Realmente lejos.

He estado leyendo (un poco, no hay que abusar) «A lo lejos», la bien promocionada novela de Hernán Díaz, en la justamente reconocida editorial Impedimenta, cuyo trabajo cae en esta ocasión en cierto conformismo de trampantojo que, ya se sabe, tiene algo de engaño.

La de Hernán Díaz es una novela bastante premiada, colocada en los escaparates con mimo, a la que la crítica complaciente otorga el valor de renovar el western. Digo yo que para qué. Caí en la trampa de algunas entrevistas amables al autor en los suplementos culturales y pedí esta novela que pretendía dar una nueva visión (realista, entiendo que humanista) del desierto y la travesía norteamericanas durante las migraciones que conformaron el país, las fronteras de un territorio vasto y propicio para la épica. En esas entrevistas Díaz hablaba de la posibilidad necesaria de verdad en la ficción. Eso está muy bien, aunque a estas alturas tampoco es que sea para un titular.

La paradójica cuestión, la contradicción imperdonable, es que uno toma esta novela  y enseguida se da cuenta de que pretende engañar al lector. Ni que decir tiene que, por supuesto, eso hace a la obra -no diré literaria- inconsistente y dubitativa. Hay miedo por que se note la falacia y se nota. Por un lado utiliza un tono de búsqueda que no pasa de gesto pretencioso y, por tanto, snob, y por otro se queda en una suerte de imaginería tópica de peli de vaqueros, tipos duros y bellas mujeres reparables que no creo que pueda entretener a nadie porque, lejos de jugar con ella, resulta ser un recurso irrenunciable a falta de mejores herramientas literarias, y vaya por delante que a mí las herramientas literarias me mosquean bastante aunque se dominen.

Así que entre un plano de falsa indagación estética y otro de relajación que hace caer al autor en lugares comunes (y más bien cutres) la novela se hace un lío y el lector ni atisba nuevas formas, ni profundiza ni enfoca nada de interés en lo humano de esta historia ciertamente exótica, y ni siquiera se divierte con una recreación a lo Tarantino.

Ni rastro de compromiso alguno con la literatura y mucho menos con los lectores. No hay McCarthy que valga por aquí. Borges tampoco está. Ni -esto es lo preocupante- Hernán Díaz. Le podemos esperar, eso sí, pero parece que le falta por llegar. Prueben a buscar ustedes, yo me ahorro juegos de palabras, sinopsis y otras gratuidades.

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Calle de Medina.

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 1.

Veo mucha gente a través de la ventana de mi librería. Veo muchos coches circular por la carretera de Medina, veo pasar camiones con sus inconscientes conductores indispuestos a comprender que una carretera que atraviesa una población es en realidad una calle del pueblo en la que, por educación, por respeto, por pura lógica debe darse preferencia a los peatones que pudieran, despistados, inconscientes a su vez o simplemente provocadores, cruzarla sin suficiente precaución.

Veo pasar personas agitadas tras las compras que solucionen sus regalos de reyes, desde mi librería observo la prisa de aquellos a los que nada interesan los libros y me digo que regalaría a todos «Biografía del silencio», de Pablo d´Ors, pero no tengo dinero.

Esta mañana me han pedido un libro que contuviera en su título la palabra cuarenta. También valía el número. El contenido daba igual.

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El patrimonio del concejo.

Tengo un amigo que dice que miro poco la calle por la ventana de la librería, pero a mí me gustaría poder ver -oculto, anónimo- desde el lado de fuera del cristal a quienes estuvieran dentro. Igualmente me gusta ver desde una esquina de la butaca -muy atrás- al público que entra y al que sale de un función teatral de mi compañía. En ambos casos siento que otros están participando de algo mío sin saberlo ellos.

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Irremediablemente en la pomada y percibido más de lo que me gustaría, el pasado jueves tuve que presentar un par de cosas. Una fue la nueva temporada de actividades, con las programadas para lo que queda de octubre: véase un concierto de Álvaro Gómez (sábado 19, que ya ha sido), la proyección de la peli «El filandón» (jueves 24) y un magosto poético con Luis Díaz, Irene DeWitt y Javier Campelo (jueves 31). A Javier Campelo le doy las gracias porque viene a la librería con una sonrisa sincera de confianza, como si entrara en un refugio. Se equivoca en la apreciación, pero lo hace porque quiere. Julián González peca de lo mismo y ambos irán al infierno, acompañado de algún que otro librero. Seguro.

Tocaba presentación de libro con  Jesús Anta, investigador de ingenierías vernáculas y de arquitecturas civiles y populares que ha realizado varios trabajos y en La tienda de Lope presentó hace dos años «Pozos de nieve en la provincia de Valladolid», pero que también tiene publicado un estupendo volumen sobre las fuentes de Valladolid y es coautor de una historia del barrio de Belén, y de un libro sobre Tiedra. Administra el blog «La mirada curiosa», colabora en «Onda Cero Valladolid» con el programa «Velay», y tiene una sección fija los martes en el periódico «El día de Valladolid» llamada «Callejeando». Viene a vernos a Olmedo y de paso nos cuida. La vez anterior con una exposición que él solito montó con fotografías hechas en los pueblos de Valladolid a propósito de sus trabajos sobre ingenierías del agua. Fue en la torre del reloj. A Jesús le doy las gracias porque sabe lo que hace y hace mucho, porque recorre caminos útiles y atiende las orillas.

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En «Patrimonio del concejo» nos acerca algunas formas de vida -no siempre lejanas- a través de su investigación, no ya tanto en los distintos archivos institucionales -que también- como en  su caminar y conocer las historias de los vecinos de distintos pueblos. Así que sí, es también un libro de historias que, como él dice, hay quien decide leer de un tirón aunque está dividido por capítulos que explican y dan ejemplo del patrimonio civil y popular vallisoletano según el tipo de construcción, desde las casas consistoriales hasta los chozos y guardaviñas, pasando por escuelas, pósitos, molinos, puentes… y así hasta quince tipos distintos de construcciones que conviene conservar en la memoria y, si aún se está tiempo, en su fisicidad auténtica, para contemplación y uso de estas y de las venideras generaciones.

