Puertas al campo

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 2.

 

De tanto mirar por el cristal llego a veces al otro lado esquivando los coches y camiones  de la calle de Medina como si de vencejo me tratara. Soy lento pero salgo finalmente a los caminos acompañado de Manchitas -que casi nunca corta la circulación, ni siquiera cuando defeca sobre el asfalto- y ya mientras piso tierra me entra la tristeza, compruebo siempre con la misma pena que el confinamiento es tendencia desde tiempos mucho anteriores a esta pandemia prevista (por previsible) digan lo que digan.

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Hacia el Suroeste hay que andar algunos kilómetros en Olmedo para salir, de verdad, a campo abierto, sin los muros que protegen la herida inconmensurable del tren rápido, que sangra la tierra con lentitud permanente para calar la historia de un pueblo cuyos habitantes, blanditos olmedanos, nos conformamos con las rogativas marianas si a cambio hay buenos encierros por el campo… cada vez más encerrado a su vez.

Leo mientras paseo por los caminos y me siento acosado por los largos, altos y robustos vallados que me advierten de mi insignificancia y me vigilan ya antes de llegar a las vías, continúan necesariamente para proteger del entorno natural al entramado mastodóntico de hormigón, piedra y hierros, y aún continúa después como salvaguarda de las pequeñas propiedades privadas (amén) incluso cuando estas no son más que tierra y arbusto.

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Puertas al campo nuestra apuesta por el confinamiento no necesita de pandemias, y leyendo este precioso ensayo del poeta romántico Goethe, una de cuyas principales ideas es que todos los organismos crecen y se desarrollan en relación con los demás organismos y su entorno, me produce mucha inquietud y desafecto que sigamos dando con el mazo de nuestras libertades compradas (amén) para hacer con ellas lo que nos venga en gana.

Hilo de lecturas confinadas

RELATOS PARA NO TENER QUE LEER, 1.

Creo que estaba leyendo pero no estoy seguro, a lo mejor ojeando o puede que sólo hojeando (y a lo mejor ni eso porque ya estuviera aparcado entonces) «Miguel de Cervantes», de Jordi Gracia, cuando llegó el confinamiento. Me pierdo en mis lecturas, que son desordenadas, impulsivas y que abandono todo el rato no como una decisión sino como relego, ya que entre la lectura de un libro intercalo la de otro u otros dos, o cuatro o cinco… o más,  y a veces el libro se me olvida para siempre. Esta entrada va de eso: hilos de los que uno tira un poco a lo loco… y que en estos días de confinamiento propicios para la excitación intelectual se ha agravado bastante.

 

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Además, muy poco antes de la declaración del estado de alarma me dio fuerte con la escritura de una novela, un proyecto: quería hablar del arte como herramienta social, de su teórico potencial enriquecedor en cada ciudadano, en cada comunidad, y de las derivas que ello toma en el desarrollo real y personal que el artista hace de su obra, quería indagar en el tema a través de la vida de dos performers ligados a aquel Grupo Zaj de Hidalgo, Marchetti y Ferrer. No sé si fue a raíz de la lectura de «El tiempo es lo único que tenemos» (compendio de artículos coordinado por Bárbara Hang y Agustina Muñóz) o más bien empecé a leer este libro como apoyo/inspiración de mis cuitas literarias del momento. Me gustaría que en Olmedo abundaran las performances, que uno pudiera encontrárselas en cada esquina, cortando de paso  la carretera de Medina, alimentando el paseo de los vecinos transeúntes, provocando hasta el enfado… qué sé yo… hasta que nos olvidáramos de vírgenes y toros… aunque bien mirado lo de matar bichos  en  contextos de brutalidad y jaleo de vísceras tiene una fuerza inigualable por una performance o por cualquier otra manifestación artística.

tiempo único

No sé en qué momento, quizás empeñado en encontrar cierto pulso narrativo, me dio por la relectura de «Los detectives salvajes», de Bolaño, y ya de paso por revisionar entrevistas y documentales sobre su figura, mitificada seguramente ya desde su propia literatura. Viéndole y escuchándole fui a parar a Rimbaud, al que consideraba primer poeta, y estuve leyéndole y viendo una peli documental muy chula y muy larga que me recordó a mis lecturas rimbaudianas de juventud, que también complementaba con otras de la biografía sobre el joven enfebrecido, atormentado y visionario poeta que escribió toda su obra entre los 15 y los 19 años.

