Sentimiento trágico de la libertad
La libertad permite elegir entre hacer el bien y hacer el mal. Esa es la tragedia de la libertad en palabras de Angélica Liddell. El dilema es existencial, y si uno lo asume como necesario tiene un bonita batalla que perder pues, ¿cómo considerar natural el derecho a hacer el mal?. Esa pelea tiene que ver con la que uno pueda tener consigo o con Dios: el artista parece estar particularmente empeñado en librarla, quizá sin ser consciente de que el único resultado posible es su autodestrucción. La comunidad, la civilización, el sistema, la norma, la cultura aniquilan al individuo y sus pretensiones más o menos épicas, en realidad libertarias pero también trascendentales.
A veces veo en Liddell una conexión con conceptos o ideas nietzscheanas como la voluntad de poder cuya imposibilidad de aplicar derivan en un malestar existencial que se desarrolla en forma de frustración, llanto y rabia. «No hay más diablo que la persona común». El misticismo de Liddell no es tal por muy religiosos que nos parezcan sus textos. La auténtica libertad es inaplicable porque serÃa transgresora, y ni siquiera una personalidad como Angélica Liddell puede llegar a tanto. La violencia es inútil hacia el impenetrable muro de afuera y sólo cabe ejercerse hacia uno mismo. Tiene de mÃstico lo que hay de consagración a Dios, aunque no puede dejar de leerse en ese dios al propio ángel (o diablo, o la tensión entre ambos) que es uno mismo. Pero sÃ, quizás sea una suerte de misticismo, no lo sé.
En realidad de Angélica Liddell no sé nada, no puedo saberlo, más allá de que hay una llaga viva en ella que conduce su obra y seguramente su vida. Si la llamamos mÃstica bien podrÃamos llamarla santa, no sólo en su reivindicación sino también en la acción: «hundirse en lo más repulsivo de la carne para alcanzar la divinidad».
A partir de sus experiencias como cuidadora de sus padres -particularmente de su padre- durante el último tramo de sus vidas Liddell escribe este poemario que se hunde en lo más común, sucio y doloroso de lo humano (y su carne) para el encuentro con lo sagrado. Un libro bello y repulsivo, que lo invita a uno a salir de él con urgencia mientras lo lee y relee irremediablemente hasta el final. Hay algo tan antiguo en sus palabras y tan primario que lo remite a uno a su origen, a su destino, lo habla directamente, con profundidad y sin rodeos. Palabras mayores. Parábolas y oraciones hacia alguien desconocido, invisible y seguramente inasible pero por ello más real que todo lo conocido la acompañan, o la esperan. ¿Se canta a lo que se pierde? También a lo que no fue, y a lo que no será.


Verso y teatro
Silencio
Estar por Ciudad Rodrigo en su feria.
A TRAVÉS DE LA VENTANA, 7.
Estábamos por estar menos Esther y yo en esta edición de 2022 de la Feria de Teatro de Castilla y León que, como siempre, se celebra en Ciudad Rodrigo (23-27 de agosto) y, miren por dónde, hemos estado más que nunca. O esa sensación nos traemos de vuelta a Olmedo. Porque el plan original de descargarnos de exhibiciones de sala y disfrutar de las otras actividades de la feria ha dado un doble resultado favorable de lo más jugoso. Por un lado hemos estado más en las actividades en las que estábamos y hemos podido dilatar ambigús y saludos postreros. Por otro nos hemos acercado con tiempo suficiente y en repetidas ocasiones a la exposición fotográfica de José Vicente, la instalación poética de Baychimo Teatro y las actividades que componen la que es, sin duda, programación más importante de la feria, aun no siendo la central: Divierteatro. De la misma manera pudimos acudir a la que para nosotros era cita irrenunciable de esta edición: el reconocimiento a Miguel Ãngel Pérez MartÃn (Maguil) -por cierto, colaborador de este blog- con el «Rosa MarÃa GarcÃa Cano» a la gestión cultural. Esther participó con el propio Maguil de la presentación del libro «Historia del teatro contemporáneo de Castilla y León» que hace unas pocas semanas se presentaba originalmente en Olmedo Clásico, y a la que acudà como librero de etiqueta teatral a la que voy cogiendo el gusto. Y, en fin, acompañamos lo mejor que supimos a nuestros compañeros de Artesa en el espacio creado para la feria… entre otras…

Como Ãbamos por estar con tiempo llegamos al albergue La Concha el lunes por la noche, aún unas cuantas horas antes de la inauguración. Y por la mañana acudimos al taller de COFAE «Â¿Sabes lo que te ofrece una feria?» con el que comenzamos muy bien nuestra vivencia de la feria. Abigail Ballester y Margarita Troguet nos dieron algunas claves (o nos las recordaron) y nos inspiraron en cualquier caso a tomarnos en serio los preparativos para una feria profesional. Uno de los datos que el taller nos ofreció, especialmente esclarecedor y que me tiene contrariado fue el presupuesto de la feria (300.000 €), paupérrimo para lo que la esta desarrolla: hablamos de 47 espectáculos que entre salas y calle ocupan 19 espacios que hay que equipar, toda la programación de Divierteatro en dos espacios distintos e igualmente equipados, la exposición fotográfica y otras propuestas y, por supuesto, toda la organización, comidas, bus y presentaciones incluidas, sean espectáculos, libros o informes… Lo comparo con otros festivales o ferias de parecido presupuesto -y alguno de ellos me toca tan cerca que me abrasa- y no puedo evitar dos reflexiones: una me hace preguntarme qué hacen algunos con proyectos que pulen sus presupuestos para hacer siempre lo mismo y sin atisbo de ir a lugar alguno. La otra es, sin duda, el espectáculo que en sà mismo ofrece una feria como la de Ciudad Rodrigo, que no tendrÃa sentido en ningún otro lugar dada su implicación con el territorio, al que tanto da y del que tanto recibe. Cómo explicar a otros directores que están al frente de proyectos sin personalidad y que estos bien podrÃan llevarse a cualquier otro territorio o población sin ningún problema para sus soso proyecto y, en realidad, creando su ausencia pocos a la propia población de la que casi nada saldrÃa. La Feria de Teatro de Castilla y León multiplica su presupuesto, no sólo económicamente, sino social y pedagógicamente hablando, y procura desarrollo en su territorio. A ello debemos sumar la eficacia en la oficina y su capacidad -exquisita- de atención, además de unos números que respaldan los objetivos profesionales de difusión de las artes escénicas, con un (nada desdeñable) hueco asegurado para las compañÃas de la región y con una mirada peninsular en la que cobra especial importancia el trabajo que se hace en Portugal, una acertada singularidad que responde, como en el caso de sus raÃces territoriales, con una forma responsable de desarrollar los proyectos. Por supuesto que la Feria de Castilla y León merece más presupuesto (y que algunos consejeros estén calladitos y dejen tranquila la lengua, la de todos pero especialmente la suya, esto lo merecemos todos).

Dicho esto lo que sigue es una crónica de la estancia de Esther Pérez Arribas (Teatro de compañÃa Pie Izquierdo) y de la mÃa. Ese primer dÃa lo rematamos con una comida en la que los inscritos en el taller pudimos conocernos un poco mejor. Por desgracia la inauguración del Espacio Artesa se produjo también a esa hora y no pudimos estar en aquella con nuestros compañeros de las artes escénicas de la región. Asà que desde la comida fuimos directos a la inauguración oficial de la feria, que se celebró en el Palacio de Montarco y que acompañamos durante la presentación del director -Manuel González- y abandonamos en cuanto empezó a nevar oficialmente, pues nos dejamos en Olmedo la ropa de invierno. Luego nos retiramos a la tarde, que esperaba tranquila.
El miércoles fuimos al parque La Florida para disfrutar del que sin duda ha sido uno de los hitos de esta feria, la instalación poética de Baychimo Teatro «Versos que anidan» y en la que las palabras se incorporaban a la escena individual que las casetas nido, alimentadas con una plaquita solar, creaban para el espectador/oyente de poemas de autores (plumas) como Alejandra Pizarnik, Gloria Fuertes, Gianni Rodari, Beatriz Osés, Raúl Vacas, MarÃa Elena Walsh, Oliveiro Girondo o León Felipe en la voz (canto) de intérpretes como Elena Muñoz, Paloma Leal, Ramón EnrÃquez, Ana Roncero o Antonio Velasco… un juego que invita al descubrimiento y que provoca la imaginación, un encuentro entre literatura, teatro, artes plásticas y naturaleza que es también lugar de reunión para espectadores, vecinos y artistas donde intercambiar visiones de la poesÃa, entendida esta en un sentido amplio. Una instalación que nació del primer festival PoetiZa y que bien puede alimentar ferias del libro y otros festivales literarios. Hay que contarlo.


