
Sara Mesa, 2020. Editorial Anagrama, 2020. 185 páginas. Pvp: 17,90 €


con los que cultivamos nuestra mirada en Olmedo.
SAVATERIANAS, 8.
El tÃtulo no es una disyuntiva y establece una equivalencia entre dos términos de la que me responsabilizo. Se puede estar muerto intelectualmente hablando y, por tanto, ser tonto. Se puede estar muerto en otros ámbitos de la vida y tener como aspiración máxima la mantita con mecedora y tele. Es decir, no aspirar a nada ya. Indudablemente se puede estar muerto aceptando los dogmas de la modernidad, es decir, aceptando los supuestos crÃticos de la vanguardia si esto se hace irreflexivamente, dentro de una marco que cabrÃa definir como ideológico y que, por tanto, está cerrado, no tiene desarrollo, no provoca dialéctica ni nuevas oportunidades de pensamiento. Nos recomienda Savater en su última columna el libro de Teresa Giménez Barbat «Contra el feminismo», cuya lectura no dudo que sea interesante. Espero que tenga prólogo o introducción, contraportada y solapa, y un Ãndice. Pero no es el tema que me importa para hoy. Lo que me interpela de esta columna es su comienzo formidable, que sin duda suscribo: «Nada más contribuye a la claridad y firmeza de las ideas que la ignorancia. El escepticismo y las dudas no vienen con la edad o el elitismo contrariado, sino con el estudio o la experiencia. Lo que el devoto llama «traición» es sólo el derecho a ser hoy menos tonto que ayer. El feligrés, en cambio, se enorgullece de no aprender jamás».
Recomienda también la lectura del (gran) Thomas Sowell y desprecia la de otros como Paul B. Preciado y Judith Butler. Savater defiende como en otras ocasiones el valor intelectual de unos autores que en sus columnas se enfrentan a los que desprecia. No hay dialéctica posible en este territorio fabuloso en el que uno debe atender sólo estudios que escapen a los «dogmas» y a los «hallazgos especulativos»: Sowel y Giménez Barbat hacen buenas preguntas mientras que Preciado y Butler dan malas respuestas, los primeros plantean dudas razonables sobre las nuevas ideas de género, crÃticas pero ya normales (normativas, dogmáticas) y los segundos ya creen saberlo todo sobre estas cuestiones: son tontos o están muertos porque su pensamiento no tiene un desarrollo posible, ni hay disposición para el aprendizaje.
SAVATERIANAS, 7
Trae a la memoria Savater en la columna del sábado 2 de diciembre el asesinato etarra del exministro Ernest Lluch hace 23 años, y cuyo recuerdo el PSOE ha malogrado estos dÃas teniendo que rectificar un tuit en el que no mencionaba la autorÃa de su muerte. Las voces que antaño apelaban a la capacidad de diálogo de Lluch de entonces y las que afirman ahora que el polÃtico hubiera apoyado el acuerdo Bildu-PSOE para la investidura de Pedro Sánchez resuenan a lo largo del texto como palabras inaceptables por su falsa ingenuidad o su hipocresÃa. El tema de trasfondo -y a la vez principal- es la condena de este acuerdo -una legislatura más- como moralmente reprobable.
Por aquellos primeros dos miles no eran pocos los partidarios de establecer un diálogo entre la banda terrorista y el Estado (o los grupos polÃticos de gobierno) para acabar con los asesinatos. Los distintos partidos de la izquierda abertzale -o el mismo siempre en un proceso en el que se nombraban con distintas marcas- han sido considerados brazos polÃticos de los terroristas y su validez democrática se la hacÃa depender primero del fin del terrorismo y luego de una condena explÃcita suya de los asesinatos perpetrados por ETA. Muchos aún estamos esperando esta segunda parte.
Algunos de ellos somos conscientes, además, de que la condena de todos los asesinatos terroristas por parte de un partido como Bildu (y el arrepentimiento, la solicitud de perdón… gestos que den algo de firmeza a esta parte fangosa del suelo vasco) no nos llevarÃan directamente a un estado de normalización de la convivencia, y un paso lógico y necesario posterior pasarÃa por la condena y el arrepentimiento también de las fuerzas de seguridad del Estado -y por tanto del Estado español- por sus excesos policiales, cuando no por el establecimiento de un sistema abusivo del que el maltrato, la tortura e incluso el asesinato formaron parte. HabrÃa más pasos que dar después.