Es un trabajo muy interesante y que Jesús contó con pasión a las poco más de quince personas que formamos su auditorio ese día. Mi librería está sita en un lugar típico de costumbre castellano-acomodaticia, y bien podría entrar aquí a desarrollar cierta paradoja que se produce entre la rica costumbre perdida precisamente alrededor de estas construcciones que ya no se usan en los pueblos y un arraigo exarcebado a las pocas que quedan, y que tienen que ver con la fiesta fácil y religiosa. Pero en este párrafo debe quedar constancia, sobre todo, de la apasionada exposición de Jesús a propósito de un patrimonio que quedó fuera de la mitología histórica con la que fueron alimentados castillos, palacios, catedrales y otros símbolos del poder, y que explica mejor que estos la vida que históricamente se ha desarrollado en los pueblos, precisamente porque su razón era principalmente utilitaria, para el concejo, para el común.

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En edición lujosa de la editorial Páramo, con papel de un gramaje más que considerable, cosido y tapas fuertes entreteladas y con portada de Sierra, yo ya me hice con un ejemplar dedicado por Jesús.

 

 

 

 

 

«The computer is God»

Por Miguel A. Pérez Martín.

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TECNOPOLIS, La rendición de la cultura a la tecnología
Neil Postman, ediciones El Salmón
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La Ilustración vio como se conformaba un universo en dos culturas: Artes y Humanidades por una parte y Ciencia por la otra. Se separaron y se especializaron, se distanciaron demasiado. La Ciencia alumbró una serie de descubrimientos muy importantes y apareció una de sus grandes consecuencias…La Tecnología, que aplicada a todos los ámbitos de la vida social derivó en «tecnocracia»…ya no importaba el objetivo si no el proceso, el control administrativos sobre los procesos. Weber nos habló de ello mientras las Artes estaban en el polo opuesto: romanticismo y expresionismos varios.
el teatro de la crueldad
El extremo de esta «tecnocracia» lo representaba durante la II Guerra Mundial el nazismo y particularmente Eichmann, que pensaba que su labor era aséptica solo porque no trataba directamente con los judíos que iban a las cámaras de gas si no con el proceso «administrativo» que les despojaba de sus bienes, les cobraba el billete de los trenes y les aseguraba una pronta llegada a su lugar de destino…llegó a planificar la línea Tesalónica-Treblinka, donde murieron entre otros siete mil sefardíes.
Esta idea no ha dejado de evolucionar y vemos cómo en estos momentos el ordenador y la «cultura digital» suponen un paso más en su deificación en la vida de los humanos. «Lo que diga el ordenador»…»lo que nos de el ordenador»..muchas veces meros cálculos matemáticos sobre información sesgada e ideologizada que hemos introducido los propios humanos…nosotros tenemos «ideología» «intenciones» no solo sentimientos y emociones…condicionamos, con nuestras preguntas, las respuestas de las máquinas…
Un caso que ejemplifica este hecho es la pregunta hecha al Papa sobre si rezando se puede fumar. La respuesta fue NO. Si la pregunta es si fumando se puede rezar la respuesta es SI.
¿Qué preguntas hacemos? Si la tecnología es una consecuencia lógica de la Ciencia debemos colegir que la «tecnocracia» es su contraria…es una nueva manifestación de fe y creencias…muchas veces no racionales. Y esto está impregnando también las artes y la cultura, televisión y videojuegos son casos muy claros, pero también pasa en las artes tradicionales.
Muy interesante lectura para artistas, creadores, gestores y resto de oficios culturales.

La casa de ellos.

Hace ya algunas semanas que Julián y Javier visitaron la librería. Nos juntamos, pues, tres jotas en la sala de estar de La tienda de Lope, románticas defensoras de la edición impresa en papel, sabedoras de que nuestra batalla está ganada de antemano pero recreadoras de la tensión de estos tiempos entre lo analógico y lo precipitado, entre el fondo y los fuegos de artificio, porque son cuestiones que importan en cuanto a su proceso y lo que van a suponer más allá de si el libro va a sobrevivir, cuya respuesta es, evidentemente, que sí.

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Julián y mi tocayo Javier tienen una distribuidora de libros, que es lo menos romántico del mundo del libro, la verdad. La mentira es que  la distribución de libros no pueda tener una mirada interesante, propia, incluso artística, más allá de la obtención de beneficios. LA SOMBRA DE CAÍN es una distribuidora independiente de libros que, además, representa a editoriales independientes, «aliadas y compañeras de viaje». Su vínculo con Valladolid y su provincia, con Castilla y Léon, más que estrecho podríamos decir que es necesario. También trabajan con editoriales y librerías de la comunidad de Madrid.

Y de entre las editoriales he de nombrar en este primer artículo a PÁRAMO, ya que es, a su vez, la editorial de mi tocayo Javier y, por otro lado, el sello que publica el libro del que hablamos: LA CASA DE ELLOS, de Carmen del Río Bravo. Dentro de la colección de narrativa de esta editorial cuya implicación mayor parece estar en la memoria, en la cultura como tradición y folklore con la intención de alumbrar los nuevos caminos hacia el futuro.

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Los relatos de este libro no van más allá de lo cotidiano de unas cuantas vidas ordinarias. Sí que va, sin embargo, más acá, y el juego de Carmen del Río Bravo profundiza hasta lo esencial a partir de escenas que lejos de caer en lo anecdótico buscan explicar algo de nuestra naturaleza humana. En ello también va lo poético del asunto: Carmen del Río enchufa el microscopio literario para enfocar bellezas esenciales, no siempre agradables, a veces dramáticas o incluso deleznables, pero de un indiscutible atractivo estético y moral. Se da al juego, a la suposición y nunca renuncia a la sobrecogedor de lo íntimo.  Así que ojalá pudiera tener a Carmen del Río comentando su obra en mi librería, en esta preciosa edición de relatos cortos y microrrelatos, que se leen a pequeños sorbos y con el placer de quien cata algunas historias bien aliñadas. 

