Escombros

Fernando Vallejo, 2021. Alfaguara, 2021. 200 páginas. Pvp: 18,90 €

Lejos de cualquier mirada trágica Vallejo frivoliza con su prosa pasada de rosca, vertiginosa a veces. Ríase de las tramas más o menos sofisticadas que resultan de fórmulas archiconocidas para las historias de acción o aventuras si tiene un libro de este colombiano entre sus manos. Puede hacerlo. Sin aliento le va a dejar, señor lector. Y sin necesidad de una sola intriga ni misterio. Vallejo corre mucho y le interpela continuamente. Y esto es lo que más me excita de la lectura de sus libros (no tanto sus provocaciones, ni su sarcasmo ni su misantropía, ni siquiera sus exageraciones): una fuerza y una vitalidad siempre a punto de desbordar su propia prosa. ¿Sabe qué le digo? Pienso que Fernando Vallejo adopta perros por no matarse. Y se hace viejo, como todos. Les dejo la contra:

Ciudadanos

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 8. Existen desde mucho antes de que un partido político pervirtiera su nombre, y seguirá siendo concepto central en política. Son ciudadanos también quienes «pelan» la piruleta a su hijo y con total naturalidad dejan caer el plástico al suelo, e igualmente ciudadano soy yo, que lo veo y no digo nada porque me causa rubor el sólo hecho de tener que amonestar a alguien por algo evidente. Pienso que la mujer es extranjera y que en su país seguramente tiran las cosas al suelo, y pienso que habría que decirle que aquí no, que aquí la mayoría de gente usa las papeleras. También me incomoda reñirle delante de su hija. Soy muy ciudadano caminado de noche y capando el cigarro que me acabo de fumar para, acto seguido, tirar la colilla a una papelera, pero también lo soy cuando tiro la colilla al suelo, aunque ya me afearon una vez esa conducta. Y el chico que está con sus perros sentado en un banco y arroja al suelo la lata que se acaba de beber es tan ciudadano como yo mismo cuando una vez más opto por no decir nada. De nuevo a un chico extranjero, probablemente del mismo país que la mujer de por la mañana. Habría que enseñarles, me digo, convendría corregirles y algo dentro de mí me impulsa a la necesidad de llamarles cerdos, pero creo que eso complicaría las cosas. Hoy por la tarde me veo un documental sobre Jane Jacobs, la gran visionaria, la urbanista, la política que entendía las ciudades creadas por los propios ciudadanos desde los espacios públicos los que con su uso dan vida. No paraba de pensar mientras lo veía en los columpios del paseo de La Soterraña de Olmedo y tampoco en la carretera de Medina que los amenaza, que destroza cualquier posibilidad de desarrollo social de esa parte del pueblo. Aceptaba, me ilusionaba la idea de que las ciudades más vivas sean las más variadas, con ciudadanos procedentes de culturas diferentes, capaces de aportar miradas, oficios y usos de la ciudad variopintos. Y, bueno, también se me ha ocurrido con tanta epifanía suelta y deshilachada que podía incluir en nuestro catálogo de la web un libro que nos acompaña desde hace ya varios años y que no tiene que ver nada con lo que vengo diciendo pero que, según se mire, podría tener que verlo todo:

Carlos Romero Rey, 2021. Caniche editorial. 144 páginas. Pvp: 18 €

Keep calm and carry on

Esta es la frase que venía en una latita de galletas que hace años me regaló mi amigo Ricardo. En realidad proviene de una campaña que en 1939 realizó el gobierno británico cuando los nazis amenazaban con invadir el país. La lata es uno de esos regalos que aún contiendo algo de valor tiene su mayor interés en el envoltorio. Más allá de la conveniencia de utilizar un anglicismo para presentar -brevísimamente- un libro de Manu Leguineche diré que este «mantener la calma» es guía de la vida narrada en este libro por su protagonista y que, en cualquier caso, aconsejo aplicar a la de cada cual. Yo lo intento.

Ediciones B, 1995. Pvp 12 €

Antonio García Barón es en 1939 un jovencísimo oscense anarquista que escapa junto a otros compañeros a Francia, donde son primero maltratados por su gobierno socialista y después reclutados por el mismo (a petición propia) para luchar contra los nazis. Sus huesos acabarán en en el infierno de Mauthausen, donde sobrevivirá cinco años. Después la Amazonía boliviana, la búsqueda de la vida apartada junto al río Quiquibey, lejos de toda civilización, donde profundizar en lo esencial de la vida, a partir de una suerte de equilibrio mental que lo mantuvo a salvo en los peores años de su vida.

Manu Leguineche acabó viajando en los noventa a Bolivia para encontrarse con Antonio García Barón y entrevistarle. El resultado es este libro narrado en primera persona en la que el protagonista narra sus vivencias, extremas en muchos casos, que bien podrían ser confesionales si en ellas hubiera algo de duda pero que, en todo caso, nos dejan unas cuantas lecciones de vida que algo de luz han de darnos.

