Su lucha sigue

Me acordé de Knausgard creo que porque es verano. También porque estas semanas se ha publicado su nueva novela, «La estrella de la mañana», y porque necesitaba desquitarme de una novela de autoficción que ni siquiera había logrado acabar justo antes de empezar esta tercera parte de la serie autobiográfica de libros «Mi lucha», famosa en el mundo entero .

K O Kanusgard, 2009. Anagrama, 2015 (Trad Kirsti Baggetum y Asunción Lorenzo). 498 pág. Pvp: 14,90 €

Digamos que la lectura de «La isla de la infancia», al igual que el de las dos partes anteriores, me ha resultado bastante sabrosa y no he podido con ella evitar excitar mi propia imaginación infantil, mis recuerdos más y menos traumáticos (que no dramáticos: la vida va de coña, cada vez lo tengo más claro) y la constatación de que uno puede tener que ver básicamente lo mismo con un noruego que con una mexicana cuando se cuenta lo importante en vez de lo meramente circunstancial. ¿Que qué es lo importante? Ay, querida, lo importante es lo de cada día. A lo extraordinario yo lo llamo guarnición.

Un hombre enamorado.

Una semana en Sanxenxo, por mediación de unos buenos amigos que, además, nos han acompañado algunos días. Me he llevado trabajo. Ella también. Nos vamos de vacaciones para trabajar relajados. También me he llevado la segunda parte de la serie de libros autobiográficos de Karl Ove Knausgard que edita Anagrama. No pensaba escribir sobre ello pero cuando lo estaba terminando me entraron muchas ganas.

Debe de ser porque encuentro parecidos entre él y yo, e incluso porque me siento identificado con algunas cosas que escribe a pesar de que nuestras vidas son muy diferentes. El noruego se reconoce poco hablador, un tipo soso en las conversaciones y despreocupado de los demás desde la distancia, lo que mi madre ha llamado toda la vida ser un despegado. Knausgard , sin embargo, asegura sentir desde la cercanía -más o menos obligada- una fuerte empatía con  los demás  que no deja aflorar su personalidad, de manera que a menudo es sometido al criterio del otro. Y anoto en mi libreta a renglón seguido: «yo a esto lo he llamado muchas veces cobardía».

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Lectura en Sanxenxo: al otro lado del cristal vida vecinal alejada del turismo dominguero.

El caso es que he leído mucho por las noches, y también por las tardes y por la mañana antes de empezar las tareas libresco-teatreras de cada día, pocas pero incordionas por lo que tienen de necesarias. Eso sí, sentado en la terraza del apartamento podía alegrarme la vista también cuando alzaba la mirada del libro y veía a los vecinos cuidando el huerto o la discontinua procesión de caminantes, una señora con el carro de la compra, un chico joven con una mochila al hombro, una mujer de mediana edad que parecía ir de vacío pero volvía a la hora con bolsas de plástico cargadas de alimentos… un niño con el triciclo, un perro… fue muy sorprendente constatar que todos ellos conformaban una única familia… un paseo mañanero con Esther confirmó la sospecha de ella de que ese camino en realidad no tenía recorrido más allá de donde alcanzaban nuestros ojos, que todas esas personas salían de la misma casa a la que volvían tras realizar sus tareas…  ¿También el anciano y el hombre no tan maduro con quien hablaba, qué se yo, de tomates, pimientos y judías, vivían juntos, eran de la familia…? No sé, creo que les miraba porque lo suyo me recordaba a lo mío, su huerto al de mi padre en Olmedo… las coincidencias provocan una sensación de reconocimiento, de identificación… y eso es algo que sitúa o que provoca la muy alimenticia necesidad de situarte, de hacer memoria, de pensarte con generosidad para dar valor a tu vida y a la de quienes te rodean… un ejercicio sano sin duda…

