Delirio de España

El pasado jueves 21 de noviembre tuvimos la primera tertulia literaria de la temporada en este de Club de Lectura que algunos amigos de la librería impulsamos y que, por cierto, no es nada exclusivo: está usted invitado. “Presentes” es el último y muy promocionado libro de Paco Cerdá (“El peón”, “14 de abril”) que parte del hecho histórico -desconocido por poco contado – del hipersimbólico cortejo que el régimen dictatorial naciente en el 39 hizo con el cadáver de JA Primo de Rivera, trasladándolo desde Alicante hasta El Escorial sobre hombros falangistas. Se está contando mucho y no voy a entrar en los detalles argumentativos del libro, pero resulta sorprendente cómo tres años después del golpe militar que provocara una guerra civil los fascistas aún mostraban semejante vigor, síntoma inequivoco de la capacidad vengativa y depuradora que ya estaban llevando a cabo y aún serían capaces de sostener en décadas posteriores.

En la tertulia se pusieron varias cuestiones sobre la mesa. Primeramente se apuntó el ejercicio de estilo que este libro supone, y en el que Cerdá juega con las voces y las expresiones ideológicas, tanto más extravagantes cuanto más se alejan del suelo que la mayoría pisamos cada día. En estos tiempos en los que el materialismo atraviesa una nueva crisis y los discursos fascistas vuelven a apelar a lo supraterrenal sin pudor parece que el autor trata de advertirnos de los peligros de ciertos simbolismos. Pero el ejercicio literario va más allá y es fácil encontrar versos de Calderón, Machado, Gil de Biedma, canciones entreveradas en la narrativa y para cuya extracción se exige al lector que haga su tarea porque, aunque no están escondidas, estas “letras” se integran perfectamente en el relato, bien para acentuar su sentido original o ironizar a partir de ello.

Paco Cerdá, 2024. Editorial Alfaguara, 2024. 326 páginas. Pvp: 20,90 €.

Hubo en la tertulia quien echó de menos mayor profundidad en las historias (personales) que se cuentan, apelando, efectivamente, a la complejidad de circunstancias que muchas veces rodeaban asesinatos y depuraciones que a menudo se han contado desde posicionamientos ideológicos. La cuestión del enfoque, de los planos, dónde decide quedarse el autor, hasta dónde llegar. Si tenemos en cuenta que es un libro escrito con otros libros como fuente principal creo que puede entenderse que sus historias no bajen hasta donde quizás sería irresponsable, y que no trate de contar cosas que sólo desde un conocimiento de primera mano -y me refiero con ello a haber visto los hechos o haber sido informado de ellos por fuentes presenciales- pueden contarse. Una de las cuestiones sobre las que nos interesa reflexionar en el Club de Lectura de este año es precisamente la representatividad (artística) del sufrimiento. Qué tenemos derecho a contar y qué no, hasta qué punto podemos ponernos en el pellejo de los que han sufrido y, por tanto, quién y cómo ha de contarlo. Cuestiones sobre las que Juan Mayorga y su maestro Reyes Mate nos alertaron en su momento.

Me hubiera gustado comentar en la tertulia que esta retahíla del libro de Cerdá que a veces puede resultar un poco cansina recuerda al ejercicio de responsabilidad que hemos visto en otros autores y que tienen que ver con la recuperación de las memorias perdidas, o simplemente de los nombres olvidados. En algún sentido este libro es una oración también, o está compuesto por oraciones o tiene una oratoria que contiene su propio peligro, una oratoria que denuncia la oratoria, pero que es un ejercicio literario bastante jugoso. Si uno se siente mareado en algún momento de la lectura no ha de preocuparse: está leyendo un libro que marea, y esa indisposición tal vez puede representar en algo la provocada por un país arrasado y la estomagante palabrería de quienes llevaban las riendas.

Algunos días antes de empezar “Presentes” terminé “Delirio y destino”, de María Zambrano, un libro mucho menos conocido que tiene en común con este de Cerdá que en ello ficción y realidad se confunden deliberadamente, componiendo una ficción que en ningún momento deja de ser narración de hechos reales y que tiene como objetivo principal la(s) memoria(s). El libro autobiográfico de Zambrano supone, además, un interesante ensayo filosófico sobre la imaginación, la soledad y el crecimiento, mientras que el de Paco Cerdá se queda en un plano divulgativo, no exento de sentimentalidad. Por otro lado mientras que “Presentes” está compuesto por un juego de voces que lo arma literariamente como una obra apetecible el libro de María Zambrano resulta duro de roer y como ficción se queda en intento tímido y fallido. Pongo estas primeras diferencias entre ambos libros para dar cuenta de que la relación entre las dos obras es algo forzada aunque, no obstante, creo que algo podemos sacar de ella.

María Zambrano, 1989 (a partir de texto original de 1953). Editorial Horas y horas, 2011. 336 páginas. Pvp: 18 €.