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Editorial Páramo. 155 páginas. 12 €.

 

Teatro de los afectos.

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Foto: Ricardo Sanz Molpeceres.

El sábado 19 de enero pude asistir en el teatro olmedano de San Pedro a una función teatral bastante particular por cuanto que se ponía sobre escena el trabajo llevado a cabo por un grupo que hace de sus procesos de montaje no sólo la parte más importante de su producción sino , además, algo expresamente vivencial.  El resultado en la puesta en escena es que personajes e intérpretes a menudo se confunden en el desarrollo de una acción cuyo juego derrumba fronteras y hace de la función una delicia en la que el espectador no puede dejar de sentirse reconocido, cercano y cómplice.

El grupo de teatro «La Repanocha»,  dirigido por Teresa Montes, representó la comedia “La criada amorosa”, de Carlo Goldoni, que se estrenó en el centro cívico Zona Este de Valladolid el pasado 7 de junio. Se trata de una obra en la que la expresividad del cuerpo en movimiento es capital, enmarcada en el género de la comedia dell´Arte de la que el dramaturgo italiano es uno de sus máximos exponentes. Frente al colorido habitual de estos arquetipos de la influyente comedia italiana (Arlequino, Pantaleón, Polichinela…) la directora apuesta, sin embargo, por un neutro blanco y negro que predomina en el atrezzo de unos intérpretes que proyectaban sus propios colores.

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Foto: Ricardo Sanz Molpeceres.

El enredo de la trama que gira alrededor del personaje Corallina, que aparece o protagoniza otras obras del autor, ofrece una multitud de personajes con mucha acción y continuas entradas y salidas a escena, diálogos divertidos, provocadores y situaciones rocambolescas en los que los roles de criados y señores se contraponen e intercambian con el amor y el dinero como objetos de sus deseos. Un montaje desenfadado que permitió a los intérpretes de “La Repanocha” dar rienda suelta a su naturalidad sobre las tablas del CAE San Pedro para compartir su trabajo con un público receptivo y con ganas de aprender y experimentar el teatro desde la afectividad que el colectivo de Fundación Personas ofrece siempre.

El grupo de teatro “La Repanocha” surge de las aulas de la primera generación del centro de educación especial “El pino obregón”, de Valladolid. Han pasado 15 años desde entonces y han girado por muchas ciudades de España, con más de 50 funciones con 3 montajes diferentes. En 2014 resultaron ganadores  de la VI muestra de teatro juvenil Villa Serrada. Entienden el teatro como una disciplina artística capaz de adaptarse a cualquier tipo de personas. Esto les permite desarrollar un trabajo en equipo muy interesante y sacar adelante proyectos comunes. La interpretación es  una herramienta útil para  expresarse, comunicarse y, en definitiva, crear arte con una formidable capacidad que el pasado sábado provocó la risa cómplice y desternillante de los olmedanos, en pie al terminar el espectáculo, aplaudiendo y agradeciendo la generosidad de los artistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuevas dramaturgias españolas.

Stylianos Rodarelis es profesor de la Universidad de Peloponeso y traductor al griego de teatro contemporáneo español. Desde hace algunos meses puedo seguirle por las redes, sorprenderme de su implicación en la difusión de las nuevas dramaturgias españolas e interesarme por su actividad, que es mucha y de entre las cuales destaca su festival de Teatro contemporáneo español de Atenas, del que ya se han celebrado dos ediciones y cuya tercera se espera a mediados de diciembre de este año. Su amabilidad ha hecho posible que yo tenga ahora entre manos LA DRAMATURGIA ESPAÑOLA EN LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XXI, edición griega a cargo de IASPIS, humilde en cuanto al formato y con bastantes erratas que pueden hacer que su lectura sea incómoda. Su valor fundamental es, sin embargo, difundir el trabajo dramatúrgico de estos cuatro autores más y menos conocidos. Ya su título dice mucho al respecto, y no puedo más que congratularme por tener acceso a ello. Al lío:

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He estado releyendo la obra de Laura Aparicio  mientras escribía esta entrada: TEATROCIDIOS CON ESCALERA AL FONDO, que subtitula (quizás el título de una primera parte) PROTOCOLOS DE DESPEDIDA. Puede que lo esencial no sea su poesía, pero es con lo que me quedé en una primera lectura un tanto acelerada. Ahora he sentido la necesidad de revisitar la obra y se me ha presentado con crudeza. Cuatro escenas de dolor ante lo innecesario de una violencia que la autora muestra más normalizada de lo que medios de información y otros agentes sociales cuentan desde su programado escándalo: subyace en estas escenas de mujeres maltratadas cierta sensación de normalidad, de aceptación o resignación contra las que habría de emprenderse la verdadera lucha.

Las mujeres muertas de la primera escena aún conservan el trauma de haber sido asesinadas, evidentemente no pueden olvidar ni su muerte ni la estresante pelea por su supervivencia, por un auxilio que no se acierta a pedir desde la angustia y la incomprensión, desde la urgencia…

En la segunda escena parece que una mujer ha asesinado a su marido maltratador. Está en la sala de un hospital, monologando o hablando con él, sus palabras reafirman su acto violento, lo legitiman como consecuencia de una lucha por la defensa de su vida. Esta escena, por tanto, permite indagar sobre la cuestión de la culpa y de la venganza, de la violencia en general… porque al fin y al cabo Laura Aparicio no traspasa el umbral de la provocación: sus personajes, desorientados, sienten de forma explícita y debe ser el lector (¿el dramaturgo, el espectador?) quien interprete o, sobre todo, desarrolle sus propias reflexiones a partir de las palabras de los personajes. Ahí está la gracia.

