pueden poner cuando se da a imprimir un libro (siglo XVII». He dejado escapar el libro hacia el aula de teatro La Guardería y me veo obligado a hablar de memoria, pero juraría que este es un pliego suelto.

Por último -ya sé que por escrito hablo mucho- debo decir que me lo he pasado pipa con el último de los textos, este de Gonzalo de Ayala, corrector de la imprenta de Luis Sánchez, llamado «Apología del arte de imprimir», Madrid, 1619. Fiesta de San Isidro. El regidos debe recaudar para la organización y los comerciantes son instados a que hagan sus aportaciones. El texto de Gonzalo de Ayala es la reacción a esta petición que su imprenta sufre como si fuera un comercio y en ella se ensalza al gremio de impresiores como artistas ingeniosos y liberales frente a la pobre condición de mercaderes de los libreros, ya que los regidores establecen entre ambos una equiparación que nuestro impresor no concibe.

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Víctor Infantes, ente 1983 y 2000. Editorial Calambur, 2006.

214 páginas. Pvp 20 €.

También disponible en el aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid.