Walter Benjamin

Tres nuevos libros sobre Benjamin 80 años después de su suicidio cuando huía de la necedad fundamentalista y sistematizada. Dos de ellas recogen sus memorias de infancia -traducidas por Richard Gross- en la Serie Menor de la editorial Periférica, en un formato apetecible que se nos antoja a la medida de un pensador cuya obra filosófica y política se construyó con herramientas literarias y con nutrida mirada artística. Además la editorial Tres puntos publicó el año pasado la biografía de Howard Eiland y Michael W. Jennings traducida por Elizabeth Collingwood-Selby. Formato de lujo de más de mil páginas en papel biblia. Nosotros la tenemos ahora después de leer un artículo de Antonio Muñoz Molina. Todas ellas formarán parte de nuestro fondo de librería, sin duda.

Tres puntos ediciones Pvp 49,95 € / Ediciones Periférica Pvp 11 €

Calle de Medina.

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 1.

Veo mucha gente a través de la ventana de mi librería. Veo muchos coches circular por la carretera de Medina, veo pasar camiones con sus inconscientes conductores indispuestos a comprender que una carretera que atraviesa una población es en realidad una calle del pueblo en la que, por educación, por respeto, por pura lógica debe darse preferencia a los peatones que pudieran, despistados, inconscientes a su vez o simplemente provocadores, cruzarla sin suficiente precaución.

Veo pasar personas agitadas tras las compras que solucionen sus regalos de reyes, desde mi librería observo la prisa de aquellos a los que nada interesan los libros y me digo que regalaría a todos «Biografía del silencio», de Pablo d´Ors, pero no tengo dinero.

Esta mañana me han pedido un libro que contuviera en su título la palabra cuarenta. También valía el número. El contenido daba igual.

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Un hombre enamorado.

Una semana en Sanxenxo, por mediación de unos buenos amigos que, además, nos han acompañado algunos días. Me he llevado trabajo. Ella también. Nos vamos de vacaciones para trabajar relajados. También me he llevado la segunda parte de la serie de libros autobiográficos de Karl Ove Knausgard que edita Anagrama. No pensaba escribir sobre ello pero cuando lo estaba terminando me entraron muchas ganas.

Debe de ser porque encuentro parecidos entre él y yo, e incluso porque me siento identificado con algunas cosas que escribe a pesar de que nuestras vidas son muy diferentes. El noruego se reconoce poco hablador, un tipo soso en las conversaciones y despreocupado de los demás desde la distancia, lo que mi madre ha llamado toda la vida ser un despegado. Knausgard , sin embargo, asegura sentir desde la cercanía -más o menos obligada- una fuerte empatía con  los demás  que no deja aflorar su personalidad, de manera que a menudo es sometido al criterio del otro. Y anoto en mi libreta a renglón seguido: «yo a esto lo he llamado muchas veces cobardía».

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Lectura en Sanxenxo: al otro lado del cristal vida vecinal alejada del turismo dominguero.

El caso es que he leído mucho por las noches, y también por las tardes y por la mañana antes de empezar las tareas libresco-teatreras de cada día, pocas pero incordionas por lo que tienen de necesarias. Eso sí, sentado en la terraza del apartamento podía alegrarme la vista también cuando alzaba la mirada del libro y veía a los vecinos cuidando el huerto o la discontinua procesión de caminantes, una señora con el carro de la compra, un chico joven con una mochila al hombro, una mujer de mediana edad que parecía ir de vacío pero volvía a la hora con bolsas de plástico cargadas de alimentos… un niño con el triciclo, un perro… fue muy sorprendente constatar que todos ellos conformaban una única familia… un paseo mañanero con Esther confirmó la sospecha de ella de que ese camino en realidad no tenía recorrido más allá de donde alcanzaban nuestros ojos, que todas esas personas salían de la misma casa a la que volvían tras realizar sus tareas…  ¿También el anciano y el hombre no tan maduro con quien hablaba, qué se yo, de tomates, pimientos y judías, vivían juntos, eran de la familia…? No sé, creo que les miraba porque lo suyo me recordaba a lo mío, su huerto al de mi padre en Olmedo… las coincidencias provocan una sensación de reconocimiento, de identificación… y eso es algo que sitúa o que provoca la muy alimenticia necesidad de situarte, de hacer memoria, de pensarte con generosidad para dar valor a tu vida y a la de quienes te rodean… un ejercicio sano sin duda…