En la escena 3 se produce un paralelismo entre la heroicidad de los soldados republicanos y la de ellas, mujeres maltratadas, sufridoras, batalladoras a la fuerza… Hablamos -en realidad la autora lo hace durante toda la obra- de los papeles, roles sociales, asignados a cada cual desde la norma, y de la guerra por el derecho a poder elegir, por tratar de desempeñar su libertad y que, por tanto, necesita de ruptura, del delito o la rebelión como única herramienta posible. Pregunta: ¿siendo el de ellos un papel más cómodo es posible que en algún momento también lo sientan (¿lo sintamos?) como impuesto?

Por fin la cuarta de las escenas presenta a dos personajes del cuento de Chejov TRISTEZA, al que Aparicio homenajea indagando en la vida de Yona, muerto a los pies de su yegua seguramente después de desahogarse con ella, a la que habrá contado, por fin, la desgracia de la muerte de su hijo. Nuevamente Aparicio nos presenta a un personaje con sus contradicciones y flaquezas normalizadas, abuso de poder que se ejerce y se sufre según los ámbitos de la vida cotidiana…

 

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Laura Aparicio.

Y sí, quizás la cotidianeidad de la violencia, casi siempre tan machista, es el gran tema que estas escenas tratan. Laura Aparicio no renuncia por ello a una poética propia que hace de su texto una obra sin duda literaria y que el lector agradecerá antes de su montaje sobre las tablas.

Lo mismo tengo que decir del texto de la doctora en Filología Clásica Diana de Paco, que trasciende el guión dramatúrgico para imponerse como obra literaria: EVA A LAS SEIS. Con una larga trayectoria como dramaturga y profesora teatral su parte correspondiente a esta pequeña antología es un juego lleno de posibilidades escénicas gracias a un coro de intérpretes que representa diferentes papeles, personajes en su mayor parte desgraciados y pertenecientes a una misma familia. Esta ha sufrido el abuso por parte del único de sus miembros que navega viento en popa en esta historia que se parece a las historias de la calle: un jefe de empresa para el que los demás han trabajado, es decir, alguien que abusó de su poder, que abusó de ellos.

La verdad es que en la primera lectura todo me pareció tan llevado al extremo que no me resultaba creíble. Sin embargo, reflexionando primero y releyéndolo después me ha parecido que precisamente la situación extrema de los personajes chocaba con su forma poética, quizás ingenua por cuanto que Eva aún busca desde cierta amabilidad, produciendo un ruido muy potente, sobrecogedor.

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Diana de Paco.

Y sí, con permiso voy a volver al tema. Me gustaría hilarlo con la obra de Laura Aparicio, creo que se puede. En esta sociedad violenta el poderoso abusa del impotente, el fuerte del débil, el mayor del pequeño, el hombre de la mujer… las posiciones ventajosas se utilizan de forma darwiniana para ampliar esas distancias de estatus en todos los estadios sociales y contextos posibles: el aplastamiento del jefe es violencia como lo es el maltrato machista o el acoso escolar: vivimos así y de nada sirve querer solucionar partes del problema de forma aislada, por muy dramáticas y urgentes que nos parezcan… vivimos una sociedad neoliberal, de competencia desmedida, desde el colegio…  ay… qué pesado se me hace hablar sobre esto a estas alturas…

Ramiro Pinto Cañón también quiere hablar sobre algo de ello. Lo hace a su manera y desde el humor, sus personajes son fundamentalmente consumidores cuya acción se desarrolla en una tienda, justo cuando se está produciendo un desastre humanitario del que un policía y un bombero tratarán de salvarles. LA PRADERA GÜIS es una obra disparatada pero mordaz, de humor pelín jardieliano porque en ella el juego de palabras importa mucho. Puede ser un guión interesante para directores que quieran montar algo divertido, aparentemente desenfadado pero que compartan su mirada crítica: «para una mentalidad más solidaria, por un pensamiento sostenible». Por cierto, mantiene un blog interesante: RAMIROPINTO.ES.

Y siguiendo con guiones parece que CERVANTES NO RIMA CON DIAMANTE (¿O SÍ), de Ozkar Galán, ya se ha probado sobre las tablas, lo cual no deja de ser una buena noticia por cuanto que es más que necesario acercarse y conocer las obras que se están escribiendo hoy. El teatro es y debe seguir siendo herramienta y debe cumplir una labor social presente desde el presente. Puede parecer paradójico que cuente esto justo cuando reseño un texto que protagoniza Cervantes (o un escritor clásico, o sólo supuestamente clásico según podremos ver), pero en este planteamiento de oposición entre el artista creador y el gestor cultural se trata un tema candente hoy: ¿debe el arte asumir las premisas del mercado, formar parte del sistema?  Por cierto, Galán también mantiene un sitio web: OZKAR GALÁN 2.0.

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Puesto libresco en el zaguán del Palacio de Montarco, Ciudad Rodrigo, en el marco de la Feria de teatro de Castilla y León.

De momento me hace mucha ilusión ir esta semana a la Feria de teatro de Castilla y León, en Ciudad Rodrigo, con los deberes hechos, y espero que esta entrada pueda difundirse por las redes para que llegue a la mayor parte posible de profesionales del teatro. Allí tendré ejemplares para quien los quiera porque sí, hay que leer contemporáneo y representar contemporáneo, y a ser posible lo más joven de entre lo contemporáneo. Hoy podemos contar con profesores comprometidos con el presente como Stylianos Rodarelis, al que deseo mucha suerte con sus proyectos, sea este el Festival de Teatro español contemporáneo de Atenas, el Instituto de la nueva dramaturgia española, el Simposio de La nueva dramaturgia española o su certamen de Textos teatrales… cómo no deseársela…

 

Un hombre enamorado.

Una semana en Sanxenxo, por mediación de unos buenos amigos que, además, nos han acompañado algunos días. Me he llevado trabajo. Ella también. Nos vamos de vacaciones para trabajar relajados. También me he llevado la segunda parte de la serie de libros autobiográficos de Karl Ove Knausgard que edita Anagrama. No pensaba escribir sobre ello pero cuando lo estaba terminando me entraron muchas ganas.

