Puliendo clásicos

Dos volúmenes de gran calidad reúnen en la editorial Turner la obra escultórica del artista zamorano de Cerecinos de Campo en un catálogo razonado que puede ser base de estudios y proyectos que en adelante quieran hacerse sobre Baltasar Lobo y su concepción y recreación de la figura humana -fundamentalmente- con piedra. La venezolana galería Freites -de la mano de su director y uno de los principales cuidadores y promotores de la obra de Lobo, Alejandro Freites- impulsa y desarrolla la publicación de este catálogo documentado al detalle (fotos, fechas, lugares, datos técnicos, medidas, exposiciones…) a partir del estudio minucioso de María Jaume Bulter tras una investigación que ha durado ocho años y que acompaña de una cronológica de la trayectoria del artista escrita por María Luz Cárdenas. Kosme Barañano aporta un texto ensayístico que atraviesa el primer volumen. Baltasar Lobo es nuestro picapedrero favorito, uno de los grandes escultores españoles del siglo XX, en los que la mujer, la maternidad y la vieja imaginería fundacional son motivos recurrentes y puntos de partida para sus reinterpretaciones de lo humano. Y este catálogo es un placer que dedicarse con una copita de tiempo para saborear despacio…

Editorial Turner. Pvp 250 €

Por cierto: ¡!

A ningún lugar que exista

RELATOS PARA NO TENER QUE LEER, 3.

Me atrevo a responder a Muñoz Molina antes de haber leído su último libro e impulsado por el interés en enfocar una cuestión que no puede abordarse sin tener en cuenta la responsabilidad de los vecinos de los pueblos que sobreviven o mueren para mejor gloria de todo un género literario.

Seix Barral. Pvp 20,90 €

Hablo de responsabilidad de los que se quedan y de los que se van y la para mí exasperante actitud conservadora de nada, que es lo que va quedando. Lo viejo ya fue y su valor está en alimentar la memoria -verdadera si está libre de melancolías- para evitar la ruptura propia y alocada de las tendencias con el tiempo al que objetivamente pertenecen. Porque una cosa es que no progresemos, otra que regresemos y otra que no se pueda progresar. Las tendencias y su corriente nos llevan a las ciudades. Me pregunto dónde está lo nuevo propio de los pueblos. De momento leer a Muñoz Molina es una buena idea, una voz seria con la que polemizar y crear argumentos.

Hubo fiesta en Olmedo Clásico

No ha sido fácil, y mucho menos después de la traumática cancelación de 2020, cuando ya estaba todo listo para empezar. Este año el festival se ha celebrado con relativa normalidad y la asistencia de público ha sido exitosa: vaya desde aquí mi enhorabuena a Benjamín Sevilla y a Germán Vega, directores y, en definitiva, líderes de una organización nutrida gracias al respaldo del Ayuntamiento de Olmedo y de la Universidad de Valladolid. Hemos podido disfrutar de una programación que -les recuerdo- va más allá de la corrala, sin duda el espacio más importante y que impregna a Olmedo Clásico de su carácter festivo. La fiesta se concretó en el fantástico cierre de Ron Lalá el domingo 1 de agosto y sobre todo en la portentosa apertura de los «Castelvinos y Monteses» de Barco Pirata el viernes 23 de julio, un alegre, energético y, vaya, multitudinario espectáculo coproducido por la CNTC, en la que se puso sobre las tablas la versión de Lope de los amantes de Verona bajo la dirección de Sergio Peris-Mencheta, una comedia musical que entre escenografía, música en directo, danza y 13 intérpretes polivalentes formaban una maquinaria perfectamente engrasada pero que producía chispas, un todo teatral sólo al alcance de las (grandes) producciones públicas capaces de mantener latente el impulso original… privado.

Castelvinos y Monteses, de Lope de Vega (Barco Pirata y CNTC) Foto: Pío Baruque Fotógrafos.

