Y resulta que sí.

No sabía muy bien cómo contar mi lectura de «Sola», la novela de Carlota Gurt -traducida del catalán por Palmira Feixas- que, como la autora dice, se forma a partir de tres planos superpuestos, fusionados, que tienen en común lo que suponen de viaje interior de una mujer a partir de una huida exterior desde la vida ordinaria a lo salvaje, sea ella la Mila de Víctor Catalá, sea más bien Mei, la protagonista de esta novela, o la propia Gurt, que reconoce en la escritura de la novela un trabajo de cierta introspección.

Me he sentido durante su lectura ávido de sucesos que pudieran acontecer a Mei, la protagonista de la novela, despedida de su trabajo de editora y que decide retirarse de su vida ordinaria a la masía donde se crio para escribir una novela, en realidad la novela. Ha surgido en mí como lector la necesidad de un diálogo -en el sentido más amplio de la palabra- con ella, y que de hecho se producía como consecuencia de cierto tono confesional suyo. En realidad para que el diálogo se produjese sincero tendría yo que ser un tipo generoso (y habilidoso) y desarrollar esta entrada de manera que excitara sus oídos, cosa que no sucederá, con lo cual ese diálogo con la protagonista de la historia sólo puede producirse en mi imaginación.

Libros de asteroide, 2021. Pvp 18,95 €

Sin abandonar nunca lo que tiene de homenaje a «Soledad», el clásico de Caterina Albert (Víctor Catalá) que Trotalibros ha publicado en castellano hace algunos meses con traducción de Nicole d´Amonville, creo que la obra supone, en buena parte y como adelantaba al principio, un ejercicio terapéutico de la autora. No tengo muy claro adónde me ha llevado su lectura ni si me ha llevado a algún lugar, ni siquiera si un relato que tiene mucho de ensimismamiento puede llevar a alguien a algún sitio. Quede expuesta esta duda como respuesta a una de las notas que tengo en el libro y en la que Mei expresa una diferenciación entre narrativa viva y muerta, entendiendo la primera como aquella que tiene un desarrollo más allá de sí misma. ¿Lo tiene «Sola»? Intento otra respuesta más:

Hay en la decisión de Mei de instalarse en el bosque para escribir una novela mucho de perdición y de búsqueda, y mucho de descubrimiento. Esta toma de conciencia supone por un lado un proceso excitante y doloroso (que pasa por una suerte de incendio personal) y por otro un compromiso con uno mismo que lo ha de obligar en adelante: entre las cenizas puede encontrarse algo esencial, resistente al fuego, desde donde comenzar de nuevo. La literatura y en concreto el ejercicio de la escritura acompañan lo vivencial de este proceso por el que Mei pasa, y durante el que ni siquiera acompañada por los pocos vecinos con los que se relaciona -algunos, como Flavio, de manera estrecha- deja de estar sola. Sentarse al teclado para escribir una novela que es reto personal proporciona un mecanismo para metabolizar acontecimientos que en crudo podrían ser indigestos y muy tóxicos, pero que intelectualizados pueden convertirse, aún con toda su dureza, en aprendizaje y reconstrucción. En ese sentido la escritura de una novela que resulta que sí, que tanto Mei como la propia Gurt podían llevar a cabo, es más un medio que un fin en sí misma.

¿Cuál es el papel del lector en todo esto? Sigo dándolo vueltas, pero creo que al menos en mí ha provocado reflexiones y me ha motivado lo suficiente en mis lecturas y escrituras como para que «Sola» siga alguna suerte de camino sin ella misma, hacia algún lugar del que quizá contaré en otro momento.

Keep calm and carry on

Esta es la frase que venía en una latita de galletas que hace años me regaló mi amigo Ricardo. En realidad proviene de una campaña que en 1939 realizó el gobierno británico cuando los nazis amenazaban con invadir el país. La lata es uno de esos regalos que aún contiendo algo de valor tiene su mayor interés en el envoltorio. Más allá de la conveniencia de utilizar un anglicismo para presentar -brevísimamente- un libro de Manu Leguineche diré que este «mantener la calma» es guía de la vida narrada en este libro por su protagonista y que, en cualquier caso, aconsejo aplicar a la de cada cual. Yo lo intento.

Ediciones B, 1995. Pvp 12 €

Antonio García Barón es en 1939 un jovencísimo oscense anarquista que escapa junto a otros compañeros a Francia, donde son primero maltratados por su gobierno socialista y después reclutados por el mismo (a petición propia) para luchar contra los nazis. Sus huesos acabarán en en el infierno de Mauthausen, donde sobrevivirá cinco años. Después la Amazonía boliviana, la búsqueda de la vida apartada junto al río Quiquibey, lejos de toda civilización, donde profundizar en lo esencial de la vida, a partir de una suerte de equilibrio mental que lo mantuvo a salvo en los peores años de su vida.