Curiosamente el libro de Knausgard habla de su iniciación como padre con su pareja Linda en Suecia, donde se conocieron y a donde llegó tras, de alguna manera, huir de Noruega y de su vida de ese momento. Este libro es un libro de iniciación. Los amigos a quienes visitamos esos días en Sanxenxo (horrible ciudad al menos en agosto) eran padres primerizos también. El mar está presente en toda la obra y qué decir de las gaviotas. Esas aves que siempre han infundido en mí bastante respeto, e incluso miedo, habitaban el libro y el cielo sobre el terreno de huertas de nuestro apartamento de la Veiga Descalza. En uno de los pasajes  Knausgard viaja a través de Google Maps y va a parar a Ríos Gallegos, ciudad argentina… las coincidencias aparecían sin cesar mientras leía y las iba anotando en el cuaderno… en fin… se preguntará el lector que a quién le importan mis cosas y que por qué las escribo, y me pregunto lo mismo y me pregunto también si en realidad se puede contar algo que no sea propio… me digo que si uno no se atreve a considerar sus experiencias material literario, si uno no cree que lo suyo merezca ser contado en realidad no tiene nada que contar. Bien: Knausgard lo cuenta todo.

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¿Estudio de Knausgard o un posado más?

Esto tiene sus peligros. Como me pasó con el primer libro -LA MUERTE DEL PADRE- me ha costado coger un poco el ritmo de lectura, cargada de un anecdotario familiar que en principio no tendría mayor interés pero que, esta es la cuestión,  al poco se revela como lo verdaderamente importante. Va, lo digo, este va a ser mi primer aforismo: la manera de vivir la cotidianeidad es en definitiva la manera de vivir y de estar en el mundo. Entiendo que ahí está el valor de la obra. Que esa es la apuesta del noruego. Vale que su vida tenga algo de extraordinario pero, en definitiva, su valor no está tanto en eso como en lo normal de su vida.

No hay que desdeñar, sin embargo, la profundidad de sus reflexiones. Al fin y al cabo se trata ya en el momento de afrontar su biografía de un escritor entrenado, con éxito en su país y reconocido también por la profesión gracias a sus dos obras anteriores a esta serie: UN TIEMPO PARA TODO, y FUERA DEL MUNDO. La parte metaliteraria, las conversaciones sobre libros y autores con su amigo Geir, su forma de enfrentarse a la escritura encerrado en un apartamento durante horas durante días, la pudorosa vivencia de su prestigio, el trato incómodo con los periodistas, con otros autores…  sensaciones que se convierten en sentimientos y que, en realidad, me cuestan un poco creer pues basta dar una vuelta por la red para quedar saturado de posados del escritor. Y a los posados del escritor hay que unir los de miembros de su familia, como precisamente Linda Boström, de quien habla abiertamente y a quien este libro debe de haber convertido en una persona popular, víctima y beneficiaria de una obra literaria que debe suponerse (¡hay que jugar!) escrita a tumba abierta. Podríamos hablar aquí de la capacidad transformadora que tiene este libro de la vida de algunas personas que lo conforman, por cuanto que aparecen en ella desprotegidas por la mirada ególatra de Knausgard… pero también lo podemos dejar para otra entrada… pues imagino que seguiré leyendo la serie… es una buena lectura de verano…