Sigo haciendo este breve repaso por lo memorable de esta edición del festival: dos días después, mañana de domingo en San Pedro, la oscuridad del teatro espesó algunos puntos hasta crear el ambiente necesario para acoger la adaptación titiritera que de La Celestina ha producido Teatro Corsario, en versión y dirección de Jesús Peña. Una mirada sobre lo más canalla del clásico de Fernando de Rojas que no tiene problema en crear imágenes explícitas con lo truculento. Una recreación, un divertimento para adultos dispuestos a lo grotesco de sus artesanales y casi humanos títeres en acción. Cuando volvimos a la luz de las dos de la tarde muchas caras deslumbradas también por lo que acababan de ver.

Celestina infernal, Teatro Corsario. Foto: Pío Baruque Fotógrafos.

Ese mismo día La Corrala recuperó la palabra -que Corsario prácticamente abandonaba por la mañana en favor de las imágenes- de la boca de Rafael Álvarez, El brujo, con su «Dos tablas y una pasión», un espectáculo en el que el intérprete da, como en otras ocasiones, rienda a suelta a lo puramente vivencial y en su permanente búsqueda del olvido del oficio de actor reacciona en presente al público y se pierde por los meandros del momento, a veces con la sinceridad propia del compañero de mesa o de tertulia. La improvisación cuenta con buenos puntos de anclaje en las intervenciones musicales de Javier Alejano, por supuesto en los bellos pasajes de los autores a los que rinde homenaje a través de su poesía, y también en las desternillantes historias más y menos personales que comparte con el público. Crea una relación franca entre el actor y los espectadores a los que trata de transmitir el misterio de los poetas, de Shakespeare, de Lope (mucho juego le dio en Olmedo este día El Caballero), Sor Juana, Santa Teresa, Quevedo… en fin… una apuesta radical por la palabra para una velada profunda, ligera y muy divertida.

Dos tablas y una pasión. Rafael Álvarez, El brujo. Foto: Pío Baruque Fotógrafos.

El martes 27 Nao d´amores rebajó la fiesta hasta la trágica historia de Inés de Castro, casada en secreto con el infante don Pedro de Portugal y ejecutada por orden del rey don Alfonso, fuente de mitos y leyendas recogidas en los textos de Jerónimo Bermúdez y alimentadas ahora con la versión de Ana Zamora gracias a algunas potentísimas imágenes creadas para la ocasión de este montaje ya de por sí poético. Escenografía de madera que juega un importante papel a modo de bancada para los actores pero también de escaños, promontorio, escenario para las interpretaciones musicales… Esta puesta en escena está complementada por un estanque de agua, capaz en otros momentos de acoger la tierra bajo la que Nise ha sido enterrada o los cuerpos de sus asesinos ejecutados después por don Pedro ante el espectador en un ceremonial ejercicio coreográfico en el que el juego y la muerte se mezclan con sobrecogedora naturalidad. Impecables las interpretaciones textuales y las musicales, estas últimas como siempre a partir de la composición de Alicia Lázaro y para cuya interpretación se incorpora al contratenor José Hernández Pastor que, de alguna manera, representa el conflicto entre lo masculino y lo femenino. Hay un equilibrio perfecto entre lo simbólico (memorable la coronación de Inés desenterrada) y lo real, lo desesperadamente humano de los diálogos esenciales. El portentoso vestuario, los movimientos, la luz y, en fin, la rica pero sobria mirada de Ana Zamora consiguen de nuevo un espectáculo de inusitada belleza.

Nise, la tragedia de Inés Castro. Nao Dámores. Foto: Pío Baruque Fotógrafos.

Como en otras ediciones la función infantil fue una de las mejores del festival, y el «Lope sobre ruedas» de Georgina de Yebra con la CNTC surgió como encuentro propiciatorio de lo nuevo (¿habrá que buscar en estos tiempos digitales lo nuevo en lo viejo?) a través de la palabra, y entiéndase lo nuevo como lo distinto, lo que no se había contado aún… tanto me gustó este cuentacuentos que escribí una reseña al respecto: aquí. Un espectáculo al que fácilmente se puede poner en relación con el de El Brujo pues ambos acentúan el poder relator del cuentista, del juglar, en su puesta en escena preparada para el encuentro con los espectadores.

