Puertas al campo

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 2.

 

De tanto mirar por el cristal llego a veces al otro lado esquivando los coches y camiones  de la calle de Medina como si de vencejo me tratara. Soy lento pero salgo finalmente a los caminos acompañado de Manchitas -que casi nunca corta la circulación, ni siquiera cuando defeca sobre el asfalto- y ya mientras piso tierra me entra la tristeza, compruebo siempre con la misma pena que el confinamiento es tendencia desde tiempos mucho anteriores a esta pandemia prevista (por previsible) digan lo que digan.

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Hacia el Suroeste hay que andar algunos kilómetros en Olmedo para salir, de verdad, a campo abierto, sin los muros que protegen la herida inconmensurable del tren rápido, que sangra la tierra con lentitud permanente para calar la historia de un pueblo cuyos habitantes, blanditos olmedanos, nos conformamos con las rogativas marianas si a cambio hay buenos encierros por el campo… cada vez más encerrado a su vez.

Leo mientras paseo por los caminos y me siento acosado por los largos, altos y robustos vallados que me advierten de mi insignificancia y me vigilan ya antes de llegar a las vías, continúan necesariamente para proteger del entorno natural al entramado mastodóntico de hormigón, piedra y hierros, y aún continúa después como salvaguarda de las pequeñas propiedades privadas (amén) incluso cuando estas no son más que tierra y arbusto.

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Puertas al campo nuestra apuesta por el confinamiento no necesita de pandemias, y leyendo este precioso ensayo del poeta romántico Goethe, una de cuyas principales ideas es que todos los organismos crecen y se desarrollan en relación con los demás organismos y su entorno, me produce mucha inquietud y desafecto que sigamos dando con el mazo de nuestras libertades compradas (amén) para hacer con ellas lo que nos venga en gana.

Un trozo de planeta.

La primera vez que leí versos de Machado yo ya tenía una edad como para tener bien leído a Machado pero era la edad justa para, como en verdad pasó, escucharlos. Desde entonces resulta imposible para mí desligar «Por tierras de España» del álbum «Agila»-uno de los importantes de la historia del rock de este país- , de Extremoduro, y cuando los leo no puedo evitar el acento cacereño y tampoco la melodía del tema «Buscando una luna». Ha llovido mucho pero, ya se sabe, no lo suficiente, y el desierto avanza en Castilla.

Estoy preparando una actividad alrededor del poemario Autobús de Fermoselle, de Maribel Andrés Llamero, obra que el año pasado fue galardonada con el XXXIV Premio de poesía Hiperión (junto a Los días hábiles, de Carlos Catena). De ella supe por primera vez gracias al -siempre- oportuno recorte de prensa que mi amigo Ricardo me regaló, y en el que Julio Llamazares presentaba las obras de ambos jóvenes autores.

En el artículo del 29 de junio del pasado año que publicaba el periódico El País abundaba Llamazares, además, en su visión realista de la despoblación rural que nos sucede y que, evidentemente, no tiene solución ni cuenta con una atención sincera por parte de quienes administran lo público y tampoco de quienes aspiran a administrarlo.

También me parece preocupante cierta moda divulgativa de la «España vaciada», creadora de un género literario que banaliza el problema a la vez que reporta una buena dosis de tranquilidad de conciencia a quien lo practica. Que la despoblación de buena parte del país tenga como fruto un buen género literario no tiene nada de malo siempre y cuando ello no se tome por suficiente ni, mucho menos, se alimente un triste, resignado y necesario final de los pueblos. Y dado que aunque esto ocurriera en ningún caso se reconocería hay que poner especial atención para no cometer inoportunos deslices: hay daños que son consecuencia de prácticas bienintencionadas porque los ocultan temerariamente.

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Lo interesante de Autobús de Fermoselle es que, como los mejores de su tradición (véase Gamoneda o García Calvo), es expresión de lo que el poeta Fermín Herrero -al que, por cierto, cabría enmarcar con la misma tradición- explica entre la nostalgia alegre y la melancolía dolorosa. Es decir, lejos de suponer un acercamiento a un mundo desconocido que se fotografía y recrea con mejor o peor fortuna literaria, parte de un impulso interior que la propia memoria pone en marcha. Supone una vuelta a la infancia de la autora y un homenaje a su familia, a sus abuelos:

A mi abuela Ramona,

que nació en San Pedro de la Nave,

hogar que yace bajo las aguas 

de un embalse. 