Lo leímos hace unos días los amigos del Club de Lectura de la librería como propuesta de Javi. El próximo 24 de marzo toca La Caverna, en refabulación de Saramago, que ha gustado mucho a Luisa. Leyendo…

Las cuitas del jinete

Un jinete que lejos de cabalgar apenas arrastra ya los pies se nos retrata en este libro delicado que Thomas de Quincey escribió en 1827, 23 años después de la muerte de su admirado Immanuel Kant. Que el viejo profesor de Konigsberg, genial y afamado filósofo ya en la época, sea homenajeado precisamente a través del relato de su decadencia es representativo de los intereses del ensayista y crítico británico, que pone su atención en territorios si no inexplorados sí poco visitados del alma humana. Ya saben, eso esencial que ni existe ni somos capaces de negar. Retratar los últimos días de una persona es como un último intento de asirlo o al menos de mostrarlo o verlo pasar, quizás solo intuirlo, en el paso trascendental y definitivo a la nada (o al todo, o al absoluto que el lector prefiera).

Editorial Firmamento. 100 páginas. Pvp 16 €

En realidad este retrato que abarca los últimos años del filósofo prusiano tiene mucho de juego literario y, aunque está escrito con rigor a las fuentes y respeto, la fluidez que tanto contribuye al placer de su lectura se debe a un buen truco: la supuesta narración en primera persona del asistente Ehregott Wasianski, quien escribió unas memorias en las que De Quincey se basa. Sin embargo, como Marcel Schowb explica en el prefacio de esta edición que Firmamento ahora recupera, lo cierto es que De Quincey se sirve también de biografías publicadas por Borowski y también por Jachman en 1804. Así que, en realidad, se puede decir que es De Quincey quien presta sus palabras a Wasianski y no al revés, convirtiéndolo en un narrador que tiene mucho de personaje. Artificio literario pues. Pero relato verdadero. Una obrita de arte para degustar con buen tiempo.

En ese tiempo que usted se de leyendo un libro que inevitablemente ironiza sobre la fragilidad de la vida de todos a través del relato de una de las grandes personalidades del momento la vejez, la enfermedad y la muerte se mostrarán como etapas en las que la asunción, el miedo o el cansancio guían los últimos pasos, los de Immanuel Kant, mente brillante cuyo apagamiento nos narra De Quincey con una mezcla de ternura hacia la persona y sátira hacia la (trágica) condición humana. «Las cuitas del jinete suben al caballo con él», cita el inglés a Horacio.

Cuanto antes mejor.

«La anguila» es mi primer Bonet y de su lectura me ha sorprendido cuánta vida puede contener una sola persona. Definitivamente voy con retraso y quizás sea esto lo que hace que uno lea con excitación un libro que tiene en realidad mucho de triste. Se acumulan los sucesos dolorosos en Paula Bonet como si estuviera ella destinada al fracaso y hubiera sido programada por la vida, la madre naturaleza, el gran demiurgo para equivocarse: lo suyo es fatalidad. Quizás su cuerpo como material experimentable para la performance por un dios juguetón -peligrosamente pueril- que manipula, evidentemente, el cuerpo de los demás, el de Paula Bonet en concreto, no el de Marina Abramovic, que ella misma ponía a disposición de morbosos mortales de ambos sexos. En este sentido a Paula Bonet la intervención le viene impuesta, y «La anguila» es una especie de memoria o relato de su violencia sufrida.

Anagrama. 237 pág. 17,90 €.

Así, las vivencias juveniles se fueron sucediendo intensas hasta hollar un cuerpo envuelto en varias relaciones tóxicas con hombres que en el mejor de los casos la utilizaron. Este vivir de prisa no respondía a la necesidad de llegar primero a ningún lugar pero lo cierto es que la escritora (ilustradora, pintora) se encontró en aquellos años de experimentación sin saber muy bien cómo ni adónde llegar. El relato que ahora publica al respecto se entreteje con su periodo de aprendizaje como artista plástica, y de donde parte la relación sentimental -nuclear- con uno de sus profesores. La violencia ejercida por otra de sus parejas y el trauma más reciente por su aborto de trillizos son capítulos que la narración templada de una mujer ya adulta asumen o pretenden asumir. Es mejor que arrastrarlos durante toda la vida.