Manu Leguineche acabó viajando en los noventa a Bolivia para encontrarse con Antonio García Barón y entrevistarle. El resultado es este libro narrado en primera persona en la que el protagonista narra sus vivencias, extremas en muchos casos, que bien podrían ser confesionales si en ellas hubiera algo de duda pero que, en todo caso, nos dejan unas cuantas lecciones de vida que algo de luz han de darnos.

Lo leímos hace unos días los amigos del Club de Lectura de la librería como propuesta de Javi. El próximo 24 de marzo toca La Caverna, en refabulación de Saramago, que ha gustado mucho a Luisa. Leyendo…

Días caducos

Me interesa la aceptación, la asunción de nuestra condición animal, puramente biológica, desde la que cabe construir nuestro sentido en el mundo, nuestra toma de conciencia como seres, en realidad, vivos sólo como parte de un ciclo necesario, caduco y de un valor no mayor que el de cualquier insecto. Somos mucho menos de lo que nuestras alegrías y pesares nos pueden hacer creer. Nuestras preocupaciones no importan más allá de nosotros mismos y no tenemos más que el instante, el presente estricto, esa suerte de eternidad que no sabemos vivir. Lo demás es consuelo, esperanza… religión… lo llamamos cultura también…

Ediciones Rialp. Pvp: 10 €

Que me perdone María Elena Higueruelo por mezclarla con mis divagaciones, pensamientos que, imagino, no compartirá pero que la lectura de dos poemarios suyos me ha suscitado, más bien me ha animado a escribir. Ella es una buena poeta jienense que acabo de descubrir motivado por la noticia de su reconocimiento con el Premio Nacional de Poesía Joven «Miguel Hernández» 2021. La lectura de «El agua y la sal» (XVIII Premio Poesía Joven «Antonio Carvajal»; Poesía Hiperón, 2015) y de «Los días eternos» (Premio Adonáis, 2019; ediciones Rialp, 2020) me ha proporcionado algo de compañía estos últimos días.

Hay en mí una pena asumida, 
y un silencio, y un vacío, y un montón
de todas esas cosas sobre las que
durante siglos muchos hombres
y mujeres mejor que yo han hablado.
No hay más luz capaz de alumbrar:
solo la que existió y no retorna
y lo acepto y por eso reconozco
la dicha que acontece en la tristeza.

Comparto esa dicha que aflora con la lectura de sus poemas. Reconozco su tristeza. que atraviesa todo el libro y, sí, acepto la invitación que me brinda como lector a acompañarla en el proceso de toma de conciencia, de conocimiento que va desde la pueril aceptación de las sombras como verdades al hecho de cuestionarse frente al espejo, el deslumbramiento que no nos deja ver y, finalmente, la aceptación de la realidad, tan triste como este esquema que de ninguna manera puede hacer justicia a la profundidad de la obra. El platónico mito de la caverna marca las etapas de este proceso y los capítulos de un libro lleno de referencias mitológicas, bíblicas y poéticas que indagan en la vulnerabilidad de los conceptos y en lo endeble de un conocimiento que sólo puede ser verdadero desde la aceptación de su imposibilidad.

RAÍZ DE DOS
                       No entre aquí quien no sepa geometría 

LA palabra es mucho más
que la suma de sus letras: nadie entre, 
nadie entre aquí que no, 
nadie que no sepa
deletrear lo impronunciable
                                             Nadie, 
nadie entre que no aspire
a fracasar en el logos:
restar, restar y restar y-
Antifairesis infinita,
residuo inconquistable.

Entre aquí quien ya sepa
de la inconmensurabilidad de las cosas
que crecen hacia dentro.

Y cuando crea tener la solución, 
atienda a las palabras del oráculo:
"intenta de este modo
duplicar el cubo, trisecar
los ángulos, convertir
en cuadrado este círculo".
Necesitará entonces nuevas reglas, 
fabricar nuevos compases: inventar
un lenguaje nuevo
para construir el mundo, 
                       la nada, 
                       lo imposible.

Quien esté dispuesto a ello, adelante:
ingrese en el reino
de la incompletitud.


