Categoría: Teatro
Verso y teatro
Silencio
Estar por Ciudad Rodrigo en su feria.
A TRAVÉS DE LA VENTANA, 7.
Estábamos por estar menos Esther y yo en esta edición de 2022 de la Feria de Teatro de Castilla y León que, como siempre, se celebra en Ciudad Rodrigo (23-27 de agosto) y, miren por dónde, hemos estado más que nunca. O esa sensación nos traemos de vuelta a Olmedo. Porque el plan original de descargarnos de exhibiciones de sala y disfrutar de las otras actividades de la feria ha dado un doble resultado favorable de lo más jugoso. Por un lado hemos estado más en las actividades en las que estábamos y hemos podido dilatar ambigús y saludos postreros. Por otro nos hemos acercado con tiempo suficiente y en repetidas ocasiones a la exposición fotográfica de José Vicente, la instalación poética de Baychimo Teatro y las actividades que componen la que es, sin duda, programación más importante de la feria, aun no siendo la central: Divierteatro. De la misma manera pudimos acudir a la que para nosotros era cita irrenunciable de esta edición: el reconocimiento a Miguel Ãngel Pérez MartÃn (Maguil) -por cierto, colaborador de este blog- con el «Rosa MarÃa GarcÃa Cano» a la gestión cultural. Esther participó con el propio Maguil de la presentación del libro «Historia del teatro contemporáneo de Castilla y León» que hace unas pocas semanas se presentaba originalmente en Olmedo Clásico, y a la que acudà como librero de etiqueta teatral a la que voy cogiendo el gusto. Y, en fin, acompañamos lo mejor que supimos a nuestros compañeros de Artesa en el espacio creado para la feria… entre otras…

Como Ãbamos por estar con tiempo llegamos al albergue La Concha el lunes por la noche, aún unas cuantas horas antes de la inauguración. Y por la mañana acudimos al taller de COFAE «Â¿Sabes lo que te ofrece una feria?» con el que comenzamos muy bien nuestra vivencia de la feria. Abigail Ballester y Margarita Troguet nos dieron algunas claves (o nos las recordaron) y nos inspiraron en cualquier caso a tomarnos en serio los preparativos para una feria profesional. Uno de los datos que el taller nos ofreció, especialmente esclarecedor y que me tiene contrariado fue el presupuesto de la feria (300.000 €), paupérrimo para lo que la esta desarrolla: hablamos de 47 espectáculos que entre salas y calle ocupan 19 espacios que hay que equipar, toda la programación de Divierteatro en dos espacios distintos e igualmente equipados, la exposición fotográfica y otras propuestas y, por supuesto, toda la organización, comidas, bus y presentaciones incluidas, sean espectáculos, libros o informes… Lo comparo con otros festivales o ferias de parecido presupuesto -y alguno de ellos me toca tan cerca que me abrasa- y no puedo evitar dos reflexiones: una me hace preguntarme qué hacen algunos con proyectos que pulen sus presupuestos para hacer siempre lo mismo y sin atisbo de ir a lugar alguno. La otra es, sin duda, el espectáculo que en sà mismo ofrece una feria como la de Ciudad Rodrigo, que no tendrÃa sentido en ningún otro lugar dada su implicación con el territorio, al que tanto da y del que tanto recibe. Cómo explicar a otros directores que están al frente de proyectos sin personalidad y que estos bien podrÃan llevarse a cualquier otro territorio o población sin ningún problema para sus soso proyecto y, en realidad, creando su ausencia pocos a la propia población de la que casi nada saldrÃa. La Feria de Teatro de Castilla y León multiplica su presupuesto, no sólo económicamente, sino social y pedagógicamente hablando, y procura desarrollo en su territorio. A ello debemos sumar la eficacia en la oficina y su capacidad -exquisita- de atención, además de unos números que respaldan los objetivos profesionales de difusión de las artes escénicas, con un (nada desdeñable) hueco asegurado para las compañÃas de la región y con una mirada peninsular en la que cobra especial importancia el trabajo que se hace en Portugal, una acertada singularidad que responde, como en el caso de sus raÃces territoriales, con una forma responsable de desarrollar los proyectos. Por supuesto que la Feria de Castilla y León merece más presupuesto (y que algunos consejeros estén calladitos y dejen tranquila la lengua, la de todos pero especialmente la suya, esto lo merecemos todos).