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Linda Boström

La realidad para Knausgard es también que tiene una hija, y luego otra hija y un hijo más con Boström, y que se encarga de la crianza de todos ellos por épocas más o menos intensivas que ha de combinar con otras épocas de escritura… él se atreve a hablar con franqueza de lo que suponen los hijos, de sus sentimientos hacia ellos, habla con franqueza de sus miedos, de su cobardía, sí, porque cuando su amigo habla de la alta moralidad que supone a Knausgard este lo traduce en simple cobardía. Sabía que el noruego no me iba a fallar en esto: la cobardía se disfraza de respeto a los demás, pero eso es una falta de respeto hacia uno mismo. Está bien decirlo.

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Qué tío más guapo…

De hecho la franqueza (que a pesar de todo prefiero no poner en duda la mayor parte del tiempo) podría ser uno de los temas del libro. Quizás el alcohol fuera el otro, como continuación del primero de la serie, en la que cuenta la muerte de su padre alcoholizado… «La vida se gasta», tengo también apuntado en la libreta. Es algo que se percibe en el escritor: en lo personal las nuevas ilusiones (con cada hijo, los planes con Linda…) ni siquiera llegan a ser un disfrute con fecha de caducidad sino que se presentan simplemente como algo virtual y no se materializan. Knausgard está sumido en la frustración casi todo el tiempo, en la oscuridad…. puede que de ahí le venga la necesidad de estar solo, de la soledad como elección, como capricho, no como obligación… Qué bien se respira en la soledad cuando sabes que en realidad tienes a los tuyos cerca, disponibles cuando les necesites… muchas veces para aguantar lo peor de ti. Mezclo con otra reflexión, lejos del libro, que tomo de otros lugares: reservamos nuestros comportamientos ejemplares para el ámbito no familiar, que queda excluido de un comportamiento respetuoso y templado… y me digo: quizás la alta moralidad consista precisamente en tener el mismo comportamiento público que en familia.

En cualquier caso lo personal es, sin duda, el tema fundamental de la obra, si me he tirado un poco a la piscina en esta entrada ha sido, sin que sirva de precedente, por jugar también yo un poco. Knausgard destaca dos factores que deciden su vida: su padre y no pertenecer a ningún lugar. Literariamente yo destacaría otro factor, que es su pesimista mirada artística: «Lo inventado no tiene ningún valor. El mundo carece de valor por cuanto lo vemos a través de la ficción».

Merecer la pena.

Hablar de un mismo tema todo el rato hace que el tema pierda su gracia. Que me haya dado por las memorias me lleva a hablar quizá en exceso de una cuestión que, además, requiere de acotaciones que establezcan campos, por aquello de saber de qué se habla. El de la memoria es un tema difícilmente conmensurable y, por ejemplo, no vendría a cuento hablar en esta entrada de mi falta de memoria, esa que me ha llevado a perder dos libros en los últimos meses: PRESENCIAS REALES, de George Steiner, en edición de SIRUELA,  y  MEMORANDUM / EL ERROR, de Vaclav Havel y que edita la ADE. De este último me han llegado recientemente 10 ejemplares porque va a ser libro de nuestros JUEVES DRAMÁTICOS, en una versión especial que terminará tras dos meses de lecturas y preparación en una dramatización que haremos pública. Será en enero y febrero del 18 y Óscar García tiene casi toda la culpa. Empecé la lectura de MEMORANDUM, de aire kafkiano y beckettiano, con un humor muy fino y también muy político, y en algún sitio debí de dejarlo, pero ni siquiera hay rastro en mis libretas que componen, al menos, listas para el recuerdo. De ellas tiro para escribir estos artículos.