Maribel Andrés Llamero (Salamanca, 1984) es profesora de literatura brasileña y portuguesa en la Universidad de Salamanca e imparte clases de lengua y cultura españolas a extranjeros. Con este poemario hace un ejercicio de dignificación que, entiendo, se debe a sí misma como hija de la emigración que desde los pueblos a la ciudad se produjo en la segunda mitad del siglo XX y que aún nos ocupa a todos bien entrado el XXI, problema ya de gravísimas consecuencias:

Solo se yerguen en los campos de Castilla, 

apuntando al cielo, los cementerios, 

la verticalidad del ciprés y de la cruz.

Cómo no se ha de morir un mundo

ya todo horizontal.

Hay un dolor palpable –¿melancolía dolorosa?- en sus poemas y casi diría que un sentimiento de culpa por no haber sabido vivir el pueblo en presente, por no haber sabido reconocer las oportunidades que de crecimiento personal ofrecía generoso en una relación telúrica capaz, por lo demás, de superar abstracciones nacionalistas y patrióticas y, sobre todo, complejos de inferioridad. La magia de la poesía es contarlo en apenas dos versos:

(…)

Por qué no me gustaban los peces de mi pueblo

si esos peces eran hijos de mi mismo suelo.

Y, sin embargo, ni la ironía ni el buen humor faltan en estos poemas que son también bellos recuerdos de un tiempo propio. Hay alegría en este poemario cuyo título está extraído de unos versos de Agustín García Calvo:

Autobús de Fermoselle, 

que va y que viene

y para, cuando quiere, 

lunes y jueves.

Los sentidos estimulados por los elementos de un mundo original despiertan la pulsión vital de la niña y alimentan su necesidad de asombro, de descubrimiento, de crecimiento… en un poemario que es sencillo como se muestran las cosas naturales de la vida, a las que bastaría con saber acompañar para vivir en un equilibrio necesario y reconfortante, sencillo también como los oficios artesanos que se desarrollan en armonía y plenos de sentido. Una sencillez, en definitiva, que esconde secretos propios del maestro. Por eso nos encontramos con una poética que fluye musical -no lírica-, pero musical como lo puede ser el correr del agua, el soplo del viento o, por qué no, el golpeo de los batanes.

(…)

No le digan nada a la niña

que acaba de ver germinar

el placer de los sentidos

y no puede entender el valor de la cosecha

-granza, ceranda, peje, parva y trilla-

sino con el cuerpo.

Una lectura que, como apunta Llamazares en aquel artículo,  deberían hacer los jóvenes que apenas saben qué cuestión se trata cuando se les habla de una España que está desapareciendo. Una forma de vida que, paradójicamente, hoy podría presentarse como alternativa al nuevo (tele)mundo  que se nos hace, se nos presenta necesario y al que se nos está obligando. Mucho podría decir sobre ello una mirada, la rural, que demasiados años ha vivido acomplejada. Porque, sí, fuera de este maravilloso Autobús de Fermoselle del que ya hemos hablado, habrá que hablar un día también sobre la responsabilidad que los propios pobladores han tenido en la ruina de un mundo ahora prácticamente perdido. Aprovecho esta toma de compromiso para volver sobre los versos que escribiera Machado  a principios del siglo XX y a los que hacía referencia al abrir esta reseña que así cierro:

(…)

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

-no fue por estos campos el bíblico jardín-;

son tierras para el águila, un trozo de planeta

por donde cruza errante la sombra de Caín.

Mira:

Toque d’alba.

Lo de Fernán Caballero es inocencia cruel. Así dice mi libreta del 20 de octubre. Estaba leyendo LA GAVIOTA, una novela costumbrista, que retrata muy bien la España de guerras carlistas hasta mediados del XIX. No es muy fina que digamos, me digo en esos apuntes, nada profunda, pero sí muy atractiva. No hay ironía en su intención y, sin embargo, no puedo dejar de leerlo así, es decir, como si consumara en sus expresiones inocentes un sofisticado aire crítico que no,miren, mejor no se empeñen: lo de Cecilia Böhl de Faber es puro retrato. Considerada la primera mujer que se dedica en nuestro país a la literatura de manera profesional está claro que sustentar a la familia necesita en aquellos momentos del relato de reportaje o documental además, evidentemente, de una firma masculina con la que ganarse la confianza de publicadores, lectores y pagadores en general.