Cuando tomé “Delirio y destino” en las manos por primera vez me di de bruces con una idea preconcebida de España por parte de la autora y eso me disgustó. No por la idea concreta sino por el hecho de que la tuviera. Es algo que sin embargo debía yo esperar.  La lectura se fue animando posteriormente por lo que suponía un ensayo sobre la imaginación, el pensamiento, el conocimiento propio… en fin… un poco de chicha con la que se anima al lector a la meditación, “a reconquistar el sentido originario de las cosas”. España es una de estas cosas, en realidad la fundamental del libro. Firmemente defensora de La República, tras exponer algunas de las meditaciones sobre la nación por parte de plumas conocidas como la de Unamuno o Ganivet (hay otras: Menéndez Pelayo, Ortega…) sigue desarrollando su autobiografía (en paralelo a la Historia de España) para pedir el despertar del delirio y vivir la España presente de ese momento y a la que, según dice en varios ocasiones, naturalmente le correspondía la república como resultado del anquilosado período de La Restauración, que no daba más de sí y cuya artificial existencia (una dictadura mal velada, con Alfonso XIII y Primo de Rivera padre como mandatarios) justificaba los episodios de violencia-revueltas incluidas- que empezaban a verse por todo el territorio. La República era una suerte de advenimiento, que fue frustrado por un golpe militar y una nueva dictadura como destino fatal. Se rechazó la inspiración y volvió a abrazarse el delirio. Una inspiración adelantada a la del resto de Europa, quizás demasiado adelantada para la época.

Pero trato de decir que en definitiva la lectura de ambos libros supone para mi una aportación a la idea histórica o identitaria de España que sigue en permanente cuestión (y ejemplo claro de ellos serían últimamente libros como “España diversa”, de Eduardo Manzano, o “¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista”, de David Porrinas) y que es otra de las cuestiones que me preocupan y sobre la que la lectura de ambos libros me incita a pensar. A día de hoy me sigue resultando bastante llamativo la visible preponderancia que se da a símbolos como la bandera española frente a la atención y cuidados que requieren la convivencia y el mantenimiento del vecindario donde uno vive. No acierto a saber a qué se debe y mucho menos entiendo de qué hablan quienes hablan de España, un concepto a día de hoy abstracto para mí a pesar de entender perfectamente lo que el Estado español significa. Por aquí me llego. No me resisto a transcribir unas palabras de María Zambrano a propósito de la memoria: «Todos los muertos prematuros, los muertos por violencia, necesitan que se cuente su historia, pues sólo debe ser posible hundirse en el silencio cuando todo queda dicho». Pero este país ni siquiera ha sido capaz de recuperar sus cuerpos desaparecidos en la Guerra Civil y la depuración de la dictadura franquista. Y ya no lo va a hacer a tiempo. Supongo que España es lo que fue (¿desde cuándo?) y a lo mejor lo que es (hay mucho de vergüenza en ello aún), y supongo que hay muchas españas imaginarias.

Merecer la pena.

Hablar de un mismo tema todo el rato hace que el tema pierda su gracia. Que me haya dado por las memorias me lleva a hablar quizá en exceso de una cuestión que, además, requiere de acotaciones que establezcan campos, por aquello de saber de qué se habla. El de la memoria es un tema difícilmente conmensurable y, por ejemplo, no vendría a cuento hablar en esta entrada de mi falta de memoria, esa que me ha llevado a perder dos libros en los últimos meses: PRESENCIAS REALES, de George Steiner, en edición de SIRUELA,  y  MEMORANDUM / EL ERROR, de Vaclav Havel y que edita la ADE. De este último me han llegado recientemente 10 ejemplares porque va a ser libro de nuestros JUEVES DRAMÁTICOS, en una versión especial que terminará tras dos meses de lecturas y preparación en una dramatización que haremos pública. Será en enero y febrero del 18 y Óscar García tiene casi toda la culpa. Empecé la lectura de MEMORANDUM, de aire kafkiano y beckettiano, con un humor muy fino y también muy político, y en algún sitio debí de dejarlo, pero ni siquiera hay rastro en mis libretas que componen, al menos, listas para el recuerdo. De ellas tiro para escribir estos artículos.

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Vaclav Havel, 1965 y 1983 respectivamente. Edición de asociación de directores de escena, 1990. 170 páginas. 8.65 €

Lo cierto es que mi memoria es tan mala que en la publicación anterior, en la que hablaba de Oliver Sacks, olvidé comentar algunas cuestiones importantes de su libro EN MOVIMIENTO, la fundamental de todas es su alegría a pesar de todo. Es decir, puede que el libro tenga un carácter algodonoso un tanto decepcionante, pero también vale hacer la cuenta en sentido inverso: a pesar de las dificultades la vida puede disfrutarse, creo que trata de decirnos. Nos hace ver que de las máximas dificultades pueden sacarse experiencias enriquecedoras. Y aún: contar las cosas con alegría o al menos comprensión hacia uno mismo es hacerlas digeribles, crear buenos recuerdos, puede que falsos pero… ¿cuándo puede uno fiarse de verdad de su memoria? Este es otro tema.