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Vaclav Havel, 1965 y 1983 respectivamente. Edición de asociación de directores de escena, 1990. 170 páginas. 8.65 €

Lo cierto es que mi memoria es tan mala que en la publicación anterior, en la que hablaba de Oliver Sacks, olvidé comentar algunas cuestiones importantes de su libro EN MOVIMIENTO, la fundamental de todas es su alegría a pesar de todo. Es decir, puede que el libro tenga un carácter algodonoso un tanto decepcionante, pero también vale hacer la cuenta en sentido inverso: a pesar de las dificultades la vida puede disfrutarse, creo que trata de decirnos. Nos hace ver que de las máximas dificultades pueden sacarse experiencias enriquecedoras. Y aún: contar las cosas con alegría o al menos comprensión hacia uno mismo es hacerlas digeribles, crear buenos recuerdos, puede que falsos pero… ¿cuándo puede uno fiarse de verdad de su memoria? Este es otro tema.

En lo que al libro de Sacks se refiere digo también que particularmente me ha emocionado -porque soy fácilmente emocionable y entiendo que un pelín pamplinero- un final en el que el Sacks de 77 años, bien jodido con su ciática, su ojo izquierdo prácticamente perdido por un melanoma y su rodilla derecha machacada, se enamora de nuevo de un hombre, treintaicinco años después de haber practicado sexo por última vez… Habría que preguntarle si mereció la pena tanta espera, o tanto sufrimiento al final de su vida… Pero ya sabemos que diría que sí.

En septiembre leí a Julio Llamazares en su columna sabática de EL PAÍS: iba de memoria. Sobre la paradoja que se estuvo haciendo visible durante las semanas de sequía en España: viejos pueblos ocultos bajo el agua de pantanos artificiales se descubrían entonces a los ojos de aquellos que habían perdido su hogar bajo las ostentosas inauguraciones franquistas. Ahora, decía, que los ríos fluyen por su cauce natural de nuevo tan sólo se oyen las voces de quienes claman al cielo (la mayoría de nosotros) para que llueva. Pero qué pasa con la memoria, con la historia de quienes «regresan a sus lugares de origen para reconocer sus casas y recordar su pasado» (sic). Y me digo entonces: ¿Cuando de nuevo llueva y todo quede inundado deberán resignarse al olvido? ¿A pensar que fue un sueño? Entonces también ellos se alegrarán de que vuelva a llover, de que sus pueblos y sus casas desaparezcan de nuevo: hay penas para las que estamos preparados, y que creemos necesarias: es cuando algo «merece la pena».

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Clara Janés, conferencias de 2004. Siruela, 2010. 132 páginas. 15.90 €.

El caso es que he seguido con las memorias estos días. Hace ya algunos que terminé el maravilloso libro de Clara Janés sobre María Zambrano: DESDE LA SOMBRA LLAMEANTE. Se trata de una edición muy chula de SIRUELA (2010) compuesta de varias conferencias que la poeta dio sobre la filósofa sobre todo en el año 2004, cuando se celebraba el centenario de su nacimiento. Janés la conoció bien, primero de manos de Rosa Chacel y luego por sí misma, y en ambos casos por reuniones en su casa de Madrid, ya anciana al regreso del largo exilio que sobre todo vivió en La Pièce, casa de campo francesa en donde la imagino en paz consigo y ampliando -como diría Oliver Sacks- su mapa cerebral desde la tranquilidad, las lecturas y la escritura pausada, oxigenada por el aire del bosque…  Evidentemente Clara Janés es también conocedora de la obra de Zambrano, cuyo sistema filosófico es profundo, riguroso y muy atractivo, el suyo es uno de los pensamientos más importantes de Europa y desde luego de España, pero en mis años de la UVA -estudios de Filosofía- a penas se la nombraba.

De esta introducción a su obra lo que me maravilla es la conexión de su filosofía con lo oculto, con lo pitagórico, lo órfico. La música (que tiene a su vez su origen en la danza, y esta en la respiración), llanto y gemido por el sentir del tiempo, es puente entre ese sentimiento, lo profundo del yo (¿soledad?) y el logos, lo profundo del cosmos. La música es gemido y es tiempo racionalizado, es aplacatorio y conecta con el logos, por ahí anda ya la razón poética. Y en el tiempo racionalizado están los números porque ellos están en la música. Por eso los números, las matemáticas, conservan un sentido (reminiscencias) mágico. Matemáticas, razón mediadora, es traducción del ritmo.