Dicho esto lo que sigue es una crónica de la estancia de Esther Pérez Arribas (Teatro de compañÃa Pie Izquierdo) y de la mÃa. Ese primer dÃa lo rematamos con una comida en la que los inscritos en el taller pudimos conocernos un poco mejor. Por desgracia la inauguración del Espacio Artesa se produjo también a esa hora y no pudimos estar en aquella con nuestros compañeros de las artes escénicas de la región. Asà que desde la comida fuimos directos a la inauguración oficial de la feria, que se celebró en el Palacio de Montarco y que acompañamos durante la presentación del director -Manuel González- y abandonamos en cuanto empezó a nevar oficialmente, pues nos dejamos en Olmedo la ropa de invierno. Luego nos retiramos a la tarde, que esperaba tranquila.
El miércoles fuimos al parque La Florida para disfrutar del que sin duda ha sido uno de los hitos de esta feria, la instalación poética de Baychimo Teatro «Versos que anidan» y en la que las palabras se incorporaban a la escena individual que las casetas nido, alimentadas con una plaquita solar, creaban para el espectador/oyente de poemas de autores (plumas) como Alejandra Pizarnik, Gloria Fuertes, Gianni Rodari, Beatriz Osés, Raúl Vacas, MarÃa Elena Walsh, Oliveiro Girondo o León Felipe en la voz (canto) de intérpretes como Elena Muñoz, Paloma Leal, Ramón EnrÃquez, Ana Roncero o Antonio Velasco… un juego que invita al descubrimiento y que provoca la imaginación, un encuentro entre literatura, teatro, artes plásticas y naturaleza que es también lugar de reunión para espectadores, vecinos y artistas donde intercambiar visiones de la poesÃa, entendida esta en un sentido amplio. Una instalación que nació del primer festival PoetiZa y que bien puede alimentar ferias del libro y otros festivales literarios. Hay que contarlo.


Con nuestro amigo Patxi Vallés -Pez Luna Teatro- vimos algo del pasacalles «Ambulantes», de «Z Teatro» y «La escalera de tijera», bien acompañados por el público que estaba por divertirse aún a la solana de la plaza mayor y tiramos hacia el Espacio Artesa. Un espacio en el que han pasado cosas durante toda la feria y que ha logrado convocar a diversos agentes de lo teatral gracias a los vermús donde han debido producirse buenas conversaciones y, se entiende, algún que otro compromiso por parte de las administraciones. Se trata, sin duda, de un espacio necesario y es un logro que esto se vaya consiguiendo gracias al esfuerzo de su junta directiva. Todo a pesar de que Feria y Artesa no parecen tener una relación clara que entiendo deberÃa buscar el complemento de sus actividades. De momento las de Artesa dan como resultado una suerte de programación off que podrÃa ser una opción a desarrollar pero que más bien se presentaba descolocada este año, cuando no descolocando…


En la primera comida de esta edición tuvo lugar el acto que para algunos de nosotros – por supuesto «artesanos» incluidos- era el más significativo de esta feria: el reconocimiento a Miguel Ãngel Pérez MartÃn -gestor cultural, maestro de las artes escénicas, creador, conocedor y divulgador de las artes en general y, entre otras cosas, timonel de Artesa durante algunos años- con el premio Rosa MarÃa GarcÃa Cano que le entregaron sus principales promotores en este caso: Ana Gallego (a quien Maguil dedicó el premio: por valiente) y Ãngel Sánchez, compañero en el primer Teloncillo al que Maguil se incorporó en 1974. El reconocimiento a Maguil es también a una forma de estar totalmente comprometida con la innovación, con la utilidad de la cultura en general y de las artes en particular y, sobre todo, a una persona generosa que comparte información y conocimiento desde el convencimiento de que cada cual sabrá hacer con ello lo que crea oportuno, a poder ser crear nuevo conocimiento, en cualquiera de sus vertientes: artÃstica, investigadora, pedagógica… Oro para nuestras artes. Referente absoluto.

Durante la propia comida fue también reconocido el trabajo y los proyectos de personas y programas como Eduardo López Velasco, Proyecto Ornitorrinco y Escenarios Móviles, unos u otros con trayectorias largas o especialmente novedosas o útiles a las que dar visibilidad. Y desde la comida Esther y yo fuimos a ver «La buena letra», de la compañÃa «El mono habitado», en el Espacio Rosa. Un montaje minimalista alrededor de la idea de autarquÃa que contaba la historia de una pareja que primero por casualidad, después por habito o divertimento y, finalmente, por necesidad ejercÃan una suerte de dominio maquiavélico sobre toda la comunidad de vecinos a través del control invisible del correo postal. Una propuesta original y cortita que dejaba su relato en un punto de acidez o mera provocación con regusto afortunadamente no muy duradero.