Debe de ser porque encuentro parecidos entre él y yo, e incluso porque me siento identificado con algunas cosas que escribe a pesar de que nuestras vidas son muy diferentes. El noruego se reconoce poco hablador, un tipo soso en las conversaciones y despreocupado de los demás desde la distancia, lo que mi madre ha llamado toda la vida ser un despegado. Knausgard , sin embargo, asegura sentir desde la cercanía -más o menos obligada- una fuerte empatía con  los demás  que no deja aflorar su personalidad, de manera que a menudo es sometido al criterio del otro. Y anoto en mi libreta a renglón seguido: «yo a esto lo he llamado muchas veces cobardía».

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Lectura en Sanxenxo: al otro lado del cristal vida vecinal alejada del turismo dominguero.

El caso es que he leído mucho por las noches, y también por las tardes y por la mañana antes de empezar las tareas libresco-teatreras de cada día, pocas pero incordionas por lo que tienen de necesarias. Eso sí, sentado en la terraza del apartamento podía alegrarme la vista también cuando alzaba la mirada del libro y veía a los vecinos cuidando el huerto o la discontinua procesión de caminantes, una señora con el carro de la compra, un chico joven con una mochila al hombro, una mujer de mediana edad que parecía ir de vacío pero volvía a la hora con bolsas de plástico cargadas de alimentos… un niño con el triciclo, un perro… fue muy sorprendente constatar que todos ellos conformaban una única familia… un paseo mañanero con Esther confirmó la sospecha de ella de que ese camino en realidad no tenía recorrido más allá de donde alcanzaban nuestros ojos, que todas esas personas salían de la misma casa a la que volvían tras realizar sus tareas…  ¿También el anciano y el hombre no tan maduro con quien hablaba, qué se yo, de tomates, pimientos y judías, vivían juntos, eran de la familia…? No sé, creo que les miraba porque lo suyo me recordaba a lo mío, su huerto al de mi padre en Olmedo… las coincidencias provocan una sensación de reconocimiento, de identificación… y eso es algo que sitúa o que provoca la muy alimenticia necesidad de situarte, de hacer memoria, de pensarte con generosidad para dar valor a tu vida y a la de quienes te rodean… un ejercicio sano sin duda…

Curiosamente el libro de Knausgard habla de su iniciación como padre con su pareja Linda en Suecia, donde se conocieron y a donde llegó tras, de alguna manera, huir de Noruega y de su vida de ese momento. Este libro es un libro de iniciación. Los amigos a quienes visitamos esos días en Sanxenxo (horrible ciudad al menos en agosto) eran padres primerizos también. El mar está presente en toda la obra y qué decir de las gaviotas. Esas aves que siempre han infundido en mí bastante respeto, e incluso miedo, habitaban el libro y el cielo sobre el terreno de huertas de nuestro apartamento de la Veiga Descalza. En uno de los pasajes  Knausgard viaja a través de Google Maps y va a parar a Ríos Gallegos, ciudad argentina… las coincidencias aparecían sin cesar mientras leía y las iba anotando en el cuaderno… en fin… se preguntará el lector que a quién le importan mis cosas y que por qué las escribo, y me pregunto lo mismo y me pregunto también si en realidad se puede contar algo que no sea propio… me digo que si uno no se atreve a considerar sus experiencias material literario, si uno no cree que lo suyo merezca ser contado en realidad no tiene nada que contar. Bien: Knausgard lo cuenta todo.

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¿Estudio de Knausgard o un posado más?

Esto tiene sus peligros. Como me pasó con el primer libro -LA MUERTE DEL PADRE- me ha costado coger un poco el ritmo de lectura, cargada de un anecdotario familiar que en principio no tendría mayor interés pero que, esta es la cuestión,  al poco se revela como lo verdaderamente importante. Va, lo digo, este va a ser mi primer aforismo: la manera de vivir la cotidianeidad es en definitiva la manera de vivir y de estar en el mundo. Entiendo que ahí está el valor de la obra. Que esa es la apuesta del noruego. Vale que su vida tenga algo de extraordinario pero, en definitiva, su valor no está tanto en eso como en lo normal de su vida.

No hay que desdeñar, sin embargo, la profundidad de sus reflexiones. Al fin y al cabo se trata ya en el momento de afrontar su biografía de un escritor entrenado, con éxito en su país y reconocido también por la profesión gracias a sus dos obras anteriores a esta serie: UN TIEMPO PARA TODO, y FUERA DEL MUNDO. La parte metaliteraria, las conversaciones sobre libros y autores con su amigo Geir, su forma de enfrentarse a la escritura encerrado en un apartamento durante horas durante días, la pudorosa vivencia de su prestigio, el trato incómodo con los periodistas, con otros autores…  sensaciones que se convierten en sentimientos y que, en realidad, me cuestan un poco creer pues basta dar una vuelta por la red para quedar saturado de posados del escritor. Y a los posados del escritor hay que unir los de miembros de su familia, como precisamente Linda Boström, de quien habla abiertamente y a quien este libro debe de haber convertido en una persona popular, víctima y beneficiaria de una obra literaria que debe suponerse (¡hay que jugar!) escrita a tumba abierta. Podríamos hablar aquí de la capacidad transformadora que tiene este libro de la vida de algunas personas que lo conforman, por cuanto que aparecen en ella desprotegidas por la mirada ególatra de Knausgard… pero también lo podemos dejar para otra entrada… pues imagino que seguiré leyendo la serie… es una buena lectura de verano…

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Linda Boström

La realidad para Knausgard es también que tiene una hija, y luego otra hija y un hijo más con Boström, y que se encarga de la crianza de todos ellos por épocas más o menos intensivas que ha de combinar con otras épocas de escritura… él se atreve a hablar con franqueza de lo que suponen los hijos, de sus sentimientos hacia ellos, habla con franqueza de sus miedos, de su cobardía, sí, porque cuando su amigo habla de la alta moralidad que supone a Knausgard este lo traduce en simple cobardía. Sabía que el noruego no me iba a fallar en esto: la cobardía se disfraza de respeto a los demás, pero eso es una falta de respeto hacia uno mismo. Está bien decirlo.