Y, en fin, como decía al principio la programación de Olmedo Clásico 2021 terminó con la función de Ron Lalá alrededor de la figura del conocido actor del siglo de Oro Cosme Pérez: «Andanzas y entremeses de Juan Rana» y que reunía teatro y música al más puro estilo de la casa, con energía, agilidad y precisión cautivadoras. Canciones pegadizas y recursos dramatúrgicos y escénicos para incluir al espectador en la función con una de las historias más sabrosas del barroco español, la del actor/personaje Juan Rana, cuya fama desbordó la escena del momento hasta llamar la atención de la Inquisición. A partir del juicio por sodomía al que Cosme Pérez fue sometido la compañía madrileña da un repaso por algunos de sus datos biográficos sobresalientes, entre los que resultan insoslayables nombres como los de Calderón de la Barca, Agustín Moreto y Bernarda Ramírez. Final en alto, aplauso largo de un público que alguna manera trataba de alargar la velada y de paso el festival.

Entremeses y andanzas de Juan Rana, de Ron Lalá. Foto: Pío Baruque Fotógrafos.

Así que la fiesta ha continuado después de todo en 2021 y esta, además, no ha escatimado en cantidad ni medios pues a pesar de un acertado día de descanso se han podido ver un total de 11 espectáculos en los que ha habido mucha música y a los que hay que sumar dos recitales. Muy de agradecer también el seguimiento que la dirección hace de algunas compañías aún emergentes y con propuestas si no redondas sí originales y, sobre todo, con base suficiente para un desarrollo a mejor y que aportan referencias propias de Olmedo a los espectadores. Después de estos duros meses de crisis sanitaria es también muy buena noticia que no se hayan resentido las secciones que año tras año fortalecen con conocimiento y memoria los cimientos del festival: el curso de análisis e interpretación actoral, las jornadas de teatro, la librería como espacio de encuentro, la publicación de cada año y las exposiciones. Cosas que celebrar para que siga la fiesta.

Contar a Lope… sobre ruedas…

El centro de artes escénicas de San Pedro volvió a acoger el «Clásico en familia» del festival de Olmedo, una sencilla producción de Georgina de Yebra de la que participa la Compañía Nacional de Teatro Clásico y con la que se introduce a los pequeños a partir de 5 años en la vida, la obra y, en definitiva, la magia de Lope de Vega, un autor inconmensurable más de 400 años después y que dispone de infinitas provocaciones para un público que crecerá en el previsible y ñoño mundo que los adultos nos venimos montando últimamente.

Es gozoso llegar al teatro un domingo a las 11 de la mañana para concretar el encuentro que en distintos niveles se produce entre infantes, adultos y artistas, aunque yo ya niños no tengo y acudo en calidad de ser humano en (lento) proceso: quienes me conocen ya saben que voy despacio. Ver las funciones infantiles (siempre bien acompañado por mentes inmaduras o artísticas o, como la mía, ambas cosas) me llevan a cierto reposicionamiento respecto de los autores, sus obras y, sobre todo, sus motivos. Es una sensación que tiene que ver con la empatía hacia los niños que te acompañan y que participan de la función: no puede uno evitar ponerse en el lugar del pequeño al que se cuenta que la palabra favorita de Lope de Vega es «amor». Y piensa entonces que lo más importante que se puede decir del dramaturgo madrileño acaba de quedar dicho y que siempre merece la pena ver los montajes infantiles, porque en ellos se vuelve a la esencia.