Y dicen Zambrano y Janés sobre Zambrano (me resulta difícil distinguir): «El número y el ritmo revelan el tiempo cósmico y la máxima realidad que de él se arranque será el alma. El alma, descubrimiento, revelación de inspiración órfica, que es viaje a través del tiempo».

Y no hay que olvidar que, según los pitagóricos, la relación musical entre los astros  se reproduce en los órganos de los seres humanos: danza, música, matemáticas. Por eso la razón poética: porque el pensamiento no puede separarse de la vivencia ni del misterio, el pensamiento es integrador, no huye , ni rompe a la manera de la filosofía, de la realidad, de la tragedia de la vida. El poeta no trata de transformar  el mundo (en el sentido de retorcerlo conceptualmente, no en el sentido político), sigue el curso del río (Manrique) y ahonda o nada en el misterio.

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Rosa Chacel, 1960. Editorial Comba, 2015. 704 páginas. 21 €.

Tan buen sabor de boca me ha dejado esta lectura que ya he pedido algunos libros de María Zambrano, el primero de los cuales empezaré a leer será DELIRIO Y DESTINO. De momento estoy con LA SINRAZÓN, de Rosa Chacel. Lectura densa, libro de memorias ficticias o ficcionadas, y que comencé con mucha ilusión pero que me ha ido desfondando según avanzaba. Por momentos me he sentido sin energía leyendo retratos psicológicos, reflexiones interminables… He querido abandonarla en un par de ocasiones (ay, qué pobre) y luego he querido alternar su lectura con la de otros libros, pero he reflexionado antes para llegar a la siguiente conclusión: ¿para qué alternarla con otros autores, pudiéndola alternar a ella con ella misma? Chacel lo abarca todo, merece la pena de no empezar nuevos libros… quédense con la expresión…

 

De la memoria a las memorias.

Al final me decidí por transcribir en mi libreta citas y pasajes del primer libro del ya conocido proyecto de Knausgard MI LUCHA, serie en la que cuenta con pelos y señales su vida y que tanto éxito ha tenido a pesar de detractores como yo. Fue ésta una lectura que abandoné hace un par de años, decepcionado por lo que creía un ejercicio de onanismo pasado de rosca. Algo desde luego innegable aún hoy. Lo que pasa es que este verano he descubierto las virtudes de ese onanismo y he devorado el libro en unos pocos días de lecturas trasnochadas, alguna que otra cerveza y mucho tabaco. Han sido cinco o seis días de vacaciones psicológicas. Hace unas semanas que madrugo mucho y no bebo nada y llevo cuatro días sin fumar. Pero un día llegará la segunda parte, UN HOMBRE ENAMORADO. ¿Volveré entonces a sufrir de mi propia memoria? ¿Me provocará una nueva catarsis sobre mi libreta o cuaderno de campo? Esta lectura ha servido para ajustar alguna de mis propias cuentas. Y he descubierto en Knausgard a un escritor con fondo. No está nada mal.

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A los pocos días comencé otras memorias, esta vez las del profesor de neurología clínica Oliver Sacks, que falleció recientemente. Se llaman EN MOVIMIENTO, y tienen su gracia: algo de su infancia, su juventud, su pasión por las motos, su homosexualidad, sus viajes a Holanda, EEUU, sus relaciones familiares, sus sentadillas, su hermano esquizofrénico… conmovedoras y envidiables a  la vez, y quizá, un tanto lejanas. No puedo dejar de compararlo con la lectura de Knausgard, al que sentí dolorosamente cercano a pesar de ser nuestras vidas diferentes y de vivir en países diferentes, y, sin embargo, mi vida está aún más alejada de la de este médico inglés de pudiente ascendencia judía que me resulta menos comprensible, por no decir extraterrestre. No obstante quizás su precocidad intelectual me hiciera disfrutar de su lectura. Y su vida aventurera más.