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Qué tío más guapo…

De hecho la franqueza (que a pesar de todo prefiero no poner en duda la mayor parte del tiempo) podría ser uno de los temas del libro. Quizás el alcohol fuera el otro, como continuación del primero de la serie, en la que cuenta la muerte de su padre alcoholizado… «La vida se gasta», tengo también apuntado en la libreta. Es algo que se percibe en el escritor: en lo personal las nuevas ilusiones (con cada hijo, los planes con Linda…) ni siquiera llegan a ser un disfrute con fecha de caducidad sino que se presentan simplemente como algo virtual y no se materializan. Knausgard está sumido en la frustración casi todo el tiempo, en la oscuridad…. puede que de ahí le venga la necesidad de estar solo, de la soledad como elección, como capricho, no como obligación… Qué bien se respira en la soledad cuando sabes que en realidad tienes a los tuyos cerca, disponibles cuando les necesites… muchas veces para aguantar lo peor de ti. Mezclo con otra reflexión, lejos del libro, que tomo de otros lugares: reservamos nuestros comportamientos ejemplares para el ámbito no familiar, que queda excluido de un comportamiento respetuoso y templado… y me digo: quizás la alta moralidad consista precisamente en tener el mismo comportamiento público que en familia.

En cualquier caso lo personal es, sin duda, el tema fundamental de la obra, si me he tirado un poco a la piscina en esta entrada ha sido, sin que sirva de precedente, por jugar también yo un poco. Knausgard destaca dos factores que deciden su vida: su padre y no pertenecer a ningún lugar. Literariamente yo destacaría otro factor, que es su pesimista mirada artística: «Lo inventado no tiene ningún valor. El mundo carece de valor por cuanto lo vemos a través de la ficción».

Las funciones de Olmedo Clásico.

Sería oportuno un debate que tratara sobre las fortalezas y debilidades propias de un festival pequeño y, ya puestos, de las oportunidades que esto crea para sí y para la ciudad en la que se desarrolla, sean o no visibles a la primera mirada de cambio. Lo de encontrar oportunidades en los problemas que amenazan un proyecto es obligación de los gestores culturales: no se trata de conformarse con réplicas a escala de los idealizados referentes mejor presupuestados, ajustándolas a la medida de nuestras (pobres, ay)  posibilidades, sino de sacar partido de las peculiaridades propias de lo pequeño, de lo que nace del propio territorio. Entre otras cosas uno debe preguntarse para qué sirve un festival y, de manera prioritaria, qué función puede cumplir en el terreno en el que se desarrolla, sea este, por ejemplo, su pueblo. A la vez, no puede despreciar la oportunidad de alimentarse de las artes y movimientos culturales que ponen en marcha sus conciudadanos o que pueden poner a partir de inquietudes más o menos tímidas que no siempre encuentran canales o medios para desarrollarse….

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Inicio en la calle de la función «Hamlet entre todos», de la compañía LOS NÚMEROS IMAGINARIOS. (FOTO: Pío Baruque)

El festival de Olmedo es un hito cada año en Castilla y León. Su dirección ha logrado consolidarlo como evento teatral, con una programación que de la mano de Benjamín Sevilla se ha ido refinando con el paso de las ediciones y que, poco a poco, ha ido incorporando nuevas miradas y, digamos, otras maneras de afrontar el espectador la función teatral. Este festival es hoy en día un referente divulgativo  gracias a las Jornadas de Teatro Clásico que organiza Germán Vega, con la UVA como referente académico  y que incluyen una publicación por cada edición. Además el festival sigue formando actoralmente cada año entre 14 y 20 personas con intenciones más y menos profesionales (y, por tanto, más y menos diletantes) gracias a su curso «Fernando Urdiales», seguramente uno de los más intensos de cuantos se desarrollan en los festivales de verano del país, con siete profesores dirigidos por Esther Pérez Arribas, y que abarca interpretación en verso, lucha, danza, atrezzo, música y literatura barrocas.

Pero yo en este artículo quiero hablar de las funciones de Olmedo Clásico. Es lo que más me importa. En realidad es lo que más importa a la mayoría. En proporción se sigue programando mejor en el CAE San Pedro, tanto las funciones de teatro inmersivo  de la compañía LOS NÚMEROS IMAGINARIOS como la función infantil de TROPOS TEATRO DE TÍTERES estuvieron a una altura sobresaliente, especialmente la primera.

hamlet entre todos
Un momento de a función en el CAE San Pedro de «Hamlet entre todos», con el público participando. (FOTO: Pío Baruque)

Hamlet entre todos dura más de cuatro horas y sin embargo es bastante probable que el espectador que se atreva a pasar por alto este aspecto a primera vista fronterizo o que, despistado, no se haya percatado de ello, no mire el reloj en todo el tiempo de la función, de duración aproximada porque nunca pasa lo mismo o, mejor dicho (¡teatro!), lo que pasa en la representación es palpablemente diferente cada vez. El director, Carlos Tuñón, abre la posibilidad al espectador de experimentar la tragedia de Hamlet desde el pellejo de uno de los personajes principales: Ofelia, Gertrudis, Horacio,  Claudio o el propio rey asesinado por este último. Esa vivencia en primera persona es una posibilidad que el equipo de LOS NÚMEROS IMAGINARIOS brinda amablemente y de la que se puede o no hacer uso porque, efectivamente, en cualquier caso uno va a disfrutar de una interpretación mayúscula a unos centímetros de sus narices. El equipo de la producción tiene un control total de la función, atienden a los espectadores con mimo y les permiten decidir y disfrutar lo que prefieran. Y es inevitable disfrutar siempre de una interpretación deliciosa y conmovedora en la que Alejandro Pau se rompe y recompone mil veces y hace otras tantas transiciones, canta, toca la guitarra y lucha con el convencimiento de quien está sufriendo un dolor no sólo  incontenible sino, además,  inexpresable… Una experiencia gozosa y que ha sido lo mejor de este festival sin ninguna duda.