CANDELAS

Y esto viene a cuento de que estuve preparando unas lecturas para el día 5 de noviembre en el pequeño pueblo de Alcazarén, a 8 km de Olmedo: feria de Luis Candelas. Leímos a otras dos autoras: la muy carlista Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro, la más humilde e interesante de las tres desde mi punto de vista. Y del de Esther Pérez Arribas, que llevó a cabo la introducción al recital que hicimos junto a nuestros amigos Adrián y Loreto. Entre los cuatro leímos además del tercer capítulo de LA GAVIOTA, el cuento EL INDULTO y algunos poemas en FOLLAS NOVAS.

A Rosalía la leímos en galego, claro que sí. La belleza de sus poemas está también en su sonoridad y recitar las campanas de su toque d’ alba fue mágico e incluso emocionante. Y en gallego pienso seguir leyendo a los autores galegos y en catalán a los catalanes o catalonios o como se diga.

De nuevo coincidimos con nuestro amigo Santiago, el archiperrero, que se marcó unas coplas de ciego y nos acompañó con su calor habitual. Como para rematar Luisa y Víctor nos llevaron a su casita de menaje y chimenea surgió entonces  la idea de hacer un filandón, quizá porque el día anterior Esther y yo estuvimos en Tabanera de Cerrato, donde celebramos un peculiar magosto en el que se premió a cuatro octogenarias mujeres luchadoras por su memoria. De esto hablaré más adelante, y también del filandón que se empieza a concretar en Olmedo, en la casa del río de la asociación cultural LA CHICHARRA. Asaremos unas castañas, ¿no? Cuántas cosas.

Siendo.

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Hemos terminado de leer a Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) con el mes de febrero de LUCES DE CANTINA, esa actividad que tiene lugar cada lunes en la cantina Casa Chichí de mi querido Olmedo, a razón de una obra al mes. Hemos leído también a José Jiménez Lozano, Vicente Rodríguez Manchado y Ramiro Calle, y en marzo leemos a Aldous Huxley: empezamos el día 6.

Ha sido gozoso acercarnos a esta gran poeta. Su obra es bella, accesible y profunda. En ella destacamos fundamentalmente su necesidad de rescatar las vivencias como esencias, de manera que todo conocimiento de alguien (conócete a ti mismo, también) es ingenuo (pretencioso?) si no tiene en cuenta la multiplicidad de seres que hay en cada ser, de existencias que son, que fueron y dejaron de ser y, en definitiva, la provisionalidad de nuestras vidas, inasibles, misteriosas…

Aunque he cambiado mucho de color

sigo siendo camaleón

                             y no rama

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No hace tantos meses que supe por primera vez de Raquel Lanseros. Si no recuerdo mal fue cuando recibí un libro de poemas de Edgar Allan Poe que ella traducía y comentaba para Valparaíso Ediciones y cuya colección ella misma dirigía. Mi amigo Erre, que está siempre presente aunque no lo sepa, me habló de Lanseros con más detalle, me la recomendó y yo… le seguí un poco la pista y propuse la lectura de A LAS ÓRDENES DEL VIENTO para nuestra actividad LUCES DE CANTINA. Cuánto me alegro de mi decisión. Creo que todos los amigos de la actividad han disfrutado leyendo en casa y, más aún, haciéndolo de viva voz alrededor de una mesa, comentando…

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A LAS ÓRDENES DEL VIENTO es una antología ampliada con algunos trabajos nuevos que recoge poemas entre el año 2005 y el 2015, recogidos de cinco poemarios. Como parte del recorrido de su lectura nos hemos desviado algunas veces hacia Maiakovski, Machado, Cavafis… Nos gusta viajar pero el libro lleva también unos días expuesto en nuestro altarcito del aula de teatro La Guardería y ya se ha vendido algún ejemplar por allí también. Además Esther Pérez Arribas ha llevado otro hasta Cuéllar, donde leyó dos o tres poemas en esa fiesta que se tienen montada por allí de lectura a micro abierto, música y poesía… En La tienda de Lope tampoco faltará un ejemplar nunca y, vaya, nos iremos haciendo con el resto de su obra…

Que no crezca jamás en mis entrañas

esa calma aparente llamada escepticismo.

