Manu Leguineche acabó viajando en los noventa a Bolivia para encontrarse con Antonio GarcÃa Barón y entrevistarle. El resultado es este libro narrado en primera persona en la que el protagonista narra sus vivencias, extremas en muchos casos, que bien podrÃan ser confesionales si en ellas hubiera algo de duda pero que, en todo caso, nos dejan unas cuantas lecciones de vida que algo de luz han de darnos.
Lo leÃmos hace unos dÃas los amigos del Club de Lectura de la librerÃa como propuesta de Javi. El próximo 24 de marzo toca La Caverna, en refabulación de Saramago, que ha gustado mucho a Luisa. Leyendo…
«La anguila» es mi primer Bonet y de su lectura me ha sorprendido cuánta vida puede contener una sola persona. Definitivamente voy con retraso y quizás sea esto lo que hace que uno lea con excitación un libro que tiene en realidad mucho de triste. Se acumulan los sucesos dolorosos en Paula Bonet como si estuviera ella destinada al fracaso y hubiera sido programada por la vida, la madre naturaleza, el gran demiurgo para equivocarse: lo suyo es fatalidad. Quizás su cuerpo como material experimentable para la performance por un dios juguetón -peligrosamente pueril- que manipula, evidentemente, el cuerpo de los demás, el de Paula Bonet en concreto, no el de Marina Abramovic, que ella misma ponÃa a disposición de morbosos mortales de ambos sexos. En este sentido a Paula Bonet la intervención le viene impuesta, y «La anguila» es una especie de memoria o relato de su violencia sufrida.
Anagrama. 237 pág. 17,90 €.
AsÃ, las vivencias juveniles se fueron sucediendo intensas hasta hollar un cuerpo envuelto en varias relaciones tóxicas con hombres que en el mejor de los casos la utilizaron. Este vivir de prisa no respondÃa a la necesidad de llegar primero a ningún lugar pero lo cierto es que la escritora (ilustradora, pintora) se encontró en aquellos años de experimentación sin saber muy bien cómo ni adónde llegar. El relato que ahora publica al respecto se entreteje con su periodo de aprendizaje como artista plástica, y de donde parte la relación sentimental -nuclear- con uno de sus profesores. La violencia ejercida por otra de sus parejas y el trauma más reciente por su aborto de trillizos son capÃtulos que la narración templada de una mujer ya adulta asumen o pretenden asumir. Es mejor que arrastrarlos durante toda la vida.
Ya llevan algunos dÃas encendidas las chimeneas por la meseta castellana y en las próximas semanas se abre un tiempo propicio para el sosiego que, lamentablemente, conviene planificar bien en estos tiempos provisionales a perpetuidad en pos de un fin inconcreto pero mejor, siempre mejor que lo que acomplejadamente tenemos. Lo contrario reivindicaba Fernando Savater en su última (y como siempre más maleducada que provocadora) columna de los sábados en El PaÃs, que certeramente cierra asÃ: «Cambiamos futuro maravilloso por presente soportable». Pues bien, si logramos crear nuestro espacio de sosiego quizás sea buena idea hacerlo junto a la chimenea (que quizás no tengamos) y con un buen libro de la mano. Será una oportunidad que como personas nos damos, un acto de respeto a nosotros mismos.
Hablo de responsabilidad de los que se quedan y de los que se van y la para mà exasperante actitud conservadora de nada, que es lo que va quedando. Lo viejo ya fue y su valor está en alimentar la memoria -verdadera si está libre de melancolÃas- para evitar la ruptura propia y alocada de las tendencias con el tiempo al que objetivamente pertenecen. Porque una cosa es que no progresemos, otra que regresemos y otra que no se pueda progresar. Las tendencias y su corriente nos llevan a las ciudades. Me pregunto dónde está lo nuevo propio de los pueblos. De momento leer a Muñoz Molina es una buena idea, una voz seria con la que polemizar y crear argumentos.