Pío Baruque Fotógrafos

En la dirección de Mireia Fernández la sencillez, la siempre tan difícil sencillez, juega a favor de la dramaturgia de Georgina de Yebra pues los elementos que conforman la escena potencian la narración oral. Y esto es lo fundamental. El encuentro con el público infantil se produce a través de la palabra dicha y la bicicleta y su kamishibai, el botijo y los libros -todos ellos elementos en sí mismos esenciales- son apoyo a las historias de la actriz cuentacuentos y de entre las que ocupan lugar distinguido «La dama boba» y «La gatomaquia» (hay más gatos en Lope de Vega que en Haruki Murakami, y además Lope les pone nombre).

En cualquier caso me parece destacable la muy cuidada utilización de los elementos escénicos, de entre los que me gustaría destacar los libros, fundamentales en los lopescos juegos literarios -también el kamishibai sirve de pizarra para jugar con letras y palabras- y que son fundamentales en la composición escénica que se crea en según qué momentos dada su versatilidad significante. Respecto a esto último el diseño de luces me ha parecido muy acertado, imprescindible para conseguir que la sencillez no se convirtiera en escasez. Acercar a Lope a los más pequeños, presentarles su rica y desmesurada biografía y provocarles con las posibilidades que letras, palabras y en general literatura tienen para ellos es necesario.

Pío Baruque Fotógrafos

También este año la función infantil es una de las tres o cuatro mejores de todo el festival, algo que no tiene por qué sorprender si tenemos en cuenta que la adaptación de textos a las primeras edades crea oportunidades de juego tanto en las dramaturgias como en las puestas en escena. En lo que a los clásicos se refiere, lo nuevo (lo verdaderamente nuevo) está en su mayor parte en las producciones para la infancia. Ya sólo esto debería ser razón suficiente para que ocuparan un lugar mucho más destacado en estos festivales veraniegos entre los que al menos Olmedo ha mantenido su apuesta intacta. Pero, desde luego, hay más razones.

A nadie que ponga atención en la cuestión se le puede escapar que el arte en general y el teatro en particular son un derecho de la infancia al igual que lo es para los adultos y que como nosotros los niños deben poder disfrutar de funciones más y menos ambiciosas, desde las que son simples eventos de ocio y tiempo libre hasta las que, como en el caso que nos ocupa hoy, desarrollan una labor pedagógica porque, y esto es importante, el rigor no está ni mucho menos reñido con el divertimento y los pequeños pueden irse a casa con preguntas importantes que les ayuden en su desarrollo crítico personal. Esta es otra razón. Pero además hay que incidir en la necesidad de seguir creando nuevos públicos, futuros públicos adultos que muy difícilmente alimentarán teatros si no han tenido oportunidad de acudir a ellos cuando eran pequeños.

Así que me encuentro especialmente contento escribiendo este artículo en el que la responsabilidad que ejerce un festival como Olmedo Clásico, con su apuesta por una sección infantil dentro de la programación general, confluye con la de un montaje como este «Lope sobre ruedas», que decide dar protagonismo casi absoluto a la palabra y propiciar el rito que sólo desde la complicidad con el público sucede. También para esto era Lope, en funciones como esta su magia se despliega en una vuelta a lo esencial. Hablando de magia y hablando de palabras, de rito… quizás alguno de ustedes se esté preguntando qué es un kamishibai. A mí me lo acaba de explicar Esther Pérez Arribas, lopesca de pro, aunque no muy japonesa hasta donde sé…

Libros mejor editados 2020

Hoy he leído la noticia completa. Tanto el libro mejor editado en la sección de Libros de Arte como en la sección Obras generales y de divulgación que cada año concede el Ministerio de cultura forman parte del fondo de nuestra librería desde hace ya algunos meses. Me pone especialmente contento el reconocimiento al Breve atlas de los faros del fin del mundo, de cuyo título tuve un ejemplar en la mano por primera vez en la Feria de Editores de Castilla y León que el incombustible Héctor Escobar organizaba en León el pasado mes de abril. Fue entonces cuando conocí a Lía y a Jose, editores de Menguantes, un proyecto pequeño con ganas de crecer con cuidados que se le brindan desde el diseño, el formato, los detalles… Dejo el enlace a la editorial para que el lector pueda darse un buen paseo por su web, propiciatoria de viajes que hacer a través de la lectura. Como comprobarán el atlas, de José Luis González Macías, cobra sentido como parte de un fondo personal y apetitoso. MENGUANTES.