Con nuestro amigo Patxi Vallés -Pez Luna Teatro- vimos algo del pasacalles «Ambulantes», de «Z Teatro» y «La escalera de tijera», bien acompañados por el público que estaba por divertirse aún a la solana de la plaza mayor y tiramos hacia el Espacio Artesa. Un espacio en el que han pasado cosas durante toda la feria y que ha logrado convocar a diversos agentes de lo teatral gracias a los vermús donde han debido producirse buenas conversaciones y, se entiende, algún que otro compromiso por parte de las administraciones. Se trata, sin duda, de un espacio necesario y es un logro que esto se vaya consiguiendo gracias al esfuerzo de su junta directiva. Todo a pesar de que Feria y Artesa no parecen tener una relación clara que entiendo deberÃa buscar el complemento de sus actividades. De momento las de Artesa dan como resultado una suerte de programación off que podrÃa ser una opción a desarrollar pero que más bien se presentaba descolocada este año, cuando no descolocando…


En la primera comida de esta edición tuvo lugar el acto que para algunos de nosotros – por supuesto «artesanos» incluidos- era el más significativo de esta feria: el reconocimiento a Miguel Ãngel Pérez MartÃn -gestor cultural, maestro de las artes escénicas, creador, conocedor y divulgador de las artes en general y, entre otras cosas, timonel de Artesa durante algunos años- con el premio Rosa MarÃa GarcÃa Cano que le entregaron sus principales promotores en este caso: Ana Gallego (a quien Maguil dedicó el premio: por valiente) y Ãngel Sánchez, compañero en el primer Teloncillo al que Maguil se incorporó en 1974. El reconocimiento a Maguil es también a una forma de estar totalmente comprometida con la innovación, con la utilidad de la cultura en general y de las artes en particular y, sobre todo, a una persona generosa que comparte información y conocimiento desde el convencimiento de que cada cual sabrá hacer con ello lo que crea oportuno, a poder ser crear nuevo conocimiento, en cualquiera de sus vertientes: artÃstica, investigadora, pedagógica… Oro para nuestras artes. Referente absoluto.

Durante la propia comida fue también reconocido el trabajo y los proyectos de personas y programas como Eduardo López Velasco, Proyecto Ornitorrinco y Escenarios Móviles, unos u otros con trayectorias largas o especialmente novedosas o útiles a las que dar visibilidad. Y desde la comida Esther y yo fuimos a ver «La buena letra», de la compañÃa «El mono habitado», en el Espacio Rosa. Un montaje minimalista alrededor de la idea de autarquÃa que contaba la historia de una pareja que primero por casualidad, después por habito o divertimento y, finalmente, por necesidad ejercÃan una suerte de dominio maquiavélico sobre toda la comunidad de vecinos a través del control invisible del correo postal. Una propuesta original y cortita que dejaba su relato en un punto de acidez o mera provocación con regusto afortunadamente no muy duradero.

Y del Espacio Rosa hasta Teresianas para la presentación del libro «Elio y EloÃsa», de Denis Rafter, una suerte de biografÃa ficcionada para los jóvenes en los que se narra la historia del aún joven Antonio de Nebrija hasta que se separa de EloÃsa para volver años después a su pueblo natal ya como el gran lingüista que se formó en Italia y profundizó en el estudio y la gramática de la lengua vulgar española. Una historia, al fin y al cabo, de amor. Y de allÃ, cuesta abajo hasta el albergue, de retirada, con nuestros flamantes ejemplares del libro bajo el brazo.

Tras el despertar, desayuno y, en general, puesta a punto del jueves por la mañana fuimos hasta el Espacio Rosa para disfrutar del último montaje de Teloncillo: «Coser y cantar». Una vez más un espectáculo impecable en el que los sugerentes objetos que protagonizan las historias que van hilándose -valga la ocurrencia- sugieren y llaman al asombro de los más peques. Especialmente divertida, además, está Ana en este montaje (también yo aprovecho para agradecer su valentÃa en estas funciones tan difÃciles como las del otro dÃa) y, por supuesto, la música de Ãngel crea la atmósfera perfecta y procura el incidente teatral de los personajes. Es una gozada verles trabajar con tanta limpieza y sentido.

Volvimos a la instalación poético-sonora de Baychimo para escuchar algunos poemas más y seguir hablando con compañeros de la feria y luego continuamos hasta el Espacio Tierra para ser partÃcipes del éxito de Teatro de Poniente «El manuscrito de indias», un montaje en el que Antonio Velasco lo hace todo en escena para contar la historia de Nuño DÃaz, una suerte de personaje maldito, marcado por la sociedad sevillana de la que acaba huyendo para embarcarse como indiano al otro lado del Atlántico y hasta el «descubrimiento» de La Florida de la mano del explorador Ponce de León. Muy buena acogida del público que lógicamente deberÃa traducirse en contrataciones.