Y del Espacio Rosa hasta Teresianas para la presentación del libro «Elio y EloÃsa», de Denis Rafter, una suerte de biografÃa ficcionada para los jóvenes en los que se narra la historia del aún joven Antonio de Nebrija hasta que se separa de EloÃsa para volver años después a su pueblo natal ya como el gran lingüista que se formó en Italia y profundizó en el estudio y la gramática de la lengua vulgar española. Una historia, al fin y al cabo, de amor. Y de allÃ, cuesta abajo hasta el albergue, de retirada, con nuestros flamantes ejemplares del libro bajo el brazo.

Tras el despertar, desayuno y, en general, puesta a punto del jueves por la mañana fuimos hasta el Espacio Rosa para disfrutar del último montaje de Teloncillo: «Coser y cantar». Una vez más un espectáculo impecable en el que los sugerentes objetos que protagonizan las historias que van hilándose -valga la ocurrencia- sugieren y llaman al asombro de los más peques. Especialmente divertida, además, está Ana en este montaje (también yo aprovecho para agradecer su valentÃa en estas funciones tan difÃciles como las del otro dÃa) y, por supuesto, la música de Ãngel crea la atmósfera perfecta y procura el incidente teatral de los personajes. Es una gozada verles trabajar con tanta limpieza y sentido.

Volvimos a la instalación poético-sonora de Baychimo para escuchar algunos poemas más y seguir hablando con compañeros de la feria y luego continuamos hasta el Espacio Tierra para ser partÃcipes del éxito de Teatro de Poniente «El manuscrito de indias», un montaje en el que Antonio Velasco lo hace todo en escena para contar la historia de Nuño DÃaz, una suerte de personaje maldito, marcado por la sociedad sevillana de la que acaba huyendo para embarcarse como indiano al otro lado del Atlántico y hasta el «descubrimiento» de La Florida de la mano del explorador Ponce de León. Muy buena acogida del público que lógicamente deberÃa traducirse en contrataciones.

Y aunque nos retiramos a descansar un poco tras la comida a las 21 h asistimos al estreno de lo último de El Aedo, «La metamorfosis de Gregor». Un trabajo serio y ambicioso que trata de agarrar a los jóvenes para adentrarles en una realidad que puede pasar peligrosamente desapercibida: la tentación del suicidio a la que adolescentes perdidos pueden sucumbir si las circunstancias y los contextos no ofrecen un camino. Un montaje de formato grande en el que el hogar/jaula/pantalla crea la escena en cuyo interior se desarrolla el drama de Gregor, incapaz de gestionar su transformación en (puber) bicho raro desde una infancia no tan lejana, marginado y desconfiado como respuesta a su propia inseguridad: Samsa no logra salir de sus celdas. Una obra con mucho fondo en la que nada gratuito se cuenta y está llena de detalles que pueden ayudar al público a tomar conciencia sobre algunos hábitos y a buscar su propio enfoque de la realidad. Continúa pues El Aedo con su apuesta por el encuentro con público joven, empeño difÃcil e interesante pero, sobre todo, importante. Esperamos que este proceso que tiene mucho de investigación continúe dando(nos) pistas con nuevos montajes. Dando vueltas al espectáculo que acabábamos de ver nos retiramos definitivamente a descansar ese jueves…