Huya yo del resabio, 

                      del cinismo, 

                           de la imparcialidad de hombros encogidos.

Crea yo siempre en la vida

crea yo siempre

              en las mil infinitas posibilidades.

Engáñenme los cantos de sirenas, 

tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.

Que nunca se parezca mi epidermis

a la piel de un paquidermo inconmovible, 

                                                                   helado.

Llore yo todavía

   por sueños imposibles

      por amores prohibidos

          por fantasías de niña hechas añicos.

Huya yo del realismo encorsetado.

Consérvense en mis labios las canciones, 

muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.

                 Por si vinieran tiempos de silencio.

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Raquel Lanseros, ente 2005 y 2015.

Valparaíso ediciones, 2015.

108 páginas. Pvp: 10 €.

Voces acalladas

Que se me pudra en la boca

el pan que coma

aunque lo haya ganado

con el sudor de mi frente;

que se me enturbie en los labios

el agua que yo beba

aunque lo haya ganado con justicia;

que se nos sequen las frondas

cuyas sombras nos alivian

aunque el ardor del estío

nos abrase nuestras pieles delicadas.

Que mi paz satisfecha

se convierta en batalla.

Que desnudo me encuentre ante el mundo

sin mis vestidos tres veces justos.

Que se me clave la voz en la garganta

si no es para denunciar la injusticia,

para dar voz a aquellos que un día

sintieron la suya acallada,

mercancía sus cuerpos,

moneda su trabajo.

Y cuando nadie olvide esas voces,

cuando nadie haga volar las libélulas

que pueblan los poemas embusteros

que ganan los premios amañados;

cuando alguien defienda a los pobres

y clame con ellos en todas plazas;

cuando vea que en la noche del mundo

ni un sólo mendigo tirita de frío,

ya la rosa volverá a ser bella,

dormirá sereno el trigo sobre el surco

y mi corazón esbozará una sonrisa

y recorrerá , codo con codo, de nuevo,

las anchas avenidas que otros poetas abrieron

en la noche cerrada de la miseria.

 

Este es el poema que abre el libro de Luis Julio González Platón y que da voz a los miserables, a los pobres invisibles y mudos de la tierra: lo sagrado de la poesía se mezcla aquí con lo profano de un mundo deshumanizado que evidencia la tragedia que es vivir en los extremos, esos márgenes entre los que se desarrolla la vida y que no deberían ser sobrepasados más allá de especulaciones literarias, filosóficas o religiosas. Quizá por ello el autor escoge una estructura de oración, un tono bíblico que dota a sus poemas de un sentido trascendental.

Hace ya algún tiempo que el autor -uno de esos autores cercanos que merecen tanto la pena- me acercó un primer borrador de lo que luego sería este VOCES ACALLADAS. Ya imaginaba que sería un buen trabajo pues así me parecieron LA ESQUINA ROTA y ANTIFONARIO DE LA LIÉBANA. Y, efectivamente, el pasado día 22 de octubre hicimos una actividad en la librería a partir de este poemario, en la que las voces contemporáneas de algunos buenos amigos y la imagen proyectada de videos de denuncia social protagonizaron la tarde. Fue una forma de reconocer desde la librería la calidad de este poemario molesto, accesible e ineludible.

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Luis Julio González Platón, 2015

Ediciones Tantín, 2016.

87 páginas. Pvp: 10 €.

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También disponible en el aula de teatro La Guardería, de Esther Pérez Arribas y su compañía de teatro Pie Izquierdo.

C/ Sinagoga s/n. Valladolid.

Para la voz humana.

ÍNDICE

UN (TRAS)LÚCIDO SILENCIO:CAUSAS Y ORÍGENES DE UNA DESPARICIÓN, POR MARTA LÓPEZ VILAR.

BIBLIOGRAFÍA.

PALABRAS PREVIAS.

 

(TRAS)LÚCIDAS.

ESPERANZA LÓPEZ PARADA.

AURORA LUQUE.

SUSANA RAFART.

MIREN AMUR MEABE.

ROSANA ACQUARONI.

ISABEL BONO.

GUADALUPE GRANDE.

JOSEFA PARRA.

ADA SALAS.

CRISTINA MORANO.

NURIA RUIZ DE VIÑASPRE.

YAIZA MARTÍNEZ.