Esa imposibilidad de medir las cosas esenciales se ofrece como oportunidad para un lenguaje bello también en su planteamiento matemático, más presente en "El agua y la sed" y que en este "Los días eternos" juega sin embargo un papel fundamental por cuanto que, tácito casi todo el tiempo, confluye en su incapacidad con el sentimiento -voy a decirlo ya- trágico y pesimista de la vida.
Poesía Hiperón. Pvp 10 €

En cualquier caso la belleza (representada también en personajes mitológicos o mitologizados por poetas y que mantienen su particular tensión con la existencia, con la realidad y sus sombras o los espejos, como la niña De Shalott, Booz, Rut…) en la obra se rebela en parte contra la tristeza y nos anima en la búsqueda del instante: «Amor, yo repudio / el pasado y el porvenir / por este instante contigo»,

o: «Cuando pasado y futuro se fundan / en el instante -afilado hilo de luz- / brotará la flor que descierra / la puerta de los días eternos».

Estamos pues ante una poeta que va en serio y cuya obra por aquí nos congratula y tranquiliza un poco. Tener entre las manos el libro de Ediciones Rialp, de un formato tan respetuoso con su contenido y con un tacto tan agradable animan a ocupar el tiempo en compañía de estos poemas que iluminan.

Un relato mexicano en imágenes.

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 4.

Puede parecer poco verosímil esta entrada si digo que a través de la ventana de La tienda de Lope, por la que se ve la muralla medieval, según épocas las cigüeñas, casi todos los días personas que pasan -de largo- y siempre el tráfico de coches y camiones, poco verosímil sería decir -digo- que a ese lado del cristal pueda -lector, clienta, amigüi- vislumbrar algún transeúnte caraqueño. Pero a veces sucede, y en una última pirueta comprensible podría visitar un poco de México como consecuencia de la absoluta confianza en su capacidad contemplativa: es cuestión de mirar bien.

Editorial RM / Mal de ojo. Pvp 45 €

Un poco ayudará que nuestra compañera de libros -feliz cumpleaños, Susana Aparicio- vuelva de su finde madrileño con -entre otros- el último fotolibro de Paolo Gasparini: «Fotollavero mexicano». Un libro publicado por RM, la editorial mexicana, que firma en este caso con la marca caraqueña Mal de ojo, proyecto editorial del propio Gasparini -un italiano muy venezolano- ligado a la venezolana galería Carmen Araujo Arte.

Tomo de la mano este libro impreso en los madrileños talleres de Brizzolis con el cuidado que la secuencia fotográfica de Gasparini -pies de Juan Villoro- y el diseño gráfico de César Jara merecen y paseo mi mirada por imágenes que van componiendo un relato mexicano que cabría soñar y temer, irremediablemente atractivo, injusto. Los textos, pequeños aforismos a veces basados en citas, proporcionan lecturas complementarias que bien pueden obviarse pero que a nosotros también nos han inspirado alguna pequeña acción.

En cualquier caso los textos de Villoro trazan una historia paralela que el lector puede relacionar con la serie de imágenes -ordenadas con sentido- que hacen de este trabajo un fotolibro y no un compendio de fotos ni un catálogo. Finalmente, el libro contiene un ensayo crítico de la historiadora del arte Sagrario Berti que introduce al lector en la obra del propio Gasparini. Él mismo añade algunas palabras que hablan de su labor artística. Cierra el libro una composición de trípticos y cuadrípticos que conforman una serie extra a la que domina todo el libro, compuesto en dípticos que se relacionan y chocan como ideas generadoras de nuevas ideas, una historia de México, de Ciudad de Méxica, de Ciudad Juárez, Tijuana, Guadalupe…

Las cuitas del jinete

Un jinete que lejos de cabalgar apenas arrastra ya los pies se nos retrata en este libro delicado que Thomas de Quincey escribió en 1827, 23 años después de la muerte de su admirado Immanuel Kant. Que el viejo profesor de Konigsberg, genial y afamado filósofo ya en la época, sea homenajeado precisamente a través del relato de su decadencia es representativo de los intereses del ensayista y crítico británico, que pone su atención en territorios si no inexplorados sí poco visitados del alma humana. Ya saben, eso esencial que ni existe ni somos capaces de negar. Retratar los últimos días de una persona es como un último intento de asirlo o al menos de mostrarlo o verlo pasar, quizás solo intuirlo, en el paso trascendental y definitivo a la nada (o al todo, o al absoluto que el lector prefiera).