…y llegó el viernes, penúltimo dÃa de la feria, el último para una gran mayorÃa de programadores… y prontito empezamos con una primera actividad de la que participábamos de manera directa: la presentación del libro «Historia reciente del teatro en Castilla y León» a cargo de Miguel Ãngel Pérez MartÃn que, como coordinador, nos habló de la génesis y el proceso de creación, que pasó por varios shocks (pandemia incluida) desde 2019 y que finalmente salió a la luz este 2022 con la colaboración de protagonistas de algunos sucesos principales y de periodistas que desde afuera pudieron ofrecer su propia perspectiva. Un libro que contó también con Germán Vega, Héctor Urzáiz e Isaac Macho como equipo coordinador y un total de 27 articulistas, un primer (importantÃsimo) peldaño hacia la documentación (memoria y reflexión) que ordene la historia de nuestro teatro en la región y cuya labor debe continuar. Mi compañera Esther Pérez Arribas pudo hablar de su experiencia como profesora de teatro (y secundaria) y dar su visión sobre la relación que educación y teatro tienen y pueden (o deberÃan) tener, y del papel que el teatro puede cumplir en la educación reglada, cuestión esta de un descuido desalentador. Habló de tres proyectos muy ligados a su territorio en los que teatro y educación van de la mano, como «Cultivando miradas» de Baychimo en Zamora, «La cantera», de la propia Esther y su Pie Izquierdo en San Miguel del Arroyo, y el certamen de teatro aficionado de MengorrÃa en Ãvila. A la pregunta que desde el público se hizo sobre la existencia de una red de escuelas municipales de la región la respuesta fue, evidentemente, que no. La implicación de las administraciones es prácticamente nula en ese sentido y, por desgracia, la habitual intolerancia y estrechez de miras de nuestros gobiernos regionales han avanzado hasta tornarse banderas que ondear al viento arenisco de nuestra tierra.

Seguimos después estando a nuestra manera de estar en Ciudad Rodrigo este 2022 y fuimos a Divierteatro y pudimos acompañar a Denis Rafter en el palacio de Montarco: cuando llegamos empezaba un cuentacuentos basado en su «Elio y EloÃsa» para niños del pueblo vecino de Sancti EspÃritus y en el que lo principal no era tanto lo que contaba sino cómo lo contaba, cómo lograba la atención de los peques y hacerles partÃcipes del rito teatral. Afuera, en la plaza del Conde, talleres y otras actividades de Divierteatro vestÃan la calle de jaleo y pudimos adentrarnos entre infantes para disfrutar del trabajo de Pilar Borrego (Katua&Galea) con su historia de gatos, limpito y delicado como siempre. Un placer acompañarla y una suerte tenerla siempre disponible porque nos dio algunas pistas chulas para seguir Divierteatro al dÃa siguiente.

Y desde allà fuimos a la Casa municipal de Cultura para ver la exposición «Desde el alma», a partir de la selección de imágenes del mirobrigense José Vicente, fotógrafo oficial de la feria. Un trabajo que abarca 20 años de instantáneas y que retrataba algunos momentos fuera de escena, en el camerino o entre bambalinas, de gran expresividad. Una maravilla que bien merecÃa ser recorrida con un mÃnimo de sosiego e invitaba a repetir. Es por ello que volvimos al dÃa siguiente, ya sábado, para tirar alguna foto que nos faltaba, que nos habÃamos llevado dentro y querÃamos tener con nosotros disponible también un poco afuera.



Tras un nuevo encuentro en Artesa y la comida con buenos amigos descansamos un rato en el albergue para (intentar) rematar el dÃa con el nuevo montaje de La pequeña victoria Cen. Afortunadamente habÃan podido pasar el dÃa antes «Disculpa si te presento como que no te conozco» con buenos comentarios como cosecha, algo que no nos extraña sabiendo de su sensibilidad y la mirada poética con la que suelen impregnar sus números circenses. Pero el viernes no pudo ser y la lluvia no nos permitió comprobarlo con nuestros propios ojos. Queda pendiente.
Y el sábado nos despedimos de la feria: primero pasamos eso sÃ, por el mercadillo de Ciudad Rodrigo («Â¡Tres euros lo de la mesa, 5 € lo colgao!) y llegamos a Divierteatro para disfrutar de manera consecutiva de un par de espectáculos. Bien atendidos, como siempre, por Miriam Hernández y sus compañeras, llegamos hasta el espectáculo clown del payaso Francis, con el que nos reÃmos un buen rato gracias a sus torpezas, ocurrencias y guiños con los que invitaba a los niños a participar del disparate. Acto seguido nos incorporamos al número del mago Óscar Escalante, que a plena luz del dÃa y con mucha energÃa desplegó algunos trucos que nos mantuvieron bien pegados a los asientos, aunque ni Esther ni yo tuvimos la suerte de que el mago «nos sacara». Algunos niños si vieron colmada su expectativa de ser escogido pero lo que no vieron es qué pasó, y aún deben de estar dando vueltas al asunto: magia, claro. Dimos una última vuelta a la exposición de José Vicente antes de irnos, tras comer con nuestra amiga Nuria Aguado, de vuelta a Olmedo.