Y aunque nos retiramos a descansar un poco tras la comida a las 21 h asistimos al estreno de lo último de El Aedo, «La metamorfosis de Gregor». Un trabajo serio y ambicioso que trata de agarrar a los jóvenes para adentrarles en una realidad que puede pasar peligrosamente desapercibida: la tentación del suicidio a la que adolescentes perdidos pueden sucumbir si las circunstancias y los contextos no ofrecen un camino. Un montaje de formato grande en el que el hogar/jaula/pantalla crea la escena en cuyo interior se desarrolla el drama de Gregor, incapaz de gestionar su transformación en (puber) bicho raro desde una infancia no tan lejana, marginado y desconfiado como respuesta a su propia inseguridad: Samsa no logra salir de sus celdas. Una obra con mucho fondo en la que nada gratuito se cuenta y está llena de detalles que pueden ayudar al público a tomar conciencia sobre algunos hábitos y a buscar su propio enfoque de la realidad. Continúa pues El Aedo con su apuesta por el encuentro con público joven, empeño difÃcil e interesante pero, sobre todo, importante. Esperamos que este proceso que tiene mucho de investigación continúe dando(nos) pistas con nuevos montajes. Dando vueltas al espectáculo que acabábamos de ver nos retiramos definitivamente a descansar ese jueves…

…y llegó el viernes, penúltimo dÃa de la feria, el último para una gran mayorÃa de programadores… y prontito empezamos con una primera actividad de la que participábamos de manera directa: la presentación del libro «Historia reciente del teatro en Castilla y León» a cargo de Miguel Ãngel Pérez MartÃn que, como coordinador, nos habló de la génesis y el proceso de creación, que pasó por varios shocks (pandemia incluida) desde 2019 y que finalmente salió a la luz este 2022 con la colaboración de protagonistas de algunos sucesos principales y de periodistas que desde afuera pudieron ofrecer su propia perspectiva. Un libro que contó también con Germán Vega, Héctor Urzáiz e Isaac Macho como equipo coordinador y un total de 27 articulistas, un primer (importantÃsimo) peldaño hacia la documentación (memoria y reflexión) que ordene la historia de nuestro teatro en la región y cuya labor debe continuar. Mi compañera Esther Pérez Arribas pudo hablar de su experiencia como profesora de teatro (y secundaria) y dar su visión sobre la relación que educación y teatro tienen y pueden (o deberÃan) tener, y del papel que el teatro puede cumplir en la educación reglada, cuestión esta de un descuido desalentador. Habló de tres proyectos muy ligados a su territorio en los que teatro y educación van de la mano, como «Cultivando miradas» de Baychimo en Zamora, «La cantera», de la propia Esther y su Pie Izquierdo en San Miguel del Arroyo, y el certamen de teatro aficionado de MengorrÃa en Ãvila. A la pregunta que desde el público se hizo sobre la existencia de una red de escuelas municipales de la región la respuesta fue, evidentemente, que no. La implicación de las administraciones es prácticamente nula en ese sentido y, por desgracia, la habitual intolerancia y estrechez de miras de nuestros gobiernos regionales han avanzado hasta tornarse banderas que ondear al viento arenisco de nuestra tierra.

Seguimos después estando a nuestra manera de estar en Ciudad Rodrigo este 2022 y fuimos a Divierteatro y pudimos acompañar a Denis Rafter en el palacio de Montarco: cuando llegamos empezaba un cuentacuentos basado en su «Elio y EloÃsa» para niños del pueblo vecino de Sancti EspÃritus y en el que lo principal no era tanto lo que contaba sino cómo lo contaba, cómo lograba la atención de los peques y hacerles partÃcipes del rito teatral. Afuera, en la plaza del Conde, talleres y otras actividades de Divierteatro vestÃan la calle de jaleo y pudimos adentrarnos entre infantes para disfrutar del trabajo de Pilar Borrego (Katua&Galea) con su historia de gatos, limpito y delicado como siempre. Un placer acompañarla y una suerte tenerla siempre disponible porque nos dio algunas pistas chulas para seguir Divierteatro al dÃa siguiente.

Y desde allà fuimos a la Casa municipal de Cultura para ver la exposición «Desde el alma», a partir de la selección de imágenes del mirobrigense José Vicente, fotógrafo oficial de la feria. Un trabajo que abarca 20 años de instantáneas y que retrataba algunos momentos fuera de escena, en el camerino o entre bambalinas, de gran expresividad. Una maravilla que bien merecÃa ser recorrida con un mÃnimo de sosiego e invitaba a repetir. Es por ello que volvimos al dÃa siguiente, ya sábado, para tirar alguna foto que nos faltaba, que nos habÃamos llevado dentro y querÃamos tener con nosotros disponible también un poco afuera.



