Esta es la frase que venÃa en una latita de galletas que hace años me regaló mi amigo Ricardo. En realidad proviene de una campaña que en 1939 realizó el gobierno británico cuando los nazis amenazaban con invadir el paÃs. La lata es uno de esos regalos que aún contiendo algo de valor tiene su mayor interés en el envoltorio. Más allá de la conveniencia de utilizar un anglicismo para presentar -brevÃsimamente- un libro de Manu Leguineche diré que este «mantener la calma» es guÃa de la vida narrada en este libro por su protagonista y que, en cualquier caso, aconsejo aplicar a la de cada cual. Yo lo intento.

Antonio GarcÃa Barón es en 1939 un jovencÃsimo oscense anarquista que escapa junto a otros compañeros a Francia, donde son primero maltratados por su gobierno socialista y después reclutados por el mismo (a petición propia) para luchar contra los nazis. Sus huesos acabarán en en el infierno de Mauthausen, donde sobrevivirá cinco años. Después la AmazonÃa boliviana, la búsqueda de la vida apartada junto al rÃo Quiquibey, lejos de toda civilización, donde profundizar en lo esencial de la vida, a partir de una suerte de equilibrio mental que lo mantuvo a salvo en los peores años de su vida.
Manu Leguineche acabó viajando en los noventa a Bolivia para encontrarse con Antonio GarcÃa Barón y entrevistarle. El resultado es este libro narrado en primera persona en la que el protagonista narra sus vivencias, extremas en muchos casos, que bien podrÃan ser confesionales si en ellas hubiera algo de duda pero que, en todo caso, nos dejan unas cuantas lecciones de vida que algo de luz han de darnos.
Lo leÃmos hace unos dÃas los amigos del Club de Lectura de la librerÃa como propuesta de Javi. El próximo 24 de marzo toca La Caverna, en refabulación de Saramago, que ha gustado mucho a Luisa. Leyendo…