Me apetecen, definitivamente, las memorias (parece que he pasado del tema filosófico «la memoria» a la lectura literaria de memorias) y cuando me llegó el segundo volumen de la obra de Knausgard tuve que decidirme entre ello y EN MOVIMIENTO. De hecho empecé a Knausgard pero el noruego se decide en esta segunda parte por un comienzo tibio alejado del que me cautivara en LA MUERTE DEL PADRE: «La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede. Luego se para. Antes o después, algún día ese movimiento martilleante se para por sí mismo y la sangre empieza a correr hacia el punto más bajo del cuerpo, donde se concentra en una pequeña hoya, visible desde fuera como una zona oscura y blanda en la piel cada vez más blanca, a la vez que la temperatura baja, los miembros se endurecen y el intestino se vacía (…)». El comienzo de la segunda parte es más soso.

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Pues eso, que me decidí por Sacks, del que por si no les suena les diré que su obra más famosa es aquel DESPERTARES (1973), trabajo de divulgación médica éxitosamete versionado para las pantallas de cine en 1990, dirigida por Penny Marshal y protagonizada por Robin Williams  y Robert De Niro. También me decidí por Sacks porque me vino por recomendación de mi amigo Ricardo.

Al día siguiente estuve leyendo a Bernhard, concretamente el tercero de sus RELATOS AUTOBIOGRÁFICOS: EL ALIENTO. Sinceramente aún no sé cómo he leído los otros dos: EL ORIGEN y EL SÓTANO. El austriaco me sigue pareciendo un escritor muy atractivo, pero mi lectura de su prosa no fluye. Ya habrá ocasión, me dije, y abandoné el libro a las pocas hojas. Tengo una experiencia parecida con SEÑAS DE IDENTIDAD, de Juan Goytisolo: creo que lo he empezado tres veces. Por ahí le debe de andar TU ROSTRO MAÑANA, de Javier Marías. Habrá un momento para todos ellos. Creo.

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Seguí leyendo a Oliver Sacks en Ciudad Rodrigo, adonde fui con la compañía de teatro Pie Izquierdo, de Esther Pérez Arribas, y con mi librería teatral. Sigue siendo teatral a pesar de esta entrada. Disfruté mucho con una función que no entendí prácticamente durante un sólo segundo: danza. Cada vez me gustan más las cosas que no entiendo y las que entiendo me dejan sumido en un estado anímico parecido a la derrota. El espectáculo GIGANTE, de la compañía LA PEQUEÑA VICTORIA CEN, inspirado por poemas de Jorge Pascual. Qué decir: sutileza,  elegancia, armonía… jugar y fluir… y un compromiso con la interpretación que se echa de menos en muchos montajes teatrales… y es circo y danza… un bocado delicioso, de los que pasan desapercibido cuando se come con glotonería… Me quedo con eso en Ciudad Rodrigo y con la propia experiencia que supuso el cuentacuentos con títeres de mi compañía, claro, en el espacio ASPRODES y como parte de una sección que esta feria -que es cada vez más festival- ha inventado por su vigésimo aniversario. Trata de devolver lo recibido por los mirobrigenses, y allá que fuimos con EN LA GLORIA, a una distancia más que corta con un público que va en cueros o muy ligero de máscaras. Tan emotivo como emocionante.

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A los pocos días de llegar de nuevo a Olmedo retomé la lectura de Sacks, prácticamente abandonada en Ciudad Rodrigo, y vino entonces la parte más importante de esta lectura amena, divertida y más bien blanca, más esponjosa de lo que esperaba: fue capaz, como en el caso de Knausgard, de llevarme a territorios del pasado. En un impulso me dio por revolver cajas y recuperar mis cuadernos de notas, ensayos, diarios… de hace más de veinte años. ¿El resultado? Melancolía de lo más tóxica, pero ya se sabe que lo placentero de las drogas es su toxicidad…

He comprado también MIGRAÑA (1992), UN ANTROPÓLOGO EN MARTE (1995) y ALUCINACIONES (2012). Todos en Anagrama. Puede que los lea. Es seguro que los vendo.

