Vivir bien

SAVATERIANAS, 9.

En su columna del sábado 16 de diciembre Fernando Savater nos dice que en los centros educativos españoles se adoctrina demasiado. Lo hace a colación de los malos resultados de España en el último informe PISA, que son tan malos como los del resto de Europa y muy poco peores que los del desierto CyL. Imagino que la consecuencia primera de este informe es que estamos enseñando mal, pero hay que preguntarse también qué y para qué enseñamos.

Dos cosas han sucedido a favor de esta (no) columna. Una es que la he podido dedicar el tiempo que merecía porque la siguiente de Savater, la de este 23 de diciembre, no dice nada ni merece atención alguna si no es desde trincheras. La otra es que en estos días un amigo compartió con el resto una tribuna de Reyes Mate que me ha ayudado a centrar la mirada. En «Ricos en vivencias, pobres en experiencias» el filósofo reflexiona a partir de la inclusión en su diccionario que la RAE ha hecho de la palabra «vivencia». Así que llevo con esta entrada varios días, casi todos en mi cabeza o abriendo tímidamente su borrador de cuando en vez, mirándola de reojo, o simplemente comentando su tema con amigos en la librería…

Que una vivencia se convierta en experiencia personal, que suponga alimento, depende de que le dediquemos el tiempo suficiente, de que se sostenga sobre un pasado consciente (no quiere decirse fijo) y pueda proyectarse hacia algún lugar nuevo, de hecho procurando un lugar nuevo que ha de tener mucho de propio. Me resulta difícil pensar que un sistema de enseñanza en el que los docentes trabajan agobiados de informes y pasan buena parte de sus horas laborables colgados de aplicaciones informáticas, de ordenadores o móviles, puedan transmitir el sosiego en la atención que el aprendizaje requiere, un aprendizaje que va más allá de contenidos clásicos indudablemente necesarios. Puede que como decía Savater se adoctrine demasiado por aquí: el aprendizaje necesita de la digestión de cada uno, necesita convertir datos y técnicas en conocimiento propio. Y tenemos prisa.

En cualquier caso sería fácil inferir de los resultados del PISA (a partir de evaluaciones a jóvenes de 15 años) que las puertas que nos han obligado a cruzar en aras de una libertad multiplicable según nuevas formas de conocimiento ha conducido a pasillos estrechos que perimetran la experiencia sin tocarla, como electrones ultraexcitados y más bien confusos. Por su puesto que leen peor nuestros jóvenes, muchos ni siquiera saben leer a los quince años pero, sinceramente, ¿sobre qué base pueden apoyar sus pies los chicos y chicas de una época en la que el tiempo se desdibuja fruto de una atención total al presente estrecho del instante, a la inmediatez que las nuevas tecnologías nos brindan y que los ahora adultos aceptamos en su momento como ventaja? Hoy, como padre, me sigue preocupando más en qué ocupan mis hijos su tiempo de ocio que el provecho que puedan sacar al académico, y si algo hemos de exigirle a este último es que enseñe a vivir bien.

A vueltas con la memoria…

…que tanto me falla y que es lo único por lo que somos pueblos. Recuerdo, no obstante, tareas pendientes conmigo. Reyes Mate es una de ellas y ahí sigo con los ensayos de LA PIEDRA DESECHADA. Cuando vuelva (él) a mi librería puede que esté (yo) y puede aún que tenga palabras para una conversación. Dejo un perlita para olmedanos, pedrajeros y resto del mundo: «El idealismo, en efecto, lleva al totalitarismo porque cuando reducimos el conocimiento de las cosas a la aprehensión (errata en la edición, donde dice aprensión) de un único elemento, que llamamos esencia, lo que estamos haciendo es reducir la riqueza de la realidad a un único elemento que definimos como esencial, como privilegiado, despreciando el resto de características por «accidentales». Lo esencial puede ser la sustancia o la raza, la sangre, el hombre, el proletariado… cifras absolutas y excluyentes». Habla de  filosofía desde la trinchera en esta conversación con el autor que la edición de Trotta publica al final del libro. Tiene que ver con la memoria, con las memorias. Llevo unos días…