SAVATERIANAS, 6.
Pues sÃ, las ideologÃas llevan fácilmente al fundamentalismo aunque de ellas, no obstante, se aprende al menos en un primer estadio, como punto de partida, seguramente necesario, desde el que nuestro pensamiento polÃtico debe desplegarse. Que al cabo de los años uno siga apasionadamente afiliado a premisas inamovibles de su juventud es sÃntoma de un crecimiento deficiente, pero se acepta que haya quien no quiera crecer y haga de la poltrona razón de vida suficiente. Se está calentito ahÃ.
El problema de las ideologÃas es que faltan a la verdad. Pasa porque la realidad es demasiado compleja para caber en un marco ideológico, y porque este marco persigue actos de justicia a los que da prioridad. Para ello no importa manipular la realidad: se sacrifica en defensa de la justicia. El dilema es evidente.
En las columnas de Fernando Savater esta tensión que algunos mantenemos está resuelta desde siempre en favor de la verdad. Leyendo estos dÃas los diarios de Rafael Chirbes me encontraba con este dilema del que propongo hablar y, como el pensador donostiarra, el valenciano concluÃa que ya no estaba dispuesto entonces -tenÃa 57 años- a aceptar manipulación alguna. Las únicas ideas intocables son aquellas tan ligadas a los derechos humanos que sólo pueden ser verdaderas y, por tanto, escapan a cualquier intento de apropiación ideológica: Savater nos habla de ética, de moral y de principios universales ante los que cualquier ideologÃa debe mostrar servidumbre. En la última columna de Savater –Izquierdas– este recomienda la lectura del libro «La izquierda traicionada», de Guillermo del Valle, mientras defiende que hay otras formas (aparte de la de nuestro gobierno) de izquierdismo y de socialismo «de sentido común» y con muchas ideas con las que es «difÃcil no simpatizar».
SAVATERIANAS, 5.
No escribà savateriana la semana pasada porque nos salió el escritor con una de esas columnas llenas de nada a la que los colaboradores de prensa nos tienen acostumbrados y que todos nos podemos ahorrar aunque supongo que se pagan igual. Incluyo no obstante un comentario a propósito de las ideas sublimes (siéntase la mordedura) que Savater enumera como posibles a la hora de dotar «de una halo heroico la vida atontada de palurdos que llevamos: la lucha contra el cambio climático, la denuncia de la pederastia clerical, la aniquilación del heteropatriarcado o la independencia de Cataluña.» El comentario es que estas ideas (sublimes) además de variopintas tienen recorridos muy diferentes, alguna más bien parece ocurrencia, creo que la lucha contra el cambio climático parte de un objetivo claro que una mayorÃa conformada por la comunidad cientÃfica, polÃtica y ciudadana respalda y que hasta la fecha pierde en favor de quienes han de conservar una posición privilegiada en el sistema productivo, y algunas son supuestos o puntos de partida que requieren un desarrollo que supondrá, necesariamente, un cuestionamiento propio, una tarea dialéctica que vaya aclarando términos y necesidades, como la que llama «la aniquilación del patriarcado».
Más provocadora es por incisiva la columna «Era esto» de ayer, en la que Savater se reafirma en lo tramposo de una idea que bien podrÃa haber figurado en el listado que habÃa confeccionado para su opinión de siete dÃas atrás: el diálogo. En la de este sábado se hace una generalización desde lo concreto del diálogo que ha supuesto el acuerdo de gobierno con los nacionalistas hasta la invalidez de todos los diálogos como solución a los conflictos polÃticos, algo que en realidad y a nada que uno se moleste en buscar por ahà es premisa savateriana y no conclusión a partir de los últimos acontecimientos: todos nos lo pasamos bien con sus columnas. A un institucionalista como él nada de lo que se salga de la fórmula le convence y a veces parece que le entra cierta manÃa persecutoria. En el Siglo de Oro español la prudencia era concepto sinónimo de inteligencia, pero que yo sepa nunca lo ha sido de conservadurismo y por ejemplo nadie dirÃa que eran prudentes las prácticas inquisitoriales de la época. Que la polÃtica, como cualquier pensamiento, necesita desarrollarse a partir de cierta dialéctica imagino que es algo que no se pone en duda, y a veces asusta la seguridad con la que ciudadanos, polÃticos y pensadores dicen (o gritan) sus ideas, como si ya estuviera todo pensado.