Me resulta inevitable mirar de reojo los libros de Angélica Liddell cuando leo a Rimbaud. El genio de este último es incontestable, la lectura de su obra tiene algo de místico e incluso de escalofriante por cuanto que deja desnudo al lector adulto, interpelado por un tipo de belleza que es humana y a la vez conserva mucho de lo primario de un niño, una poesía que parece consciente de su inmadurez y del valor literario que esta tiene, de su pureza. Evidentemente mi asociación con Liddell proviene de lo que tiene de provocación y de místico, pero la apuesta de la dramaturga es más descarnada en el estilo y decididamente indagatoria en lo oscuro del alma humana, desveladora de aquello que tratamos de mantener a buen recaudo y escondido. He leído y me dispongo a releer «Trilogía del infinito».

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Y alternando a Liddell con Rimbaud y con Roberto Bolaño fui a parar a Javier Marías. Se debe desde luego a que es uno de los autores que el chileno reconoce de su interés. Una de las principales razones para querer a Bolaño es que se puede leer muy buena literatura leyendo a quienes recomienda. Otra razón importante es que a uno le entran ganas de escribir cuando le lee. Lo decía Rodrigo Fresán, también en un documental que vi. Como de Marías tenía ganas de hincarle el diente a «Tu rosto mañana» me puse con ello. Pude quitarme por fin esa espina porque gocé con su primera parte: «Fiebre y lanza». E incluso escribí una entrada a propósito de la misma.

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Pero, claro, debía continuar con mis deberes cervantinos y me puse con el libro «Los textos de Cervantes» de la colección del Centro para la edición de los clásicos españoles, al cuidado de Daniel Fernández Rodríguez, y que distribuye la Universidad de Valladolid. En este libro pude hacer algunas anotaciones a propósito de ediciones y trabajos de impresión de algunas de las obras del considerado sin duda autor de autores. Andaba y aún ando buscando no tanto pistas de cómo se produjo la edición de las obras cervantinas como de la influencia que «El Quijote» ha tenido en el mundo de la edición. Por eso también he estado leyendo estos días «Del libro áureo», de Víctor Infantes (con un estilo rico y quedón que se agradece) y «Para leer a Cervantes», con el que aún estoy, de Martín de Riquer, que me está resultando sabroso. Y ya puesto retomé algunas de mis revistas de bibliofilia y en el número 50 de Hibris fui a encontrarme con un artículo del propio Víctor Infantes titulado «Breve relación de las librerías y de los maravedís de la primera edición del Quijote». ¿No es maravilloso?

Leo andando. Antes lo hacía por el pueblo pero ya me da vergüenza y varias veces he estado a punto de sufrir accidentes, no graves pero sí sonrojantes. Ahora leo cuando salgo a los caminos, leo y pienso. Ya saben que leer sirve para pensar: uno dialoga con el autor y de paso consigo mismo y a veces incluso puede establecerse un diálogo de lo más jugoso entre uno de esos yoes de uno que van por libre y el autor, con lo cual es fácil quedarse relegado a la condición de espectador que no puede ser. A veces paseo con el libro cerrado y de alguna manera es como si fuera leyendo. Voy despacio, miro alrededor, se me ocurren cosas. No sé por qué una de las últimas fue que debía leer el libro de Miriam  González Durántez, olmedana por las altas esferas del mundo anglosajón y europeo, y hacer una reseña. Y ya está. Visto para sentencia. En unos días publicaré la entrada sobre «Devuélveme el poder», un libro de divulgación pro-liberal que agradezco a la autora porque me ha llevado por territorios que me apetecía retomar y que tenía un tanto abandonados desde mis tiempos de republicanismo y ciudadanía.