Y hasta aquà nuestra feria de este año, tan sólo la crónica de una de entre las múltiples ferias que uno puede disfrutar en Ciudad Rodrigo, de manera más y menos profesional y con la sensación siempre de que sigue creciendo (no su presupuesto) en el mejor sentido posible: raÃces hacia abajo y lazos alrededor. Si se preguntan que qué hacÃamos por las tardes, tan de retirada casi todas ellas, les diré: cada tarde leÃamos (Angélica Liddell, Diamela Eltit, Paz Errázuriz) nos bañábamos en el rÃo, cenábamos en el restaurante del albergue y tomábamos una copa hablando de lo que habÃamos visto, de lo que querrÃamos ver… hablábamos de teatro, proyectos, esas cosas…
Elipses
Famélica
La puerta abierta
Historia reciente del teatro en Castilla y León (1965-2021)
Hubo fiesta en Olmedo Clásico
No ha sido fácil, y mucho menos después de la traumática cancelación de 2020, cuando ya estaba todo listo para empezar. Este año el festival se ha celebrado con relativa normalidad y la asistencia de público ha sido exitosa: vaya desde aquà mi enhorabuena a BenjamÃn Sevilla y a Germán Vega, directores y, en definitiva, lÃderes de una organización nutrida gracias al respaldo del Ayuntamiento de Olmedo y de la Universidad de Valladolid. Hemos podido disfrutar de una programación que -les recuerdo- va más allá de la corrala, sin duda el espacio más importante y que impregna a Olmedo Clásico de su carácter festivo. La fiesta se concretó en el fantástico cierre de Ron Lalá el domingo 1 de agosto y sobre todo en la portentosa apertura de los «Castelvinos y Monteses» de Barco Pirata el viernes 23 de julio, un alegre, energético y, vaya, multitudinario espectáculo coproducido por la CNTC, en la que se puso sobre las tablas la versión de Lope de los amantes de Verona bajo la dirección de Sergio Peris-Mencheta, una comedia musical que entre escenografÃa, música en directo, danza y 13 intérpretes polivalentes formaban una maquinaria perfectamente engrasada pero que producÃa chispas, un todo teatral sólo al alcance de las (grandes) producciones públicas capaces de mantener latente el impulso original… privado.

Sigo haciendo este breve repaso por lo memorable de esta edición del festival: dos dÃas después, mañana de domingo en San Pedro, la oscuridad del teatro espesó algunos puntos hasta crear el ambiente necesario para acoger la adaptación titiritera que de La Celestina ha producido Teatro Corsario, en versión y dirección de Jesús Peña. Una mirada sobre lo más canalla del clásico de Fernando de Rojas que no tiene problema en crear imágenes explÃcitas con lo truculento. Una recreación, un divertimento para adultos dispuestos a lo grotesco de sus artesanales y casi humanos tÃteres en acción. Cuando volvimos a la luz de las dos de la tarde muchas caras deslumbradas también por lo que acababan de ver.

Ese mismo dÃa La Corrala recuperó la palabra -que Corsario prácticamente abandonaba por la mañana en favor de las imágenes- de la boca de Rafael Ãlvarez, El brujo, con su «Dos tablas y una pasión», un espectáculo en el que el intérprete da, como en otras ocasiones, rienda a suelta a lo puramente vivencial y en su permanente búsqueda del olvido del oficio de actor reacciona en presente al público y se pierde por los meandros del momento, a veces con la sinceridad propia del compañero de mesa o de tertulia. La improvisación cuenta con buenos puntos de anclaje en las intervenciones musicales de Javier Alejano, por supuesto en los bellos pasajes de los autores a los que rinde homenaje a través de su poesÃa, y también en las desternillantes historias más y menos personales que comparte con el público. Crea una relación franca entre el actor y los espectadores a los que trata de transmitir el misterio de los poetas, de Shakespeare, de Lope (mucho juego le dio en Olmedo este dÃa El Caballero), Sor Juana, Santa Teresa, Quevedo… en fin… una apuesta radical por la palabra para una velada profunda, ligera y muy divertida.

