De tanto mirar por el cristal llego a veces al otro lado esquivando los coches y camiones de la calle de Medina como si de vencejo me tratara. Soy lento pero salgo finalmente a los caminos acompañado de Manchitas -que casi nunca corta la circulación, ni siquiera cuando defeca sobre el asfalto- y ya mientras piso tierra me entra la tristeza, compruebo siempre con la misma pena que el confinamiento es tendencia desde tiempos mucho anteriores a esta pandemia prevista (por previsible) digan lo que digan.
Hacia el Suroeste hay que andar algunos kilómetros en Olmedo para salir, de verdad, a campo abierto, sin los muros que protegen la herida inconmensurable del tren rápido, que sangra la tierra con lentitud permanente para calar la historia de un pueblo cuyos habitantes, blanditos olmedanos, nos conformamos con las rogativas marianas si a cambio hay buenos encierros por el campo… cada vez más encerrado a su vez.
La primera vez que leà versos de Machado yo ya tenÃa una edad como para tener bien leÃdo a Machado pero era la edad justa para, como en verdad pasó, escucharlos. Desde entonces resulta imposible para mà desligar «Por tierras de España» del álbum «Agila»-uno de los importantes de la historia del rock de este paÃs- , de Extremoduro, y cuando los leo no puedo evitar el acento cacereño y tampoco la melodÃa del tema «Buscando una luna». Ha llovido mucho pero, ya se sabe, no lo suficiente, y el desierto avanza en Castilla.
En el artÃculo del 29 de junio del pasado año que publicaba el periódico El PaÃs abundaba Llamazares, además, en su visión realista de la despoblación rural que nos sucede y que, evidentemente, no tiene solución ni cuenta con una atención sincera por parte de quienes administran lo público y tampoco de quienes aspiran a administrarlo.
Hay un dolor palpable –¿melancolÃa dolorosa?- en sus poemas y casi dirÃa que un sentimiento de culpa por no haber sabido vivir el pueblo en presente, por no haber sabido reconocer las oportunidades que de crecimiento personal ofrecÃa generoso en una relación telúrica capaz, por lo demás, de superar abstracciones nacionalistas y patrióticas y, sobre todo, complejos de inferioridad. La magia de la poesÃa es contarlo en apenas dos versos:
Lo de Fernán Caballero es inocencia cruel. Asà dice mi libreta del 20 de octubre. Estaba leyendo LA GAVIOTA, una novela costumbrista, que retrata muy bien la España de guerras carlistas hasta mediados del XIX. No es muy fina que digamos, me digo en esos apuntes, nada profunda, pero sà muy atractiva. No hay ironÃa en su intención y, sin embargo, no puedo dejar de leerlo asÃ, es decir, como si consumara en sus expresiones inocentes un sofisticado aire crÃtico que no,miren, mejor no se empeñen: lo de Cecilia Böhl de Faber es puro retrato. Considerada la primera mujer que se dedica en nuestro paÃs a la literatura de manera profesional está claro que sustentar a la familia necesita en aquellos momentos del relato de reportaje o documental además, evidentemente, de una firma masculina con la que ganarse la confianza de publicadores, lectores y pagadores en general.
Este es el poema que abre el libro de Luis Julio González Platón y que da voz a los miserables, a los pobres invisibles y mudos de la tierra: lo sagrado de la poesÃa se mezcla aquà con lo profano de un mundo deshumanizado que evidencia la tragedia que es vivir en los extremos, esos márgenes entre los que se desarrolla la vida y que no deberÃan ser sobrepasados más allá de especulaciones literarias, filosóficas o religiosas. Quizá por ello el autor escoge una estructura de oración, un tono bÃblico que dota a sus poemas de un sentido trascendental.