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Un juego. «La marcha Radetzky» está considerada la obra maestra de Joseph Roth y ahora que sus derechos de autor quedan libres tanto Alba como Alianza han publicado sus ediciones. Yo estoy leyendo la de Alianza, que traduce Isabel García Adánez, y el que es uno de mis dos mejores clientes está leyendo la de Alba, a cargo de Xandru Fernández. Se me ha olvidado qué vamos a hacer después  de sendas lecturas de esta novela que retrata el ocaso del imperio de los Habsburgo a través de tres generaciones de la familia Trotta. Seguro que algo alimenticio.

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También me ha dado tiempo a profundizar un poco más en un poemario que estoy escribiendo. Llevo desde septiembre. Soy tan lento que estoy seguro de que será el último. Como mi novela: será la última y, además, la primera. No tengo el tiempo necesario, y no me refiero a que necesito más tiempo: lo que necesito es mejor tiempo. Quizás en la tranquilidad del invierno, pero este siempre dura poco. Y necesito una chimenea. Lo tengo difícil. Así que entre desesperaciones y desesperanzas, con el apoyo alimenticio de mis conversaciones con mi amigo Ricardo (a dos metros, con guantes, mascarilla de proa y de popa), lecturas compartidas y otras navegaciones he llegado hasta «Godot sigue sin venir», el vademecum de la espera de Miguel Albero de cuyo contenido leí lo que más me importaba en un largo paseo de cuatro horas y cuya principal conclusión para lo que me interesa es que esperanza y espera no deben mezclarse. Desarrollen y si les place tiren conmigo de este hilo: latiendadelope@gmail.com. Hay para pasar un buen rato. Bueno, e impagable el acercamiento a San Agustín, un pensador que me va a gustar recuperar los próximos días.

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Calle de Medina.

A TRAVÉS DE LA VENTANA, 1.

Veo mucha gente a través de la ventana de mi librería. Veo muchos coches circular por la carretera de Medina, veo pasar camiones con sus inconscientes conductores indispuestos a comprender que una carretera que atraviesa una población es en realidad una calle del pueblo en la que, por educación, por respeto, por pura lógica debe darse preferencia a los peatones que pudieran, despistados, inconscientes a su vez o simplemente provocadores, cruzarla sin suficiente precaución.

Veo pasar personas agitadas tras las compras que solucionen sus regalos de reyes, desde mi librería observo la prisa de aquellos a los que nada interesan los libros y me digo que regalaría a todos «Biografía del silencio», de Pablo d´Ors, pero no tengo dinero.

Esta mañana me han pedido un libro que contuviera en su título la palabra cuarenta. También valía el número. El contenido daba igual.

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«The computer is God»

Por Miguel A. Pérez Martín.

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TECNOPOLIS, La rendición de la cultura a la tecnología
Neil Postman, ediciones El Salmón
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La Ilustración vio como se conformaba un universo en dos culturas: Artes y Humanidades por una parte y Ciencia por la otra. Se separaron y se especializaron, se distanciaron demasiado. La Ciencia alumbró una serie de descubrimientos muy importantes y apareció una de sus grandes consecuencias…La Tecnología, que aplicada a todos los ámbitos de la vida social derivó en «tecnocracia»…ya no importaba el objetivo si no el proceso, el control administrativos sobre los procesos. Weber nos habló de ello mientras las Artes estaban en el polo opuesto: romanticismo y expresionismos varios.
el teatro de la crueldad
El extremo de esta «tecnocracia» lo representaba durante la II Guerra Mundial el nazismo y particularmente Eichmann, que pensaba que su labor era aséptica solo porque no trataba directamente con los judíos que iban a las cámaras de gas si no con el proceso «administrativo» que les despojaba de sus bienes, les cobraba el billete de los trenes y les aseguraba una pronta llegada a su lugar de destino…llegó a planificar la línea Tesalónica-Treblinka, donde murieron entre otros siete mil sefardíes.
Esta idea no ha dejado de evolucionar y vemos cómo en estos momentos el ordenador y la «cultura digital» suponen un paso más en su deificación en la vida de los humanos. «Lo que diga el ordenador»…»lo que nos de el ordenador»..muchas veces meros cálculos matemáticos sobre información sesgada e ideologizada que hemos introducido los propios humanos…nosotros tenemos «ideología» «intenciones» no solo sentimientos y emociones…condicionamos, con nuestras preguntas, las respuestas de las máquinas…
Un caso que ejemplifica este hecho es la pregunta hecha al Papa sobre si rezando se puede fumar. La respuesta fue NO. Si la pregunta es si fumando se puede rezar la respuesta es SI.
¿Qué preguntas hacemos? Si la tecnología es una consecuencia lógica de la Ciencia debemos colegir que la «tecnocracia» es su contraria…es una nueva manifestación de fe y creencias…muchas veces no racionales. Y esto está impregnando también las artes y la cultura, televisión y videojuegos son casos muy claros, pero también pasa en las artes tradicionales.
Muy interesante lectura para artistas, creadores, gestores y resto de oficios culturales.

Gestión cultural, urbanismo

por Miguel Ángel Pérez.

El lengauje de las ciudades. Un libro de Deyan Sudjic. Editorial Ariel.

Al parecer Le Corbusier dijo que la ciudad “es una máquina de habitar”. Un mecanismo, más o menos perfecto, en el que todos los elementos están ensamblados. Era una época de máxima mecanización, la posterior a la II GM.

Deyan Sudjic, director del Desing Museum de Londres, nos habla del “lenguaje” de las ciudades. Una serie de códigos expresivos que se usan de forma consciente y más o menos voluntaria para comunicarse. Pero, comunicar ¿Qué? ¿Qué nos cuentan las ciudades? ¿De qué nos hablan esos lenguajes?

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Nos hablan de economía, de búsqueda de oportunidades, de búsqueda de afectos, de anonimato, de personas, del clima…de vida. Y fundamentalmente nos hablan de poder. Diseña las ciudades el poder: económico, religioso, político, patriarcal, popular…

En las ciudades encontramos refugio, la Humanidad habita fundamentalmente en ciudades, muchas de ellas megalópolis caóticas fruto del caos creado por un poder sin autoridad moral, depredador y autoritario. En otras ciudades el poder dicta administrativamente, racionalmente…pero en las ciudades también debe haber afectos.

Leí hace unos años el libro “La ciudad de los niños”…ellos como mejores diseñadores de ciudades que permitan el trabajo y el juego, el ocio. Así eran las ciudades de Europa, de Florencia a Londres durante siglos. Apareció el coche y las ciudades se diseñaron extensas, consumidoras de tiempo y recursos. Una ciudad al servicio de la economía, el trabajo…el tiempo de ocio devino tiempo de traslados…a la escuela, al trabajo, a la cita amorosa…

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Y ahí seguimos, entre muchas aguas en función del grado de desarrollo democrático y económico de nuestras sociedades. En USA el poder sigue siendo el petro-dólar, lo mismo que en las ricas “monarquías bananeras” de oriente medio, en Asia el poder es de las satrapías religiosas o buro-comunistas y en Europa estamos despertando de la siesta producida por los efluvios gaseosos de los combustibles fósiles: petróleo.

Queremos ciudades que nos hablen de niños, de mayores, de jóvenes, de hierba, de edificios de dimensiones humanas, de cascos históricos, de artes, de cultura, de zonas diseñadas para habitar y realizar compras, no solo una de las dos funciones necesarias. Que nos hablen de historia, de futuro, de solidaridad, de belleza -sabiendo que el “feísmo” es también una forma de expresión- y también de trabajo y economía, por supuesto.

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Con todos estos códigos hemos de hablar desde las ciudades, este es su lenguaje y es lo que nos propone su autor… entiendo que nos lleva a una ciudad “políglota” que habla en muchos idiomas.