Óxido (Editorial Turner, pvp 40 €) / Atlas Faros del mundo (Editorial Menguantes, pvp 25 €)

También me ha gustado el reconocimiento a Turner, que publicó esta monumental obra fotográfica de Eduardo Marco: Óxido. Dejo el enlace a la web del artista aquí. Daría para un café largo hablar sobre sus bellas fotografías, a menudo tomadas desde lo sórdido, muchas veces directamente desde lo destruido y lo irrecuperable, como un filtro que en realidad enfoca.

También dejo la noticia completa sobre estos reputados premios a la edición aquí.

Mejores encuadernaciones

Me encuentro con estas artesanías (¿artísticas?) mirando a través de la pantalla del ordenador: hay un premio a las mejores encuadernaciones (artísticas) que la Dirección del Libro convoca cada año. Se trata de encuadernar una obra del último Cervantes que, como sabrán, este año recayó en el poeta Francisco Brines, recientemente fallecido. La obra en cuestión es la antología poética «Todos los rostros del pasado», que en 2020 ya había reeditado Galaxia Gutenberg. Guadalupe Roldán Morales presentó el mejor trabajo y este quedó así: si pinchan en la imagen irán al enlace de la noticia donde la leí:

Ediciones del carbón

A finales de 2020, y al rebufo de una mesa organizada por el gremio de Editores de Castilla y León de la que participaban personas que representaban diversos oficios del libro, entre ellas Noemí Sabugal como escritora y un servidor como librero, leí «Hijos del carbón», que publicaba ese mismo año Alfaguara y que está teniendo una incidencia importante, con un buen número de ejemplares vendidos y, sobre todo, con otras posibles lecturas y relecturas que caben hacerse sobre el mundo de las minas en España poniendo este libro en relación con otros libros importantes, documentales, películas, obras teatrales y exposiciones que dan cuenta de este período y espacio(s) concretos en la Historia de España, su desarrollo capital, de clase y cultural en un sentido que se sabía sin desarrollo posible.

Editorial Alfaguara. Pvp 18,90 €

Ligera y vivaz, esta crónica de la mina no renuncia a la complejidad de un sector industrial generador de oportunidades y peligros a partes iguales, de riqueza y pobreza, de un presente sin futuro que duró lo que podía pero cuya maquinaria capital supo crear en los mineros y sus familias una dependencia no sólo económica sino también emocional. Por eso la crónica que se cuenta en este libro son las crónicas de muchos de estos protagonistas y sus relatos se funden con el que en primera persona atraviesa todo el libro, el de la autora nieta de mineros leoneses.

Lo tengo lleno de notas, nombres propios, nombres de documentales, historias, museos, algún bar… pendiente de una relectura que me apetece especialmente desde que llegó el otro libro del que dejo aquí algunas otras notas. Hablaba el otro día con Héctor Escobar, editor de Eolas, presidente del Gremio de Editores CyL, librero y amigo, del trabajo fotográfico de la madrileña Cecilia Orueta «The end». En esa conversación le daba a Héctor la enhorabuena por este álbum de imágenes -comentadas con textos literarios de varios autores- que retratan lo que queda de poblados palentinos y leoneses y al que dediqué una mañana que, efectivamente, tuvo mucho de ensoñadora o quizás de fantasmal en su lectura, visionado. Una historia que termina, que terminó, de cuyo final, como en las pelis americanas, se sabía aunque no se quisiera saber. Tiene mucho de trágico, también en el sentido clásico.