Curiosamente el libro de Knausgard habla de su iniciación como padre con su pareja Linda en Suecia, donde se conocieron y a donde llegó tras, de alguna manera, huir de Noruega y de su vida de ese momento. Este libro es un libro de iniciación. Los amigos a quienes visitamos esos días en Sanxenxo (horrible ciudad al menos en agosto) eran padres primerizos también. El mar está presente en toda la obra y qué decir de las gaviotas. Esas aves que siempre han infundido en mí bastante respeto, e incluso miedo, habitaban el libro y el cielo sobre el terreno de huertas de nuestro apartamento de la Veiga Descalza. En uno de los pasajes  Knausgard viaja a través de Google Maps y va a parar a Ríos Gallegos, ciudad argentina… las coincidencias aparecían sin cesar mientras leía y las iba anotando en el cuaderno… en fin… se preguntará el lector que a quién le importan mis cosas y que por qué las escribo, y me pregunto lo mismo y me pregunto también si en realidad se puede contar algo que no sea propio… me digo que si uno no se atreve a considerar sus experiencias material literario, si uno no cree que lo suyo merezca ser contado en realidad no tiene nada que contar. Bien: Knausgard lo cuenta todo.

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¿Estudio de Knausgard o un posado más?

Esto tiene sus peligros. Como me pasó con el primer libro -LA MUERTE DEL PADRE- me ha costado coger un poco el ritmo de lectura, cargada de un anecdotario familiar que en principio no tendría mayor interés pero que, esta es la cuestión,  al poco se revela como lo verdaderamente importante. Va, lo digo, este va a ser mi primer aforismo: la manera de vivir la cotidianeidad es en definitiva la manera de vivir y de estar en el mundo. Entiendo que ahí está el valor de la obra. Que esa es la apuesta del noruego. Vale que su vida tenga algo de extraordinario pero, en definitiva, su valor no está tanto en eso como en lo normal de su vida.

No hay que desdeñar, sin embargo, la profundidad de sus reflexiones. Al fin y al cabo se trata ya en el momento de afrontar su biografía de un escritor entrenado, con éxito en su país y reconocido también por la profesión gracias a sus dos obras anteriores a esta serie: UN TIEMPO PARA TODO, y FUERA DEL MUNDO. La parte metaliteraria, las conversaciones sobre libros y autores con su amigo Geir, su forma de enfrentarse a la escritura encerrado en un apartamento durante horas durante días, la pudorosa vivencia de su prestigio, el trato incómodo con los periodistas, con otros autores…  sensaciones que se convierten en sentimientos y que, en realidad, me cuestan un poco creer pues basta dar una vuelta por la red para quedar saturado de posados del escritor. Y a los posados del escritor hay que unir los de miembros de su familia, como precisamente Linda Boström, de quien habla abiertamente y a quien este libro debe de haber convertido en una persona popular, víctima y beneficiaria de una obra literaria que debe suponerse (¡hay que jugar!) escrita a tumba abierta. Podríamos hablar aquí de la capacidad transformadora que tiene este libro de la vida de algunas personas que lo conforman, por cuanto que aparecen en ella desprotegidas por la mirada ególatra de Knausgard… pero también lo podemos dejar para otra entrada… pues imagino que seguiré leyendo la serie… es una buena lectura de verano…

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Linda Boström

La realidad para Knausgard es también que tiene una hija, y luego otra hija y un hijo más con Boström, y que se encarga de la crianza de todos ellos por épocas más o menos intensivas que ha de combinar con otras épocas de escritura… él se atreve a hablar con franqueza de lo que suponen los hijos, de sus sentimientos hacia ellos, habla con franqueza de sus miedos, de su cobardía, sí, porque cuando su amigo habla de la alta moralidad que supone a Knausgard este lo traduce en simple cobardía. Sabía que el noruego no me iba a fallar en esto: la cobardía se disfraza de respeto a los demás, pero eso es una falta de respeto hacia uno mismo. Está bien decirlo.