Hace unos días le dije a mi “socia” Teresa Antoraz: gestión cultural = urbanismo. La encantó. Pues eso.

Maguil

A vueltas con la memoria…

…que tanto me falla y que es lo único por lo que somos pueblos. Recuerdo, no obstante, tareas pendientes conmigo. Reyes Mate es una de ellas y ahí sigo con los ensayos de LA PIEDRA DESECHADA. Cuando vuelva (él) a mi librería puede que esté (yo) y puede aún que tenga palabras para una conversación. Dejo un perlita para olmedanos, pedrajeros y resto del mundo: «El idealismo, en efecto, lleva al totalitarismo porque cuando reducimos el conocimiento de las cosas a la aprehensión (errata en la edición, donde dice aprensión) de un único elemento, que llamamos esencia, lo que estamos haciendo es reducir la riqueza de la realidad a un único elemento que definimos como esencial, como privilegiado, despreciando el resto de características por «accidentales». Lo esencial puede ser la sustancia o la raza, la sangre, el hombre, el proletariado… cifras absolutas y excluyentes». Habla de  filosofía desde la trinchera en esta conversación con el autor que la edición de Trotta publica al final del libro. Tiene que ver con la memoria, con las memorias. Llevo unos días…

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En mi cuenta de correo electrónico Enrique Murillo, un editor de toda la vida, alguien conocedor de su oficio que ha aportado su trabajo a editoriales como Anagrama, Planeta, Plaza& Janés, Alfaguara…, una persona amable, atenta, provocadora de nuevas ilusiones, me da las gracias por regentar yo una librería de pueblo… pero, pienso, si yo soy más de pueblo que las amapolas… cómo iba a ser mi librería… Emocionado le contesto y me dice que hablará de mi caso a sus alumnos del Máster de Edición en la Universidad de Barcelona… y aún nos escribimos un poco más… pero yo ya quiero ponerme un poco al día con su editorial Los Libros del Lince y corto la comunicación hasta que eso pase. He pedido algunos de los libros a su cuidado, y de entre ellos sólo me había llegado uno cuando empezaba a escribir esta entrada: ASALTO A LA MEMORIA, mira por dónde. Claro, no tiene nada de casual que este título me llegara, pero sí que fuera el único por el momento. Así que hablando de memoria e ideología, dice Ricard Vinyes en uno de los artículos que conforman la obra, quizás sea el prólogo (soy un avaro consumidor de prólogos e introducciones) donde habla del término reconciliación: «(…) como ideología de Estado cuyo relato establecía la necesidad de recordar una sola cosa: que nada del pasado de la democracia republicana, la guerra civil y, muy especialmente, la dictadura, debía ser recordado, pues en caso contrario el país corre el riesgo de generar un entorno propicio a una nueva quiebra social». Bien, quería contrastarlo fundamentalmente con la idea que apunta Reyes Mate más arriba sobre los riesgos del idealismo en filosofía, porque inmediatamente me pregunto por la ideología y, por tanto, también que si Ricard Vinyes se siente quizá desarrollando la reivindicación de la memoria (de la que tenemos que hablar con algo de detenimiento) de Reyes Mate.

Al día siguiente de leer a Vinyes me encuentro con un artículo en EL CULTURAL de mi admirado Ignacio Echeverría: sobre la memoria histórica. ELOGIO DEL OLVIDO, de David Rieff, un trabajo polémico pero que, según el editor y crítico, es sobre todo, inspirador de un debate que aún está por desarrollar en nuestro país: la memoria, la cuestión del perdón y del olvido.

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Así iban mis días, encontrándome con la memoria, y aparece mi amigo Ricardo por la librería con un par de recortes: artículos de prensa: EL RELATO NARCISISTA, de José Álvarez Junco, a vueltas con el relato de lo sucedido, acomodaticio, simplificador (¿recuerdan lo más arriba apuntado en boca de Reyes Mate?), y LA VERDAD DE LA NOVELA, de Jordi Gracia, según el cual la buena literatura incomoda (debe hacerlo) a los relatores -precisamente acomodaticios- del pasado. Jordi Gracia toma como ejemplo las novelas de Javier Cercas y, en concreto, la última suya: EL MONARCA DE LAS SOMBRAS. Hay que ver cómo hila mi colega Ricardo.