En lo que al libro de Sacks se refiere digo también que particularmente me ha emocionado -porque soy fácilmente emocionable y entiendo que un pelín pamplinero- un final en el que el Sacks de 77 años, bien jodido con su ciática, su ojo izquierdo prácticamente perdido por un melanoma y su rodilla derecha machacada, se enamora de nuevo de un hombre, treintaicinco años después de haber practicado sexo por última vez… Habría que preguntarle si mereció la pena tanta espera, o tanto sufrimiento al final de su vida… Pero ya sabemos que diría que sí.

En septiembre leí a Julio Llamazares en su columna sabática de EL PAÍS: iba de memoria. Sobre la paradoja que se estuvo haciendo visible durante las semanas de sequía en España: viejos pueblos ocultos bajo el agua de pantanos artificiales se descubrían entonces a los ojos de aquellos que habían perdido su hogar bajo las ostentosas inauguraciones franquistas. Ahora, decía, que los ríos fluyen por su cauce natural de nuevo tan sólo se oyen las voces de quienes claman al cielo (la mayoría de nosotros) para que llueva. Pero qué pasa con la memoria, con la historia de quienes «regresan a sus lugares de origen para reconocer sus casas y recordar su pasado» (sic). Y me digo entonces: ¿Cuando de nuevo llueva y todo quede inundado deberán resignarse al olvido? ¿A pensar que fue un sueño? Entonces también ellos se alegrarán de que vuelva a llover, de que sus pueblos y sus casas desaparezcan de nuevo: hay penas para las que estamos preparados, y que creemos necesarias: es cuando algo «merece la pena».

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Clara Janés, conferencias de 2004. Siruela, 2010. 132 páginas. 15.90 €.

El caso es que he seguido con las memorias estos días. Hace ya algunos que terminé el maravilloso libro de Clara Janés sobre María Zambrano: DESDE LA SOMBRA LLAMEANTE. Se trata de una edición muy chula de SIRUELA (2010) compuesta de varias conferencias que la poeta dio sobre la filósofa sobre todo en el año 2004, cuando se celebraba el centenario de su nacimiento. Janés la conoció bien, primero de manos de Rosa Chacel y luego por sí misma, y en ambos casos por reuniones en su casa de Madrid, ya anciana al regreso del largo exilio que sobre todo vivió en La Pièce, casa de campo francesa en donde la imagino en paz consigo y ampliando -como diría Oliver Sacks- su mapa cerebral desde la tranquilidad, las lecturas y la escritura pausada, oxigenada por el aire del bosque…  Evidentemente Clara Janés es también conocedora de la obra de Zambrano, cuyo sistema filosófico es profundo, riguroso y muy atractivo, el suyo es uno de los pensamientos más importantes de Europa y desde luego de España, pero en mis años de la UVA -estudios de Filosofía- a penas se la nombraba.

De esta introducción a su obra lo que me maravilla es la conexión de su filosofía con lo oculto, con lo pitagórico, lo órfico. La música (que tiene a su vez su origen en la danza, y esta en la respiración), llanto y gemido por el sentir del tiempo, es puente entre ese sentimiento, lo profundo del yo (¿soledad?) y el logos, lo profundo del cosmos. La música es gemido y es tiempo racionalizado, es aplacatorio y conecta con el logos, por ahí anda ya la razón poética. Y en el tiempo racionalizado están los números porque ellos están en la música. Por eso los números, las matemáticas, conservan un sentido (reminiscencias) mágico. Matemáticas, razón mediadora, es traducción del ritmo.

Y dicen Zambrano y Janés sobre Zambrano (me resulta difícil distinguir): «El número y el ritmo revelan el tiempo cósmico y la máxima realidad que de él se arranque será el alma. El alma, descubrimiento, revelación de inspiración órfica, que es viaje a través del tiempo».

Y no hay que olvidar que, según los pitagóricos, la relación musical entre los astros  se reproduce en los órganos de los seres humanos: danza, música, matemáticas. Por eso la razón poética: porque el pensamiento no puede separarse de la vivencia ni del misterio, el pensamiento es integrador, no huye , ni rompe a la manera de la filosofía, de la realidad, de la tragedia de la vida. El poeta no trata de transformar  el mundo (en el sentido de retorcerlo conceptualmente, no en el sentido político), sigue el curso del río (Manrique) y ahonda o nada en el misterio.

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Rosa Chacel, 1960. Editorial Comba, 2015. 704 páginas. 21 €.

Tan buen sabor de boca me ha dejado esta lectura que ya he pedido algunos libros de María Zambrano, el primero de los cuales empezaré a leer será DELIRIO Y DESTINO. De momento estoy con LA SINRAZÓN, de Rosa Chacel. Lectura densa, libro de memorias ficticias o ficcionadas, y que comencé con mucha ilusión pero que me ha ido desfondando según avanzaba. Por momentos me he sentido sin energía leyendo retratos psicológicos, reflexiones interminables… He querido abandonarla en un par de ocasiones (ay, qué pobre) y luego he querido alternar su lectura con la de otros libros, pero he reflexionado antes para llegar a la siguiente conclusión: ¿para qué alternarla con otros autores, pudiéndola alternar a ella con ella misma? Chacel lo abarca todo, merece la pena de no empezar nuevos libros… quédense con la expresión…