El martes 27 Nao d´amores rebajó la fiesta hasta la trágica historia de Inés de Castro, casada en secreto con el infante don Pedro de Portugal y ejecutada por orden del rey don Alfonso, fuente de mitos y leyendas recogidas en los textos de Jerónimo Bermúdez y alimentadas ahora con la versión de Ana Zamora gracias a algunas potentÃsimas imágenes creadas para la ocasión de este montaje ya de por sà poético. EscenografÃa de madera que juega un importante papel a modo de bancada para los actores pero también de escaños, promontorio, escenario para las interpretaciones musicales… Esta puesta en escena está complementada por un estanque de agua, capaz en otros momentos de acoger la tierra bajo la que Nise ha sido enterrada o los cuerpos de sus asesinos ejecutados después por don Pedro ante el espectador en un ceremonial ejercicio coreográfico en el que el juego y la muerte se mezclan con sobrecogedora naturalidad. Impecables las interpretaciones textuales y las musicales, estas últimas como siempre a partir de la composición de Alicia Lázaro y para cuya interpretación se incorpora al contratenor José Hernández Pastor que, de alguna manera, representa el conflicto entre lo masculino y lo femenino. Hay un equilibrio perfecto entre lo simbólico (memorable la coronación de Inés desenterrada) y lo real, lo desesperadamente humano de los diálogos esenciales. El portentoso vestuario, los movimientos, la luz y, en fin, la rica pero sobria mirada de Ana Zamora consiguen de nuevo un espectáculo de inusitada belleza.

Como en otras ediciones la función infantil fue una de las mejores del festival, y el «Lope sobre ruedas» de Georgina de Yebra con la CNTC surgió como encuentro propiciatorio de lo nuevo (¿habrá que buscar en estos tiempos digitales lo nuevo en lo viejo?) a través de la palabra, y entiéndase lo nuevo como lo distinto, lo que no se habÃa contado aún… tanto me gustó este cuentacuentos que escribà una reseña al respecto: aquÃ. Un espectáculo al que fácilmente se puede poner en relación con el de El Brujo pues ambos acentúan el poder relator del cuentista, del juglar, en su puesta en escena preparada para el encuentro con los espectadores.
Y, en fin, como decÃa al principio la programación de Olmedo Clásico 2021 terminó con la función de Ron Lalá alrededor de la figura del conocido actor del siglo de Oro Cosme Pérez: «Andanzas y entremeses de Juan Rana» y que reunÃa teatro y música al más puro estilo de la casa, con energÃa, agilidad y precisión cautivadoras. Canciones pegadizas y recursos dramatúrgicos y escénicos para incluir al espectador en la función con una de las historias más sabrosas del barroco español, la del actor/personaje Juan Rana, cuya fama desbordó la escena del momento hasta llamar la atención de la Inquisición. A partir del juicio por sodomÃa al que Cosme Pérez fue sometido la compañÃa madrileña da un repaso por algunos de sus datos biográficos sobresalientes, entre los que resultan insoslayables nombres como los de Calderón de la Barca, AgustÃn Moreto y Bernarda RamÃrez. Final en alto, aplauso largo de un público que alguna manera trataba de alargar la velada y de paso el festival.

Asà que la fiesta ha continuado después de todo en 2021 y esta, además, no ha escatimado en cantidad ni medios pues a pesar de un acertado dÃa de descanso se han podido ver un total de 11 espectáculos en los que ha habido mucha música y a los que hay que sumar dos recitales. Muy de agradecer también el seguimiento que la dirección hace de algunas compañÃas aún emergentes y con propuestas si no redondas sà originales y, sobre todo, con base suficiente para un desarrollo a mejor y que aportan referencias propias de Olmedo a los espectadores. Después de estos duros meses de crisis sanitaria es también muy buena noticia que no se hayan resentido las secciones que año tras año fortalecen con conocimiento y memoria los cimientos del festival: el curso de análisis e interpretación actoral, las jornadas de teatro, la librerÃa como espacio de encuentro, la publicación de cada año y las exposiciones. Cosas que celebrar para que siga la fiesta.
Contar a Lope… sobre ruedas…
El centro de artes escénicas de San Pedro volvió a acoger el «Clásico en familia» del festival de Olmedo, una sencilla producción de Georgina de Yebra de la que participa la CompañÃa Nacional de Teatro Clásico y con la que se introduce a los pequeños a partir de 5 años en la vida, la obra y, en definitiva, la magia de Lope de Vega, un autor inconmensurable más de 400 años después y que dispone de infinitas provocaciones para un público que crecerá en el previsible y ñoño mundo que los adultos nos venimos montando últimamente.
Es gozoso llegar al teatro un domingo a las 11 de la mañana para concretar el encuentro que en distintos niveles se produce entre infantes, adultos y artistas, aunque yo ya niños no tengo y acudo en calidad de ser humano en (lento) proceso: quienes me conocen ya saben que voy despacio. Ver las funciones infantiles (siempre bien acompañado por mentes inmaduras o artÃsticas o, como la mÃa, ambas cosas) me llevan a cierto reposicionamiento respecto de los autores, sus obras y, sobre todo, sus motivos. Es una sensación que tiene que ver con la empatÃa hacia los niños que te acompañan y que participan de la función: no puede uno evitar ponerse en el lugar del pequeño al que se cuenta que la palabra favorita de Lope de Vega es «amor». Y piensa entonces que lo más importante que se puede decir del dramaturgo madrileño acaba de quedar dicho y que siempre merece la pena ver los montajes infantiles, porque en ellos se vuelve a la esencia.