Y aunque parece que he pasado muy levemente por Ignacio Echeverría digo que no, que este círculo lo cierro. Y con el círculo la entrada. Me dejó un poco en el aire la forma de introducir el tema en este artículo del que hablo, aunque apuntaba el editor unos cuántos títulos y autores más: TRADICIONES INVENTADAS (Hobsbawn), HISTORIA DE BRAZALETE NEGRO (Howard), ABUSOS DE LA MEMORIA (Todorov), RELEVANCIA TENDENCIOSA (Margalit) y UN PLEBISCITO DIARIO (Renan). Y yo me quedaba pensando después de la lectura del artículo que, vaya, Echeverría provoca al lector, le dice: mira, si quieres ponerte al día, ya sabes: puedes empezar por Rieff y seguir por todos estos: tienes para entretenerte un rato.

Al día siguiente me encuentro una publicación de un amigo (qué gusto) en facebook en la que se ponía bien a caldo precisamente a Rieff, por su defensa de la necesidad del olvido también en nuestra triste historia de desaparecidos recientes que no lo son tanto como para evitar la consideración de reivindicaciones retrógradas por parte de los interesados en no recuperar lo escondido. Me pongan las comas donde prefieran. La publicación de facebook partía de una entrevista a Rieff en EL NORTE DE CASTILLA. Yo, ya saben, sólo recomiendo un libro por artículo: seguiré leyendo a Reyes Mate, de momento.

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Reyes Mate, varios años (recopilación de ensayos)

Trotta, 2013. 312 páginas. Pvp: 22 €.

Disponible en librería La tienda de Lope (Olmedo)

y aula de teatro La Guardería (Valladolid)

Hacer memoria.

La secuencia va así: leo un día en EL CULTURAL una entrevista a Juan Mayorga hecha por Alberto Ojeda: nazismo, memoria, dolor de las víctimas y, en definitiva, EL CARTÓGRAFO, obra estrenada en el Calderón de Valladolid y que no pude ver. Me dio mucha pena perdérmelo teniéndolo tan cerca. Unas cuantas semanas después leo un artículo que firma Reyes Mate (Premio Nacional de Ensayo 2009), y de nuevo la memoria. Puede trazarse sin necesidad de forzar demasiado un línea desde Adorno (por qué no Marx) hasta Reyes Mate pasando por Arendt y Habermas. Me gustó mucho ese artículo filosófico que aborda la necesidad de conocer las bases de nuestro presente ahondando y asumiendo el sufrimiento al que la filosofía parece no tener en cuenta, y quedé especialmente encantado de que nuestro pensador fuera pedrajero, nacido por tanto a unos diez minutos de mi librería, de mi casa. Bien: el otro día mi amigo Miguel Ángel Pérez «Maguil» me encargó EL CARTÓGRAFO (por seguir estableciendo conexiones diré que también me encargó VERDAD Y MENTIRA EN POLÍTICA, de Hannah Arendt), y como ya tenía el gusanillo en el cuerpo lo he estado leyendo. El libro está dedicado a Reyes Mate, y esto me sorprendió mucho porque yo desconocía la conexión entre ambos autores, que por lo que he podido ver es íntima intelectualmente hablando. Mayorga es licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía. Además parece que un autor común a ambos es Walter Benjamin. Estoy encantado con esta nueva red, a la que espero poder añadir en breve a Marina Garcés: pero aún leyendo.

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Por lo demás: «Sal a la calle y pregúntate tú qué debe ser recordado», le dice el anciano a su nieta, aprendiz de cartógrafa, encerrado en el gueto judío de Varsovia. La cartografía como el arte capaz de dibujar memorias. Si no sirvieron en su momento quizás aún sean necesarios para mirar lo que pasó y, por tanto, saber lo que somos.Para ello hay que saber descifrar los mapas de la supervivencia, pero también los mapas de la guerra, unos y otros tienen en común que se dejaban robar, «eso se hace desde Roma», y pueden, por tanto, conducirnos adonde no vamos.