Editorial Firmamento. 100 páginas. Pvp 16 €

En realidad este retrato que abarca los últimos años del filósofo prusiano tiene mucho de juego literario y, aunque está escrito con rigor a las fuentes y respeto, la fluidez que tanto contribuye al placer de su lectura se debe a un buen truco: la supuesta narración en primera persona del asistente Ehregott Wasianski, quien escribió unas memorias en las que De Quincey se basa. Sin embargo, como Marcel Schowb explica en el prefacio de esta edición que Firmamento ahora recupera, lo cierto es que De Quincey se sirve también de biografías publicadas por Borowski y también por Jachman en 1804. Así que, en realidad, se puede decir que es De Quincey quien presta sus palabras a Wasianski y no al revés, convirtiéndolo en un narrador que tiene mucho de personaje. Artificio literario pues. Pero relato verdadero. Una obrita de arte para degustar con buen tiempo.

En ese tiempo que usted se de leyendo un libro que inevitablemente ironiza sobre la fragilidad de la vida de todos a través del relato de una de las grandes personalidades del momento la vejez, la enfermedad y la muerte se mostrarán como etapas en las que la asunción, el miedo o el cansancio guían los últimos pasos, los de Immanuel Kant, mente brillante cuyo apagamiento nos narra De Quincey con una mezcla de ternura hacia la persona y sátira hacia la (trágica) condición humana. «Las cuitas del jinete suben al caballo con él», cita el inglés a Horacio.

Cuanto antes mejor.

«La anguila» es mi primer Bonet y de su lectura me ha sorprendido cuánta vida puede contener una sola persona. Definitivamente voy con retraso y quizás sea esto lo que hace que uno lea con excitación un libro que tiene en realidad mucho de triste. Se acumulan los sucesos dolorosos en Paula Bonet como si estuviera ella destinada al fracaso y hubiera sido programada por la vida, la madre naturaleza, el gran demiurgo para equivocarse: lo suyo es fatalidad. Quizás su cuerpo como material experimentable para la performance por un dios juguetón -peligrosamente pueril- que manipula, evidentemente, el cuerpo de los demás, el de Paula Bonet en concreto, no el de Marina Abramovic, que ella misma ponía a disposición de morbosos mortales de ambos sexos. En este sentido a Paula Bonet la intervención le viene impuesta, y «La anguila» es una especie de memoria o relato de su violencia sufrida.

Anagrama. 237 pág. 17,90 €.

Así, las vivencias juveniles se fueron sucediendo intensas hasta hollar un cuerpo envuelto en varias relaciones tóxicas con hombres que en el mejor de los casos la utilizaron. Este vivir de prisa no respondía a la necesidad de llegar primero a ningún lugar pero lo cierto es que la escritora (ilustradora, pintora) se encontró en aquellos años de experimentación sin saber muy bien cómo ni adónde llegar. El relato que ahora publica al respecto se entreteje con su periodo de aprendizaje como artista plástica, y de donde parte la relación sentimental -nuclear- con uno de sus profesores. La violencia ejercida por otra de sus parejas y el trauma más reciente por su aborto de trillizos son capítulos que la narración templada de una mujer ya adulta asumen o pretenden asumir. Es mejor que arrastrarlos durante toda la vida.

Pequeños viajes

La editorial de reciente creación «Menguantes», y que ya ha sido reconocida con el premio al libro mejor editado en 2020 por su «Breve atlas de los faros del fin del mundo», tiene en su catálogo una bonita colección con el viaje como motivo, entiéndase viaje en el sentido amplio de la palabra. De alguna manera cabría considerarla como una colección de libros de bolsillo por cuanto que se trata de pequeños y ligeros objetos susceptibles de llevar a cualquier sitio pero, además, son libros inspiradores de paseos y viajes también en un sentido concreto. Su formato y diseño son encantadores porque los editores juegan con elementos sencillos y material de poco peso: el resultado es una serie de pequeños libros verdes, azulados, que sin duda van a ser seña de identidad de Menguantes y que nosotros reivindicamos por apetecibles: para leer y llevar.

«Tres formas de atravesar un río» es el libro con el que la argentina Agustina Atrio alimenta esta colección de 4 títulos. En realidad se relatan formas de convivir con tres ríos diferentes: El Paraná en Rosario, el Manzanares en Madrid y el Limmat y Sihl en Zúrich, donde la escritora vive en la actualidad. Nos habla del cuerpo que siente la distancia y la habita, en el viaje, en el paseo, citando también a Albert Camus y su «Diarios de viaje». Y en la reivindicación de la distancia y del tiempo nos habla de las lavanderas (el agua omnipresente) como oficio, un trabajo duro, o del de aguadores. En cualquier caso atravesar los ríos supone conocerlos, se habla de vivirlos, de tomar conciencia, de saber qué y qué no es lo natural, hasta qué punto la montaña puede ser un artificio, un invento de los hombres, un resultado del trabajo humano: los Alpes, su concepción moderna, como resultado del alpinismo. Y continuar el viaje quizás en la búsqueda de uno mismo: «Al llegar a cada ciudad el viajero encuentra un pasado que no sabía que tenía», dice Agustina Atrio que decía Italo Calvino. Es un viaje chulo este libro. Les dejo también su página web con el interesante proyecto Despaseando. ¿Han pinchado?