ESTHER MUNTAÑOLA.

BEGONYA POZO.

MIRIAM REYES.

OLGA NOVO.

CARMEN CAMACHO.

ARIADNA G. GARCÍA.

CARMEN GARRIDO.

LEIRE BILBAO.

SANDRA SANTANA.

VANESA PÉREZ-SAUQUILLO.

ERIKA MARTÍNEZ.

ESTHER GIMÉNEZ.

LUCÍA DE FRAGA.

LAIA LÓPEZ MANRIQUE.

SOFÍA CASTAÑÓN.

LOLA NIETO.

MARTHA ASUNCIÓN ALONSO.

Tengo de la mano un bonito volumen de Bartleby Editores. Se llama (TRAS)LÚCIDAS: Poesía escrita por mujeres (1980-2016), como dice la editora -Marta López Vilar-, poesía alejada de los patrones creados por una historia sociocultural masculina.Esta es la cuestión: se trata destacar los trabajos de quienes aún tienen poca visibilidad pero, sobre todo, se trata de hacernos llegar a los lectores en general poemas que parten de sensibilidades distintas a lo imperante y que invocan otros futuros, otros deseos.

Precisamente la introducción nos lleva por caminos poco o nada transitados -Dónde quedan las mujeres del 27, se nos dice- y López Vilar recupera muchos nombres que apenas han ido apareciendo más allá de diferentes antologías de poetisas: Cristina Lacasa, María Beneito, Julia Uceda, Acacia Uceta, Aurora de Albornoz, Elvira Lacaci, Ángela Figuera, Carmen Conde, Angelina Gatell, Elena Martín, Lucía Sánchez, Ernestina de Champouci, Concha Zadoy, Josefina de la Torre, Susana March, María Romero, María Cegarra, María Teresa de León… muchos de sus poemas podemos encontrarlos en otra antología que tengo cerca: POESÍA Y YO: poetas en español del siglo XX, que editan para Visor Raquel Lanseros y Ana Merino.

La editorial Renacimiento publicó en 2006 una antología que se mueve por los mismos márgenes temporales que (TRAS)LÚCIDAS. Es un estudio y antología comentada de la poesía escrita por mujeres (1970-2005). Se titula CON VOZ PROPIA, al cuidado de María Rosal. Es evidente que hay nombres coincidentes en los dos trabajos, pero es muy llamativo que sean tan pocos: Rosana Acquarón, Guadalupe Grande, Josefa Parra y Esther Giménez. Entre ambas antologías hay un centenar de poetisas, la mayoría de las cuales aparece en la recopilación de Renacimiento, edición más detallada en casi todos los sentidos.

Otra curiosidad es que ninguna de las editoras de estos tres ediciones -que también son poetas- aparecen antologadas en las obras de las otras, salvo Ana Merino, que sí está en el trabajo que comentamos, en el que me centro en adelante.

(TRAS)LÚCIDAS  es un libro que parece pretender la claridad de la que hasta ahora adolece la publicación de poemas escritos por mujeres. Es una edición fácil de abordar, letra grande, en la que no hay que bucear: no es un estudio sesudo para el que entrenarse primero: es una recopilación de poemas que leer. Un total de 29 poetas con breve introducción biográfica. Yo he abordado a Nuria Ruiz de Viñaspre (Logroño, 1969), que ha publicado ya una docena de poemarios: EL TEMBLOR Y LA RÁFAGA en 2016. De este último es la mayor parte de sus poemas recogidos, no muchos: seis. Será capricho o puede que necesidad de cerrar el relato de esta reseña, pero creo que su poesía (que indaga el yo a menudo desde una postura metapoética) hace honor a una de las frases que más me han gustado de la introducción de Marta López: Las mujeres adquieren una esencia traslúcida que navega entre la presencia y la ausencia.

Y sigue López Vilar: El objetivo de estas páginas previas es intentar hacer un ejercicio de memoria literaria sobre el por qué de esa injusticia que siempre ha acechado a la literatura hecha por mujeres en la historia.

Cierro con un poema de una de tantas autoras olvidadas. Esperemos que nuestras contemporáneas corran mejor suerte. Por ellas y por todos los demás: para la voz humana.

 

FUSILAMIENTOS

(Posguerra)

A Meliano Peraile, años después.