Tras un nuevo encuentro en Artesa y la comida con buenos amigos descansamos un rato en el albergue para (intentar) rematar el dÃa con el nuevo montaje de La pequeña victoria Cen. Afortunadamente habÃan podido pasar el dÃa antes «Disculpa si te presento como que no te conozco» con buenos comentarios como cosecha, algo que no nos extraña sabiendo de su sensibilidad y la mirada poética con la que suelen impregnar sus números circenses. Pero el viernes no pudo ser y la lluvia no nos permitió comprobarlo con nuestros propios ojos. Queda pendiente.
Y el sábado nos despedimos de la feria: primero pasamos eso sÃ, por el mercadillo de Ciudad Rodrigo («Â¡Tres euros lo de la mesa, 5 € lo colgao!) y llegamos a Divierteatro para disfrutar de manera consecutiva de un par de espectáculos. Bien atendidos, como siempre, por Miriam Hernández y sus compañeras, llegamos hasta el espectáculo clown del payaso Francis, con el que nos reÃmos un buen rato gracias a sus torpezas, ocurrencias y guiños con los que invitaba a los niños a participar del disparate. Acto seguido nos incorporamos al número del mago Óscar Escalante, que a plena luz del dÃa y con mucha energÃa desplegó algunos trucos que nos mantuvieron bien pegados a los asientos, aunque ni Esther ni yo tuvimos la suerte de que el mago «nos sacara». Algunos niños si vieron colmada su expectativa de ser escogido pero lo que no vieron es qué pasó, y aún deben de estar dando vueltas al asunto: magia, claro. Dimos una última vuelta a la exposición de José Vicente antes de irnos, tras comer con nuestra amiga Nuria Aguado, de vuelta a Olmedo.

Y hasta aquà nuestra feria de este año, tan sólo la crónica de una de entre las múltiples ferias que uno puede disfrutar en Ciudad Rodrigo, de manera más y menos profesional y con la sensación siempre de que sigue creciendo (no su presupuesto) en el mejor sentido posible: raÃces hacia abajo y lazos alrededor. Si se preguntan que qué hacÃamos por las tardes, tan de retirada casi todas ellas, les diré: cada tarde leÃamos (Angélica Liddell, Diamela Eltit, Paz Errázuriz) nos bañábamos en el rÃo, cenábamos en el restaurante del albergue y tomábamos una copa hablando de lo que habÃamos visto, de lo que querrÃamos ver… hablábamos de teatro, proyectos, esas cosas…
Elipses
Mutis por la loma
A TRAVÉS DE LA VENTANA, 6.
Fuente Olmedo es uno de los pueblos que alrededor de esta villa nuestra logran mantener una buena parte de su administración a pesar de contar con escasÃsima población. Forma, junto a otros seis pueblos, el conocido como alfoz de Olmedo. La peculiaridad de Fuente Olmedo es que en los últimos decenios ha albergado y puesto en marcha iniciativas culturales y artÃsticas de diversa Ãndole, algunas con proyección nacional, y sigue siendo hoy un extraordinario punto de encuentro entre artistas y otros entusiastas de las artes.
Por allà hubo en tiempos ya remotos un festival de música folk promovido desde el propio ayuntamiento, pero es igualmente fácil recordar La Alfábega, una casa rural-restaurante cuyas ambiciones trascendÃan no sólo lo empresarial sino también lo gastronómico (de indudable valor gracias a la buena mano de Toni Giménez) y promovÃa conciertos, además de encuentros alrededor de actividades relacionadas con la danza, la música y los viajes que Agar Martà desarrolló a partir de sus talleres de yoga. Pero particularmente interesante es en los últimos años la creación de un espacio de arte contemporáneo como El huerto del tertuliano, que de la mano del artista plástico Rubén Polanco ha puesto en marcha varias exposiciones que hacen de Fuente Olmedo un lugar de singularidad cultural, sin duda a la altura de la dureza que cualquier pueblo castellano tiene para con la cultura y, sobre todo, las artes, mayor aún en un pueblo de cincuenta habitantes. La cosa es seria y, como se comprenderá, tiene mucho más fondo que unas pocas palabras aduladoras como las de este texto.