 

 

Teloncillo: Historia viva del teatro.

Claro. Uno trata de hacer justicia siempre a aquellos libros cuya lectura le aportan una vivencia y una posición en el mundo, libros que le ayudan a uno a situarse. Este verano de 2016 pude, por fin, leer el primero de los dos tomos que componen esta magnífica edición conmemorativa de los cuarenta años de actividad de la compañía Teloncillo, una compañía que nació en 1968, es decir, hace casi cincuenta años. Ataco ahora el segundo tomo, que repasa la nueva época de la compañía decana del teatro contemporáneo de Valladolid. Y que ahí sigue: en forma y vestida de colores.

Es tan corta mi experiencia entre «escénicos» que tan sólo (des)conozco a la mayoría de quienes se convierten en buenos amigos desde hace unos pocos meses y aún enarbolo mi bandera de principiante. La llevo con orgullo y, sinceramente, espero que me dure mucho tiempo: no puedo resistirme al placer de ser el nuevo. No obstante uno no es inmaculado y hay cosas que se saben sin querer. Que Teloncillo es una de las compañías con más peso de Valladolid se tiene claro con sólo asomar la nariz a la ciudad. Lo haces y te das cuenta de que sigue siendo una de las que alumbran el camino y de que en ella está el origen de todo el teatro moderno de Valladolid.No hay mucho riesgo en decir que las veteranas Corsario, Rayuela o Azar mantienen una relación de necesidad con aquello que fue -y sigue siendo- Teloncillo, y que aún otras que van ahora abriéndose camino -hablo, por ejemplo, de mi querida Pie Izquierdo– avanzan al rebufo de una trayectoria ejemplar.

A mi amigo R. le gusta decir de Teloncillo que es el gran paraguas teatral que fue dando cobijo a muchísimas personas con inquietudes artísticas, no sólo teatrales, y supuso a finales de los sesenta y durante los setenta el caldo de cultivo de una movida pucelana que aún da frutos a día de hoy. He leído el primero de los tomos, el que escribe Miguel Ángel Pérez, Maguil, uno de los históricos teatreros de la compañía y de la ciudad, con ensimismamiento. Cómo no cuando el lector debe percatarse de que por ahí pasaron Andrés Trapiello, Juan Antonio Quintana, Eduardo Usillos, Ana Morgades, Jorge León, Julio López Medina, Javier Mártínez, Fernando Herrero, Carlos Toquero, Javier Semprún, el propio Miguel Ángel Pérez, Eduardo Gijón, Fernando Urdiales, Toñi Cano, Javier Rodríguez, Manuel Sierra, Manuel Pérez, Jesús Martín, Pepe Guerrero, Julián Salvador, Luis Navarro Sales, Esperanza Herranz, Vicente de la Fuente, Montse Arribas, Jesús Pérez Pérez, Juan José Mato, Jesús Martín Basas, José Álvarez, Luis Miguel Marigómez, Fernando Santander, Tomás Salvador, nuestro Ángel Sánchez de hoy… entre otros…

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Es un libro lleno de rincones curiosos, fotos sin desperdicio, documentación, balances, peligros… debió de ser una gran aventura y así nos lo hace llegar la escritura entusiasta de Maguil, las noticias de la censura que no dejaba actuar (me he encontrado con mi admirado Haro Tecglen, gobernador, censor de uno de los montajes del grupo), de la policía que paraba actuaciones… una apuesta a todo o nada… y un aprendizaje sobre la marcha que hoy es legado de incalculable valor.