La otra función que se hizo en San Pedro corresponde a la sección CLÁSICOS EN FAMILIA, es decir, teatro infantil. Un acercamiento a los más pequeños del clásico de Calderón «La vida es sueño», con títeres muy bien manipulados por Paco García y Guillermo Gil y una narración seria a partir del texto del propio Guillermo Gil, de las que nos gustan a los libreros y teatreros de por aquí, por cuanto que se hace desde una confianza en los pequeños espectadores que no necesita complacer a los adultos acompañantes. Un trabajo riguroso y divertido que se desarrollaba la mayor parte del tiempo en un teatrillo de títeres polivalente y móvil, con muñecos de mesa, pero también de guante y varilla… y que ha sido candidato a los Max 2015 y Mención especial del Festival de Teatro de Almagro. Muy recomendable Y los sueño sueños son.

Y los sueños sueños son
Y LOS SUEÑOS SUEÑOS SON, adaptación infantil de Calderón por la compañía»Tropos teatro de títeres» (FOTO: Pío Baruque)

Que dos de los cuatro mejores (si alguien prefiere cinco, y me parecería excesivo decir seis) espectáculos del festival correspondan a las secciones no generalistas, es decir, a aquellas que más tienen como cometido complementar el programa oficial que ser ellas mismas sustanciales, debería ser otro tema a reflexionar. Por seguir hablando de funciones digo que otra de las principales de este festival es que los olmedanos aprendan las claves del clásico para poder disfrutar de ello, para poder criticar, debatir, conversar, provocar y ser provocado… y sinceramente pienso que el festival lo ha conseguido. Hay ahora un número de olmedanos interesados en el teatro clásico que hablan de teatro clásico y arrojan sobre ello su propia mirada. Es un proceso de años y quizás sea este un buen momento para que las propuestas alternativas se potencien hasta convertirse poco a poco en lo oficial, por aquello de avanzar como espectadores, ahora que hace tiempo que supimos, por ejemplo, que grandes producciones, caras de la tele y buen teatro no son lo mismo, aunque a veces coincidan: el propio festival nos ha enseñado esto a los del pueblo.

Sigo con sus funciones. En la corrala la mejor fue, sin duda, COMMEDIA, de Contraproducións  a partir del texto de Goldoni «La bague magique». Un divertimento absoluto, desternillante, el de los intérpretes de esta compañía gallega que manejaban a la perfección los roles de la imperecedera Comedia del Arte, con  generosidad y desenvoltura físicas, y de un tono juguetón y crítico, alimentado, como no podía ser menos, de chascarrillos y noticias de la villa con las que se metieron al público en el bolsillo. Una función ideal para hacer la apertura del festival y que nos hubiera puesto las pilas a los incondicionales de Olmedo Clásico. Pero tocó jueves y hubo mucha butaca vacía: paradojas y nueva reflexión: ¿los espectadores van a ver funciones o días de la semana…?

COMMEDIA
«Commedia», de la compañía CONTRAPRODUCIÓNS, a partir de un texto de Goldoni. (FOTO: Pío Baruque)

Otra de las funciones más notables de la corrala y de todo el festival fue la Comedia Aquilana, de Nao d´Amores en coproducción con la CNTC. Ana Zamora y su equipo volvieron a poner sobre las tablas un texto prebarroco, esta vez de Torres Naharro, para delicia del público presente: un caramelo de una hora en la que la música, la danza y la expresión acompañan a la palabra teatral, que no sólo cobra vida sino que brilla en esta obra romántica e ilumina un texto que se desarrolla, colorido y vivaracho,  a fuerza de maravillosos desequilibrios entre lo inocente y lo pícaro. Tengo que verla otra vez.

El comentario gracioso entre los olmedanos, pasado el fastidio de la noche de la función, ha sido este año que el caballero de Olmedo salió vivo. Tuvo que suspenderse la función de NOVIEMBRE TEATRO por culpa de la lluvia, y fue una pena porque pintaba muy bien. Tampoco el teatro parece que muera después de todo y RON LALÁ, en el cierre del festival, complació al público y lo puso en pie con un montaje original, divertido y lleno de energía: Crimen y telón. La energía en escena es algo que de lo que hace muy buen uso Eva del Palacio, que con su MORBORIA puso sobre las tablas una divertida, pelín larga, de Agustín Moreto: De fuera vendrá quien de casa nos echará.

AQUILANA
«Comedia aquilana», de Torres Naharro, desde la mirada de Ana Zamora y su NAO D´AMORES. (FOTO: Pío Baruque).

Dos funciones más por reseñar: gran producción de ATALAYA TEATRO, la compañía de Ricardo Iniesta que estrenó en Olmedo su REY LEAR y que sacó adelante con solvencia y una imaginería espectacular a pesar de la climatología. Es marca de la casa una solemnidad y una gravedad pasadas de rosca en la interpretación que, en fin, podemos encontrar también en compañías fundacionales, referentes absolutos y hasta buques insignias del teatro, como nuestros amigos de CORSARIO, que pusieron sobre las tablas «Traidor», de Zorrilla, y de la cual lo mejor fue la interpretación de Carlos Pinedo, que encarnaba al pastelero Espinosa.

Pero hay más funciones. El festival de Olmedo cumple con su objetivo turístico, de atracción de consumidores y la ocupación de habitaciones es casi plena los dos fines de semana que lo integran y, de hecho, queda limitada por la baja capacidad de absorción hotelera de la villa . Además el ambiente bulle a determinadas horas y la calle está más animada que de costumbre también entre semana. Cada año la cifra de espectadores mejora sensiblemente y, en fin, los números respaldan la gestión del evento.

Olmedo Clásico ha conseguido ser uno de los máximos representantes de ese turismo cultural del que las instituciones castellanoleonesas hacen gala y hasta la fecha ha sido gestionado con incuestionables buenos resultados como un producto bien envuelto y presentado -algo en lo que convendría no descuidarse y buscar ser exquisitos- que además de conseguir cierta sensibilización en los olmedanos respecto a las artes escénicas ha contado con el respaldo académico de la Universidad de Valladolid, lo cual le añade un valor de calado cultural más allá de lo efímero de los espectáculos.