La dureza de proyectos como estos supone el peligro de perder la energÃa a incontrolables raudales, y en uno de ellos alguien descuidado (de sà mismo) fácilmente puede quedarse atrapado (aunque siempre puede surgir la oportunidad de un tercero que desde cierta distancia de seguridad ponga atención al hecho y decida acompañarlo e incluso echar una mano). Pero es que, además, hay en estos proyectos otro peligro de gran importancia, una cuestión vital que consiste en la posibilidad de desencuentro entre visitantes y pobladores, una posibilidad esta de nefastas consecuencias y que es necesario tener presente desde el momento del diseño.
Aunque este peligro siempre está acechante creo que por lo general tanto los proyectos de los que he hablado como el concreto en el que hoy voy a detenerme están contando con el apoyo de los vecinos de Fuente Olmedo. Eso sólo puede producirse cuando los proyectos cuentan en su misión con el desarrollo del medio en el que se producen, y el desarrollo sólo puede darse a partir de los elementos propios del lugar. Como tantas veces en este blog hablo de la necesidad del encuentro entre lo que hay y lo nuevo, lo que viene de fuera. Sólo a partir de este encuentro se produce la innovación. Lo otro son aterrizajes, ocurrencias, a veces disparates. Es fácil verlo y decirlo. Hacerlo es otro cantar.

Conozco a Inés y su FactorÃa cultural MartÃnez. desde hace algunos años. No la conozco mucho, pero nos atendemos, nos miramos con generosidad, y me parece que nos creemos. Yo, que soy un tipo descreÃdo, la creo a ella, aunque todas mis dudas, las que ya he planteado en el párrafo anterior han sido también para con ella. Lo son para con todos, me chirrÃan los proyectos que vienen de fuera a salvar lo rural. Pienso que lo rural sólo puede salvarse desde lo rural, que los máximos responsables del vaciado de los pueblos son las generaciones que un dÃa decidieron (pensaron) que la solución estaba en marcharse. No les culpo. No es eso: no soy quién para juzgar las circunstancias personales de cada cual, pero fue decisión de los propios pobladores abandonar los pueblos. Y hoy es decisión de los propios pobladores abandonarlos, buscarse el futuro afuera, en las ciudades, sobre todo en las grandes. El futuro. No sabe uno si reÃr o llorar. Y es responsabilidad de los ciudadanos urbanitas que lo hacen (tengan o no una relación previa con los pueblos) relacionarse con el medio rural de una manera no sólo ventajosa sino, además, castradora.

Estas son ideas y preguntas, quizás todo simples dudas, que me rondan por la cabeza a menudo, y que se excitan dÃas como el pasado viernes 12 de agosto, para cuando estaba programada la actividad «Teatro a la fresca» que con la inestimable ayuda de Marcos Isamat Inés GarcÃa Albi y su factorÃa pusieron en marcha. Un encuentro en el Valladolid profundo que fue función teatral y cena entre amigos, artistas, vecinos de Fuente Olmedo y público en general. Con el cielo cambiante y la lÃnea de una loma que dibujaban un espectacular fondo de escenografÃa tuvo lugar la función teatral «Ana y SerafÃn, inquilinos de la periferia», creada e interpretada por Rafa Sánchez. Una obra de tono confesional que contaba la propia historia de Rafa Sánchez, en realidad la de su padres, trabajadores humildes, que un dÃa deciden buscarse la vida muy al norte y dejar atrás su pueblo cordobés. Asà que subidos en «el sevillano» parten un dÃa de Córdoba para llegar a Barcelona, donde esperan poder hacer una vida digna de mención, que poder ser contada o, vaya, que poder ser vivida según los relatos de triunfo que tanto ruido hacen. AllÃ, en el barrio de BadÃa del Vallés, se crÃan Rafa y sus hermanos y comienza una historia que es única y es la de tantos. Y que me interesó por las dos cosas, pero he de reconocer que la historia personal, esa suerte de homenaje a sus padres, a la pelea contra el inmenso Goliat que es la vida, tan inmenso que uno no puede creer de veras que vaya a ganar salvo por un golpe de suerte… ese homenaje me emocionó, y gracias a ello me sentà un poco más explicado. Como persona, digo.