El retablo del flautista, 1973, es el primer montaje de la compañía de teatro Teloncillo. En este ya están algunos de los principios básicos que componen su personalidad:colectivismo, compromiso social, riesgo… música en directo, una estética cuidada (Manuel Sierra forma parte del grupo desde el principio). Alejados de posiciones complacientes el itinerario de  esta compañía que tarda en constituirse porque hace de su construcción una primera etapa, un prólogo que tiene mucho de político. Ensalada de bandidos (montaje infantil de 1976), Misterio Bufo (1977), América no existe y otros cuentos chinos, Juan Bobo (1981), La ganchitud (1981) y La playa (1987). La dificultad de estrenar este último espectáculo debió de sumarse a otras dificultades que la compañía arrastraba y ese año se disolvió y con ello el final del primer libro, que termina con una sabrosa propina: las últimas páginas son fotos de balances y otras anotaciones que el autor pone a disposición de quien lee. Evidentemente, la historia no termina ahí:

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En 1996 Ana Gallego y Ángel Sánchez, provenientes de La Quimera, deciden poner en marcha un proyecto artístico de infancia y juventud. Quieren recuperar, para ello, la compañía Teloncillo, y Antonia Cano y Miguel Ángel Pérez, Maguil facilitarán la conversión de lo que en ese momento era una asociación cultural en la nueva época de esta compañía histórica, tras lo que finalmente fue un paréntesis de nueve años. Así lo cuenta Isaac Macho en el segundo tomo de este libro de memoria y arte pucelanos. Eduardo Zamanillo (PTV CLOWN) y Pilar López (TEATRO PARAÍSO) están al comienzo de la nueva andadura de Teloncillo como bastón o guía.

Muy destacable para mí de esta lectura es la visión con perspectiva de un proyecto con sentido artístico: la escenografía y los objetos, inspirados en aquel inicio colectivo, de la mano de Sierra, la cartelería, el vestuario, los cuadernos didácticos… dotan a la compañía de una unidad que hacen de ella marca indiscutible de empresa -en el sentido amplio del término-, con los  objetivos claros y con una base sólida. Una base que en este segundo tomo nos desvela Isaac Macho conforme a colaboraciones y estudios escogidos con cuidado, los proyectos bien asesorados… Hay en esta compañía una síntesis entre el bagaje basado en los principios básicos de compromiso con lo social y el objetivo más concreto del compromiso con la infancia. Y, de manera transversal, la interpretación y la música, que atraviesan toda la historia de Teloncillo.

Bucear en este libro es dejarse llevar por una corriente que te arrastra desde lo pasional por nuevos cauces, sofisticados, de poéticas infantiles: quiero decir que se percibe un empuje poderoso que permite, sin embargo, recrearse en la visión de los detalles. Yo que, al contrario que la mayoría de los de por aquí, soy joven, hablé por primera vez con Ángel Sánchez hace poco más de un año y esto era justamente lo que más me destacaba de su trabajo: la libertad poética con la que Ana Gallego y él desarrollaban sus proyectos escénicos, coloridos y abstractos, musicales y preciosistas.

La propina de este segundo libro es una entrevista a Ana y a Ángel en la que hablan de todo, de las cosas que no tienen por qué ser teatro pero que no pueden dejar de serlo en boca de dos grandes teatreros. Punto y final de una lectura con muchos hilos que  para mí ha sido aprendizaje e ilusión por mi trabajo. Un libro que incluso yo, que no soy dado a grandes vehemencias, insto a que cada teatrero de la ciudad lea y, por supuesto, compre: dispondrá así en su librería, por mínima que esta sea, de buena parte de la Historia Moderna del Teatro en Valladolid. Fundamental.

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Miguel Ángel Pérez, 2016 e Isaac Macho, 2016.

Edita Teloncillo. 2 tomos: 1ª etapa (1968-1987) y 2ª etaa (1996-2016)

Pvp: 25 €