Además, dos compañías de teatro de la tierra han colaborado desde el principio de manera estrecha con el festival. Desde su génesis CORSARIO, con Fernando Urdiales a la cabeza, que fue fundador y codirector: la compañía ha formado cada año parte de la programación como representante primera del teatro clásico de Castilla y León. La otra compañía, PIE IZQUIERDO, ha producido con el festival tres espectáculos infantiles y su directora, Esther Pérez Arribas, desarrolla el curso de análisis e interpretación actoral desde el primer año, cuando Urdiales la llamó para trabajar a su lado. Más de doscientos alumnos han pasado ya por el curso estos años y sus contenidos siguen diversificándose en materias y ampliando en horas lectivas desde que Esther Pérez Arribas asumiera la dirección en solitario, con máximas dificultades presupuestarias desde entonces.

MENTIDERO
Ambigú de la librería olmedana LA TIENDA DE LOPE en el CAE San Pedro durante las Jornadas de Teatro Clásico: Yolanda Martínez habla de su proyecto vallisoletano ARQUITECTURA Y TEATRO a Esther Pérez Arribas y a sus alumnos del curso de análisis e interpretación actoral.

En cualquier caso, Olmedo Clásico ha sabido alimentarse y rodearse de activos culturales y artísticos del territorio que no sólo lo han dotado de contenidos óptimos sino que, además, le han proporcionado una identidad propia respecto de otros festivales de teatro clásico veraniegos.  En ese sentido su mirada sigue siendo inteligente cuando apuesta por pequeños proyectos autóctonos como el de la librería LA TIENDA DE LOPE que complementa las Jornadas de Teatro y que se plantea como punto de encuentro en el ambigú del CAE San Pedro entre profesionales y aficionados de la escena y las literaturas clásicas, o cuando fomenta y potencia las exposiciones de quien es el fotógrafo oficial del festival, PÍO BARUQUE. Esta es la senda que debe transitar un festival pequeño. Estas son sus fortalezas. Y va bien, se está haciendo bien y desde aquí animo a los organizadores a que en la evolución a la que todo festival está obligado se estudien y aprovechen aún más las oportunidades que los propios olmedanos ofrecen, con sus teatreros, con sus músicos, sus artistas plásticos, profesionales y diletantes… y, por qué no, con los de los otros pueblos de la comarca… tierra de pinares es un área especialmente dinámica y con muchas iniciativas artísticas y culturales en la provincia de Valladolid.

Este festival que va cumpliendo con sus objetivos turísticos y de divulgación artística y académica deberá desarrollar en los próximos años iniciativas que procuren su raigambre en el terreno y que, por tanto, lo hagan crecer junto a sus ciudadanos: ese es el sentido de innovación que propongo al festival de Olmedo, y para el cual le invito a transitar un camino de verdaderos obstáculos y oportunidades que respondan, esto sí, a su condición de servicio, al fin y al cabo, público.

Gestión cultural, urbanismo

por Miguel Ángel Pérez.

El lengauje de las ciudades. Un libro de Deyan Sudjic. Editorial Ariel.

Al parecer Le Corbusier dijo que la ciudad “es una máquina de habitar”. Un mecanismo, más o menos perfecto, en el que todos los elementos están ensamblados. Era una época de máxima mecanización, la posterior a la II GM.

Deyan Sudjic, director del Desing Museum de Londres, nos habla del “lenguaje” de las ciudades. Una serie de códigos expresivos que se usan de forma consciente y más o menos voluntaria para comunicarse. Pero, comunicar ¿Qué? ¿Qué nos cuentan las ciudades? ¿De qué nos hablan esos lenguajes?

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Nos hablan de economía, de búsqueda de oportunidades, de búsqueda de afectos, de anonimato, de personas, del clima…de vida. Y fundamentalmente nos hablan de poder. Diseña las ciudades el poder: económico, religioso, político, patriarcal, popular…

En las ciudades encontramos refugio, la Humanidad habita fundamentalmente en ciudades, muchas de ellas megalópolis caóticas fruto del caos creado por un poder sin autoridad moral, depredador y autoritario. En otras ciudades el poder dicta administrativamente, racionalmente…pero en las ciudades también debe haber afectos.

Leí hace unos años el libro “La ciudad de los niños”…ellos como mejores diseñadores de ciudades que permitan el trabajo y el juego, el ocio. Así eran las ciudades de Europa, de Florencia a Londres durante siglos. Apareció el coche y las ciudades se diseñaron extensas, consumidoras de tiempo y recursos. Una ciudad al servicio de la economía, el trabajo…el tiempo de ocio devino tiempo de traslados…a la escuela, al trabajo, a la cita amorosa…

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Y ahí seguimos, entre muchas aguas en función del grado de desarrollo democrático y económico de nuestras sociedades. En USA el poder sigue siendo el petro-dólar, lo mismo que en las ricas “monarquías bananeras” de oriente medio, en Asia el poder es de las satrapías religiosas o buro-comunistas y en Europa estamos despertando de la siesta producida por los efluvios gaseosos de los combustibles fósiles: petróleo.

Queremos ciudades que nos hablen de niños, de mayores, de jóvenes, de hierba, de edificios de dimensiones humanas, de cascos históricos, de artes, de cultura, de zonas diseñadas para habitar y realizar compras, no solo una de las dos funciones necesarias. Que nos hablen de historia, de futuro, de solidaridad, de belleza -sabiendo que el “feísmo” es también una forma de expresión- y también de trabajo y economía, por supuesto.

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Con todos estos códigos hemos de hablar desde las ciudades, este es su lenguaje y es lo que nos propone su autor… entiendo que nos lleva a una ciudad “políglota” que habla en muchos idiomas.

Hace unos días le dije a mi “socia” Teresa Antoraz: gestión cultural = urbanismo. La encantó. Pues eso.

Maguil