Es seguro que ello sólo puede lograrse desde el tono confesional (se lo llama, o yo lo llamo, confesional de una manera genérica, y me pregunto si será porque esconda siempre un sentimiento de culpa), con el que la obra se desarrolla, y que dota a la historia de verdad, de la verdad del teatro, esa que llega por vÃa directa de la palabra y que confÃa en el público, en su complicidad para con un juego que debe ser muy serio, también cuando es divertido. Y triste. En la impecable interpretación de Rafa Sánchez uno se ve obligado a llorar a la vez que rÃe, casi como un acto de respeto. Con muy pocos elementos, algunas maletas, una mesa, unos pocos cacharros, apenas un bafle que reproducÃa música en algunas ocasiones (con Nieves Eugenio Bayo a los mandos), y con la capacidad del actor de adoptar distintos personajes (padres, hermanos, vecinos…) siempre con una gestualidad mÃnima y de eficacia rotunda en su sobriedad vimos (re)pasar la vida de Ana y SerafÃn sobre unas pobres tablas apoyadas en pacas de paja, bajo el inmenso cielo castellano de Fuente Olmedo.

La otra parte de la función teatral, la historia de todos es por todos conocida y algo he adelantado. De hecho, obra y función estaban llenos de sentido en el paupérrimo pueblo de Fuente Olmedo, uno de los miles de casos de pueblos desahuciados a los que nada más les queda que atender con dignidad a sus últimos pobladores. El caso de la emigración de los pueblos -que va haciendo de este paÃs una suerte de donuts a la inversa porque en ello todo menos perÃmetro y centro va quedando hueco- tiene su pequeña reproducción a escala en distintas zonas de Castilla y de Valladolid. ConvendrÃa saber al respecto, por ejemplo, qué mirada tiene sobre el asunto la administración de Olmedo y cuál serÃa su forma ideal de relacionarse con los pueblos de su alfoz. También a la inversa.
Fue, pues, un encuentro gozoso más allá de la función de teatro. Pude estar con amigos y amigas, algunos de los cuales hacÃa tiempo que no veÃa, me complació conocer artistas y gestores de la zona y de alrededores, también de más lejos y, sobre todo, me pareció que todo tenÃa mucho sentido cuando comprobé que del encuentro participaban vecinos de Fuente Olmedo (también de Olmedo) con la alcaldesa, Belén Sobrino, entre ellos. Compartimos la riquÃsima cena que Marcos preparó en la casa Vinos y Licores, un espacio muy amigable con sus guirnaldas de bombillas y mesas y sillas sobre el césped en un rincón desde donde se vislumbraba la luna de agosto… todas sus circunstancias componÃan una noche como para que cualquiera de los que allà estábamos nos sintiéramos, también gracias a las atenciones recibidas, especiales… pero -y allá va la despedida- cuidado con sentirse especial. Eso está bien. Pero que lo especial no consista en estar en una burbuja fuera de la realidad, más bien tratemos de contagiar la realidad cuanto podamos con este tipo de encuentros. Porque el dÃa después, su incidencia, es importante, lo más importante. Se debe procurar la manera de que estas actividades no sean hechos aislados, efÃmeros. Y desde luego evitar la trampa de que lo exótico para los de afuera sea el gran problema de los pobladores. Sin desarrollo del medio no tiene sentido.

De momento FactorÃa Cultural MartÃnez lleva ya algunos años desarrollando actividad interesante (en septiembre se celebrará la III edición de «Ancha es Castilla») con el teatro, la música y la filosofÃa como materias centrales. Y gracias ello se crean relaciones que bien podrÃan desarrollarse en redes entre ámbitos local, provincial y nacional. Que ese empeño tenga como centro Fuente Olmedo es una suerte y una oportunidad para cuantos vivimos por aquÃ, y esperamos que también suponga relaciones nuevas entre los movimientos que en Olmedo y su alfoz se producen.
PoesÃa bajo el moral
A TRAVÉS DE LA VENTANA, 5.
Las letras como motivo de encuentro para una velada agradable gracias al acogedor espacio que en La Mata de Cuéllar crea nuestra amiga Almudena Pascual para estar y aún para ser en este pueblo pequeño como tantos, ya casi abandonado del todo como los demás, desparecido en la inmensidad del desierto castellano que reyes, curas, señoritos, cÃclopes y gorgonas eternamente vivos de por aquà procuran con orgullosa estulticia (redentora, protectora, conservadora, miedosa, acomplejada), aún con sus huecas, incercenables cabezas sobre los hombros. Pero obviemos lo archiconocido:
Para ver las cosas hay que mirarlas, y debe de ser que el escaparate de la librerÃa aumenta la realidad que se atiende. Asà que se ve bien desde aquà y uno se percata de cosas chulas que ocurren, como tantas veces, cerca, muy cerca. Les invito a que lo prueben. Gracias a ello he podido saber de este encuentro programado en La Mata de Cuéllar el domingo 7 de agosto, donde han confluido dos activismos rurales de los de nuestra comarca, de esos que la mantienen viva pese a la niebla acechante de la realidad administrativa, regional, provincial y, por supuesto, local de cada pueblo, que aún en verano (o lo que sea esto) todo lo cubre. Seguimos:
Gente Festeamus de Cuéllar lleva ya 12 ediciones de su festival de teatro , danza y música en su municipio y desde hace unos cuantos organiza con bastante éxito de convocatoria los Micros Abiertos de PoesÃa, en los que un nutrido grupo de lectores de poesÃa (pero también de poetas), de músicos de ciudades y pueblos cercanos, se reúnen para compartir textos propios y ajenos (o de todos), acordes, melodÃas y, sobre todo, momentos. Además de en el municipio segoviano del que nacieron, estos encuentros poéticos se han celebrado en muchos pueblos de la comarca y, por supuesto, también en Olmedo, donde les pudimos tener durante el festival Olmedo Clásico de 2017, como parte de los Jueves Dramáticos que organiza la librerÃa.