Pequeños viajes

La editorial de reciente creación «Menguantes», y que ya ha sido reconocida con el premio al libro mejor editado en 2020 por su «Breve atlas de los faros del fin del mundo», tiene en su catálogo una bonita colección con el viaje como motivo, entiéndase viaje en el sentido amplio de la palabra. De alguna manera cabría considerarla como una colección de libros de bolsillo por cuanto que se trata de pequeños y ligeros objetos susceptibles de llevar a cualquier sitio pero, además, son libros inspiradores de paseos y viajes también en un sentido concreto. Su formato y diseño son encantadores porque los editores juegan con elementos sencillos y material de poco peso: el resultado es una serie de pequeños libros verdes, azulados, que sin duda van a ser seña de identidad de Menguantes y que nosotros reivindicamos por apetecibles: para leer y llevar.

«Tres formas de atravesar un río» es el libro con el que la argentina Agustina Atrio alimenta esta colección de 4 títulos. En realidad se relatan formas de convivir con tres ríos diferentes: El Paraná en Rosario, el Manzanares en Madrid y el Limmat y Sihl en Zúrich, donde la escritora vive en la actualidad. Nos habla del cuerpo que siente la distancia y la habita, en el viaje, en el paseo, citando también a Albert Camus y su «Diarios de viaje». Y en la reivindicación de la distancia y del tiempo nos habla de las lavanderas (el agua omnipresente) como oficio, un trabajo duro, o del de aguadores. En cualquier caso atravesar los ríos supone conocerlos, se habla de vivirlos, de tomar conciencia, de saber qué y qué no es lo natural, hasta qué punto la montaña puede ser un artificio, un invento de los hombres, un resultado del trabajo humano: los Alpes, su concepción moderna, como resultado del alpinismo. Y continuar el viaje quizás en la búsqueda de uno mismo: «Al llegar a cada ciudad el viajero encuentra un pasado que no sabía que tenía», dice Agustina Atrio que decía Italo Calvino. Es un viaje chulo este libro. Les dejo también su página web con el interesante proyecto Despaseando. ¿Han pinchado?

Abrimos Club de Lectura

Ya llevan algunos días encendidas las chimeneas por la meseta castellana y en las próximas semanas se abre un tiempo propicio para el sosiego que, lamentablemente, conviene planificar bien en estos tiempos provisionales a perpetuidad en pos de un fin inconcreto pero mejor, siempre mejor que lo que acomplejadamente tenemos. Lo contrario reivindicaba Fernando Savater en su última (y como siempre más maleducada que provocadora) columna de los sábados en El País, que certeramente cierra así: «Cambiamos futuro maravilloso por presente soportable». Pues bien, si logramos crear nuestro espacio de sosiego quizás sea buena idea hacerlo junto a la chimenea (que quizás no tengamos) y con un buen libro de la mano. Será una oportunidad que como personas nos damos, un acto de respeto a nosotros mismos.

En nuestra librería ofrecemos también nuestro espacio para quien quiera completar esos momentos de intimidad lectora compartiendo lo que de ella le plazca con otros lectores y dispuesto a hacer relecturas de un libro propuesto ese mes y que en esta primera ocasión será «Una educación», de Tara Westover. Se trata de un relato autobiográfico que cuenta la liberación de su autora, criada en el seno de una familia ultrarreligiosa de carácter apocalíptico y con un modo de vida aislado del mundo en las montañas de Idaho. La herramienta de Tara para escapar del fundamentalismo de su padre y poder reivindicarse como persona individual será la educación, gracias a la cual logrará llegar hasta Europa y graduarse en Cambridge.

Editorial Debolsillo. Pvp 10,95 €.

En los próximos días elaboraremos una lista de títulos posibles para que el grupo de lectura que se está formando pueda ir eligiendo los que quiera. De momento el primer encuentro se celebrará en la tarde del jueves 16 de diciembre y ya tenemos algunos inscritos. Quien esté interesado en participar puede hacerlo escribiendo a latiendadelope@gmail.com o llamando al 677502521. En cualquier caso no os olvidéis de dejar en vuestras agendas espacios para escribir: «sosiego».

A ningún lugar que exista

RELATOS PARA NO TENER QUE LEER, 3.

Me atrevo a responder a Muñoz Molina antes de haber leído su último libro e impulsado por el interés en enfocar una cuestión que no puede abordarse sin tener en cuenta la responsabilidad de los vecinos de los pueblos que sobreviven o mueren para mejor gloria de todo un género literario.

Seix Barral. Pvp 20,90 €

Hablo de responsabilidad de los que se quedan y de los que se van y la para mí exasperante actitud conservadora de nada, que es lo que va quedando. Lo viejo ya fue y su valor está en alimentar la memoria -verdadera si está libre de melancolías- para evitar la ruptura propia y alocada de las tendencias con el tiempo al que objetivamente pertenecen. Porque una cosa es que no progresemos, otra que regresemos y otra que no se pueda progresar. Las tendencias y su corriente nos llevan a las ciudades. Me pregunto dónde está lo nuevo propio de los pueblos. De momento leer a Muñoz Molina es una buena idea, una voz seria con la que polemizar y crear argumentos.