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Un total de doce personajes puestos en escena por dos intérpretes -no ha de olvidarse que el dramaturgo es en esta fantástica edición de LA UÑA ROTA director de los intérpretes Blanca Portillo y José Luis García-Pérez- que viven el gueto de Varsovia en épocas diferentes, desde su funcionamiento como tal en el nazismo hasta cuando no queda de ello ni rastro en la Polonia contemporánea, y cuya verdad se construye necesariamente sobre la memoria del dolor y del sufrimiento. Tengo que verlo sobre las tablas.

El libro se cierra con un ensayo de Alberto Sucasas, que aún no he leído: Cartografía teatral.

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Juan Mayorga, 2016. La Uña Rota, 2016.

(Incluye ensayo de Alberto Sucasas: Cartografía teatral)

132 páginas. 12 €.

(Tb disponible en aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid)

Sobre libros (II)

Estoy haciendo un pequeño trabajo para un amiga. Los temas a tratar son los libros, las ediciones, las editoriales… estas cosas de la publicación, de la memoria. Uno empieza a leer, retoma libros que conocía y se decide a abrir otros que no, en fin, enlaces, hay muchos enlaces en papel aún, son antiguos, fuertes, duraderos porque no se rompen, porque son, de verdad, virtuales… los bytes se deterioran, casi todo el sistema informático es caduco, formatos que están en extinción desde su primer día, imposible competir con el enlace de verdad virtual, verdadero en cualquier caso, que es tomar nota de nombres de un libro y buscar esos nombres en otro. No sé, es especulación pura, me viene a la mente según escribo, pero sí tomo la cuestión de la caducidad del medio digital de una fuente libresca, formato papel: LAS RAZONES DEL LIBRO, de Robert Darnston, y que leo en edición de TRAMA EDITORIAL, a cargo de mi flamante nuevo amigo Txetxu Barandiarán.

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Empecé a leerlo por el final, un capítulo en el que Darnton propone una Historia de los libros y donde ya me encontré con temas muy interesantes como el del negocio del librero en el dieciocho francés (aún editores) o el del gran escritor de la época en la que se enmarca este capítulo: Voltaire, que para dar mayor difusión a sus obras las ampliaba en ediciones piratas… Darnton, además de un montón de curiosidades muy sabrosas, nos habla del ciclo vital del libro, desde la autoría a la lectura pasando por el transporte, la impresión, la librería… sobre la importancia del transporte en la época y de las aventuras que suponía llevar los pliegos de las afueras de Francia a Sauvignon o Montpellier, por ejemplo, desde imprentas suizas, sobre el libro como medio fundamental de información… un capítulo apasionante que he sentido que se acabara. Sin embargo esto me ha obligado a tomar perspectiva para retomar su lectura de manera más o menos ordenada y aunque he dejado sin leer un capítulo que me ha resultado especialmente atractivo (El misterio de la lectura) sí he mirado y tomado nota en la mayoría de los demás.

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He apuntado algunas cosas más arriba y yo voy a decir mucho más allá de que Robert Darnton es autor estadounidense, bibliotecario director de la biblioteca de Harvard, punto de partida de este texto, o de que fue presidente de la Asociación de Estadounidense de Historiadores y es el principal impulsor del proyecto digital Gutenberg-e. Esta obra «sobre el pasado, el presente y el futuro» del libro toma este como medio fundamental para el estudio de la historia a través del cual poder encontrar claves de la cultura, la economía y las sociedades occidentales en sus distintas épocas. La historia del libro, por tanto, como historia de Europa y de Estados Unidos. Y también el libro como único medio seguro para conservar la información necesaria a partir de la cual construir nuestra historia, también la futura aunque esta, sí, con un complemento ya necesario: el aún inseguro y poco fiable medio digital que ofrece, sin embargo, nuevas e ilusionantes posibilidades.