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En mi cuenta de correo electrónico Enrique Murillo, un editor de toda la vida, alguien conocedor de su oficio que ha aportado su trabajo a editoriales como Anagrama, Planeta, Plaza& Janés, Alfaguara…, una persona amable, atenta, provocadora de nuevas ilusiones, me da las gracias por regentar yo una librería de pueblo… pero, pienso, si yo soy más de pueblo que las amapolas… cómo iba a ser mi librería… Emocionado le contesto y me dice que hablará de mi caso a sus alumnos del Máster de Edición en la Universidad de Barcelona… y aún nos escribimos un poco más… pero yo ya quiero ponerme un poco al día con su editorial Los Libros del Lince y corto la comunicación hasta que eso pase. He pedido algunos de los libros a su cuidado, y de entre ellos sólo me había llegado uno cuando empezaba a escribir esta entrada: ASALTO A LA MEMORIA, mira por dónde. Claro, no tiene nada de casual que este título me llegara, pero sí que fuera el único por el momento. Así que hablando de memoria e ideología, dice Ricard Vinyes en uno de los artículos que conforman la obra, quizás sea el prólogo (soy un avaro consumidor de prólogos e introducciones) donde habla del término reconciliación: «(…) como ideología de Estado cuyo relato establecía la necesidad de recordar una sola cosa: que nada del pasado de la democracia republicana, la guerra civil y, muy especialmente, la dictadura, debía ser recordado, pues en caso contrario el país corre el riesgo de generar un entorno propicio a una nueva quiebra social». Bien, quería contrastarlo fundamentalmente con la idea que apunta Reyes Mate más arriba sobre los riesgos del idealismo en filosofía, porque inmediatamente me pregunto por la ideología y, por tanto, también que si Ricard Vinyes se siente quizá desarrollando la reivindicación de la memoria (de la que tenemos que hablar con algo de detenimiento) de Reyes Mate.

Al día siguiente de leer a Vinyes me encuentro con un artículo en EL CULTURAL de mi admirado Ignacio Echeverría: sobre la memoria histórica. ELOGIO DEL OLVIDO, de David Rieff, un trabajo polémico pero que, según el editor y crítico, es sobre todo, inspirador de un debate que aún está por desarrollar en nuestro país: la memoria, la cuestión del perdón y del olvido.

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Así iban mis días, encontrándome con la memoria, y aparece mi amigo Ricardo por la librería con un par de recortes: artículos de prensa: EL RELATO NARCISISTA, de José Álvarez Junco, a vueltas con el relato de lo sucedido, acomodaticio, simplificador (¿recuerdan lo más arriba apuntado en boca de Reyes Mate?), y LA VERDAD DE LA NOVELA, de Jordi Gracia, según el cual la buena literatura incomoda (debe hacerlo) a los relatores -precisamente acomodaticios- del pasado. Jordi Gracia toma como ejemplo las novelas de Javier Cercas y, en concreto, la última suya: EL MONARCA DE LAS SOMBRAS. Hay que ver cómo hila mi colega Ricardo.

Y aunque parece que he pasado muy levemente por Ignacio Echeverría digo que no, que este círculo lo cierro. Y con el círculo la entrada. Me dejó un poco en el aire la forma de introducir el tema en este artículo del que hablo, aunque apuntaba el editor unos cuántos títulos y autores más: TRADICIONES INVENTADAS (Hobsbawn), HISTORIA DE BRAZALETE NEGRO (Howard), ABUSOS DE LA MEMORIA (Todorov), RELEVANCIA TENDENCIOSA (Margalit) y UN PLEBISCITO DIARIO (Renan). Y yo me quedaba pensando después de la lectura del artículo que, vaya, Echeverría provoca al lector, le dice: mira, si quieres ponerte al día, ya sabes: puedes empezar por Rieff y seguir por todos estos: tienes para entretenerte un rato.