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Qué tío más guapo…

De hecho la franqueza (que a pesar de todo prefiero no poner en duda la mayor parte del tiempo) podría ser uno de los temas del libro. Quizás el alcohol fuera el otro, como continuación del primero de la serie, en la que cuenta la muerte de su padre alcoholizado… «La vida se gasta», tengo también apuntado en la libreta. Es algo que se percibe en el escritor: en lo personal las nuevas ilusiones (con cada hijo, los planes con Linda…) ni siquiera llegan a ser un disfrute con fecha de caducidad sino que se presentan simplemente como algo virtual y no se materializan. Knausgard está sumido en la frustración casi todo el tiempo, en la oscuridad…. puede que de ahí le venga la necesidad de estar solo, de la soledad como elección, como capricho, no como obligación… Qué bien se respira en la soledad cuando sabes que en realidad tienes a los tuyos cerca, disponibles cuando les necesites… muchas veces para aguantar lo peor de ti. Mezclo con otra reflexión, lejos del libro, que tomo de otros lugares: reservamos nuestros comportamientos ejemplares para el ámbito no familiar, que queda excluido de un comportamiento respetuoso y templado… y me digo: quizás la alta moralidad consista precisamente en tener el mismo comportamiento público que en familia.

En cualquier caso lo personal es, sin duda, el tema fundamental de la obra, si me he tirado un poco a la piscina en esta entrada ha sido, sin que sirva de precedente, por jugar también yo un poco. Knausgard destaca dos factores que deciden su vida: su padre y no pertenecer a ningún lugar. Literariamente yo destacaría otro factor, que es su pesimista mirada artística: «Lo inventado no tiene ningún valor. El mundo carece de valor por cuanto lo vemos a través de la ficción».

De la memoria a las memorias.

Al final me decidí por transcribir en mi libreta citas y pasajes del primer libro del ya conocido proyecto de Knausgard MI LUCHA, serie en la que cuenta con pelos y señales su vida y que tanto éxito ha tenido a pesar de detractores como yo. Fue ésta una lectura que abandoné hace un par de años, decepcionado por lo que creía un ejercicio de onanismo pasado de rosca. Algo desde luego innegable aún hoy. Lo que pasa es que este verano he descubierto las virtudes de ese onanismo y he devorado el libro en unos pocos días de lecturas trasnochadas, alguna que otra cerveza y mucho tabaco. Han sido cinco o seis días de vacaciones psicológicas. Hace unas semanas que madrugo mucho y no bebo nada y llevo cuatro días sin fumar. Pero un día llegará la segunda parte, UN HOMBRE ENAMORADO. ¿Volveré entonces a sufrir de mi propia memoria? ¿Me provocará una nueva catarsis sobre mi libreta o cuaderno de campo? Esta lectura ha servido para ajustar alguna de mis propias cuentas. Y he descubierto en Knausgard a un escritor con fondo. No está nada mal.

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A los pocos días comencé otras memorias, esta vez las del profesor de neurología clínica Oliver Sacks, que falleció recientemente. Se llaman EN MOVIMIENTO, y tienen su gracia: algo de su infancia, su juventud, su pasión por las motos, su homosexualidad, sus viajes a Holanda, EEUU, sus relaciones familiares, sus sentadillas, su hermano esquizofrénico… conmovedoras y envidiables a  la vez, y quizá, un tanto lejanas. No puedo dejar de compararlo con la lectura de Knausgard, al que sentí dolorosamente cercano a pesar de ser nuestras vidas diferentes y de vivir en países diferentes, y, sin embargo, mi vida está aún más alejada de la de este médico inglés de pudiente ascendencia judía que me resulta menos comprensible, por no decir extraterrestre. No obstante quizás su precocidad intelectual me hiciera disfrutar de su lectura. Y su vida aventurera más.