La transformación

He estado leyendo estos días La Metamorfosis en edición de Edaf (Cuentos completos de Kafka) a propósito del Club Lector (juvenil) que estamos tratando de sacar adelante esta temporada en nuestra librería. Nuestra lectora más comprometida nos propuso esta clásica pesadilla kafkiana, una historia de transformaciones, de dudas, una historia de un realismo contundente y cruel cuya edición preferida es sin duda la que Galaxia Gutenberg publicara con acuarelas de Miquel Barceló. Un libro que ya forma parte de nuestro fondo permanente y que poquito a poco vamos vendiendo, como si viviéramos en la capital, oiga.

Galaxia Gutenberg. 158 páginas. Pvp 45 €

Abrimos Club de Lectura

Ya llevan algunos días encendidas las chimeneas por la meseta castellana y en las próximas semanas se abre un tiempo propicio para el sosiego que, lamentablemente, conviene planificar bien en estos tiempos provisionales a perpetuidad en pos de un fin inconcreto pero mejor, siempre mejor que lo que acomplejadamente tenemos. Lo contrario reivindicaba Fernando Savater en su última (y como siempre más maleducada que provocadora) columna de los sábados en El País, que certeramente cierra así: «Cambiamos futuro maravilloso por presente soportable». Pues bien, si logramos crear nuestro espacio de sosiego quizás sea buena idea hacerlo junto a la chimenea (que quizás no tengamos) y con un buen libro de la mano. Será una oportunidad que como personas nos damos, un acto de respeto a nosotros mismos.

En nuestra librería ofrecemos también nuestro espacio para quien quiera completar esos momentos de intimidad lectora compartiendo lo que de ella le plazca con otros lectores y dispuesto a hacer relecturas de un libro propuesto ese mes y que en esta primera ocasión será «Una educación», de Tara Westover. Se trata de un relato autobiográfico que cuenta la liberación de su autora, criada en el seno de una familia ultrarreligiosa de carácter apocalíptico y con un modo de vida aislado del mundo en las montañas de Idaho. La herramienta de Tara para escapar del fundamentalismo de su padre y poder reivindicarse como persona individual será la educación, gracias a la cual logrará llegar hasta Europa y graduarse en Cambridge.

Editorial Debolsillo. Pvp 10,95 €.

En los próximos días elaboraremos una lista de títulos posibles para que el grupo de lectura que se está formando pueda ir eligiendo los que quiera. De momento el primer encuentro se celebrará en la tarde del jueves 16 de diciembre y ya tenemos algunos inscritos. Quien esté interesado en participar puede hacerlo escribiendo a latiendadelope@gmail.com o llamando al 677502521. En cualquier caso no os olvidéis de dejar en vuestras agendas espacios para escribir: «sosiego».

El libro más antiguo

Resulta emocionante, a nada que uno decide reparar en ello, tener en las manos y leer uno de los textos más antiguos de la humanidad, en los que se funden relatos históricos y fantásticos, probablemente anterior a los poemas homéricos a los que reconocemos como originarios de nuestra (occidental) tradición literaria. «El Génesis», sin embargo, trasciende lo puramente literario para ser un intento de unión entre lo terrenal y lo desconocido, una explicación del origen de la humanidad y, por tanto, de lo esencial de la naturaleza humana que queda reflejada en su intención moral.

Editorial Blackie books. Pvp 27,90 €

Podemos leer el libro más influyente de nuestra cultura como origen de las tres grandes religiones monoteístas y como base de buena parte de nuestros valores judeocristianos, podemos leerlo incluso en nuestra necesidad de adoctrinamiento religioso, y podemos atrevernos también, como propone esta edición de Blackie Books en la traducción de Javier Alonso, dejarnos llevar por la maravilla literaria que suponen sus relatos genealógicos que recorren vicisitudes de las veintitrés primeras generaciones de la humanidad. Con jugosas notas a pie de página, clásicos lienzos que tratan los temas bíblicos y los textos complementarios y provocadores de Sara Mesa, Stephen Hawking, Vinicius de Moraes y Soren Kierkegaard, se nos antoja este libro como uno de esos que bien merecido tendrían un espacio reservado en nuestra mesilla de noche. Felices sueños.