Al día siguiente me encuentro una publicación de un amigo (qué gusto) en facebook en la que se ponía bien a caldo precisamente a Rieff, por su defensa de la necesidad del olvido también en nuestra triste historia de desaparecidos recientes que no lo son tanto como para evitar la consideración de reivindicaciones retrógradas por parte de los interesados en no recuperar lo escondido. Me pongan las comas donde prefieran. La publicación de facebook partía de una entrevista a Rieff en EL NORTE DE CASTILLA. Yo, ya saben, sólo recomiendo un libro por artículo: seguiré leyendo a Reyes Mate, de momento.

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Reyes Mate, varios años (recopilación de ensayos)

Trotta, 2013. 312 páginas. Pvp: 22 €.

Disponible en librería La tienda de Lope (Olmedo)

y aula de teatro La Guardería (Valladolid)

Hacer memoria.

La secuencia va así: leo un día en EL CULTURAL una entrevista a Juan Mayorga hecha por Alberto Ojeda: nazismo, memoria, dolor de las víctimas y, en definitiva, EL CARTÓGRAFO, obra estrenada en el Calderón de Valladolid y que no pude ver. Me dio mucha pena perdérmelo teniéndolo tan cerca. Unas cuantas semanas después leo un artículo que firma Reyes Mate (Premio Nacional de Ensayo 2009), y de nuevo la memoria. Puede trazarse sin necesidad de forzar demasiado un línea desde Adorno (por qué no Marx) hasta Reyes Mate pasando por Arendt y Habermas. Me gustó mucho ese artículo filosófico que aborda la necesidad de conocer las bases de nuestro presente ahondando y asumiendo el sufrimiento al que la filosofía parece no tener en cuenta, y quedé especialmente encantado de que nuestro pensador fuera pedrajero, nacido por tanto a unos diez minutos de mi librería, de mi casa. Bien: el otro día mi amigo Miguel Ángel Pérez «Maguil» me encargó EL CARTÓGRAFO (por seguir estableciendo conexiones diré que también me encargó VERDAD Y MENTIRA EN POLÍTICA, de Hannah Arendt), y como ya tenía el gusanillo en el cuerpo lo he estado leyendo. El libro está dedicado a Reyes Mate, y esto me sorprendió mucho porque yo desconocía la conexión entre ambos autores, que por lo que he podido ver es íntima intelectualmente hablando. Mayorga es licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía. Además parece que un autor común a ambos es Walter Benjamin. Estoy encantado con esta nueva red, a la que espero poder añadir en breve a Marina Garcés: pero aún leyendo.

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Por lo demás: «Sal a la calle y pregúntate tú qué debe ser recordado», le dice el anciano a su nieta, aprendiz de cartógrafa, encerrado en el gueto judío de Varsovia. La cartografía como el arte capaz de dibujar memorias. Si no sirvieron en su momento quizás aún sean necesarios para mirar lo que pasó y, por tanto, saber lo que somos.Para ello hay que saber descifrar los mapas de la supervivencia, pero también los mapas de la guerra, unos y otros tienen en común que se dejaban robar, «eso se hace desde Roma», y pueden, por tanto, conducirnos adonde no vamos.

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Un total de doce personajes puestos en escena por dos intérpretes -no ha de olvidarse que el dramaturgo es en esta fantástica edición de LA UÑA ROTA director de los intérpretes Blanca Portillo y José Luis García-Pérez- que viven el gueto de Varsovia en épocas diferentes, desde su funcionamiento como tal en el nazismo hasta cuando no queda de ello ni rastro en la Polonia contemporánea, y cuya verdad se construye necesariamente sobre la memoria del dolor y del sufrimiento. Tengo que verlo sobre las tablas.

El libro se cierra con un ensayo de Alberto Sucasas, que aún no he leído: Cartografía teatral.

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Juan Mayorga, 2016. La Uña Rota, 2016.

(Incluye ensayo de Alberto Sucasas: Cartografía teatral)

132 páginas. 12 €.

(Tb disponible en aula de teatro La Guardería. C/ Sinagoga s/n. Valladolid)