 

No, no puedo olvidarlo. Es en la linde

aún indecisa de la aurora. Siento

como si fuera ayer la voz del viento

-¿es voz a alfanje?- que mi sueño escinde.

 

Mi sueño roto en el perfil del día

una vez y otra vez. Y allá, en la arena,

madruga ensangrentada la azucena

y exhausta besa la ribera fría.

 

Oigo la muerte. Ocupa mis oídos

la trágica manada de estampidos

que al alba irrumpe cotidianamente.

 

Viene del mar. Mis días infantiles

son un duro horizonte de fusiles

que me persigue encarnizadamente.

Angelina Gatell, del libro Noticia del tiempo.

TRASLUC        Bartleby Editores, 2016. 378 páginas. 17 €.

 

 

 

Cita con lo invisible

Lástima que en la librería Los Editores no llevara Mestre sus acuarelas encima. Y suerte que tengo una dedicatoria un tanto diferente a las que él suele hacer: con una pluma y una copita de agua este dibujo recuerda más a las cenizas.

Precisamente con Juan Carlos Mestre terminamos el pasado lunes 30 de mayo la primera temporada de LUCES DE CANTINA (en Casa Chichí), esa cita semanal con autores de distintas nacionalidades y estilos y en la que compartimos un vino, una cerveza o una infusión. Este verano empezaremos a preparar la segunda temporada que casi podría llamarse tercera pues tuvo en la primavera de 2015 su germen o preludio. Es una de las actividades de la librería que más me satisface, y creo que los amigos que participan de ella también disfrutan mucho.

LA CASA ROJA es un poemario que descubrí en 2009 y con el que descubrí a este poeta de Villafranca del Bierzo multidisciplinar para quien «la poesía es lo que permanece -apenas una huella interpretable- tras haberse  apagado lo oído  en el fuego donde conversan las llamas». Y así sucesivamente maravilloso.

 

La casa roja

Juan Carlos Mestre, 2008. Calambur, 2008. 170 páginas. 15 €.

Poetas Kamikazes

Pedro Casariego Córdoba, Gonzalo Escarpa, Arturo Martínez y Eduardo Scala. La editorial YA LO DIJO CASIMIRO PARKER los reunió en 2010 con el título ANTILOGÍA, CONTRAPOESÍA DE POETAS RESERVADOS. Marcus Versus se encarga de la cuidada edición. Me interesan estos poetas que no he leído mucho, muy recomendables por lo que tienen de apertura a nuevos espacios poéticos y por lo que sus propuestas tienen de accesibles, que es mucho.

La accesibilidad de su poesía es, además del formato atractivo del libro, la seña de identidad de esta colección de la que he vendido, sobre todo, a Irene X, como una de las representantes de las nuevas poéticas juveniles. Parece que se trata de acercar la poesía a un público que ya se suponía perdido de tan alejado. Es un fenómeno interesante del que podremos seguir hablando.

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Provocar la historia.

Ahora que después de muchos meses leo a Bolaño leo también a Fraile. Libros de detectives. Nada usuales. El chileno deja a sus poetas y profesores a su aire, no se sabe adónde van: el lector es el detective de Los sinsabores del verdadero policía, obra póstuma que publicó Anagrama en 2011. Eduardo Fraile publicó en 1995 estos siete finales en su editorial Tansoville, con un formato al detalle de grandes dimensiones (430 x 305mm) y de tirada limitada: 777 ejemplares, de los cuales yo tengo dos. Con diseño del propio Fraile estos siete bellos finales, poéticos y con todo el sabor de la novela negra, provocan al lector hasta los orígenes y las tramas no escritas. Entonces el lector es autor. ¡Viva el lector!

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Harpo, Ya lo dijo Casimiro Parker.

Mi amiga Cristina me encargó hace menos de un siglo el libro La sonrisa del sexo, de Irene X. Mi lentitud tiene razones: tomo los libros que me gustan, jamás los cojo ni los transporto ni llevo de un lado a otro. Los tomo y voy despacio. He aprovechado para traer otros títulos de Harpo, pero también de la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, que la propia Harpo distribuye. Dejo las portadas de estas ediciones atractivas y cuidadas. Enhorabuena. Y tengo que decir que no me gusta el papel aunque me pirra la maquetación y el diseño en general. ¿No he dicho nada de los contenidos? Investigue, amigo lector. Yo sólo soy librero.

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