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También en Trama Editorial y en su colección TIPOS MÓVILES me he dado el capricho de leer estos días un libro que llevé hasta el aula de teatro La Guardería (de Esther Pérez Arribas) en Valladolid y que apenas había ojeado -mucho menos hojeado- y respecto al cual me dejé llevar por los encantos de su formato, y es que da gusto mantener en las manos ciertas ediciones. Es un caramelo, una pequeña exquisitez que lleva por título EL AMANTE DE LOS LIBROS (1841), de Charles Nodier y que va precedido por pasajes de la obra de Alexandre Dumas LA MUJER DE LA GARGANTILLA DE TERCIOPELO, unos fragmentos deliciosos sobre la relación del afamado autor con el bibliotecario de El Arsenal, y también por un relato del propio Nodier -EL AMIGO DE LOS LIBROS- que no he terminado porque me estaba aburriendo. Pero la obrita que cierra y titula el libro no tiene desperdicio: sobre bibliófilos, bibliófobos, bibliómanos: «Sé de unos cuantos que miden la expansión de su biblioteca en metros cuadrados»

Y así es como me lo vengo pasando pipa estos últimos días, con la pena de que he de entregar mi trabajo en breve, con un poco de agobio porque no he empezado a escribir aún, y con ganas de seguir leyendo más, mucho más sobre libros, y sobre su historia.

LAS RAZONES DEL LIBRO. Robert Darnton.  22 €.

EL AMANTE DE LOS LIBROS. Charles Nodier (y Alexandre Dumas) 12 €.

¿Puede el arte curar?

Después de todo me está resultando raro recomendar este libro. Pero tengo una experiencia interesante con él y eso es suficiente. Me ha pasado que pensaba prescribirlo sin más. Se trataba de recomendar una biografía de la controvertida y pionera compañía de teatro The Livin´g Theatre. Entendía yo que se iba a tratar de una especie de hagiografía, de ensalzamiento de esta compañía nacida en 1947 que concibió el teatro de una manera radical y orientada al cambio social y político, de manera paradigmática en el Brasil dictatorial de los setenta, que por poco se los come a todos.

El caso es que me he encontrado con un autor -Carlos Granés- que lejos del reconocimiento de los principios que movieron a la Livin´g Theatre expone así la intención de este libro: «Lo que me resulta atrayente de Judith y Julian es otra cosa. Ya lo he adelantado, es algo que tiene que ver con la manera en que asumieron su vocación y la forma en que vivieron y concibieron el arte. Algo que, intuyo, sólo puedo explicar contando esos dos episodios de sus vidas; eso dos proyectos tan radicales como ingenuos, tan nobles como absurdos, con los que asumieron los más altos objetivos y pusieron a prueba, como nunca antes, todos los supuestos poderes que le adjudicó la modernidad al arte.»

Uno o dos párrafos más arriba estuve a punto de desestimar la recomendación de este libro que se pasea por los montajes Paradise Now y El legado de Caín, de los revolucionarios del teatro Judith Malina y Julian Beck, precisamente por un posicionamiento que me ha parecido demasiado neoliberal, vargasllosiano (Granés es estudioso, introductor de la obra del Nobel) como para acompañar en el viaje del experimento, el teatro colectivo, contracultural de esta compañía histórica. Una posición infantil la mía que trato de superar publicando la entrada: es precisamente la contraposición entre dos visiones del mundo radicales -la del autor y la de los artistas- lo que hace más interesante este libro.

Se pregunta, en cualquier caso, Carlos Granés: «Â¿Puede el arte curar? ¿Puede alterar la conciencia? ¿Puede generar cambios políticos? ¿Puede transformar la sociedad? Si el Living Theatre no logró cumplir ninguno de estos propósitos, entonces nunca nadie lo ha logrado ni lo logrará. Sospecho que también escribo para responder a estas preguntas».

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Carlos Granés, 2015. Taurus, 2015. 274 páginas. 18, 90 €.