Me apetecen, definitivamente, las memorias (parece que he pasado del tema filosófico «la memoria» a la lectura literaria de memorias) y cuando me llegó el segundo volumen de la obra de Knausgard tuve que decidirme entre ello y EN MOVIMIENTO. De hecho empecé a Knausgard pero el noruego se decide en esta segunda parte por un comienzo tibio alejado del que me cautivara en LA MUERTE DEL PADRE: «La vida es sencilla para el corazón: late mientras puede. Luego se para. Antes o después, algún día ese movimiento martilleante se para por sí mismo y la sangre empieza a correr hacia el punto más bajo del cuerpo, donde se concentra en una pequeña hoya, visible desde fuera como una zona oscura y blanda en la piel cada vez más blanca, a la vez que la temperatura baja, los miembros se endurecen y el intestino se vacía (…)». El comienzo de la segunda parte es más soso.

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Pues eso, que me decidí por Sacks, del que por si no les suena les diré que su obra más famosa es aquel DESPERTARES (1973), trabajo de divulgación médica éxitosamete versionado para las pantallas de cine en 1990, dirigida por Penny Marshal y protagonizada por Robin Williams  y Robert De Niro. También me decidí por Sacks porque me vino por recomendación de mi amigo Ricardo.

Al día siguiente estuve leyendo a Bernhard, concretamente el tercero de sus RELATOS AUTOBIOGRÁFICOS: EL ALIENTO. Sinceramente aún no sé cómo he leído los otros dos: EL ORIGEN y EL SÓTANO. El austriaco me sigue pareciendo un escritor muy atractivo, pero mi lectura de su prosa no fluye. Ya habrá ocasión, me dije, y abandoné el libro a las pocas hojas. Tengo una experiencia parecida con SEÑAS DE IDENTIDAD, de Juan Goytisolo: creo que lo he empezado tres veces. Por ahí le debe de andar TU ROSTRO MAÑANA, de Javier Marías. Habrá un momento para todos ellos. Creo.

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Seguí leyendo a Oliver Sacks en Ciudad Rodrigo, adonde fui con la compañía de teatro Pie Izquierdo, de Esther Pérez Arribas, y con mi librería teatral. Sigue siendo teatral a pesar de esta entrada. Disfruté mucho con una función que no entendí prácticamente durante un sólo segundo: danza. Cada vez me gustan más las cosas que no entiendo y las que entiendo me dejan sumido en un estado anímico parecido a la derrota. El espectáculo GIGANTE, de la compañía LA PEQUEÑA VICTORIA CEN, inspirado por poemas de Jorge Pascual. Qué decir: sutileza,  elegancia, armonía… jugar y fluir… y un compromiso con la interpretación que se echa de menos en muchos montajes teatrales… y es circo y danza… un bocado delicioso, de los que pasan desapercibido cuando se come con glotonería… Me quedo con eso en Ciudad Rodrigo y con la propia experiencia que supuso el cuentacuentos con títeres de mi compañía, claro, en el espacio ASPRODES y como parte de una sección que esta feria -que es cada vez más festival- ha inventado por su vigésimo aniversario. Trata de devolver lo recibido por los mirobrigenses, y allá que fuimos con EN LA GLORIA, a una distancia más que corta con un público que va en cueros o muy ligero de máscaras. Tan emotivo como emocionante.

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A los pocos días de llegar de nuevo a Olmedo retomé la lectura de Sacks, prácticamente abandonada en Ciudad Rodrigo, y vino entonces la parte más importante de esta lectura amena, divertida y más bien blanca, más esponjosa de lo que esperaba: fue capaz, como en el caso de Knausgard, de llevarme a territorios del pasado. En un impulso me dio por revolver cajas y recuperar mis cuadernos de notas, ensayos, diarios… de hace más de veinte años. ¿El resultado? Melancolía de lo más tóxica, pero ya se sabe que lo placentero de las drogas es su toxicidad…

He comprado también MIGRAÑA (1992), UN ANTROPÓLOGO EN MARTE (1995) y ALUCINACIONES (2012). Todos en Anagrama. Puede que los lea. Es seguro que los vendo.