Editorial Éolas. Pvp 26 €

Dejo aquí enlace al reportaje que sobre este libro y su exposición hicieron en otro de mis lugares favoritos, Tamtam Press, y que administra Eloísa Otero, por cierto, otra de las personas interesantes que participaron de aquella mesa «editorial» que mencionaba al principio de esta entrada:

Juan Muñoz, La Fábrica

Hace ya algunos días que me he hecho con un buen fondo de La Fábrica, que podría presumir de editar algunas de las mejores colecciones de foto y pintura, además de otras artes, de este país. Los iremos dando a conocer poco a poco en lo que afinamos nuestro propio fondo al respecto y compartimos de momento esta carpeta que reproduce el cuaderno de artista de Juan Muñoz, con 19 dibujos de 1992 que inspiraron su del cuento de Joseph Conrad «Una avanzadilla del progreso». Láminas de 360 gr y a cuatro tintas. Sabroso y delicado. 50 €.

Walter Benjamin

Tres nuevos libros sobre Benjamin 80 años después de su suicidio cuando huía de la necedad fundamentalista y sistematizada. Dos de ellas recogen sus memorias de infancia -traducidas por Richard Gross- en la Serie Menor de la editorial Periférica, en un formato apetecible que se nos antoja a la medida de un pensador cuya obra filosófica y política se construyó con herramientas literarias y con nutrida mirada artística. Además la editorial Tres puntos publicó el año pasado la biografía de Howard Eiland y Michael W. Jennings traducida por Elizabeth Collingwood-Selby. Formato de lujo de más de mil páginas en papel biblia. Nosotros la tenemos ahora después de leer un artículo de Antonio Muñoz Molina. Todas ellas formarán parte de nuestro fondo de librería, sin duda.

Tres puntos ediciones Pvp 49,95 € / Ediciones Periférica Pvp 11 €

Revista del CDN Dramática, nº1

DRAMÁTICA es una revista semestral que busca ampliar el espectro temático de las Artes Escénicas, abriendo el discurso teatral a otros campos de conocimiento como la Filosofía, la Arquitectura, la Ciencia o el Arte. El objetivo es abrir un foro de pensamiento desde y hacia la escena, anclado en la actualidad de un ahora siempre cambiante.

#Elteatroporllegar 

La sacudida de la Covid-19 nos ha sorprendido, nos ha detenido y nos ha obligado a reinventarnos. En este ejercicio de imaginación ante lo que puede ser un cambio de paradigma a todos los niveles, el arte todo, también el escénico, tiene mucho que decir. Desde su origen, la escena irradia y recoge pensamiento, desde lo creativo y desde lo reflexivo, y este compendio de textos quiere ser primera piedra de un edificio discursivo que toca construir entre todas. Presencia y ausencia, tradición y modernidad, cuerpo y pantalla, ética y estética, globalidad y vuelta al origen… temas que nos asaltan, cuestiones desde los que plantear el abordaje del más inasible de los presentes.

EN ESTE NÚMERO: Santiago Alba Rico, Lola Arias, Miguel Brieva, Eusebio Calonge, Francesco Careri, Daria Deflorian, Michael Eickhoff, Mohamed El Hatib, Inés Enciso, Silvia Ferrando, Xantal Gabarró, Juan Ignacio García Garzón, Óscar Gómez Mata, Agnès López, Eduardo Maura, Neus Molina, Fefa Noia, Fernanda Orazi, Eduardo Pérez Rasilla, Marta Ramos-Yzquierdo, Tony Ramos Murphy, Pau Rausell, Xesús Ron, José Antonio Sánchez, Fernando Sánchez-Cabezudo, Alfredo Sanzol, Roland Schimmelpfennig, Rita Segato, Victoria Szpunberg, Thomas Walgrave y Remedios Zafra.  

Para la elaboración de esta revista, con distribución a nivel nacional e internacional, contamos con la colaboración de instituciones como British Council, Goethe Institut, Istituto Italiano di Cultura, Instituto Cervantes, Real Academia de España en Roma, Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia e Institut Français y, claro,

La tienda de Lope, donde la puedes conseguir por 12 €.