La otra parte fundamental del encuentro del pasado domingo ya la he nombrado: son Almudena Pascual y ese espacio tradicional de su pueblo que es la terraza de El Moral, asà llamada porque prácticamente toda ella la ocupa este viejo árbol que proporciona agradecida sombra. Ella lo mima para el disfrute de visitantes y participantes de las actividades que allà organiza y que tienen que ver con el cuidado del pueblo, con el medio ambiente y con las artes. La razón por la que Almudena desarrolla en su pueblo actividades desde la asociación de mujeres podemos hallarla sin necesidad de buscar pues se vislumbra en su entusiasmo, que alimenta a cuantos lo percibimos y se contagia con facilidad alrededor, que le pone a uno las pilas y aún le ayuda a despejar dudas sobre la necesidad de mantenerse activo cuando estas surgen, que surgen recurrentemente por débiles que sean. Ante ese entusiasmo todo parece natural, casi necesario y no necesita de mayor explicación, pero hay que darla. Hay que decir aunque ya se sepa que desarrollar actividad ciudadana en los pueblos es la única manera responsable de habitarlos, y que la única oportunidad de estos pueblos pasa por el activismo de sus habitantes. Y, desde luego, que las artes son herramienta fundamental para ello, por su capacidad de convocatoria alrededor de lo nuevo, de lo que puede ir más allá, de lo que procura futuro pues, ya lo hemos visto, no será lo de siempre lo que venga a salvarnos.

No era la primera vez que iba al bar Chicote de La Mata de Cuéllar, he tenido la oportunidad de estar allà con Almudena en otras ocasiones, tratando, compartiendo, contrastando nuestras miradas comarcales junto a otros amigos. Y ya entonces me habÃa enseñado ella el espacio, prometedor de aquellas, acogedor de estas. En la propia entrada uno se siente acogido: reconocer a la gente de Festeamus, coincidir también con otros amigos, el espacio que invitaba a ser disfrutado para que mi compañera Esther y yo nos sentáramos mientras Ãbamos saludando, frente al pequeño escenario, mágico gracias a su aire silvestre, maquillado para pronunciarlo, y, poco a poco, empezar una vez que Kati Cuesta -la encargada de organizar los micros de esa ocasión- tenÃa el orden claro.

Un par de sorpresas me llevé aún al comienzo de esta velada de la que, por cierto, también Esther y yo participamos. Leyó ella del poemario «Autobús de Fermoselle», de Maribel Andrés, y yo del de Lauren Mendinueta «Una visita al museo de historia natural». Las sorpresas: pudimos conocer a Julie, una joven checa a la que Almudena acoge estas semanas y que nos leyó en su idioma original «Canción de amor» del nobel Jaroslav Seifert. También Julie fue encargada de caligrafiar con preciosas letras el cartel «Micros abiertos de poesÃa», sobre cartón viejo, al más puro estilo Almudena Pascual. La otra sorpresa fue que Almudena leyó un poema que para la ocasión habÃa escrito mi estimado, querido amigo José Carlos Iglesias, cronista de lo rural a la delibeana manera con quien comparto gustos literarios y momentos jugosos: se nos quema Castilla estos dÃas y el humo -bien nos tememos- no será señal suficiente para ojos de vaca que siguen rumiando hierba mientras miran la realidad atónitos porque esta ocurra…

Tomamos algo tras la lectura, tras la música de guitarra con que terminó la actividad, comimos Esther y yo un crepé y uno calamares ricos por alargar la velada y disfrutar de la compañÃa, de los amigos, del moral, de una noche poética en su mismo planteamiento, en su escenificación, cuidados, atenciones…

