Hace ya algún tiempo que el autor -uno de esos autores cercanos que merecen tanto la pena- me acercó un primer borrador de lo que luego serÃa este VOCES ACALLADAS. Ya imaginaba que serÃa un buen trabajo pues asà me parecieron LA ESQUINA ROTA y ANTIFONARIO DE LA LIÉBANA. Y, efectivamente, el pasado dÃa 22 de octubre hicimos una actividad en la librerÃa a partir de este poemario, en la que las voces contemporáneas de algunos buenos amigos y la imagen proyectada de videos de denuncia social protagonizaron la tarde. Fue una forma de reconocer desde la librerÃa la calidad de este poemario molesto, accesible e ineludible.
UN (TRAS)LÚCIDO SILENCIO:CAUSAS Y ORÃGENES DE UNA DESPARICIÓN, POR MARTA LÓPEZ VILAR.
BIBLIOGRAFÃA.
PALABRAS PREVIAS.
(TRAS)LÚCIDAS.
ESPERANZA LÓPEZ PARADA.
AURORA LUQUE.
SUSANA RAFART.
MIREN AMUR MEABE.
ROSANA ACQUARONI.
ISABEL BONO.
GUADALUPE GRANDE.
JOSEFA PARRA.
ADA SALAS.
CRISTINA MORANO.
NURIA RUIZ DE VIÑASPRE.
YAIZA MARTÃNEZ.
ESTHER MUNTAÑOLA.
BEGONYA POZO.
MIRIAM REYES.
OLGA NOVO.
CARMEN CAMACHO.
ARIADNA G. GARCÃA.
CARMEN GARRIDO.
LEIRE BILBAO.
SANDRA SANTANA.
VANESA PÉREZ-SAUQUILLO.
ERIKA MARTÃNEZ.
ESTHER GIMÉNEZ.
LUCÃA DE FRAGA.
LAIA LÓPEZ MANRIQUE.
SOFÃA CASTAÑÓN.
LOLA NIETO.
MARTHA ASUNCIÓN ALONSO.
Tengo de la mano un bonito volumen de Bartleby Editores. Se llama (TRAS)LÚCIDAS: PoesÃa escrita por mujeres (1980-2016), como dice la editora -Marta López Vilar-, poesÃa alejada de los patrones creados por una historia sociocultural masculina.Esta es la cuestión: se trata destacar los trabajos de quienes aún tienen poca visibilidad pero, sobre todo, se trata de hacernos llegar a los lectores en general poemas que parten de sensibilidades distintas a lo imperante y que invocan otros futuros, otros deseos.
Precisamente la introducción nos lleva por caminos poco o nada transitados -Dónde quedan las mujeres del 27, se nos dice- y López Vilar recupera muchos nombres que apenas han ido apareciendo más allá de diferentes antologÃas de poetisas: Cristina Lacasa, MarÃa Beneito, Julia Uceda, Acacia Uceta, Aurora de Albornoz, Elvira Lacaci, Ãngela Figuera, Carmen Conde, Angelina Gatell, Elena MartÃn, LucÃa Sánchez, Ernestina de Champouci, Concha Zadoy, Josefina de la Torre, Susana March, MarÃa Romero, MarÃa Cegarra, MarÃa Teresa de León… muchos de sus poemas podemos encontrarlos en otra antologÃa que tengo cerca: POESÃA Y YO: poetas en español del siglo XX, que editan para Visor Raquel Lanseros y Ana Merino.
Cierro con un poema de una de tantas autoras olvidadas. Esperemos que nuestras contemporáneas corran mejor suerte. Por ellas y por todos los demás: para la voz humana.
LA CASA ROJA es un poemario que descubrà en 2009 y con el que descubrà a este poeta de Villafranca del Bierzo multidisciplinar para quien «la poesÃa es lo que permanece -apenas una huella interpretable- tras haberse apagado lo oÃdo en el fuego donde conversan las llamas». Y asà sucesivamente maravilloso.
Juan Carlos Mestre, 2008. Calambur, 2008. 170 páginas. 15 €.