En la dirección de Mireia Fernández la sencillez, la siempre tan difÃcil sencillez, juega a favor de la dramaturgia de Georgina de Yebra pues los elementos que conforman la escena potencian la narración oral. Y esto es lo fundamental. El encuentro con el público infantil se produce a través de la palabra dicha y la bicicleta y su kamishibai, el botijo y los libros -todos ellos elementos en sà mismos esenciales- son apoyo a las historias de la actriz cuentacuentos y de entre las que ocupan lugar distinguido «La dama boba» y «La gatomaquia» (hay más gatos en Lope de Vega que en Haruki Murakami, y además Lope les pone nombre).
En cualquier caso me parece destacable la muy cuidada utilización de los elementos escénicos, de entre los que me gustarÃa destacar los libros, fundamentales en los lopescos juegos literarios -también el kamishibai sirve de pizarra para jugar con letras y palabras- y que son fundamentales en la composición escénica que se crea en según qué momentos dada su versatilidad significante. Respecto a esto último el diseño de luces me ha parecido muy acertado, imprescindible para conseguir que la sencillez no se convirtiera en escasez. Acercar a Lope a los más pequeños, presentarles su rica y desmesurada biografÃa y provocarles con las posibilidades que letras, palabras y en general literatura tienen para ellos es necesario.

También este año la función infantil es una de las tres o cuatro mejores de todo el festival, algo que no tiene por qué sorprender si tenemos en cuenta que la adaptación de textos a las primeras edades crea oportunidades de juego tanto en las dramaturgias como en las puestas en escena. En lo que a los clásicos se refiere, lo nuevo (lo verdaderamente nuevo) está en su mayor parte en las producciones para la infancia. Ya sólo esto deberÃa ser razón suficiente para que ocuparan un lugar mucho más destacado en estos festivales veraniegos entre los que al menos Olmedo ha mantenido su apuesta intacta. Pero, desde luego, hay más razones.
A nadie que ponga atención en la cuestión se le puede escapar que el arte en general y el teatro en particular son un derecho de la infancia al igual que lo es para los adultos y que como nosotros los niños deben poder disfrutar de funciones más y menos ambiciosas, desde las que son simples eventos de ocio y tiempo libre hasta las que, como en el caso que nos ocupa hoy, desarrollan una labor pedagógica porque, y esto es importante, el rigor no está ni mucho menos reñido con el divertimento y los pequeños pueden irse a casa con preguntas importantes que les ayuden en su desarrollo crÃtico personal. Esta es otra razón. Pero además hay que incidir en la necesidad de seguir creando nuevos públicos, futuros públicos adultos que muy difÃcilmente alimentarán teatros si no han tenido oportunidad de acudir a ellos cuando eran pequeños.
Asà que me encuentro especialmente contento escribiendo este artÃculo en el que la responsabilidad que ejerce un festival como Olmedo Clásico, con su apuesta por una sección infantil dentro de la programación general, confluye con la de un montaje como este «Lope sobre ruedas», que decide dar protagonismo casi absoluto a la palabra y propiciar el rito que sólo desde la complicidad con el público sucede. También para esto era Lope, en funciones como esta su magia se despliega en una vuelta a lo esencial. Hablando de magia y hablando de palabras, de rito… quizás alguno de ustedes se esté preguntando qué es un kamishibai. A mà me lo acaba de explicar Esther Pérez Arribas, lopesca de pro, aunque no muy japonesa hasta donde sé…



















